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martes, 4 de abril de 2023

Ibn Tufail: Teoría pedagógica

Ibn Tufail (1105-1185)

Médico, Filósofo, Matemático y Poeta

Nacido en el sudeste de la península ibérica, en los años anteriores a la incorporación de los reinos independientes de Guadix y Baza al Imperio Almohade.


1. Introducción a su teoría educativa

El pensamiento pedagógico de Ibn Tufail es una consecuencia inmediata de su teoría del hombre: el hombre es un ser que camina hacia Dios por la vía intelectual hasta la unión mística con Él. La educación es un proceso perfectivo, según el cual el hombre, a partir de su yo implantado en el mundo, "se instala", anhelante, en Dios. El filósofo autodidacta, Havy, no es sino el hombre que encuentra su propia esencia, su "sé el que eres", pendiente en definitiva de la existencia divina, que estima como único fin al que conformar su conducta; el entusiasmo, anticipo de la fruición de Dios, es forma genuina de sentimiento del que escucha la llamada de Dios. La obra de Ibn Tufail -Havy vive solitario en una isla- no significa como se ha venido estimando la negación de la comunicación pedagógica, sino la sublimación del diálogo del hombre con Dios, o, en otras palabras, la relación personal y perfectiva por excelencia del hombre. La pedagogía de Ibn Tufail es la del esfuerzo de la voluntad del hombre, de la perseverancia, de la lucha ascética, de la continua superación de lo sensible o lo espiritual, de la sublimación del propio yo en la unión íntima con Dios, que es la Verdad.

El hombre -manos y alma- es educable. El primer momento de la educación de Havy adviene con la aparición de la conciencia del yo, o ruptura umbilical con la naturaleza y con la gacela que lo ha criado, es feliz en este estado de animalidad hasta que un día comienza a dolerle su convivencia con los animales a los que imita con desventaja, viviendo una existencia anodina e impersonal. La conciencia de su inferioridad física con respecto a ellos se difumina al intuir, sin embargo, su superioridad sobre ellos conforme va usando racionalmente sus manos o manejándolas con habilidad. La educabilidad, como posibilidad de perfección, se halla en la intersección de la razón rectora -alma- con el cuerpo, significado aquí por las manos. Luego la educabilidad anida no en las manos de Havy, sino en la capacidad racional de su manejo. Pero, ¿qué sentido tiene la razón, o el alma, en Ibn Tufail? A través de la observación de la vida y de la muerte de los animales que rodean a Havy, piensa en la necesidad de un principio vital, que dé cumplida razón, única y causal, de todos los actos, plurales, de los seres vivos: tal principio ha de ser forma del cuerpo, es decir, lo que hace que el cuerpo sea en realidad cuerpo, y por el que surge la vida -vegetativa, animal y humana- o adviene con su ausencia la muerte. El alma es inmortal y eterna, lo primero porque ni puede corromperse ni descomponerse, lo segundo porque por naturaleza y vocación personal está destinada a la contemplación de Dios. Por ello, la perfección última del hombre, como ser educable que corona el proceso educativo, consiste en la visión íntima de Dios.


2. La circunstancia educativa: el mundo

Cuando Havy es consciente de su yo, primera verdad fundamental a la que llega, busca la verdad inmediata de su no-yo, la verdad de las cosas, que constituyen su "circunstancia"; y esta circunstancia en Havy, como en cualquier otro, es motivo extrínseco de su aprendizaje y educación. El mundo es para él ocasión de un continuo y progresivo proceso de abstracción, desde la mera experiencia a la intuición más sublime, desde la abstracción física a la metafísica.

Havy convierte el mundo en circunstancia por un proceso cognitivo a niveles diferentes:

- El conocimiento empírico de las cosas responde primariamente a la necesidad vital de estar entre ellas. Aprende a nominar las cosas y se inquieta por el modo de hacerlas, de satisfacer sus necesidades vitales, de utilizar instrumentos...

- El conocimiento técnico, que aparece al final del tercer septenio de su vida, es el resultante de aplicar unos principios generales inducidos de la experiencia a unas situaciones concretas, constituye el saber hacer, e implica el manejo con una mayor rentabilidad y un menor esfuerzo.

- El conocimiento especulativo, propiamente teórico, o por abstracción, presenta los grados, clásicos, de abstracción física, matemática y metafísica. A nivel de abstracción física, Havy analiza las cualidades que son comunes y propias de cada especie de "cosas"; sus propiedades, sus funciones, las clases de almas en los seres orgánicos, remontándose a la composición última de los cuerpos a partir de los cuatro elementos fundamentales y primigenios, fuego, tierra, agua y aire.

Por abstracción matemática las cosas quedan reducidas a su versión cuantitativa, prescindiendo de la materia, en cuanto principio de individuación; Havy pasa del estudio de los individuos al de las especies, que unifican de alguna manera la multiplicidad de los individuos:


... a la manera como una sola agua y un solo licor que se distribuyesen en varios vasos, y se juntan luego en uno solo son una sola y misma cosa en ambos estados, de separación y de unión, sobreviniéndoles o atribuyéndoseles la multiplicidad por cierto accidente (per accidens) o por cierto respecto. De este modo concibió toda la especie como una, y equiparaba la multiplicidad de sus individuos con la de los miembros de una persona, los cuales en realidad no son múltiples (es decir, que son reducibles a la unidad).


Por la abstracción metafísica se contemplan los cuerpos en la posibilidad de prescindir de su materia, es decir, en cuanto formas puras, no exentas, por supuesto, de realidad; la distinción de materia y forma, la contingencia de los seres sublunares, y la necesidad de encontrar la Causa Primera de todos ellos constituyen otros tantos "lugares" de sabiduría en la meditación de Havy. 


Prosiguió luego su especulación acerca de las formas que antes había conocido, examinándolas una por una, y vio que todas ellas habían sido reproducidas de nuevo, necesitando necesariamente, por tanto, de una causa eficiente.

martes, 29 de enero de 2019

Ciencia y técnica en la Edad Media

Se conoce con el nombre de Edad Media la etapa histórica de unos diez siglos (V-XV) que transcurrió desde la caída del Imperio romano hasta el fin del Imperio romano de Oriente en manos de los turcos en 1453 o el descubrimiento de América en 1492. Por influencia del pensamiento renacentista se ha considerado como una época oscura y regresiva, lo que no hace justicia a la riqueza y pluralidad que encierra una época tan dilatada.
Los historiadores suelen distinguir dos grandes épocas: la Alta Edad Media y la Baja Edad Media. La primera va desde la caída del Imperio romano hasta el siglo XI, aproximadamente, y se caracteriza por el desarrollo y esplendor del sistema feudal; la segunda se distingue por la crisis del feudalismo, la aparición de la burguesía como clase social, el desarrollo de las ciudades y del comercio y el surgimiento de las monarquías nacionales.
El sistema feudal estaba organizado como una estructura piramidal en la que todos eran vasallos unos de otros hasta llegar a la cumbre de la pirámide representada por el emperador. Esto era en teoría, pues, en la práctica, los señores feudales gozaban de autonomía y su poder se basaba en su capacidad de hacer la guerra e imponer sus intereses, dándose el caso de que si bien los señores feudales eran vasallos del rey en el ámbito de un reino, éste, en muchos casos, apenas tenía poder real y debía someterse a los intereses de los nobles.
Este sistema se vasaba en el pacto de vasallaje, según el cual, el vasallo ofrecía una serie de servicios al señor, en forma de trabajar sus tierras o de servicio de armas una serie de días al año, y el señor feudal garantizaba su protección o le concedía una gran extensión de tierras. Esta donación se llamaba feudo. Este pacto, en principio reversible, se fue convirtiendo progresivamente en dominio del señor feudal, sobre sus siervos, al menos en la base de la pirámide.
La estructura social feudal se basaba en la desigualdad radical entre los distintos estamentos a los que se pertenecía por nacimiento. El origen de las personas -la sangre y el linaje- y el patrimonio -posesiones, fincas, derechos, fuentes de recursos económicos y posibilidades de movilizar ejércitos- eran las bases de esa diferenciación social. Esta desigualdad, que suponía diferentes derechos y deberes para cada estamento, estaba consagrada por los valores y la religión del mundo feudal, valores que exaltaban los elevados ideales caballerescos de la guerra y de la nobleza de origen y despreciaban el trabajo manual y la vida servil. Se estableció así un doble ideal: el del caballero y el del monje, que muchas veces acabarían confluyendo en las mismas personas, en la figura de los monjes soldados.
Por influencia de las concepciones religiosas, el mundo terreno era visto como algo fugitivo y despreciable, en comparación con la vida eterna y el más allá. Todo esto suponía un desprecio de lo mundano y, por ello, un importante estancamiento de la ciencia y de la técnica. Sólo en los monasterios se recogió la herencia grecorromana y se realizó una importante recopilación del saber antiguo, si bien su actividad estaba más orientada hacia la teología y la filosofía que hacia la investigación científica. El trabajo de los amanuenses medievales y algunas de las controversias filosóficas, como la del nominalismo, ya en la Baja Edad Media, fueron fundamentales para el despegue científico posterior.

1. La Alta Edad Media
Ya en los momentos finales del Imperio romano, como consecuencia de la crisis económica, se había producido en Roma una ruralización de la vida, lo que se acentuó al hundirse el Imperio y con las invasiones de los pueblos germánicos. El comercio y las ciudades se vinieron abajo y se abrió un período de inseguridad y caos político y administrativo.
En la estructura social de la Alta Edad Media se distinguían tres estamentos: la nobleza o aristocracia (condes, marqueses, etc.), el alto clero (obispos, abades, etc.) y los campesinos (villanos y siervos de la gleba). Los dos primeros estamentos, los privilegiados, tenían el poder real, mientras que los campesinos estaban despojados de todos los derechos y vivían sometidos a los señores feudales.
Desde el punto de vista económico, el feudalismo respondía a una economía autárquica o de subsistencia. El comercio, basado fundamentalmente en la agricultura, prácticamente desapareció o fue muy reducido. Los siervos trabajaban para su propio consumo y en las tierras del señor. El sistema fue evolucionando hacia el arrendamiento de las tierras por las que el señor percibía del vasallo una renta que fue primero en especie y, más tarde, en dinero, lo que garantizaba a los señores unos ingresos estables y la posibilidad de comprar bienes suntuarios procedentes de un comercio que se iba activando, tanto el comercio de largas distancias, con el establecimiento de nuevas rutas comerciales más seguras, con las cruzadas, como el comercio local, que fue despegando al incentivarse el pago en dinero. 
Los propios campesinos tuvieron que vender sus productos en los mercados de los burgos con el fin de mejorar sus condiciones de vida. Este despegue del comercio generó un proceso de retroalimentación: los campesinos compraban nuevos aperos a los artesanos de las ciudades con los que hacían más productivos los campos, lo que a su vez posibilitaba nuevas demandas de muebles y enseres, etc., por parte de éstos, en función de sus nuevas posibilidades económicas, lo cual hacía que aumentase la actividad de los gremios y que las ciudades crecieran y demandaran más productos al campo para poder alimentarse, etc., posibilitanto el despegue de una nueva economía, y que el eje económico se desplazara del campo a la ciudad. Surgió así una nueva clase social, la burguesía, que sería clave para la nueva sociedad de la Baja Edad Media.

El crecimiento de la Europa medieval, el auge de la producción agrícola, el desarrollo de las ciudades y la difusión de las monedas se acompañan de una expansión comercial en todos los niveles. La multiplicación de los mercados locales va pareja con el establecimiento de una red internacional. La Europa occidental comercia en particular con el Oriente bizantino y musulmán. Exporta sus telas, sus metales, su plata e importa productos de lujo, como la seda o las especias traídas de Extremo Oriente, o algunas materias primas necesarias para su inductria textil, como el alumbre, un mordiente indispensable para la preparación del teñido de las telas, o de los productos de tinte. El Occidente europeo también comercia con el Occidente musulmán: el trigo de África del Norte o de Sicilia, la lana, el cuero, el coral del Magreb, las telas de Italia o de Cataluña, el oro y las especias de África, la plata europea animan el tráfico. Italia, por su posición geográfica y sus tradiciones, tiene un lugar privilegiado en el comercio internacional, que hizo la fortuna de las grandes ciudades, Venecia, Génova, Pisa o Florencia.
Desde el siglo XII, venecianos o genoveses se organizan, se asocian para llevar a cabo operaciones ultramarinas. Un capitalista suministra los fondos a un comerciante itinerante que aporta su trabajo y, en ocasiones, también una parte de los fondos. Comienza a hacer falta saber contar, repartir los beneficios o las pérdidas en función del contrato.
M. Serres, Historia de las ciencias

2. La Baja Edad Media
Frente a la antigua estructura feudal fragmentada, la Baja Edad Media se caracterizó por un creciente poder de las monarquías nacionales, articulado sobre la base de restárselo al emperador y al papado, desde el punto de vista global, y, a la vez, en el terreno local, consolidar el poder del rey frente a los señores feudales. Para esto, las nuevas monarquías se apoyaron en la burguesía, cuyo poder económico se consolidó al mismo tiempo que se debilitaron las bases del poder feudal.
Desde el punto de vista de la cultura, surgió una concepción más optimista del mundo, que valoraba más las actividades y los bienes materiales, lo que permitió el resurgimiento de las actividades vinculadas con el mundo práctico y una nueva mentalidad más experimental, que dio paso a la ciencia moderna en el siglo XV. Por su parte, las monarquías favorecieron la creación de universidades y el desarrollo de las ciencias y las artes.
Las monarquías nacionales se fueron consolidando sobre la base de crear una administración de justicia para todo el ámbito de su territorio, un ejército estable y una administración fiscal, lo que les permitió enfrentarse con éxito con la nobleza feudal, que lentamente se fue convirtiendo en nobleza de corte, en la que perdieron peso los valores caballerescos y ganaron los aspectos honoríficos.
La revitalización de las ciudades propició un papel más activo de la burguesía y de las actividades comerciales, así como de los artesanos, que se organizaron en gremios que regulaban las actividades productivas (condiciones de trabajo, producción, precios, calidades, etc.) y la transmisión de los saberes prácticos a ellos asociados, por los maestros de cada gremio.

3. Ciencia y tecnología en el mundo árabe

La química práctica primitiva se ocupaba de las artes de la vida, tales como el trabajo de los metales y la preparación de drogas. Las especulaciones a que se entregaron los griegos de los tiempos clásicos sobre la naturaleza de la materia, con sus ideas sobre átomos y elementos primordiales, quedaban demasiado desvinculadas de los hechos de observación y experimentación para que se las pueda clasificar en el ramo de la química. Puede decirse que los alquimistas alejandrinos del siglo I fueron los pioneros en plantear y abordar los problemas químicos. Después de ellos, apenas se hizo nada hasta que seis siglos más tarde vinieron los árabes a continuar su obra.
W. C. Dampier, Historia de la ciencia

Mientras en Europa la cultura se encontraba en sus momentos más bajos y se preocupaba sólo en especular sobre cuestiones religiosas, en Constantinopla y en los países situados entre Siria y el Golfo Pérsico florecía una cultura mixta de origen grecorromanojudío. Entre los años 630 y 660, los árabes conquistaron Arabia, Siria, Palestina, Egipto y Persia. A partir del año 750, el califa Abbasid fomentó la traducción de los autores griegos, iniciándose el período de predominio de la cultura árabe que, además de recuperar los conocimientos griegos, añadió sus propias aportaciones, lo cual hizo que, hacia la segunda mitad del siglo VIII, la hegemonía de Europa pasara a Oriente Medio.
Cabe destacar la novedosa labor que los árabes dieron a conocer: la alquimia. Mientra la química primitiva se ocupaba del trabajo de los metales y de la preparación de drogas, los alquimistas alejandrinos del siglo I abordaron los problemas químicos que seis siglos más tarde desarrollaron los árabes. Los árabes estudiaron la alquimia durante setecientos años, transformándola en química, de la cual se derivó la química europea de la Alta Edad Media a través de los árabes españoles. La química científica fue adquiriendo una gran importancia llegando a poner en entredicho la alquimia.
La traducción al árabe de los Elementos, de Euclides, y de la obra Almagesto, de Tolomeo, posibilitó la entrada de la geometría y la astronomía griegas en el mundo árabe. La nueva versión del libro de Tolomeo (830) estimuló a los astrónomos para que, desde su observatorio de Antioquía, calcularan la precesión de los equinoccios e hizo que se trazasen nuevas tablas astronómicas.

4. El período clásico de la ciencia árabe
Se inició en el siglo X con la medicina persa y, más en concreto, con el trabajo de Razes o Bubakar que, entre otras cosas, escribió sobre la viruela y el sarampión. Es considerado el médico más importante del islam y del mundo medieval. A sus muchos tratados sobre enfermedades hay que añadir que aplicó la química a la medicina.
En estudios de química cabe resaltar que los principios del azufre o fuego y del mercurio o líquido constituyen elementos primarios. La teoría de que el azufre, el mercurio y la sal constituían los principios primordiales de las cosas se mantuvo como una alternativa a la teoría de los cuatro elementos de Empédocles hasta 1661. La química científica adquirió una gran importancia llegando a poner en entredicho la alquimia.
Por esa misma época, otro médico, Avicena (980-1037), escribió sobre todas las ciencias conocidas, sobresaliendo su Canon de Medicina, en el que reunió todos los conocimientos antiguos y árabes. En 1650 se adoptó como libro de texto en los cursos de medicina de las universidades europeas de Lovaina y Montpellier.
La cultura árabe llegó a su cenit cuando desde el punto de vista político se eclipsaron las perspectivas de establecer un imperio árabe estable en el siglo XI. A partir de ese momento, la ciencia fue de fabricación europea. España fue el lugar donde dio mejores resultados la aglutinación de las culturas judía, árabe y cristiana: del año 418 al 711 floreció el reino godo occidental, gobernado desde su capital, Toledo, en el que convivieron en armonía y tolerancia los judíos y los cristianos. Al producirse la invasión árabe, se mantuvo esa convivencia, dada su tradición de tolerancia ideológica.
La fama de la escuela hispanoárabe se debió a la obra del cordobés Averroes (1126-1198), quien se impuso como gran autoridad en las universidades de Bolonia, París y Oxford en el siglo XIII, considerando que debía ocupar junto a Aristóteles el puesto de maestro de la demostración.

Monumento a Averroes en Córdoba
 Córdoba, capital cultural de Europa  
Esta complejidad etnicorreligiosa que no facilitaba la convivencia en los núcleos urbanos era, al mismo tiempo, un fertilizante cultural excelente. No hay duda de que todos se beneficiaron con el mestizaje, pero el peso de la aportación lo llevó la cultura árabe. En los reinos cristianos no surgieron figuras de la talla de Averroes, Avicena o Avempace, no hubo matemáticos, filósofos, astrónomos o cirujanos extraordinarios. No quedaron monumentos literarios comparables con los producidos en Al-Andalus por artistas como Ibn Hazm o de Ben Quzmán.
Durante siglos, Córdoba fue la ciudad más culta de Eurorpa. La enciclopédica civilización de los muslimes devolvió al viejo continente algunos de sus tesoros olvidados. Le devolvió, por ejemplo, a los clásicos griegos, que los árabes habían traducido cuidadosamente [...]. El prestigio de Córdoba no se limitaba a la cultura. Por sus fronteras salían mercancías refinadas hacia los mejores palacios y castillos del continente. Su potencia comercial queda patente por el hecho de que los dinares cordobeses eran atesorados hasta en el Báltico. Son siglos en los que la exuberancia y el refinamiento de Oriente chocan frontalmente con el oscurantismo y la ignorancia que reinan en Europa. Los sofisticados príncipes musulmanes, capaces de entender un tratado de álgebra y de escribir inspirados poemas líricos, no comprendían, sin embargo, que los aristócratas cristianos contra los que luchaban fueran orgullosamente analfabetos e incapaces de hacer una sencilla división.
Claro está que, con el tiempo, aprendieron. El siglo XIII coincidiendo con un auge demográfico y económico que también daría lugar a la catedral gótica, alumbra en Europa las primeras universidades [...]. En Bolonia, Oxford o Salamanca comienzan a agruparse maestrosde varias disciplinas que necesitan y producen textos, sabios que manejan con soltura el latín y el árabe, el griego y el hebreo. Son los tiempos, en Castilla, de Alfonso X el Sabio, que acierta a promover las escuelas de traductores de Toledo y Sevilla.
A. Porlan, La verdadera historia de la (Re)conquista

Europa acogió y asimiló la cultura árabe, a la vez que impulsó las enseñanzas recibidas. La demanda de enseñanza hizo que resultasen insuficientes las escuelas monásticas y catedralicias. Nacieron las primeras universidades: París, Bolonia, Escocia, Oxford, Cambridge y Salamanca.

5. Ciencia y tecnología en la cultura europea
El papel decisivo y el peso económico que la Iglesia tuvo, junto con los reyes y los aristócratas, durante la Alta Edad Media, se percibió en el desarrollo científico-tecnológico. Los grandes propietarios se vieron obligados a realizar innovaciones técnicas para que la explotación agrícola se hiciera más productiva y así hubiera excedentes suficientes para sobrevivir. Esto hizo que se introdujeran mejoras considerables en los utensilios:
  • Modificaciones en el arado tradicional romano.
  • Cambio en la forma de trabajar los metales que se empleaban para hacer herramientas.
  • Innovaciones en los aparejos para mejorar la fuerza de tracción animal.
  • Mejora de la industria artesanal textil.
  • Aprovechamiento de las fuerzas energéticas mediante la generalización del uso del molino de agua y de viento.
  • Solución de problemas arquitectónicos con el empleo de bóvedas y contrafuertes en las grandes construcciones.
Estos elementos permiten hablar de un progresivo desarrollo de los conocimientos técnicos, posibilitados por el contacto con otras civilizaciones lejanas (India y China) que desde antiguo ya los conocían y utilizaban.
El clero medieval se encargó de recopilar y traducir los saberres acumulados por los sabios islámicos, facilitando su difusión. Esto permitió conservar los conocimientos sobre astronomía griega, física, medicina, química, estudios de óptica y matemáticas. Se difundió la enseñanza del número cero (aportado por los hindúes) y se extendieron los números árabes, generalizando el uso de las cuatro reglas de la aritmética.
Paulatinamente se fue introduciendo en el comercio el empleo del dinero, ya que los grandes señores reclamaban a sus arrendatarios campesinos que pagaran en moneda sus tributos. El uso del dinero dio lugar a la usura, al préstamo con interés y a otros tráficos monetarios, de los que surgieron los futuros "banqueros" y los recaudadores de tributos. Contar, pesar y medir era la consigna del nuevo comerciante, con lo cual adquirió importancia la cuantificación, que sería decisiva en el Renacimiento y en épocas sucesivas, fomentando el desarrollo de la física y de las ciencias exactas.
Todo giraba en torno a las ciudades. No es nada extraño que los artesanos emigraran también a ellas desde los monasterios o desde los castillos donde habían trabajado en otro tiempo al amparo de los señores feudales, en calidad de siervos. En las plantas bajas de las casas instalaban sus talleres, que hacían al mismo tiempo el oficio de tiendas al menudeo. Solían agruparse los del mismo gremio en determinado sector de la ciudad, y por eso todavía hay en las grandes poblaciones modernas nombres de calles y plazas procedentes del lugar donde en otro tiempo estaban establecidas las viejas industrias de los plateros, los silleros, los chapineros, los curtidores... Cada gremio elegía su patrono [...], también algunos gremios se atribuían fantásticos antepasados: los barberos, por ejemplo, reconocían como precursor al emperador Augusto, que, según ellos, fue el primero que se hizo afeitar [...]. Estos obreros tenían sus costumbres que luego se recopilaron y se fueron escribiendo a partir del siglo XIII en las llamadas ordenanzas. Según ellas, los oficios se organizaban por una especie de jerarquía cerrada desde aprendiz hasta maestro, en la que sólo podía ingresarse por el más bajo de los grados.
F. Esteve Barba, Historia de la cultura

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Una sola monarquía para Castilla y Aragón

1. Una época de crisis social y enfrentamientos civiles
Durante los siglos XIV y XV hay una crisis demográfica (peste negra), económica, social y política que afecta a toda Europa y a la Península Ibérica. Es una etapa de luchas internas. Navarra cae en la órbita de Francia y Granada vive mirando hacia el mundo musulmán norteafricano.
El avance por la ruta atlántica africana, que proporciona a Portugal un gran auge económico, sienta las bases de su afirmación nacional.

2. La situación en Aragón
No ocurre lo mismo con Aragón. Allí la monarquía no puede frenar a la levantisca nobleza ni someter a los campesinos catalanes. Por otro lado, hay un claro declive del comercio barcelonés en el Mediterráneo, acentuado por el avance turco.
En la segunda mitad del siglo XV el rey Juan II de Aragón está cercado por los problemas. Para obtener ayuda contra los rebeldes catalanes, habrá de ceder el Rosellón y la Cerdaña a Luis XI de Francia; mientras los catalanes proclaman rey a Enrique IV de Castilla, que no acepta la corona. Nada tiene de extraño entonces que gestione el matrimonio de su hijo Fernando con la princesa Isabel, matrimonio que proporcionará un fuerte partido de nobles pro-aragoneses en el interior de Castilla. Busca el apoyo del prestigio, del dinero y aun del ejército castellanos.



3. La situación en Castilla
La levantisca aristocracia creará también aquí fuertes conflictos desde finales del siglo XIII. En el siglo XV Enrique IV habrá de encarar el problema sin fortuna. Ante la fuerza del partido aragonesista, buscará la unión con Portugal a través del matrimonio de su hija, Doña Juana, a la que el pueblo apodaba despectivamente "La Beltraneja", por suponerla hija de Don Beltrán de la Cueva. 
El conflicto adquiere tonos virulentos cuando una facción de la nobleza depone a Enrique en Ávila proclamando rey a Don Alfonso, hijo del segundo matrimonio de Juan II. La prematura muerte del joven Alfonso hace que los nobles rebeldes se vuelvan hacia su hermana Doña Isabel, la cual, inteligentemente aconsejada, se niega a ocupar el trono dirigiendo una sublevación, pero arranca de su hermanastro, Don Enrique, el nombramiento de heredera por el Tratado de los Toros de Guisando (1468) lo que suponía reconocer la ilegitimidad de Doña Juana.

Al año siguiente se realiza el matrimonio de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, que el rey no aceptará. Doña Juana recobra sus derechos (1470) y los nobles antiaragoneses gestionan su matrimonio con Don Alfonso de Portugal.
El planteamiento es irresoluble. Cuando muere en 1474 el rey Enrique, estalla una guerra civil entre Fernando e Isabel y la princesa Doña Juana, apoyada por Portugal. Tras la decisiva batalla de Toro, Portugal reconoce a los jóvenes reyes y Doña Juana se recluye en un convento. La definitiva paz se concierta en el Tratado de Alcaçobas (1479) por el que, además, se deslindaron territorios en el África atlántica (Canarias para Castilla, y Guinea y el sur atlántico africano para Portugal).

4. La idea de la unión peninsular y las ansias regeneracionistas
La unidad peninsular se gestaba con signo castellano porque Castilla poseía los condicionamientos fundamentales: su demografía en auge (en las altas llanuras de la meseta la peste negra había tenido poca importancia), sus grandes recursos económicos basados en el comercio de la lana, la mayor libertad de acción de la monarquía, que había podido defenderse mejor que en Aragón de los ataques de la nobleza... Los buques vizcaínos y andaluces aventajaban a la vieja marina catalana en los mercados atlánticos. Mercaderes castellanos llegaban a las ferias de Borgoña, y los de toda Europa venían a las de Castilla (Medina del Campo). En el extrajero, ya se daba a todos el nombre de españoles.
En Aragón se esperaba mucho de la fuerza de Castilla. Ante los ataques de Luis XI en el Rosellón, la esperanza estará en las lanzas que el heredero traería desde Segovia. Se ansiaba la fuerza castellana para recobrar el dominio de Italia y del Mediterráneo, y para frenar la ambición de Francia.
El humanismo resucita la idea de una sola cabeza peninsular, no ya visigótica, sino incluso romana (Castilla y Aragón, como Hispania Citerior y Ulterior). Ésta fue una idea muy arraigada en los humanistas catalanes como el Cardenal Margarit. Por otro lado, reinaba desde el Compromiso de Calpe (1412) una sola dinastía: los reyes de Aragón eran igualmente grandes señores castellanos con un poderoso e influyente partido. Valencia, Aragón y Mallorca apoyaban también fervientemente la unión.
Castilla podía optar por la dirección atlántica o por la mediterránea, es decir, por Portugal o por Aragón. Pero los lazos establecidos con la Corona aragonesa eran ya muy fuertes. Había un clima de hermandad entre los pueblos, más intenso si cabe en los territorios aragoneses.
A partir de 1479, en que muere el rey aragonés Juan II, se inicia el gobierno mancomunado de Castilla y Aragón por una sola dinastía. En aquel momento no fue nada más, pero tampoco nada menos.

lunes, 4 de junio de 2018

El arte de la Edad Media

1. El arte románico
Es el estilo artístico que caracterizó a la Europa cristiana entre los siglos XI, XII y parte del XIII. Es un arte esencialmente rural que se plasma sobre todo en iglesias, abadías, monasterios y castillos.

 Pintura 
Solía realizarse sobre la pared (al fresco). Se utilizaba un dibujo de trazo grueso, con contornos negros; los colores son puros (sin mezclar) y planos. Las figuras se disponen de forma parelela y frontal y carecen de volumen. También se dibujaban miniaturas para ilustrar libros.

Jesucristo y los apóstoles. Catedral de Seo de Urgel (Cataluña)

 Escultura 
La escultura narra acontecimientos religiosos con el fin de enseñar pasajes de la Biblia a los fieles, que en su mayor parte eran analfabetos. Son importantes los relieves realizados en los capiteles de las columnas y en los pórticos de las iglesias. Las figuras representadas se caracterizan por su rigidez y falta de expresión.

Escena del pecado original. Capitel de la Catedral de Girona

 Arquitectura 
Los edificios se caracterizan por sus gruesos muros, en los que existen pocas ventanas. Por este motivo, sus interiores son oscuros para lograr el recogimiento de los fieles. En España destaca la Catedral de Santiago de Compostela, donde sobresalen las esculturas del Pórtico de la Gloria.


Pórtico de la Gloria. Catedral de Santiago de Compostela
2. El arte gótico
Se inició en Francia en el siglo XII y floreció en Europa occidental entre los siglos XIII y XIV. Refleja la nueva espiritualidad religiosa de la época. Es el arte de las catedrales y de las ciudades.

 Pintura 
Es más realista y expresiva que la románica. Con frecuencia se realizaba sobre tablas de madera (retablos) que decoraban los altares. Se siguieron haciendo ilustraciones para libros miniados (libros en miniatura).

La Virgen de los Reyes Católicos. Museo del Prado

 Escultura 
Además del relieve, empezaron a ser habituales las esculturas de busto redondo. Las figuras tienen expresión y movimiento y parece que se comunican entre sí; el cuerpo se hace más largo y ondulado, y los ropajes son más naturales.


Virgen María de Navata (Girona)

 Arquitectura 
Los edificios son más altos, y en sus muros se abren grandes ventanales decorados con vidrieras. Para sostener esta estructura, se construyen los contrafuertes o pilares exteriores, que soportan el peso de los muros.
Además de iglesias y catedrales, se levantan edificios para la burguesía de las ciudades, como palacios, lonjas, universidades y ayuntamientos.


Catedral de León


lunes, 21 de mayo de 2018

El arte en los siglos XIV y XV

Las manifestaciones artísticas de los siglos XIV y XV, lo mismo en los reinos cristianos que en la Granada nazarita, corren parejas con las transformaciones generales del periodo. Tanto en el arte musulmán como en el estilo gótico, imperante en la España cristiana, se observa una tendencia marcada hacia el recargamiento decorativo. Otra nota distintiva del arte de estos siglos es el papel creciente del individualismo, tanto por lo que se refiere al artista, que sale del anonimato, como a los personajes representados en las esculturas o en las pinturas, generalmente nobles o ricos burgueses que habían pagado la obra. Por su parte, la tendencia secularizadora se manifiesta en la creciente importancia de los edificios civiles y en la realización de obras para gremios, municipios, etc.

1. El arte nazarita
El último período del arte hispanomusulmán se desarrolló en el reino nazarita de Granada, y tuvo su momento estelar en el siglo XIV. Ante todo resalta la fantasía ornamental, las yeserías y las cerámicas vidriadas, que ocultan la pobreza de los materiales utilizados. Se emplean una columna de fuste liso y original capitel, el arco de medio punto peraltado y la bóveda de mocárabes. Los elementos decorativos van desde la lacería hastas las inscripciones epigráficas. El edificio clave de este estilo es la Alhambra, residencia oficial de los reyes granadinos.

2. El arte gótico

 2.1. Arquitectura 
En el siglo XIV, la indigencia constructiva en la Corona de Castilla contrasta con las grandes realizaciones de la Corona de Aragón. Se levantan las catedrales de Barcelona, Gerona y Palma de Mallorca, con tendencia a la nave única y abundantes capillas laterales. La expansión de las ciudades se refleja en los edificios civiles, como la Lonja de Barcelona o la Puerta de Serranos de Valencia.
En el siglo XV el Gótico adquiere mayor complejidad decorativa. Es el Gótico flamígero, que emplea el arco conopial, formas curvilíneas en las tracerías y bóvedas estrelladas. Estamos en la fase barroca del Gótico, que en tierras hispanas se funde con la tradición mudéjar. En Castilla, superada la crisis, se levanta la catedral de Sevilla y surgen dos importantes focos de actividad artística, en Burgos, donde inicia la Escuela Juan de Colonia (Cartuja de Miraflores) y en Toledo, que arranca de Hanequin de Bruselas (capilla de Don Álvaro de Luna en la catedral). En la Corona de Aragón se erigen las lonjas de Palma y Valencia, y la torre del Miquelete de esta última ciudad.

Bóveda estrellada de la Catedral de Burgos
 2.2. Escultura 
La escultura se independiza progresivamente de la arquitectura. A fines de la Edad Media lo fundamental son los retablos y las esculturas funerarias, por lo general majestuosas. En el siglo XIV la escultura se muestra patética, en el XV destaca por su realismo detallista.
En el siglo XIV las principales obras se localizan en la Corona de Aragón. Recordemos a Jaume Cascalls, con sus sepulcros de Poblet, o al Maestro Aloy. En el siglo XV trabajaron en tierras hispanas numerosos extranjeros, franceses, flamencos y alemanes. La influencia de C. Sluter es muy notable en J. de Lomme, que trabaja en Navarra, y en G. Sagrera, de Mallorca. En Castilla se forman tres núcleos, en Toledo, Burgos y Sevilla, germen de la espléndida escultura de fines del siglo.

 2.3. Pintura 
La pintura gótica gana en independencia y en variedad de temas y de formas. Pero en realidad es dibujo coloreado, pues no hay luz, ambiente ni aire. Predomina lo pintoresco y lo narrativo. El dibujo es minucioso y a veces aparece el paisaje. De todas formas hubo una notable evolución en la pintura gótica en los siglos XIV y XV.
Hasta mediados del siglo XIV predominó el estilo francogótico, de tendencia dibujística. Obras básicas son las miniaturas de las Cantigas y los frescos de la Capilla del Aceite, en la Catedral de Salamanca. En la segunda mitad del XIV se impuso la influencia italiana, esencialmente de Siena. Las figuras son alargadas y la línea muy fina. De esta época son las obras de Ferrer Basa y de los hermanos Serra.
En la primera mitad del XV triunfó el estilo internacional, en el que se fundían la influencia italiana (estilización, melancolía) con la francesa (caligrafía y sentido caballeresco). Se pierde la composición global del cuadro, pero gana terreno el anecdotismo. Nombres destacados de este estilo son L. Borrasá y B. Martorell en Cataluña y Dello Delli y Nicolás Francés, que trabajan en Castilla. A mediados del XV llega a tierras hispanas la influencia de la pintura flamenca, con su realismo naturalista, la minuciosidad y la riqueza cromática. Existieron muchas escuelas regionales. En Cataluña hay que recordar a L. Dalmau (Virgen de los Consellers) y a J. Huguet, en Aragón a B. Bermejo (Santo Domingo de Silos) y en Castilla a J. Inglés (retablo del Marqués de Santillana) y a F. Gallego (San Ildefonso).

3. El Gótico-mudéjar
Entre los siglos XIII y XV se difundió por diversas regiones de la Península Ibérica el estilo Gótico-mudéjar, en el cual se combinaban estructuras góticas con elementos característicos mudéjares. Focos esenciales fueron los de Toledo, Sevilla y Aragón. En Toledo destacan las sinagogas de Santa María la Blanca (siglo XIII) y Nuestra Señora del Tránsito (siglo XIV), en Sevilla, el Alcázar, obra de Pedro I, y en Aragón la Parroquieta de la Seo, en Zaragoza, y las torres de San Martín y San Salvador, en Teruel.

Lateral de La Seo de Zaragoza

lunes, 26 de marzo de 2018

La España cristiana

1. El año 1000 en la Península Ibérica
La situación de la Península Ibérica hacia el año 1000 era distinta de la europea. Los habitantes de la zona norte estaban inmersos en una guerra contra los musulmanes, la Reconquista, y en la repoblación cristiana de los territorios conquistados. Todo esto hizo que se volviera a la sociedad original: el campesino era libre y propietario de la tierra, situación que resultaba insólita en la Europa medieval, y el monarca-caudillo poseía un poder del que carecían los débiles reyes feudales. Al sur, el califato árabe se desintegraba y Al-Andalus atravesaba una gran crisis.

2. Origen de los reinos cristianos
Los núcleos cristianos formaron un reducto de oposición al poder musulmásn instalado en Al-Andalus. En la zona que ocupaban, al norte de la península, se fueron formando los reinos cristianos, cuyo origen fue diverso:
  • El reino astur-leonés: Algunos nobles visigodos que se habían refugiado en Asturias eligieron como jefe a Don Pelayo, quien venció a los musulmanes en la batalla de Covadonga (722). A su muerte, Alfonso I se proclamó rey de Asturias. Más tarde, Alfonso III llegó hasta la zona del Duero e instaló la capital en León (siglo X). 
  • Castilla: El reino astur-leonés estaba dividido en condados; en el siglo X, el Conde Fernán González consiguió unificar varios territorios y transmitirlos a sus descendientes. Logró de este modo la independencia de Castilla. 
  • El reino de Navarra: Durante el siglo VIII, esta zona estaba bajo la influencia del reino franco hasta que, a principios del IX, la familia Arista conquistó Pamplona y se creó el reino de Navarra.
  • El reino de Aragón: Estuvo bajo el dominio de Navarra hasta que, en el siglo XI, se hizo independiente y comenzó su expansión con Ramiro I. 
  • Los condados catalanes: Estaban integrados en la marca Hispánica; ésta era una de las marcas del Imperio Carolingio hasta que, en siglo XI, Wifredo el Velloso, conde de Barcelona, consiguió transmitir su condado a sus descendientes.
En el siglo XI, Castilla se constituyó en reino y se unió a León; tras una ruptura se consolidó la unión definitiva del reino de Castilla y León en el siglo XIII. En el siglo XII el condado de Barcelona quedó unido a Aragón. Mientras tanto, Navarra mantuvo su independencia.

3. La economía
La economía tenía un marcado carácter rural y estaba basada en la agricultura y en la ganadería. Esta última tuvo mucha importancia, sobre todo en Castilla y León, debido a que se introdujo desde el norte de áfrica una nueva raza de ovejas, la merina, que se adaptaba muy bien al clima de la península, y a la creación de la Mesta (siglo XIII), agrupación de propietarios de ganado trashumante que defendió los intereses de los ganaderos en contra de los agricultores.
La artesanía y el comercio comenzaron a desarrollarse a partir del siglo XIII, sobre todo en Aragón y Cataluña. El comercio recibió un gran impulso con la creación de las ferias, entre las que destacó la ganadera de Medina del Campo.

4. La Reconquista 
La Reconquista, es decir, la expansión de los reinos cristianos por los territorios que estaban en poder de los musulmanes, se llevó a cabo a partir del siglo XI, en el que el califato quedó dividido en reinos de taifas que, ante el empuje cristiano, pidieron ayuda a los almorávides y, posteriormente, a los almohades del norte de África. A pesar de este apoyo, los cristianos consiguieron una gran expansión territorial y los musulmanes sufrieron una importante derrota en la batalla de la Navas de Tolosa (1212).
La fase final de la Reconquista se centró en la zona de Andalucía, que fue ocupada casi por completo por Fernando III y su sucesor, Alfonso X el Sabio. Sólo subsistió el reino nazarí de Granada, que fue anexionado más tarde, en 1492, por los Reyes Católicos, lo que puso fin al dominio musulmán en España.

5. La repoblación
La repoblación es la ocupación de las tierras despobladas. Este fenómeno fue muy habitual en la época de la Reconquista, en la que muchos territorios quedaron abandonados ante los continuos ataques. Estas tierras se repartían con el fin de atraer a los cristianos del norte y, de este modo, dominar las zonas recién conquistadas.  

lunes, 5 de marzo de 2018

La Iglesia y la cultura en los siglos XIV y XV

1. Introducción
La vida religiosa, las actividades culturales y las manifestaciones artísticas de los siglos XIV y XV son testigos de un conflicto permanente entre lo viejo y lo nuevo, lo que se recibe como legado del pasado y lo que pugna por abrirse paso. El desgarramiento profundo de la Iglesia anunciaba la necesaria reforma. El agotamiento de la escolástica impulsó la crítica y dio alientos al humanismo en ciernes. La hojarasca del Gótico final facilitó la vuelta a las normas clásicas. El individualismo penetraba por todas partes. Se adivinaba una concepción global del universo que tuviera al hombre como auténtico centro.

Retablo mayor de la Catedral de León, obra del pintor Nicolás Francés: A fines de la Edad Media las tierras hispanas se llenan de retablos, muchos de ellos de origen flamenco. Esto era un síntoma de la riqueza de los grupos privilegiados, pero también del cambio producido con respecto a épocas anteriores, al sustituir el contacto con el Islam por el acercamiento a Europa.
La crisis de los siglos finales de la Edad Media afectó también al mundo del espíritu. La Iglesia, gravemente minada por el Cisma, estaba necesitada de una profunda renovación. Ganaban terreno el individualismo y la secularización. El mundo intelectual construido por los maestros universitarios del siglo XIII se revelaba ineficaz para los nuevos tiempos. Desde el siglo XIV se acentuó la crítica a la escolástica y a las autoridades, al tiempo que se volvía la mirada hacia la tradición clásica.

2. La vida religiosa
La Iglesia hispánica vivió a fines de la Edad Media una profunda crisis, manifestada tanto al nivel de sus dirigentes como del común de los creyentes. El Cisma tuvo una incidencia muy acusada en la Península. La obediencia a uno u otro pontífice se basaba en circunstancias políticas. En general, tanto Castilla como Aragón, estuvieron al lado del pontífice de Avignon. La alianza con Francia pesó decisivamente en esta decisión, pero en el caso de Aragón contó el hecho de que el último papa de la línea de Avignon, el irreductible Benedicto XIII, fuera de origen aragonés. Al final, en el concilio de Constanza, la intervención de la delegación de Castilla fue decisiva para acabar con el Cisma. Pero sus huellas no se borraban tan fácilmente, entre ellas la intensificación del nacionalismo religioso y la creciente intervención regía en la vida de la Iglesia.
La reforma en el seno de la Iglesia se hacía necesaria, entre otras razones de peso, por la caótica situación del clero, tanto el alto como el bajo. Los grandes dignatarios de la Iglesia eran miembros de la oligarquía nobiliaria y frecuentemente estaban más preocupados por sus asuntos temporales que por los espirituales. Un prototipo de obispo belicoso de la época podría ser el arzobispo de Toledo Alfonso Carrillo. Por lo que se refiere al bajo clero eran notorias tanto su escasa preparación como la relajación de las costumbres. Los intentos renovadores no faltaron en la Iglesia hispánica, aunque en verdad apenas cuajaron. Hay que destacar la introducción de una nueva orden, la de los Jerónimos, que, apoyándose en el favor real, adquirió pronto una gran difusión en la Península. La renovación se intentó también en algunas órdenes de antiguo asentamiento, creándose diversos monasterios benedictinos en la línea reformista, como San Benito, de Valladolid. Hubo también una creciente preocupación por mejorar la formación del clero. Nombres como Pedro Tenorio, arzobispo de Toledo, o el catalán Cardenal Margarit, ocupan un lugar de honor en esta línea renovadora.
La crisis material y espiritual de la sociedad impulsó el desarrollo de una religiosidad popular de gran emotividad, que se recreaba en los aspectos macabros y bordeaba el terreno de lo supersticioso. Triunfaban los predicadores fogosos que arrebataban a las multitudes, por ejemplo, San Vicente Ferrer. En estas condiciones prendía fácilmente la mecha del antijudaísmo. Otras veces la crisis desembocó en la herejía, como sucedió en el País Vasco con el movimiento de los herejes de Durango, que brotó a mediados del siglo XV. Al parecer los herejes seguían las tendencias de los franciscanos espirituales. El movimiento fue cortado de raíz, a base de una represión durísima.

3. La cultura
El clero siguió detentando el monopolio de la especulación. Quizá los nombres más destacados de la teología hispánica de fines de la Edad Media sean el dominico Juan de Torquemada y el franciscano Alonso de Madrigal, el "Tostado", ambos castellanos del siglo XV. Por otra parte, en los siglos XIV y XV se crearon nuevas universidades, especialmente en la Corona de Aragón (en 1300 la de Lérida, en 1354 la de Huesca...), pero su papel intelectual estaba en declive, pues sus métodos se habían anquilosado. En realidad las tendencias más innovadoras del pensamiento se estaban desarrollando al margen de los centros universitarios.
La expansión de la nobleza en el reino de Castilla fue acompañada por el desarrollo de una cultura dominada por lo artificioso y por un estilo de vida refinado y aparatoso. Algunas de las figuras más insignes en el campo de la creación literaria eran miembros de la alta nobleza, desde el Infante Don Juan Manuel y el canciller López de Ayala en el siglo XIV hasta el Marqués de Santillana y Jorge Manrique en el XV. Pero también desde las entrañas del pueblo brotó otra literatura, que no perdía ocasión para ejercer la crítica social. En esta línea se encuentran desde el Arcipreste de Hita, con su jugoso Libro del Buen Amor hasta las Coplas del Provincial o de Mingo Revulgo.
En la Corona de Aragón prendió la tradición científica legada por musulmanes y judíos. En Mallorca surgió un importante centro cartográfico que tuvo en el judío Jehuda Cresques, luego convertido al cristianismo, a su principal figura. En otro orden de cosas merece recuerdo la obra de Francesc Eiximenis, imprescindible para conocer la sociedad de la época. Por otra parte, el contacto con Italia y el mecenazgo de algunos príncipes, de Alfonso V en primer lugar, impulsaron una corriente humanista en Cataluña, uno de cuyos principales portavoces fue Bernat Metge. La prosperidad económica de Valencia en el siglo XV tuvo su paralelo en el campo de la cultura, representada por Ausias March