sábado, 19 de agosto de 2017

Cultura y desarrollo

La necesidad del aprendizaje significa que sin él, el hombre no llega a serlo; mientras que para el animal el aprendizaje genera una parte muy pequeña de sus respuestas, para el hombre significa la práctica totalidad de su capacidad de respuesta. Una posibilidad que se manifiesta en el largo periodo de crecimiento y maduración de la cría del Homo sapiens; cuando nace, es el equivalente a un feto animal, y madura y se desarrolla muy lentamente fuera del vientre materno, en interacción con un entorno natural y social, un desarrollo que dura hasta quince años o más, en torno al tercio del total de la vida de una persona en la mayoría de las culturas históricas. La hominización se manifiesta así en una infantilización y un menor equipamiento instintivo que permite un mayor y más prolongado aprendizaje externo. Y, de hecho, cuanto mayor es el período de maduración, mayor es la posibilidad de aprendizaje y más tardío el "troquelado" de la persona a un entorno específico. Hay una clara relación causa-efecto entre infantilización, dilatación del proceso de aprendizaje y mayor disponibilidad para la cultura.
La cultura es así, literalmente, como una segunda naturaleza que suple la "deficiencia" o plasticidad de la primera, que nos dotó de pocos instintos para que pudiéramos aprender mucho. No es sino un conjunto de respuestas ya probadas y contrastadas a incitaciones del entorno, es el equivalente funcional del aparato instintivo; un conjunto de conocimientos que permite a una sociedad vérselas con un entorno concreto. La cultura es, pues, una forma de conocimiento, un tipo de ciencia que aún no sabe que lo es, basado en la simple experiencia y acumulado de modo inconsciente de generación en generación; un saber que no sabe que lo es. Hay así, por ejemplo, una cultura nómada de adaptación a la estepa, otra esquimal de adaptación a los fríos del gran norte, otra de adaptación a las selvas amazónicas o al desierto, etc. Y, de este modo, como señala Bourdieu, a cada hábitat le corresponde una serie o conjunto de hábitus, costumbres o normas. El hombre es un ser de cultura, porque ella le ofrece el modo de adaptarse al entorno que no le proporciona la naturaleza, y cambiando los hábitos (no los instintos), puede cambiar de hábitat. Ello es así porque la cultura responde también a la misma pauta de adaptación al medio a través del conocimiento que suministra el aparato instintivo. En ambos casos se trata de interiorizar el medio vinculando respuestas específicas a estímulos concretos.
E. Lamo de Espinosa, Sociedades de cultura, sociedades de ciencia


La historia de la ciencia y de la técnica es la historia de una humanidad que ha ido independizándose de su entorno superando los límites que la naturaleza le imponía. Es la lucha contra las barreras de la enfermedad, del hambre, de la fragilidad y de la incertidumbre en la posibilidad de satisfacer las necesidades más elementales.
Lentamente, la humanidad fue desarrollando nuevos saberes e instrumentos y nuevas técnicas que le permitieron conocer mejor su entorno y controlarlo, al principio como una forma de saber "revelado" y sólo accesible a unos pocos; más tarde, con la democracia griega, el saber se democratizó y se hizo consciente, racional y crítico. Se abrió así un camino nuevo que culminó en el siglo XV, en el umbral de la ciencia moderna y del espectacular desarrollo científico y técnico que conocemos en la actualidad.