jueves, 8 de mayo de 2014

La economía en la Grecia antigua

Al principio, la economía en Grecia era agropecuaria; es decir, se basaba en la explotación de las tierras y el ganado. La actividad agrícola era familiar.
La desigualdad característica del mundo antiguo también se manifiesta en el reparto de la propiedad de la tierra. La nobleza poseía grandes propiedades y, en la mayoría de las regiones, la tierra pertenecía a un grupo reducido de personas, a una oligarquía agraria. La ganadería se limitaba también al ámbito doméstico, siendo la cría del caballo un signo distintivo de la oligarquía. Más tarde, la agricultura fue ganando terreno a la ganadería. Se cultivaron el trigo, el olivo y la vid. La aristocracia terrateniente llevó a cabo una política de roturación de las tierras limítrofes a sus dominios muy importante, practicando tala de bosques, desecando tierras y ocupando laderas de montañas. El siglo VII fue un período en el que se produjo un destacado desarrollo urbano, por lo que tuvieron que ser explotadas muchas tierras. Era necesario alimentar los mercados de las ciudades, razón por la cual la agricultura y la ganadería crecieron, para poder generar excedentes, con lo que nació un incipiente comercio.

1. El comercio


Poco a poco, las actividades comerciales fueron ganando importancia en Grecia. Había muchísimos comercios, pero, como las comunicaciones eran malas y costosas, se solían concentrar todos alrededor del puerto. El Pireo era el puerto de Atenas y uno de los más activos de la época. Allí se controlaban las importaciones y las exportaciones de productos y los cambios de moneda y préstamos; el origen del dinero y de la actividad bancaria surge de ese primer intercambio de productos. Los prestamistas realizaban sus operaciones en una mesa llamada "trapeza", y por ello se denominaba "trapezita" al banquero.
El crecimiento demográfico, que inicialmente provocó la emigración del campo a la ciudad, llegó a ser de tal magnitud, que hizo insostenible la supervivencia en las propias ciudades. Es posible que campesinos arruinados y ciudadanos urbanos sin recursos decidieran expatriarse, y encontrar una puerta abierta en la emigración. Este potentísimo flujo migratorio extendería rápidamente los límites originarios de Grecia y conduciría a sus poblaciones hacia los rincones más alejados del Mediterráneo. Sus asentamientos principales se localizaron al otro lado del mar Egeo (en las regiones de Asia menor florecieron importantísimas ciudades como Éfeso, Mileto, Halicarnaso, Focea o Mitilene), aunque no hay que olvidar otros asentamientos importantes, como la Magna Grecia, al sur de la Península Itálica y Sicilia, con ciudades como Siracusa, Agrigento, Himera, Crotona y Tarento, o los más lejanos, en la Península Ibérica, donde destacan los emplazamientos de Ampurias, Sagunto y Mainake (Málaga). Empezó entonces a desarrollarse un intercambio de productos entre distintas ciudades por vía marítima (las rutas terrestres en Grecia eran casi inexistentes). Grecia importaba metales preciosos, tejidos, alabastro, marfil, pescado, madera y pieles de Egipto y de Italia. Pero exportaba poco, y nunca productos agrícolas sino sólo manufacturados: objetos de alfarería, armas, tejidos y objetos de bronce.
A este comercio incipiente siguió una transformación de la actividad industrial para satisfacer las demandas de las colonias, que, al principio, pedían armas, herramientas, tejidos, y después, lana, cerámica y bronce. Empezaron a funcionar algunas fábricas, en las que trabajaban muchísimas personas, especialmente esclavos.

2. La moneda
La gran innovación de esta economía fue la adopción de la moneda. Antes, en el siglo VIII, los precios se calculaban con su equivalente en bueyes o en lingotes de hierro. Después se concibió la idea de dividir el hierro en barras delgadas y cortas: los óbolos. En el siglo VII empezaron a acuñarse monedas en Mileto, en la región de Jonia, lugar que curiosamente fue también la cuna de la filosofía. Y a lo largo del siglo VI se acuñaron monedas en muchas ciudades griegas, pero con sistemas monetarios distintos. Esto no suponía problema alguno mientras el valor de los objetos fuera traducible a una u otra moneda cuyas equivalencias estuvieran basadas en una convención fundada en la equidad y fueran respetadas por todos.


Con la primacía política de Atenas, el comercio se benefició de la adopción de una moneda de valor reconocido en las distintas ciudades. En esta moneda se acuñó la imagen de la lechuza de Atenea.
En la antigua Grecia convivieron dos sistemas monetarios: el de Egina, que tenía como unidad la mina fenicia, dividida en dracmas, y el de Eubea, que es el que manejó Atenas y el que extendió por su imperio. Este sistema monetario contaba con pequeñas unidades en bronce o hierro. Ocho de estas monedas formaban un óbolo, y juntando seis óbolos, se tenía un dracma, que es la unidad monetaria griega. Cien dracmas formaban una mina y 60 minas, un talento.
El desarrollo de la economía agrícola y del comercio permitió una progresiva acumulación de dinero. En época temprana empezaron a distinguirse importantes familias con una disponibilidad de capital superior al del resto de la población, lo que permitió el inicio del préstamo y del crédito monetario.
Éste se realizaba con un interés muy elevado, en torno al 18%, y siempre contra una garantía según la cual el deudor respondía personalmente de su deuda y podía ser reducido a esclavitud si no devolvía la cantidad que le había sido prestada. Este fue, en definitiva, el origen de la banca y de los préstamos bancarios.
Antes de la invención de la moneda, se utilizaban animales como forma de pago. Comprar un esclavo costaba cien bueyes; comprar una esclava, veinte bueyes. Los bueyes fueron considerados una moneda sagrada. Las primeras monedas griegas fueron los óbolos, cuyo nombre deriva de los "oboli", agujas de hierro en las que se ensartaban los trozos de carne de las víctimas de los sacrificios.

3. El trabajo
En la Antigüedad, todo lo que tuviera que ver con el trabajo manual era considerado indigno del hombre libre. En Grecia, los trabajos manuales eran realizados por esclavos o por hombres libres con pocos recursos. El ciudadano libre y con categoría social se dedicaba a las artes, que ennoblecían el espíritu. La actividad profesional era entonces, más que nunca, un rasgo distintivo de la clase social.
En la región de Ática abundaban el hierro, el mármol, el zinc, la plata y el plomo. Estos minerales constituían la principal riqueza de Atenas. Y es esta fuente de riqueza, precisamente, la que mejor ilustra la profunda diferencia entre las clases sociales en Atenas, ya que quienes extraían esos minerales eran los esclavos. El trabajo en las minas ha sido desde siempre el más penoso.
No es que los griegos alabasen la existencia de esclavos en su sociedad, pero la justificaban diciendo que la inteligencia no es igual para todos y, por lo tanto, tampoco sus condiciones de vida. Aristóteles consideraba al esclavo como un instrumento animal imprescindible como mano de obra, más aún si cabe dado el escaso desarrollo de la técnica. Pero, a su vez, la tecnología no avanzaba porque la mano de obra era muy barata.
La industria consistía principalmente en actividades de tipo artesanal: zapateros, panaderos, tejedores, alfareros, etc. En los talleres trabajaban hombres libres y esclavos indistintamente. Normalmente eran los padres quienes enseñaban el oficio a sus hijos. Trabajaban desde el amanecer hasta el anochecer. No había vacaciones, pero sí sesenta días festivos a lo largo del año.
Al margen de todos estos trabajos y oficios de tipo manual, estaban las profesiones que hoy llamaríamos liberales: arquitectos, médicos, músicos, maestros, artistas en general..., y que eran los que verdaderamente cultivaban el espíritu y la mente. Su actividad profesional los colocaba en lo más alto de la pirámide social.