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lunes, 7 de diciembre de 2015

El concepto de profesor o maestro en la educación personalizada

En el marco de la educación personalizada lo importante es el trabajo del alumno en cuanto elemento de su perfección personal. La figura del profesor tiene sentido en la medida en que el escolar no puede trabajar solo y necesita el auxilio de los demás. La actividad educadora es simplemente estímulo, orientación y control de la actividad del alumno. El maestro es un intermediario entre el sujeto capaz de conocer y la verdad que puede ser conocida. El profesor tiene como misión provocar en cada alumno el encuentro objeto-sujeto propio del acto de conocer.
En tanto que partícipe de una verdad adquirida, el profesor es como depositario y servidor de una herencia cultural de una generación, pero en realidad llega a ser profesor cuando es capaz de servir para el enriquecimiento cultural de la generación siguiente. Y este servicio sólo puede prestarse cuando se es capaz de comprender la situación en que se halla el alumno y estimular en él la disposición más eficaz para, mediante su propio esfuerzo, adquirir conocimientos, destrezas, aptitudes y hábitos que tengan sentido en su vida y en la vida de la comunidad.

1. El hablar y el escuchar del maestro
En la idea tradicional al maestro le toca hablar y al estudiante escuchar. La educación personalizada otorga un particular relieve a la tarea de escuchar por parte del maestro. Para ayudar a un sujeto primero de todo necesita ser comprendido. La comprensión de los jóvenes viene a través de escuchar. A medida que el diálogo es más auténtico, la distancia maestro-alumno se acorta, la situación docente se ensambla en la disiente estableciéndose una interacción en la cual también el maestro aprende.

2. El maestro como aprendiz
En tanto que aprendiz el maestro tiene una primera y principal fuente de aprendizaje en sus mismos discípulos, quienes, a través de sus conductas (perturbaciones, desinterés, rendimiento mayor o menor de lo esperado...) ofrecen mucha información al maestro dispuesto a aprender. Los padres y la comunidad en general constituyen otro campo de aprendizaje para el profesor. Igualmente, no se puede olvidar la necesidad de estar en contacto permanente con los ambientes técnicos que pueden mejorar su actividad educativa.
Pero el motivo más evidente para esta formación permanente radica en el cambio social. Por ello, la educación se ha de estar reelaborando constantemente. La educación permanente implica sustituir ideas o aptitudes anticuadas por otras acordes con la nueva situación.

3. La enseñanza en cooperación. Departamentos y equipos docentes
El profesor no se ha de considerar educador único, sino miembro de un grupo de educadores. El equipo docente se especifica porque atiende a un determinado grupo de alumnos, y refleja con precisión y claridad la idea de que la actividad educativa de hoy se ha de organizar de tal suerte que dos o más maestros trabajen juntos, y compartan la responsabilidad en la educación del mismo grupo de estudiantes. El departamento está constituido por un grupo de profesores que atienden a una misma actividad o sector de contenidos.
En suma, departamento y equipo docente implican enseñanza cooperativa. El departamento es cooperación en una misma materia y equipo es cooperación en un mismo grupo de alumnos.
Estos conceptos organizativos implican otras aptitudes y disposiciones por parte del maestro. Así el equipo docente obliga a prestar atención a la flexibilidad del maestro disponiéndole para recibir las sugerencias de otros miembros del equipo.

4. Funciones del profesor
El maestro ha de ser considerado en primer lugar como persona. Después habrán de considerarse las actividades de un profesor dentro de la institución escolar, en cuyo ambiente hay a su vez dos situaciones fundamentales: la del maestro dentro del conjunto docente y la del maestro en relación con los alumnos. Por último se ha de ver aisladamente.
Como miembro de la comunidad el maestro ha de integrarse eficazmente en ella viviendo y participando en las actividades sociales. La participación del maestro en la vida social facilita la comunicación sociedad-escuela.
Como miembro de la institución escolar y de un conjunto docente, al profesor se le pueden asignar las siguientes funciones:
- Relacionarse con los otros elementos educadores, especialmente los demás profesores, tutores u orientador, los padres y los directivos escolares.
- Participar en el gobierno del colegio (la actividad de cualquier educador es una actividad directiva, puesto que influye en el quehacer de otros).
- Participar en la programación de los períodos medianos y largos de trabajo.
- Revisar y evaluar el trabajo escolar y la participación en el estudio y decisiones sobre los posibles cambios.
En el trabajo con los alumnos, la personalización educativa plantea el problema de si la comunicación del maestro ha de ir dirigida siempre hacia una clarificación lo más completa posible de los conocimientos o más bien esta comunicación debe suscitar dudas y problemas que sean un estímulo más fuerte al trabajo del aprendizaje de los escolares. También se ha de recordar que la comunicación entre profesores y alumnos no se establece solamente como transmisión de ideas u orientaciones para que los escolares realicen los trabajos previamente programados, sino que el alumno ha de participar en la programación misma. Según estas consideraciones, las funciones del profesor en tanto que trabajo con sus alumnos son:
- Programación del trabajo diario en el que profesores y alumnos ejercitarán su autonomía y aceptarán sus responsabilidades tomando las decisiones adecuadas para la realización concreta del trabajo.
- Establecimiento de relaciones con los alumnos a fin de conocer sus necesidades, intereses, dificultades y aptitudes con el fin de organizar el trabajo de acuerdo con las condiciones personales de cada estudiante.
- Motivación de los alumnos e información, no sólo sobre contenidos (ideas y problemas), sino además de técnicas de trabajo.
- Ayuda individual, orientación personal para la realización más eficaz de sus trabajos.
- Control del rendimiento de cada escolar y del grupo en conjunto.
- Replanteamiento del trabajo de tal suerte que los alumnos más capaces puedan seguir ampliando o profundizando su aprendizaje mientas que los que no hayan alcanzado los objetivos puedan volver sobre los mismos, aunque con materiales diferentes que eviten la rutina de la repetición.
Considerando al maestro en situación independiente, se le podría asignar la tarea de autocrítica y programación de su constante perfeccionamiento en el orden profesional.

5. El ciclo docente
Las funciones anteriores pueden ser ordenadas cronológicamente con lo cual tendríamos una descripción del ciclo docente en el marco de la educación personalizada.
En primer lugar, parece necesaria la concepción total de la tarea por realizar de donde surge el planeamiento y la programación a largo plazo como el primer quehacer del docente.
La exploración de los alumnos para tener una primera idea de la posición y la variabilidad de los escolares con quienes se ha de trabajar parece igualmente que debe constituir otra de las primeras etapas de la actividad escolar.
La programación inmediata, de períodos cortos, seguiría a continuación para dar entrada a la actividad conjunta de enseñanza y aprendizaje en la que se incluye la motivación, la información y la ayuda individual a los escolares.
Aparece después el control del rendimiento y en función de él la actividad de replanteamiento del profesor y una evaluación crítica de la actividad en función de su posible permanencia o modificación.
La programación y la evaluación son actividades que no requieren necesariamente la reunión física de profesores y alumnos. Por esta razón, en la medida en que la educación personalizada se va extendiendo, se va complicando también la tarea del profesor quien en muchas ocasiones tiene que apartarse de los alumnos para servirles mejor. Con estas tendencias no se disminuye la importancia del contacto personal entre el profesor y los alumnos, sino que ésta se reduce en el tiempo para aumentar su calidad.
Difícilmente se puede encontrar una situación más triste que la del maestro gastando su tiempo en aburrir a los estudiantes y también, por qué no, utilizando su personal capacidad para evitar a sus discípulos esfuerzos de autoaprendizaje que sería de un claro valor formativo. El tiempo dedicado a programar y evaluar correctamente las actividades escolares permite que los estudiantes hagan por sí mismos aquello que pueden hacer, sin la ayuda, que en este caso sería inoportuna, del profesor y permite que los contactos personales profesor-alumnos tengan una verdadera calidad humana y eficacia educativa.

lunes, 14 de julio de 2014

El educador de acción personal

1. Concepto general
El concepto de educador es más amplio que el de "educador-maestro". Educador es toda persona que ejerce influencia en la formación espiritual de un ser humano. El término maestro es más limitado: designa al educador especialmente preparado que de manera voluntaria ejerce una acción directa y sistematizada sobre el educando.
El educador actúa en todos los sectores de la actividad humana; el educador-maestro, en cambio, sólo actúa en un periodo determinado y limitado de la vida del hombre. Además, en términos generales, el educador-maestro se encuentra en toda institución escolar.
Diferenciamos al educador-maestro, esto es, al educador práctico del educador teórico. Éste es el investigador, el teórico de la educación, el hombre que se dedica al estudio y profundización del problema de la educación y trata de encontrarle soluciones. El educador práctico o activo, que es el verdadero educador, es aquel que realiza de manera directa la acción educadora. Puede una misma persona reunir ambas cualidades.
Considera Kerschensteiner que los educadores prácticos pueden a su vez separarse en dos subtipos: los educadores individualistas, que tienden a la formación y elevación de individuos concretos, particulares; y los educadores sociales, en los que predomina la voluntad de salvar de sus imperfecciones al conjunto de la sociedad de la que forman parte y a la humanidad entera.

2. Misión del educador
La esencia de la educación se realiza en la intimidad del ser que educa. El educador-maestro está representando al mundo formado, al mundo de la cultura, a los valores de la familia y de la comunidad. El maestro es, en realidad, un mandatario de los grandes agentes educadores: familia, sociedad, instituciones, Estado. Su acción abarca los aspectos de la tarea educadora que los grandes agentes no pueden llevar a cabo directamente. En los tiempos actuales, su misión se extiende y complica cada vez más, pues además de la función de incorporar al espíritu del educando aquellos contenidos que la ciencia lleva a la enseñanza sistematizada y de desarrollar sus capacidades intelectuales, debe cumplir otras funciones educativas, contribuyendo así, en gran parte, a la formación de la personalidad. En sus manos está depositado en gran medida el porvenir de las nuevas generaciones y el progreso del país. Por eso, no es la suya una profesión, sino una misión.
Para cumplir esa misión, el maestro debe sentirse profundamente atraído por la labor educadora, debe poseer vocación. No puede ser un funcionario que cumple sus obligaciones como un simple medio para subsistir. La obra del maestro es obra desinteresada, de amor y de abnegación. Dice Gentile que "lo que vende el maestro es su tiempo, su presencia, el aliento de sus pulmones, su fatiga".

3. El maestro como mandatario de los agentes educadores
El maestro no realiza su función docente en forma del todo autónoma. Como mandatario de la familia, de la comunidad, de las instituciones y del Estado, debe cumplir su misión para alcanzar los objetivos que ellos le fijan.
Pero ello no significa reducir o limitar su actuación propia en lo que se refiere al tono personal de su enseñanza y a los recursos y formas de acción que utilice para llevar a cabo su tarea.

4. Condiciones del educador
Los pedagogos han tratado de caracterizar el tipo de educador ideal, y han expresado las condiciones que debe reunir.
Quintiliano, en su célebre Instituciones Oratorias, se refirió a las condiciones que debe tener el maestro y realizó un minucioso estudio de la personalidad del mismo.
Más adelante San Agustín, al considerar a Cristo como el único y verdadero Maestro, destaca la función educativa del maestro humano, del que no puede prescindirse, dado que éste se convierte en el más eficaz colaborador del discípulo en la búsqueda de la verdad interior.
De su escrito De Magistro, Santo Tomás se ocupó también de las virtudes que han de caracterizar al educador cristiano. Éste debe poseer, además de cualidades morales e intelectuales, un conocimiento profundo del alma humana.
Por su lado, Vives insiste en los valores morales y en la prudencia. El educador no sólo debe poseer conocimientos, sino también habilidad para transmitirlos. Debe ser de costumbres puras y amante de las letras. Sentirá afecto paternal hacia sus alumnos, y alejar toda intención de lucro en la enseñanza.
Dentro de la pedagogía contemporánea, fue Dilthey el primero que realizó una completa caracterización del mismo. Considera necesario el conocimiento del alma infantil. Es preciso descender de nuestra esfera emotiva hasta ese mundo ingenuo, inocente, todavía oscuro, sin formar. En el pedagogo predomina, por lo tanto, el sentimiento y la intuición. Otra característica sería la ingenuidad, que permanece fresca en el educador y le permite acercarse al alma infantil.
Por su parte,
Georg Kerschensteiner
Pedagogo alemán (1854 - 1932)
Kerschensteiner considera que el educador debe presentar los siguientes caracteres:

La primera cualidad consiste en la profunda inclinación hacia el ser inmaduro y sus posibilidades de desarrollo. Consiste en lo que se ha llamado eros pedagógico. Pero puede sentirse esta inclinación y no ser un buen educador. De ahí la segunda característica, que supone capacidad de penetración psicológica y tacto pedagógico. La tercera característica se exterioriza por la capacidad especial para vislumbrar la personalidad futura, para lo cual se requiere no sólo sensibilidad psíquica, sino también objetividad para actuar frente a los individuos más distintos. La cuarta característica supone una personalidad definida. Sólo una voluntad enérgica, una personalidad fuerte, puede ejercer una influencia constante y duradera.
A su vez, Eduard Spranger, filósofo, pedagogo y psicólogo alemán (1882-1963), es autor, entre otros títulos, de Formas de vida (1914), obra en la describió seis tipos humanos ideales en conexión con los valores a los que aspira: estético, teorético, social, económico, político y religioso. Considera que el educador constituye una variedad del tipo social, que rige su vida por el amor a los semejantes. Pero ese amor se dirige no sólo al ser inmaduro, sino también a los valores y los contenidos que trata de desarrollar y despertar en él.
También señala que, aunque existen personas con una predisposición, es decir, lo que llamamos "educadores natos", el verdadero educador siempre está en un largo proceso autoformativo. Siempre habrá en él un anhelo de perfeccionamiento.

5. La vocación pedagógica
Esta vocación pedagógica, que necesita ser perfeccionada y desarrollada, puede descomponerse en los siguientes elementos:

 1º)  Eros pedagógico: El amor generoso hacia el prójimo, la necesidad de ayudar a los seres humanos, es cualidad previa para ser un buen educador. La inclinación y amor hacia los niños supone la satisfacción de encontrarse entre ellos, de ser partícipe de su espontaneidad, de compartir sus alegrías, y el deseo de lograr el desarrollo de sus posibilidades formativas. Esta inclinación puede ser desarrollada si está latente, pero no se adquiere en forma puramente voluntaria; el hombre insensible jamás logrará ser buen educador.
Pero este amor por la infancia no implica debilidad ni indulgencia extrema. Dejar hacer, dejar que el niño haga lo que quiera y someterse a todos sus caprichos, no significa amar a los niños. El buen educador busca el bien discípulo, actual y futuro. El suyo es un amor previsor que hace que, cuando las necesidades lo exigen, actúe con severidad.
Por último, el amor hacia el educando es amor por todos los niños, al mismo tiempo que por cada uno de ellos individualmente. No se inclina exclusivamente a un ser determinado sino a todo el grupo escolar. Cada alumno ha de experimentar la sensación de sentirse protegido y amado por su maestro, pero con el sentimiento de que los demás escolares también son objeto de esa ternura.
 2º)  Aptitud de penetración psicológica: Para poseer esta condición de penetración psicológica en el alma del educando, esta aptitud para comprenderlo, para captar su manera de ser y de comportarse, necesita poseer permanentemente el educador un claro conocimiento de sí mismo y un sentido particular de autocrítica.
Sólo aquel que tiene una amplia capacidad de introspección puede comprender las reacciones espirituales de sus educandos. No se requiere para ello que el maestro sea un psicólogo. Basta con que posee esa aptitud especial para descender de nuestro círculo adulto a ese mundo inmaduro del niño para ponerse a su alcance, entender su lenguaje y captar su manera peculiar de sentir y de representarse las cosas del mundo objetivo.
 3º)  Tendencia hacia los valores que trata de realizar: El educador debe poseer una visión clara de la cultura y del momento histórico en que vive. La finalidad de la educación consiste en hacer ingresar a las jóvenes generaciones en el mundo objetivo de la cultura, en rodear al ser joven con un cúmulo de valores que constituyan el ideal de vida de la sociedad de la cual es miembro. Pero es preciso que la adhesión del maestro a tales normas y valores sea firme y absoluta. El educador ha de creer en el valor de la verdad, en la moralidad, en la justicia, en la bondad.
 4º)  Sentido de la misión: El buen educador debe ser consciente de la extraordinaria responsabilidad que recae sobre él tanto con respecto al niño que se le entrega, como con la familia y la sociedad que se lo confían, y con el Estado, cuyo progreso depende de las nuevas generaciones.

El educador debe sentir y ver con claridad estos imperativos, pero no puede exigirse de él una total perfección. Si así fuera, serían muy pocos aquellos a quienes se les podría encomendar esa misión. Basta que sea auténtico consigo mismo, que reconociendo sus errores y contradicciones, trate de subsanarlos.

6. Condiciones pedagógicas particulares
La vocación pedagógica no es suficiente para caracterizar a un buen educador. Se requieren algunas aptitudes y caracteres especiales de orden físico, moral e intelectual.
Desde el punto de vista físico, la salud, la resistencia, el vigor, el equilibrio del sistema nervioso y la integridad de los órganos sensoriales son requisitos fundamentales.
Desde el punto de vista intelectual, el buen maestro necesita poseer ciertas cualidades especiales: buen sentido, penetración psicológica, agilidad y flexibilidad mentales, orden, capacidad crítica, claridad de ideas, vivacidad de espíritu, objetividad, independencia intelectual, capacidad para la exposición didáctica. Estas aptitudes pueden adquirirse o perfeccionarse con la formación cultural y la preparación técnica.
Con respecto a las cualidades morales, la honestidad docente supone la decisión firme de mejorar continuamente su acción educativa, lo cual le llevará a perfeccionar su cultura general, a analizar constantemente sus soluciones prácticas y a estimular en sí mismo un creciente afán de mejoramiento de los recursos didácticos que pone en juego. La honestidad docente exige además un permanente autodominio. El educador debe tener la convicción de que es para el educando un ejemplo, un modelo de conducta.

7. Preparación profesional del educador
Es preciso que el educador esté en posesión de una cultura general que le permita comprender los problemas de la vida y del mundo, y adaptar su acción docente frente a ellos, alentando a sus discípulos a cooperar en la solución de los mismos.
La preparación pedagógica es la destinada a proporcionar aquellos conocimientos teóricos y normas prácticas necesarios para el ejercicio de la función docente.

8. Los tipos de educadores en la realidad
En la realidad educativa nos encontramos con determinadas estructuras especiales de maestros, las que no siempre están de acuerdo con las exigencias pedagógicas. Kerschensteiner señala cuatro tipos de maestros:
1 - Los maestros ansiosos imponen todos los pensamientos y formas de actuar, y no permiten ninguna iniciativa.
2 - Los maestros indolentes dejan al alumno en completa libertad, librado a su propio desarrollo. No aplican sanciones, ni se rigen por normas. Su influencia es negativa, porque estimula la pereza en sus alumnos. No obstante, cuando estos educadores poseen una estructura espiritual vigorosa, pueden influir favorablemente en aquellos niños, también fuertes y equilibrados, que necesitan precisamente de un método de estimulación que les deje amplia libertad para desarrollar y afirmar sus características personales.
3 - Los maestros moderados o ponderados ocupan un lugar intermedio entre los dos anteriores. Son los que saben armonizar la libertad y la autoridad, la autonomía y la heteronomía. No se apartan demasiado de las reglas pedagógicas consideradas como eficaces en su medio y, conscientes de su responsabilidad, tratan de rodear al niño con aquellos valores superiores del mundo de la cultura. A este tipo pertenecen los buenos maestros, sin dotes extraordinarias, pero conscientes, honestos y sinceros.
4 - Los maestros natos, o sea, aquellos que sintetizan en su personalidad, en forma armónica, las condiciones ideales que se han fijado para el educador. Tales maestros poseen tacto pedagógico, sensibilidad psíquica especial sobre el alma infantil, fuerza de voluntad y, sobre todo, amor hacia el niño en general y amor hacia los valores que desean ver realizados en su conciencia.
Estos diferentes tipos de educadores dan lugar, en la práctica educativa, a diferentes tipos de relaciones pedagógicas.