lunes, 11 de mayo de 2020

"La República" de Platón: Ideales educativos

1.- De la educación de los “guardianes” 

Platón, enfrentándose con el principio democrático del servicio militar obligatorio para todos los ciudadanos, tal como regía en los estados griegos, y consecuente con su tesis de que cada cual debe ejercer sólo su propio oficio, preconiza la existencia de un estamento de guerreros profesionales, los “guardianes”.

“Puesto que es preciso escoger igualmente por jefes a los mejores guardadores del Estado, escogeremos los que tienen en más alto grado las cualidades de excelentes guardadores.” La República, Libro III

Platón destaca con mayor vigor la importancia de una rigurosa selección para el mejor éxito del propósito educativo. En el caso de los “guardianes”, esta selección no se supedita a un procedimiento especial y complicado. Se deja más bien a cargo de vista pedagógico. Las aptitudes físicas del buen “guardián” son la agudeza de las percepciones de los sentidos, la presteza en apurar lo percibido y la energía en la lucha para lograr su objetivo.

“Para esto es preciso que, además de la prudencia y la energía necesaria, tengan mucho celo por el bien público.” La República, Libro III

El alma del “guardián” debe de estar consagrada a la defensa de los intereses del Estado, y ha de tener dos características principales: dulzura para con los suyos y con sus colegas de oficio y combatividad frente a los enemigos.

“Escojamos […] aquellos que, previo un duro examen, nos parezca que, después de haber pasado toda su vida consagrados a procurar el bien público, nunca han perjudicado los intereses del Estado. […] Una buena educación les es necesaria, especialmente en un punto muy importante que consiste en que tengan dulzura tanto los unos respecto a los otros, como respecto de todos aquellos cuya defensa les está encomendada.” La República, Libro III

Así mismo, los “guardianes” no deben poseer más de lo absolutamente necesario. Están privados de todo objeto como propio: no tienen casa, ni tierras, ni objetos de valor. De la misma forma, han de vivir en comunidad, deben compartir el alimento y la vivienda. Éste es el único método de conservación del Estado. Desde el momento en que un hombre entre en posesión de bienes, se convertirá en enemigo ambicioso para la ciudad, y la república de esta forma caería en la ruina.

“He aquí las razones que me han obligado a formar este reglamento sobre la habitación y las posesiones de nuestros guardianes.” La República, Libro III


2.- De la educación de la mujer y del niño

El intento de poner al individuo permanentemente al servicio del Estado, tiene que conducir necesariamente a una serie de conflictos con la vida familiar. La comunidad de mujeres y niños se limita por tanto a la clase de los “guardianes”, que se hallan al servicio directo del Estado, y no se hace extensiva a la masa de la población trabajadora.

Platón coloca en primer lugar el problema de la educación de las esposas de los “guardianes”. Éstas no deben ser sólo mujeres, sino contribuir también con los hombres a su función de “guardianes”. Platón cree en la capacidad de la mujer para cooperar creadoramente en la vida de la comunidad, pero no busca esta cooperación en la familia. No comparte la opinión dominante en el país según la cual la mujer se halla destinada por naturaleza exclusivamente a parir y criar hijos y a regentar la casa. Es cierto que reconoce que la mujer en general es más débil que el hombre, pero no cree que esto sea obstáculo para compartir las funciones y los deberes de la profesión de “guardián”.

“¿Creemos que las perras deben vigilar como los perros guardando el rebaño, ir a la caza con ellos, y hacerlo todo en común, o bien que deben permanecer en casa, como si, ocupadas en parir y alimentar perrillos, fuesen incapaces de hacer otra cosa […]?” La República, Libro V

Por tanto, la mujer deberá ser educada en la música y en la gimnasia, al igual que el hombre, y deberá formarse para la guerra lo mismo que él.

La aplicación de este programa no es sólo conveniente para la naturaleza de la mujer, sino que además fortalece la unidad del Estado, al establecer una unidad completa entre la cultura del hombre y la de la mujer.

3.- De la educación de los guerreros

Al esbozar las primeras características sobre la educación de los hijos, consistente en infundir desde pequeños en ellos el miedo a la muerte y acostumbrarlos también a las impresiones de la guerra, comienza Platón directamente a hablar de la educación destinada a los guerreros y a exponer su ética de la guerra.

Platón tiende a hacer confluir en el sistema educativo de su estamento de guerrero las dos corrientes de la educación tradicional: la gimnasia y la música.

“¿Qué educación conviene darles? Es difícil a mi juicio darles otra mejor que la que está en práctica entre nosotros, y que consiste en formar el cuerpo mediante la gimnasia y el alma mediante la música.” La República, Libro II

Para Platón, la habilidad en el manejo de las armas no es el problema primordial, sino formar una contextura espiritual de la persona en su conjunto. Lo decisivo de la formación musical es la interiorización del hombre. La finalidad perseguida por Platón no es la pericia técnica, sino el endurecimiento espiritual por el contacto directo con la guerra.

4.- De la educación de los regentes

Los regentes, llamados a velar por la conservación del espíritu de la verdadera educación en el Estado perfecto, necesitan recibir una cultura especial. La meta de su formación es producir la armonía del alma, estructurar y vigilar la educación, y debe ser, por tanto, una formación filosófica. El filósofo puede ser regente y educador al mismo tiempo.

“A tales hombres, perfeccionados por la educación filosófica y por la experiencia, y sólo a ellos, deberás confiar el gobierno del Estado.” La República, Libro VI

Platón exige para el regente un carácter inamovible y firme, que debe ir aparejado a las dotes espirituales más altas y requiere, además, el control del más exacto de los conocimientos. No debe sentir miedo ante las dificultades del Estado.

La educación consiste en tomar las almas adecuada para ayudarlas a ver la verdad, enfocando la visión interior hacia la luz de la verdad. Para ello, el método más adecuado lo constituye el estudio de las matemáticas, y luego de la dialéctica. La instrucción matemática obedecía al hecho de que se trataba de una etapa preliminar necesaria para la ejercitación de la mente en el pensamiento abstracto. Los cinco últimos años de preparación formal se dedicaban al ejercicio del pensamiento puro, en el que el espíritu busca la verdad con independencia de todo objeto sensible. El ámbito así investigado por el espíritu constituye el nivel superior de lo inteligible; el proceso, por otra parte, es dialéctico. En realidad este ámbito sólo es accesible por medio del ejercicio del pensamiento puro.

5.- Del valor educativo de la música y de la poesía

En todas las cosas, y especialmente en la educación, tienen gran importancia los comienzos, pues la educación arranca de la fase más temprana y más tierna en la evolución del hombre. En esta edad es más fácil moldear a éste y adquiere para siempre el sello o el tipo que se le imprime.

“Todo depende del comienzo, sobre todo tratándose de los niños, porque en esta edad su alma, aún tierna, recibe fácilmente todas las impresiones que se quieran.” La República, Libro II

Platón exige que se comience con la formación del alma, es decir, por la música. Ésta no abarca sólo lo referente al tono y al ritmo, sino también la palabra hablada, el logos.

Platón no se limita a censurar ocasionalmente la influencia negativa de la poesía sobre el pensamiento del pueblo, sino que asume en La República el papel de un renovador de todo el sistema de la paideia griega. La poesía y la música habían sido consideradas siempre como las bases de la formación del espíritu y englobaban también la educación religiosa y moral. Platón ve en esta concepción de la poesía algo tan evidente, que no intenta explicar su esencia ni referir su definición. Reputa la poesía como un medio importante de cultura y como expresión de una verdad superior, pero esto le obliga, a su vez, a modificar o suprimir en ella con todo rigor cuanto sea incompatible con el criterio filosófico.

El choque más violento de Platón con la poesía se produce en lo tocante al concepto de la divinidad y de su acción. Una de las características de la antigua poesía griega, desde Homero hasta la tragedia ética, consiste en creer que el destino del hombre se halla supeditado a la acción de los dioses.

“Conjuremos a Homero y a los demás poetas a que no lleven a mal que borremos de sus obras estos pasajes y otros semejantes. No es porque no sean muy poéticos y que no halaguen agradablemente el oído público; pero cuanto más bellos son, tanto son más peligrosos para los niños y para los hombres que, destinados a ser libres, deben preferir la muerte a la servidumbre.” La República, Libro III

El conflicto entre este punto de vista religioso y la idea ética de la responsabilidad del hombre actuante se mantiene latente a lo largo de toda la obra de los griegos. El mundo de la areté en el que Platón construye su nuevo orden se funda en la premisa de la autodeterminación moral del propio yo sobre la base del conocimiento del bien. La concepción del mundo de los poetas griegos no es en realidad, según Platón, el destino impuesto por los dioses: si la divinidad fuese tal que enredase al hombre en las redes de la culpa, viviríamos todos en un mundo en que la paideia carecería de toda razón de ser.

La empresa de educar al hombre sólo puede tener una justificación platónica y armonizarse con la ley del universo si tiene como fondo una imagen totalmente nueva del mundo, de un verdadero cosmos tal como lo concibe Platón, gobernado por un principio bueno que le trace una finalidad.

6.- Del valor educativo de la gimnasia

Platón erige al lado de la música, como la otra mitad de la paideia, la gimnasia. Aunque su verdadero interés versa sobre la educación musical, el fortalecimiento físico tiene una gran importancia para la cultura de los guardianes, por lo que ésta debe de practicarse desde la infancia. El hecho de Platón de considerar la música anterior a la gimnasia no obedece a una relación temporal, sino a que, si un cuerpo apto físicamente no es capaz de ayudar al alma para que se perfeccione, un espíritu escogido puede, por el contrario, ayudar al cuerpo a perfeccionarse. Platón entiende que lo primero es formar espiritualmente al hombre en su plenitud, encomendándole luego el cuidado de velar individualmente por su cuerpo.

La finalidad de la gimnasia, por la que deben medirse en detalle los ejercicios y los esfuerzos físicos, no es alcanzar la fuerza corporal de un atleta, sino desarrollar el ánimo del guerrero. No es cierto que la gimnasia tenga exclusivamente por misión educar el cuerpo y la música formar exclusivamente el alma, sino que ambos educan primordialmente el alma. Quien se someta a los esfuerzos de la gimnasia únicamente, cultiva con exceso la dureza y el salvajismo del hombre, y una educación musical excesiva hace al hombre demasiado delicado y blando.

7. Vigencia actual

El método de exposición de las ideas de Platón, la dialéctica, el diálogo continuado, invita siempre a continuar la temática y ramificarla hacia nuevos temas. En La República, se parte de la justicia, y tras una ingeniosa argumentación, Platón alcanza a explicar todo su idealismo pedagógico y todas sus doctrinas educativas.

Es quizás por estos temas ilimitados por lo que Platón influye posteriormente en la filosofía romana y en el cristianismo primitivo. Sus ideas sobre la divinidad y sobre un estado inmortal del alma se desarrollan posteriormente en el cristianismo antiguo, para introducirse más tarde, ya totalmente asimiladas, en la Edad Media. San Agustín escribió Ciudad de Dios basándose en La República de Platón. Con el Renacimiento de la cultura clásica, Platón resurgió, pero ya vinculado a la tradición escolar cristiana. A medida que la cultura moderna tendía hacia el racionalismo y el positivismo científico, la influencia de Platón fue reduciéndose más y más a los movimientos teleológicos y pedagógicos.

Platón es considerado como reformador de la paideia de su tiempo. En el momento de decadencia del sistema educativo democrático, su Estado ideal transforma ciertas premisas del estado democrático, a pesar de continuar con viejas tradiciones educativas, como son la música, la poesía y la gimnasia. Y al mismo tiempo, en otros aspectos, Platón puede considerarse un reaccionario, que vuelve a valorar algunas ideas de la educación espartana, sobre todo en la formación de los “guardianes” y de los guerreros.

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