viernes, 17 de abril de 2020

"La República" de Platón: Teoría educativa


El problema hacia el que se orienta desde el primer momento el pensamiento de Platón es el problema del Estado. El propio Platón califica La República como su obra central, en la que convergen todas las líneas de sus escritos anteriores. En esta obra, el autor elige como unidad suprema de exposición no la forma lógica abstracta del sistema, sino la imagen plástica del Estado, enmarcando en ella todo el ámbito de sus problemas éticos y sociales.

La República no es una obra de derecho político o administrativo, de legislación o de política en un sentido actual. Platón no parte de un pueblo histórico existente, no se siente vinculado a un determinado suelo ni a una ciudad determinada. La gran masa de la población, sus costumbres y su nivel de vida quedan al margen del estudio platónico. Quedan eliminados como cosas accesorias.

Es conveniente precisar, antes de nada, en qué consiste su método educativo: la dialéctica. En La República, la dialéctica es presentada como la forma suprema de la actividad pedagógica. En su sentido más amplio, la dialéctica incluye todo aquello que generalmente se designa con los nombres de discusión, discurso, debate y argumentación. Para Platón la dialéctica constituye el más importante y profundo de los métodos educativos: es aquello que capacita a una persona a responder a las preguntas de la forma más adecuada y científica.


“La dialéctica es, por decirlo así, el coronamiento y el colmo de las demás ciencias; que no hay ninguna que pueda colocarse por encima de ella (…). El que se dedica a la dialéctica, renunciando en absoluto al uso de los sentidos, se eleva, sólo mediante la razón, hasta la esencia de las cosas.” La República, Libro VII


Todos los diálogos se refieren de alguna manera a la dialéctica, y por otra parte, muchos de ellos tratan de la educación y algunos –especialmente, La República- se ocupan explícitamente de la educación en tanto que actividad dialéctica. En La República, Platón afirma que es peligroso enseñar a los jóvenes las técnicas de la argumentación dialéctica porque es muy probable que abusen de ellas y que se pierdan en meras querellas verbales o erísticas. Insiste Platón en La República, en que no debe enseñarse la dialéctica a personas de menos de treinta años:


“¿No es una excelente precaución prohibirles la dialéctica cuando son demasiado jóvenes? No ignoras, sin duda, que los jóvenes, cuando han recibido las primeras lecciones de dialéctica, se sirven de ella como de un pasatiempo, y tienen fruición en provocar controversias sin cesar.” La República, Libro VII


Los debates sobre la poesía y la música ocupan los libros II, III y IV; el problema del valor de las ciencias abstractas se coloca en lugar central en los libros V, VI y VII; y el libro X vuelve a examinar desde nuevos puntos de vista el problema de la poesía. En los libros VIII y IX investiga las formas de gobierno, y en el libro I expone el problema de la justicia.

Para comprender el punto de arranque de la obra de Platón debemos tener presentes en nuestro espíritu las luchas libradas en torno al ideal de la justicia en los siglos anteriores a Platón. La justicia era la virtud política por antonomasia, la que resumía a las demás. Ahora cobra un sentido distinto, más interior. Para el discípulo de Sócrates no puede significar ya la simple obediencia a las leyes del Estado, la nueva legalidad, que fuera en otro tiempo baluarte protector del estado de derecho frente a un mundo de anárquicos poderes feudales o revolucionarios. El concepto platónico de lo justo está por encima de todas las normas humanas y se remonta a su origen en el alma misma. Es en la naturaleza más íntima de ésta donde debe tener su fundamento lo que el filósofo llama lo justo.

El sentido del Estado, tal como lo revela Platón, es, si nos fijamos en su superior esencia, educación. De este modo, la política y la educación se convierten en los puntos cardinales de la obra de Platón.