domingo, 19 de julio de 2020

Metodología científica e investigación histórico-pedagógica

Al hablar de interdisciplinariedad histórico-pedagógica, surge la cuestión de la relación entre disciplina y métodos, y también la de la asunción de la problemática científica, tanto como historia del pensamiento científico, como de dominio de las técnicas y de las metodologías más actualizadas. El ligamen entre historia del pensamiento científico e historia de la pedagogía es muy estrecho; puede decirse, más bien, que con el cambiar de los métodos científicos han cambiado también las modalidades de la investigación pedagógica. Bastaría aludir a todo el debate sobre el problema del método siguiente al experimentalismo galileano, a las relaciones entre ciencia y técnica y pedagogía iluminista, entre investigación científica y positivismo, por no hablar de la importancia asumida por la investigación experimental en la pedagogía contemporánea, tanto que cada vez es más corriente el uso de los términos «ciencias de la educación».
Pretender por parte del historiador de la pedagogía el conocimiento de las orientaciones actuales de la investigación científica es muy importante, pero lo es mucho más el acercamiento a los métodos, a las técnicas, al lenguaje, a la lógica, a los símbolos científicos, tanto por su inmediata fruición, como por las características culturales que ellos proponen. El hecho mismo de que la ciencia ha renunciado a las connotaciones objetivas, universales, para presentarse en términos hipotéticos, problemáticos e históricos, favorece el encuentro con la metodología histórica, sin crear desfases derivados de una concepción mecanicista de la naturaleza, del ambiente, de la sociedad, de los procesos educativos.
Han caído muchos prejuicios de los historiadores en las confrontaciones con la ciencia, con la técnica, con la lógica, prejuicios debidos en parte a la imagen que se habían hecho los historiadores de la ciencia como un conjunto de disciplinas destinadas a describir los fenómenos, a encontrar leyes objetivas y universales, a cuantificar la realidad; el interés de la ciencia por los problemas cognoscitivos, por las matrices antropológicas e históricas de cada una de las metodologías, por las raíces lingüísticas, ha puesto en evidencia la estrecha relación existente entre historia de la ciencia, evolución de la sociedad, construcción, experimentación, verificación de nuevos modelos culturales, introducción de nuevas técnicas y metodologías educativas, discusión, trámite de la escuela, nuevos módulos científicos para quienes la historia de la pedagogía es también comprender la historia del pensamiento y de la investigación científica.


La interdisciplinariedad no interesa únicamente al simple encuentro de asignaturas, disciplinas, técnicas, métodos, sino más todavía al reclutamiento, la formación, la preparación profesional de los estudiosos y de los investigadores de este sector específico, teniendo también en cuenta que los resultados tendrán una fuerte incidencia en la orientación y en las modalidades de la investigación pedagógica propiamente dicha y sobre el planteamiento de los problemas referentes a los enseñantes, la escuela, la educación y la cultura pedagógica. No existen estudios sobre el origen social y cultural de los investigadores del sector histórico-pedagógico; a lo más, todavía quedan en el ámbito filosófico, psicológico, sociológico o dentro de estudios históricos especializados, pero no apoyados en una profesionalización autónoma. El hecho de que hasta la década de los 70 no se creasen estructuras departamentales universitarias de historia de la pedagogía, hicieron aún más débil el incentivo por este tipo de estudios, tanto que todavía demasiadas investigaciones dependen de ocasionales intereses.
El futuro de esta disciplina y de este área de investigación depende mucho del espacio cultural y profesional, de la implantación de instituciones que apoyen estas actividades, de las inversiones, del tipo y modelo de dirección, de los pactos nacionales e internacionales, de las estructuras universitarias, de las correlaciones de las disciplinas, de la planificación y programación de la investigación, de la puesta a punto de los instrumentos y técnicas (archivos, ficheros, mecanismos bibliográficos).
A nivel universitario deben existir departamentos y organizaciones interdepartamentales para garantizar la presencia de todas las enseñanzas y disciplinas que pudieran ofrecer una preparación eficaz por el menor en el sector de la diplomacia, de la lingüística, de la archivística, de las ciencias históricas, psicológicas, sociológicas, filosóficas, pedagógicas o escolásticas, en la jurisprudencia, en la antropología, en la economía y en la política, dada la constelación de fenómenos, de disciplinas, de métodos, de técnicas que ruedan en torno o confluyen en problemas pedagógicos.
También es necesario reseñar la importancia que asume el mecanismo tecnológico en el ámbito de la investigación histórico-pedagógica; quizás conviene distinguir las técnicas que tienden a documentar hechos, sucesos, tomas de posición, intervenciones educativas, investigaciones pedagógicas... de aquéllas que tienen como fin la conservación de documentos, de las fuentes, de los testimonios. Periódicos, revistas, radio, cine, televisión, entrevistas, encuestas, estadísticas... son medios e instrumentos aptos para documentar voces y posiciones que llegado el caso corren el riesgo de no dejar huella o de ser destruidas. En este sector de investigación, como en otros, es muy importante la puesta a punto de la documentación y sobre este terreno debe sentirse interesado el historiador de la pedagogía por lo que se refiere a las orientaciones, a las direcciones, a los debates en la pedagogía contemporánea; se trata, en último análisis, de preparar un retículo de instrumentos, de técnicas de realce, de documentación, de coligamientos tales para favorecer la verificación puntual. Los actos, importantes de por sí, no son nunca suficientes, porque muchas veces están sujetos a interpolaciones más o menos interesadas y es necesario estar muy atentos a la imagen que el pedagogo o las corrientes tratan de dar de sí mismos; muchas veces los textos y las obras realizadas en frío sobre la mesa, tienen una coherencia estudiada y casi planificada.
Es difícil seguir y documentar una producción pedagógica en realización, pero nada debe de ser dejado a la improvisación, a la casualidad, a la conservación y a la sedimentación marginal. En vista de una reconstrucción crítica y científica lo mínimo que puede hacerse es preparar, disponer instrumentos y técnicas de documentación y los mismos pedagogos, investigadores y operadores en el sector de la educación, de la pedagogía, de la escuela deberían sentirse culturalmente deseosos de entregar los datos, las noticias, las documentaciones referidas a las hipótesis de trabajo, de las investigaciones efectuadas, de los resultados conseguidos, de las intervenciones, de las publicaciones para evitar dispersiones, falsas interpretaciones o desde luego el desconocimiento de hechos primarios. En la elaboración de los datos adquieren un espacio y una función cada vez más relevante la informática y en general la tecnología, por la presencia de ventajas extremadamente importantes, especialmente en relación a las técnicas de la información, de la conservación, de la representación y estandarización de las informaciones, de la codificación, memorización, clasificación, registro, cálculo, utilización, tratamiento de informaciones mismas. Los procesos relativos a la relevancia, a la selección, a la ordenación, inserción, cálculo e impresión de los datos, tienen la ventaja de ofrecer una codificación tecnológica extremadamente funcional respecto al lenguaje común, literario y también histórico.
La posibilidad de alcanzar mediante la informática una bibliografía nacional e internacional actualizada sobre cada uno de los autores, argumentaciones, corrientes, periodos, representa sin duda un instrumento muy importante; hay que subrayar la posibilidad de servirse de procesadores electrónicos para la comprobación y puesta a punto de los textos críticos, para el análisis científico del vocabulario pedagógico de un autor, para el estudio de las estructuras morfosintánticas y gramaticales, del tipo de distribución y estratificación del léxico, de todos los aspectos cuantitativos, sin contar las posibilidades de traducción, de memorización, elaboración de los datos, comprendida la experimentación y simulación de operaciones de tipo matemático tal como se necesitan en los actuales métodos de análisis estructurales.
Parecen problemas demasiado complejos, especialmente para quien está habituado a los viejos métodos de investigación, documentación, catalogación, interpretación, pero no lo son de hecho si se piensa qué importancia tiene, por ejemplo en autores como Rousseau, el examen de la estructura sintáctica, lingüística, léxica, la utilización del lenguaje común, la introducción de nuevos términos, de significados literarios o científicos, la distribución de los argumentos, la colocación de las personas en la geografía del libro, el peso que tienen las definiciones, las narraciones, las descripciones, la cita de autores y de obras, etc. Trasladando la atención a la pedagogía moderna y contemporánea es todavía más importante y difícil establecer el autor que ha introducido términos y temáticas nuevas, la presencia de un léxico tradicional, la incidencia de términos filosóficos, metafísicos, religiosos, o bien científicos, experimentales, la confluencia lingüística de disciplinas afines y diferenciadas, el inventario de la terminología más utilizada por cada uno de los autores y por cada corriente, los problemas sobre los cuales se concentra más o menos la atención de los pedagogos y de los investigadores en los diversos períodos, el tipo y la variedad de la producción pedagógica, la originalidad o el conformismo de los textos y también la utilización y a veces la copia del texto de otros. Cuando se trate, además de autores que tienen más obras y más ediciones el poseer los datos que se refieren a la estructura lingüística y léxica, pedagógica o no, se convierte en fundamental. Se podría añadir, para cerrar este argumento, que la introducción de la informática en la reconstrucción y en la elaboración histórica ha impuesto toda una serie de alternativas y de problemas que o no estaban presentes o estaban apenas insinuados en la historiografía tradicional: problemas de confirmación, de documentación, de lógica, de lenguaje, de cuantificación, de confrontación contextual. La misma necesidad de traducir en símbolos los elementos por estudiar, clasificar, ha promovido importantes cuestiones lógicas, mecánicas, léxicas, junto a la construcción de un vocabulario nuevo respecto al tradicional.
Éstas son técnicas que presuponen el paso de un tipo de investigación individual a una de grupo, colectiva, sea por el tipo de especialización, o por los temas afrontados. Se podría decir que es el tipo de investigación que demanda una distinta estructuralización de los institutos especializados en la investigación histórico-pedagógica, tanto que debería entrar en crisis el viejo sistema del campo, del método, de la competencia específica en ciertos sectores de investigación; la programación exige la elección de los argumentos, de los períodos, la puesta a punto, la utilización de las técnicas, la definición de las financiaciones, el tipo de publicación, la modalidad de control y de verificación, la utilización de los resultados. Podemos decir con toda franqueza que en el pasado la investigación histórico-pedagógica tendía a satisfacer intereses culturales personales, a juntar títulos de estudio para concursos y se llevaba con una mentalidad artesanal; los resultados no han sido del todo negativos aun cuando el cultivo del propio jardín creaba toda una serie de setos que, además de dividir la propiedad, impedían una visión abierta de los problemas y un planteamiento más cooperativo. Decididamente hemos pasado de una fase artesanal a una tecnológica con una mayor implantación comunitaria de los métodos, de las técnicas y de los resultados. Todo esto no excluye, más bien implica, una más vigilante atención a los problemas propios de la investigación histórico-pedagógica, junto a una renovada conciencia civil, social, política, cultural y educativa.

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