1. El descubrimiento del hombre
Nuestro pensamiento de hombres occidentales y europeos hunde sus raíces en Grecia y las formas propias de aquel pensar primigenio del hombre sobre el cosmos externo y sobre su mundo interior han valido como los moldes únicos, universales, de lo que llamamos nuestro pensar.
Porque en el hombre homérico vemos lo que de dimensión humana universal posee. Así pudiera parecernos, como si, en lo esencial, ese hombre homérico fuera ya el hombre griego, diferente en pequeñas cosas, pero fundamentalmente idéntico al hombre trágico del siglo V a.C. o al hombre platónico, cuando la verdad es que las diferencias son enormes. La estricta verdad es que el hombre homérico no es aún hombre, esto es, no se ha descubierto todavía a sí mismo como hombre, ni sabe aún de su espíritu.

