Es inmensa la cantidad de procedimientos, métodos y técnicas que se utilizan en el proceso orientador. La evaluación del niño, joven o adulto y la recogida de datos exhaustivos acerca de su complejidad como persona se consigue a través de técnicas estandarizadas, como por ejemplo los tests, cuyo uso debe garantizar las condiciones de validez y fiabilidad y cuyo principal objeto es la predicción, selección, clasificación y evaluación de las aptitudes y actitudes del sujeto examinado. Los tests admiten clasificaciones plurales en categorías opuestas; es decir, estandarizados versus elaborados por el profesor, de aplicación individual versus de aplicación colectiva, de velocidad versus de potencia, manipulativos versus de papel y lápiz, objetivos versus subjetivos, y basados en la norma versus basados en el criterio.
El uso de los tests en orientación ha sido muy criticado y aun hoy día -en pleno debate entre lo cualitativo y lo cuantitativo- se escriben ensayos en que se pone en cuestión el valor del uso de los tests y sus limitaciones interpretativas.
También son de gran ayuda las técnicas no estandarizadas, tales como la observación -para la que se precisa un rígido entrenamiento-, los registros anecdóticos, las escalas -de difícil construcción, pero de gran interés por su adaptabilidad a la circunstancia concreta-, los registros acumulativos, los cuestionarios, la entrevista -mucho más simple que la del consejo, en los casos de la orientación escolar-, las autobiografías, las técnicas sociométricas, el estudio de casos o clínico, y otros procedimientos no menos actuales y válidos. Las posibilidades orientadoras de estos procedimientos son óptimas, ya que permiten, y en cierto modo exigen, un contacto altamente personalizado con el cliente.
Finalmente, la organización y planificación de los servicios de orientación ocupa un lugar prioritario en la dinámica tutelar. Para organizar estos programas se reflexiona sobre qué se espera de ellos, cuáles han de ser sus factores diferenciales, cómo es el tipo de escuela, cuáles van a ser los principios organizativos y administrativos idóneos, cuáles las responsabilidades del personal orientador, cómo aprovechar al máximo los recursos de la comunidad, con qué medios económicos y soporte financiero se cuenta y cómo y desde qué perspectivas habrá de evaluarse el conjunto del sistema.
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miércoles, 30 de enero de 2019
lunes, 21 de enero de 2019
Ámbitos tradicionales de aplicación de la orientación
1. La orientación escolar
Genéricamente, sería guiar el aprendizaje, conocer a los alumnos más individualmente y controlar las dificultades de las disciplinas académicas y de las actividades formativas. Requiere una filosofía funcional y una comprensión teórica de los principios y objetivos de la instrucción de tal manera que el orientador pueda guiar al maestro sobre qué hacer y cómo hacerlo.
Los aspectos básicos podrían resumirse, sintetizando demasiado, en que el orientador debe reconocer las dificultades individuales en el aprendizaje y recurrir a los métodos de enseñanza individualizados y personalizados, que, a su vez, exigen un alto grado de eficacia instructiva. Ésta trata, entre otras cosas, de:
a) Analizar los procesos de aprendizaje específicos de cada materia (lectura, escritura, cálculo, por ejemplo, en los grados elementales).
b) Programar las lecciones en función de unos objetivos previos muy bien diseñados.
c) Delimitar las prioridades de los contenidos a enseñar y los hábitos de estudio y pensamiento que hay que conseguir.
d) Prever las dificultades que el alumno "medio" habrá de superar.
El trabajo del orientador está dirigido preferentemente al grupo y se coordina con el del resto de la plantilla de profesionales. Sin esta aquiescencia no se podría progresar con eficacia.
En cuanto a la preocupación por los niños con necesidades específicas, se tienen en cuenta aquellos con carencias físicas, emotivas, sociales e intelectuales, y los superdotados, con puntuaciones intelectuales superiores a la media. Se tratará de equilibrar las necesidades de toda la población estudiantil, apreciando el hecho de que todo ser humano precisa ser reconocido por los demás, triunfar, gozar de independencia y ser aceptado por y por encima de sus características diferenciales.
En el marco de la orientación escolar son indispensables el diagnóstico pedagógico y el psicológico. Toda una gama de técnicas de medida, evaluación e interpretación del progreso o maduración natural que recoja datos tempranos detectores de posibles atrasos u obstáculos son del dominio de un buen equipo orientador.
El diagnóstico discurre a través de un minucioso análisis de las condiciones físicas, sensoriomotrices, neurológicas e incluso de personalidad de un niño, que aporta infinidad de datos de su desarrollo evolutivo, comparándolos con los estándares admitidos en las ciencias de la educación y de la conducta. No olvida, tampoco, lo referente a la madurez social y ambiental, intentando traducir los rasgos relacionales del sujeto estudiado con la familia, la escuela y la sociedad entorno. Algunas tendencias se centran en diagnosis más generalistas que analíticas; a otras les parece más apropiado el diagnóstico individual que el del grupo, etc.; pero, de hecho, la acción preventiva es el interés prioritario de todas ellas.
Al orientar se tienen en cuenta las distintas fases del desarrollo personal, escolar y social del alumnado en sus distintos grados y se comparan con el conjunto de objetivos o metas programadas previamente para cada nivel de escolarización. Si tras una cuidadosa comprobación de los niveles de rendimiento se empiezan a detectar anomalías evolutivas, se intentará averiguar la etiología de las mismas para un posterior y urgente tratamiento pedagógico o psicológico.
Dado que en la mayoría de los casos el diagnóstico usa instrumentos -estandarizados y no estandarizados-, ha sido, y es, pábulo de continuadas críticas y discusiones. Las estrategias argumentadoras, los diagnósticos implícitos y explícitos, sus problemas fundamentales referidos al tratamiento y a la conducta, su entidad de mediador para la toma de decisiones, la precisión de diagnosticar estatus o procesos, la incidencia de estas técnicas en la modificación de conducta, etc., son tópicos actualmente muy discutidos y barajados sin que se haya llegado a acuerdos definitivos entre pedagogos y psicólogos.
A pesar de todo, las metodologías del diagnóstico en las etapas escolares pueden ser altamente atractivas y esclarecedoras para maestros, padres, tutores y alumnos, ya que lectura, escritura y cálculo son las materias instrumentales básicas que se benefician del estudio diagnóstico y pronóstico y de los posteriores tratamientos, campos éstos reservados específicamente a la orientación. Numerosas prescripciones metodológicas, corrientes pedagógicas revolucionarias y baterías instrumentales han nacido para la pedagogía precisamente a raíz de este afán preventivo de la orientación escolar.
2. La orientación vocacional
La orientación vocacional deviene actualmente una auténtica educación e intenta formar al individuo en el proceso madurativo para tomar -comprometidamente- decisiones profesionales y ocupacionales. Países avanzados y con previsión sociolaboral a medio plazo se esfuerzan a mantener bien informada a la población escolar y a las familias. Todas las cuestiones relacionadas con la profesiografía, la exploración de las aptitudes profesionales, la información ocupacional y profesional, la selección del personal de empresas, la política de empleo, la formación profesional y los problemas laborales componen, a grandes rasgos, el ámbito de estudio de la orientación vocacional.
En la adolescencia conviene hacer reflexionar al educando sobre sí mismo y el mundo profesional, sobre quién es él y hacia dónde va. Y así, son críticas estas preguntas: ¿dónde estoy?, ¿quién soy?, ¿qué voy a hacer?, ¿cómo lo haré?, que implican un paralelismo en el ámbito educativo con las siguientes respuestas: conocer las oportunidades, conocerse a sí mismo, formar la decisión y prepararse para las épocas de transición. El equipo orientador se esfuerza en conocer y desbrozar los factores que influyen en la decisión vocacional y que podríamos sintetizar en el listado siguiente:
La información profesional y ocupacional con un tratamiento de representación profesional y de confrontación de uno mismo con el mundo laboral es el nudo gordiano de la orientación vocacional. Sin la información, el individuo no puede elegir; sin la elección libre, el individuo no puede tomar decisiones responsables. Los sistemas de información profesional gozan en algunos países de prioridad en los sistemas orientadores y proporcionan al ciudadano todo tipo de referencias, fuentes y recursos. Sin este paso previo sería improductivo el desarrollo de un programa orientador realista.
La información profesional es compleja, y no todas las organizaciones pueden prestarla sin más. Para iniciarla en la escuela se propone una metodología mínima que juega con tres dimensiones elementales: 1) el conocimiento estricto del mundo laboral; 2) el conocimiento del propio yo, modo de ser y estilo de vida; 3) la confrontación de esos dos elementos previos, sociológico e individual.
3. La orientación personal
La orientación personal o consejo es un proceso por el cual una persona con problemas -que no le incapaciten para poder reflexionar sobre sí mismo- es auxiliada por el orientador -o consejero- para sentir y actuar de un modo personalmente más satisfactorio. Esta ayuda se centra en la relación o comunicación dual, cara a cara, mediatizada por la entrevista y con objetivos tendentes a la adaptación, la autonomía psicológica, el ajuste a las responsabilidades sociales y la salud emocional del orientado, entre otros.
Las actuaciones del consejero pueden estar condicionadas por su adscripción a teorías comúnmente aceptadas, tales como la de rasgos y factores, psicoanalítica, perceptivo-fenomenológica, del aprendizaje, de la terapia existencial o ecléctica, entre otras. La herramienta fundamental de esta relación de ayuda es la entrevista, que pretende establecer una comunicación positiva con el orientado proporcionándole un marco de referencia estructural donde acogerse, ayudándole a expresar sus emociones, sentimientos o inquietudes de tal manera que aprenda a estar alerta ante sus reacciones emocionales y sus necesidades vitales.
El consejo es la clase de orientación más elaborada debido a su carácter de aplicación individual, y en nuestro país estamos muy lejos de conseguir cotas que nos iguales a los más adelantados. A pesar de ello, se hacen esfuerzos respecto al asesoramiento a padres de alumnos problema, a adolescentes, y en ciertos tipos de tutoría, tanto en la enseñanza primaria como en la secundaria.
Genéricamente, sería guiar el aprendizaje, conocer a los alumnos más individualmente y controlar las dificultades de las disciplinas académicas y de las actividades formativas. Requiere una filosofía funcional y una comprensión teórica de los principios y objetivos de la instrucción de tal manera que el orientador pueda guiar al maestro sobre qué hacer y cómo hacerlo.
Los aspectos básicos podrían resumirse, sintetizando demasiado, en que el orientador debe reconocer las dificultades individuales en el aprendizaje y recurrir a los métodos de enseñanza individualizados y personalizados, que, a su vez, exigen un alto grado de eficacia instructiva. Ésta trata, entre otras cosas, de:
a) Analizar los procesos de aprendizaje específicos de cada materia (lectura, escritura, cálculo, por ejemplo, en los grados elementales).
b) Programar las lecciones en función de unos objetivos previos muy bien diseñados.
c) Delimitar las prioridades de los contenidos a enseñar y los hábitos de estudio y pensamiento que hay que conseguir.
d) Prever las dificultades que el alumno "medio" habrá de superar.
El trabajo del orientador está dirigido preferentemente al grupo y se coordina con el del resto de la plantilla de profesionales. Sin esta aquiescencia no se podría progresar con eficacia.
En cuanto a la preocupación por los niños con necesidades específicas, se tienen en cuenta aquellos con carencias físicas, emotivas, sociales e intelectuales, y los superdotados, con puntuaciones intelectuales superiores a la media. Se tratará de equilibrar las necesidades de toda la población estudiantil, apreciando el hecho de que todo ser humano precisa ser reconocido por los demás, triunfar, gozar de independencia y ser aceptado por y por encima de sus características diferenciales.
En el marco de la orientación escolar son indispensables el diagnóstico pedagógico y el psicológico. Toda una gama de técnicas de medida, evaluación e interpretación del progreso o maduración natural que recoja datos tempranos detectores de posibles atrasos u obstáculos son del dominio de un buen equipo orientador.
El diagnóstico discurre a través de un minucioso análisis de las condiciones físicas, sensoriomotrices, neurológicas e incluso de personalidad de un niño, que aporta infinidad de datos de su desarrollo evolutivo, comparándolos con los estándares admitidos en las ciencias de la educación y de la conducta. No olvida, tampoco, lo referente a la madurez social y ambiental, intentando traducir los rasgos relacionales del sujeto estudiado con la familia, la escuela y la sociedad entorno. Algunas tendencias se centran en diagnosis más generalistas que analíticas; a otras les parece más apropiado el diagnóstico individual que el del grupo, etc.; pero, de hecho, la acción preventiva es el interés prioritario de todas ellas.
Al orientar se tienen en cuenta las distintas fases del desarrollo personal, escolar y social del alumnado en sus distintos grados y se comparan con el conjunto de objetivos o metas programadas previamente para cada nivel de escolarización. Si tras una cuidadosa comprobación de los niveles de rendimiento se empiezan a detectar anomalías evolutivas, se intentará averiguar la etiología de las mismas para un posterior y urgente tratamiento pedagógico o psicológico.
Dado que en la mayoría de los casos el diagnóstico usa instrumentos -estandarizados y no estandarizados-, ha sido, y es, pábulo de continuadas críticas y discusiones. Las estrategias argumentadoras, los diagnósticos implícitos y explícitos, sus problemas fundamentales referidos al tratamiento y a la conducta, su entidad de mediador para la toma de decisiones, la precisión de diagnosticar estatus o procesos, la incidencia de estas técnicas en la modificación de conducta, etc., son tópicos actualmente muy discutidos y barajados sin que se haya llegado a acuerdos definitivos entre pedagogos y psicólogos.
A pesar de todo, las metodologías del diagnóstico en las etapas escolares pueden ser altamente atractivas y esclarecedoras para maestros, padres, tutores y alumnos, ya que lectura, escritura y cálculo son las materias instrumentales básicas que se benefician del estudio diagnóstico y pronóstico y de los posteriores tratamientos, campos éstos reservados específicamente a la orientación. Numerosas prescripciones metodológicas, corrientes pedagógicas revolucionarias y baterías instrumentales han nacido para la pedagogía precisamente a raíz de este afán preventivo de la orientación escolar.
2. La orientación vocacional
La orientación vocacional deviene actualmente una auténtica educación e intenta formar al individuo en el proceso madurativo para tomar -comprometidamente- decisiones profesionales y ocupacionales. Países avanzados y con previsión sociolaboral a medio plazo se esfuerzan a mantener bien informada a la población escolar y a las familias. Todas las cuestiones relacionadas con la profesiografía, la exploración de las aptitudes profesionales, la información ocupacional y profesional, la selección del personal de empresas, la política de empleo, la formación profesional y los problemas laborales componen, a grandes rasgos, el ámbito de estudio de la orientación vocacional.
En la adolescencia conviene hacer reflexionar al educando sobre sí mismo y el mundo profesional, sobre quién es él y hacia dónde va. Y así, son críticas estas preguntas: ¿dónde estoy?, ¿quién soy?, ¿qué voy a hacer?, ¿cómo lo haré?, que implican un paralelismo en el ámbito educativo con las siguientes respuestas: conocer las oportunidades, conocerse a sí mismo, formar la decisión y prepararse para las épocas de transición. El equipo orientador se esfuerza en conocer y desbrozar los factores que influyen en la decisión vocacional y que podríamos sintetizar en el listado siguiente:
- Nivel intelectual
- Aptitudes
- Escolarización
- Familia
- Personalidad, autoconcepto y autoestima
- Valores y sistemas axiológicos
- Estereotipos y expectativas
- Intereses, realismo, aficiones
- Diferencias sexuales e influencia del medio
- Grupos de presión y percepción del papel que se desempeña en la sociedad
La información profesional y ocupacional con un tratamiento de representación profesional y de confrontación de uno mismo con el mundo laboral es el nudo gordiano de la orientación vocacional. Sin la información, el individuo no puede elegir; sin la elección libre, el individuo no puede tomar decisiones responsables. Los sistemas de información profesional gozan en algunos países de prioridad en los sistemas orientadores y proporcionan al ciudadano todo tipo de referencias, fuentes y recursos. Sin este paso previo sería improductivo el desarrollo de un programa orientador realista.
La información profesional es compleja, y no todas las organizaciones pueden prestarla sin más. Para iniciarla en la escuela se propone una metodología mínima que juega con tres dimensiones elementales: 1) el conocimiento estricto del mundo laboral; 2) el conocimiento del propio yo, modo de ser y estilo de vida; 3) la confrontación de esos dos elementos previos, sociológico e individual.
3. La orientación personal
La orientación personal o consejo es un proceso por el cual una persona con problemas -que no le incapaciten para poder reflexionar sobre sí mismo- es auxiliada por el orientador -o consejero- para sentir y actuar de un modo personalmente más satisfactorio. Esta ayuda se centra en la relación o comunicación dual, cara a cara, mediatizada por la entrevista y con objetivos tendentes a la adaptación, la autonomía psicológica, el ajuste a las responsabilidades sociales y la salud emocional del orientado, entre otros.
Las actuaciones del consejero pueden estar condicionadas por su adscripción a teorías comúnmente aceptadas, tales como la de rasgos y factores, psicoanalítica, perceptivo-fenomenológica, del aprendizaje, de la terapia existencial o ecléctica, entre otras. La herramienta fundamental de esta relación de ayuda es la entrevista, que pretende establecer una comunicación positiva con el orientado proporcionándole un marco de referencia estructural donde acogerse, ayudándole a expresar sus emociones, sentimientos o inquietudes de tal manera que aprenda a estar alerta ante sus reacciones emocionales y sus necesidades vitales.
El consejo es la clase de orientación más elaborada debido a su carácter de aplicación individual, y en nuestro país estamos muy lejos de conseguir cotas que nos iguales a los más adelantados. A pesar de ello, se hacen esfuerzos respecto al asesoramiento a padres de alumnos problema, a adolescentes, y en ciertos tipos de tutoría, tanto en la enseñanza primaria como en la secundaria.
miércoles, 9 de enero de 2019
Distintas perspectivas de la orientación
Enmarcada en el contexto escolar de la educación formal y reglada, la orientación se ha estudiado y se ha puesto en práctica desde varias perspectivas. Analizarlas una a uno nos proporciona un acercamiento, limitado pero comprensivo, al despliegue y al esfuerzo orientador que se ha llevado a cabo en casi todos los países.
1. Orientación como educación
La orientación como educación confía al maestro la función de orientar, y las actividades curriculares son las que favorecen la labor de guía, sirviéndole de apoyatura. De ahí que orientar y educar sean prácticamente palabras sinónimas, pues ambas tareas consideran fundamentales las aportaciones de la psicología evolutiva, la dinámica de grupos, de las diferencias humanas (pedagogía y psicología diferenciales) y de las teorías de las relaciones humanas.
Los objetivos primordiales de la labor del maestro en un marco orientador serían ayudar al alumno a tomar decisiones genéricas ante su futuro, lograr que se sienta aceptado y sepa considerar sus limitaciones -desarrollando una imagen realista de sí mismo-, adiestrarle en experiencias de relación dentro del grupo y enseñarle a comprender y valorar su unicidad en relación con la de los demás.
Este enforque subraya que lo óptimo sería fundir enseñanza -instrucción- y orientación. Los defensores tradicionalmente conocidos son, entre otros: R. Strang, que defiende la orientación en el aula; M. Ohlsen, que preconiza la orientación hecha por el tutor; W. Glasser, que defiende la urgencia de una orientación en el medio escolar hacia la salud mental mediante un tratamiento sociológico; y C. R. Rogers, que crea la orientación no directiva o centrada en el alumno. Para ellos, orientar es un conjunto de acciones que deben llevarse a cabo en clase y no precisan de personal especializado estrictamente hablando; va dirigida a todo el alumnado -no sólo a aquellas personas con conductas de aprendizaje patológicas-, y su proyecto más característico es el esfuerzo de adaptar el curriculum a las necesidades individuales del aprendizaje, tanto cognoscitivo como afectivo.
2. Modelo educativo-vocacional
El origen de la orientación como función independiente fue posible gracias al modelo educativo-vocacional aplicado a las tareas de guía. El crecimiento tecnológico de la era moderna, la complejidad del mundo laboral, el despliegue de áreas científicas especiales -tests, medida y evaluación profesional, consejo individual y en grupo-, y otras circunstancias, facilitaron la proliferación de teorías de la elección ocupacional y del desarrollo vocacional que ocupan un respetable espacio en las enseñanzas universitarias de todo el mundo.
Los principios de este enfoque intentan preparar al joven para su inmersión en el mundo del trabajo, para el desempeño de un papel profesional futuro, para su madurez como ciudadano útil a la sociedad, etc., basando sus estructuras científicas en los procesos de desarrollo vocacional y en los supuestos de tipo psicológico, socio-psicológico y sociológico.
Tradicionalmente se ha venido utilizando el consejo profesional de aplicación tanto individual como colectiva. Ya sea inspirándose en el modelo de F. Parsons -conocer a las personas, estudiar las características y requisitos de las profesiones u ocupaciones, y comparar ambos aspectos-, ya sea compartiendo las aportaciones de E. Williamson -análisis, síntesis, diagnosis, prognosis, consejo y seguimiento-, ocurre que estos tipos de orientación profesional se usan en los momentos críticos.
A partir de J. Crites, J. C. Hansen, M. Katz y A. Hardwick, se impone, en los países anglosajones por lo menos, el concepto procesual, progresivo o evolutivo de los principios educativo-vocacionales: el orientador vocacional trata de cubrir un área muy amplia del potencial personal, y con una gran variedad de técnicas, de modo que se consiga, en lo posible, integrar la educación vocacional en el curriculum y actividades escolares y extraescolares. Toda la plantilla de profesionales de la educación, en un esfuerzo sistemático, educa al adolescente mediante un amplio programa que se inicia en los primeros grados y que va dirigido a todos los escolares. Esta inclusión de los objetivos vocacionales en las programaciones está muy extendida y propone los siguientes logros en los alumnos orientados:
3. Otros enfoques
Otros encuadres de la actividad orientadora no menos importantes es el centrado en el problema, también denominado de orientación adaptativa, preconizado a raíz de la compleja problemática diferencial de los sujetos susceptibles de ser orientados; por ejemplo, orientación para superdotados, para grupos minoritarios, para la familia, para los jóvenes que están en la calle, drogadictos, parados, jubilados, personas que sufren la desigualdad de oportunidades, etc.; o también, el consejo u orientación personalizada, de cariz dual (un orientador y un orientado), que trata de satisfacer necesidades específicas que precisan ayuda intensiva, y basado en las teorías de la personalidad. Este enfoque ha demostrado ser altamente útil en caso de discapacidad intelectual, delincuencia juvenil, consejo familiar, desajustes, problemas de la personalidad, relaciones padres/hijos, y echa mano tanto de la entrevista -centro del programa de consejo- como de la información y de la aplicación de tests, sobre todo según las afirmaciones de los teóricos autodenominados eclécticos. La orientación como sistema o conjunto de servicios, en el cual es necesario el trabajo en equipo de especialistas para cubrir un espectro amplio de ofertas: a) la información educativa, ocupacional y personal/social; b) la creación y uso de inventarios, recogida, almacenamiento y diseminación de datos; c) el uso ético de los mismos; d) el consejo; e) la orientación académica a padres y alumnos; f) la investigación y evaluación del sistema, etc. Finalmente, la orientación para el desarrollo, más preventiva, completa y supera las anteriores, pues acumula y coordina enfatizando la importancia de una planificación adecuada de la educación y el aprendizaje, de la política funcional-educativa y de la comunicación entre personas y grupos. Para R. H. Matewson, la orientación es "un proceso sistémico, profesionalizado, de ayuda al individuo por medio de procedimientos educativos y clarificadores para conseguir un mejor conocimiento del propio carácter y posibilidades y relacionarse a sí mismo más satisfactoriamente con las exigencias sociales de acuerdo con valores morales y sociológicos".
Los que practican esta orientación evolutivo tratan de superar el interés por el desarrollo intelectual del alumno -pues de ello ya se viene preocupando el sistema educativo tradicionalmente- y dirigen su atención hacia el desarrollo de los componentes emocionales y humanos. De ahí que el orientador se preocupe del deservolvimiento del ser humano que exigirá del orientado:
Desde la perspectiva del contexto social, las actividades orientadoras tratan de conseguir la socialización y la salud mental, las intervenciones indirectas en la organización institucional con la asesoría a directivos o consulting, la orientación entre semejantes o pares, la clarificación de los valores, y otras finalidades no menos interesantes.
Expuestas estas sencillas ideas acerca de la extensión y profundidad de la orientación escolar, profesional y social, queda claro que orientación y educación en muchos casos se solapan y tienden a confundirse. Presentamos una gráfica a continuación que quizá aclare algo los ámbitos en que se mueven preferentemente una y otra, y la dialéctica que las une y, a la vez, las separa.
1. Orientación como educación
La orientación como educación confía al maestro la función de orientar, y las actividades curriculares son las que favorecen la labor de guía, sirviéndole de apoyatura. De ahí que orientar y educar sean prácticamente palabras sinónimas, pues ambas tareas consideran fundamentales las aportaciones de la psicología evolutiva, la dinámica de grupos, de las diferencias humanas (pedagogía y psicología diferenciales) y de las teorías de las relaciones humanas.
Los objetivos primordiales de la labor del maestro en un marco orientador serían ayudar al alumno a tomar decisiones genéricas ante su futuro, lograr que se sienta aceptado y sepa considerar sus limitaciones -desarrollando una imagen realista de sí mismo-, adiestrarle en experiencias de relación dentro del grupo y enseñarle a comprender y valorar su unicidad en relación con la de los demás.
Este enforque subraya que lo óptimo sería fundir enseñanza -instrucción- y orientación. Los defensores tradicionalmente conocidos son, entre otros: R. Strang, que defiende la orientación en el aula; M. Ohlsen, que preconiza la orientación hecha por el tutor; W. Glasser, que defiende la urgencia de una orientación en el medio escolar hacia la salud mental mediante un tratamiento sociológico; y C. R. Rogers, que crea la orientación no directiva o centrada en el alumno. Para ellos, orientar es un conjunto de acciones que deben llevarse a cabo en clase y no precisan de personal especializado estrictamente hablando; va dirigida a todo el alumnado -no sólo a aquellas personas con conductas de aprendizaje patológicas-, y su proyecto más característico es el esfuerzo de adaptar el curriculum a las necesidades individuales del aprendizaje, tanto cognoscitivo como afectivo.
2. Modelo educativo-vocacional
El origen de la orientación como función independiente fue posible gracias al modelo educativo-vocacional aplicado a las tareas de guía. El crecimiento tecnológico de la era moderna, la complejidad del mundo laboral, el despliegue de áreas científicas especiales -tests, medida y evaluación profesional, consejo individual y en grupo-, y otras circunstancias, facilitaron la proliferación de teorías de la elección ocupacional y del desarrollo vocacional que ocupan un respetable espacio en las enseñanzas universitarias de todo el mundo.
Los principios de este enfoque intentan preparar al joven para su inmersión en el mundo del trabajo, para el desempeño de un papel profesional futuro, para su madurez como ciudadano útil a la sociedad, etc., basando sus estructuras científicas en los procesos de desarrollo vocacional y en los supuestos de tipo psicológico, socio-psicológico y sociológico.
Tradicionalmente se ha venido utilizando el consejo profesional de aplicación tanto individual como colectiva. Ya sea inspirándose en el modelo de F. Parsons -conocer a las personas, estudiar las características y requisitos de las profesiones u ocupaciones, y comparar ambos aspectos-, ya sea compartiendo las aportaciones de E. Williamson -análisis, síntesis, diagnosis, prognosis, consejo y seguimiento-, ocurre que estos tipos de orientación profesional se usan en los momentos críticos.
A partir de J. Crites, J. C. Hansen, M. Katz y A. Hardwick, se impone, en los países anglosajones por lo menos, el concepto procesual, progresivo o evolutivo de los principios educativo-vocacionales: el orientador vocacional trata de cubrir un área muy amplia del potencial personal, y con una gran variedad de técnicas, de modo que se consiga, en lo posible, integrar la educación vocacional en el curriculum y actividades escolares y extraescolares. Toda la plantilla de profesionales de la educación, en un esfuerzo sistemático, educa al adolescente mediante un amplio programa que se inicia en los primeros grados y que va dirigido a todos los escolares. Esta inclusión de los objetivos vocacionales en las programaciones está muy extendida y propone los siguientes logros en los alumnos orientados:
- Profundizar en el conocimiento de sus propias habilidades.
- Explorar sus aptitudes, intereses y personalidad.
- Tomar conciencia de su propia imagen, como determinante de su elección profesional y su estilo de vida.
- Desarrollar actitudes realistas y prácticas ante las exigencias académicas y laborales.
- Tomar conciencia de los rápidos cambios del mundo del trabajo para los que precisará entrenamiento y madurez.
- Comprender la legitimidad y el valor de cualquier ocupación.
3. Otros enfoques
Otros encuadres de la actividad orientadora no menos importantes es el centrado en el problema, también denominado de orientación adaptativa, preconizado a raíz de la compleja problemática diferencial de los sujetos susceptibles de ser orientados; por ejemplo, orientación para superdotados, para grupos minoritarios, para la familia, para los jóvenes que están en la calle, drogadictos, parados, jubilados, personas que sufren la desigualdad de oportunidades, etc.; o también, el consejo u orientación personalizada, de cariz dual (un orientador y un orientado), que trata de satisfacer necesidades específicas que precisan ayuda intensiva, y basado en las teorías de la personalidad. Este enfoque ha demostrado ser altamente útil en caso de discapacidad intelectual, delincuencia juvenil, consejo familiar, desajustes, problemas de la personalidad, relaciones padres/hijos, y echa mano tanto de la entrevista -centro del programa de consejo- como de la información y de la aplicación de tests, sobre todo según las afirmaciones de los teóricos autodenominados eclécticos. La orientación como sistema o conjunto de servicios, en el cual es necesario el trabajo en equipo de especialistas para cubrir un espectro amplio de ofertas: a) la información educativa, ocupacional y personal/social; b) la creación y uso de inventarios, recogida, almacenamiento y diseminación de datos; c) el uso ético de los mismos; d) el consejo; e) la orientación académica a padres y alumnos; f) la investigación y evaluación del sistema, etc. Finalmente, la orientación para el desarrollo, más preventiva, completa y supera las anteriores, pues acumula y coordina enfatizando la importancia de una planificación adecuada de la educación y el aprendizaje, de la política funcional-educativa y de la comunicación entre personas y grupos. Para R. H. Matewson, la orientación es "un proceso sistémico, profesionalizado, de ayuda al individuo por medio de procedimientos educativos y clarificadores para conseguir un mejor conocimiento del propio carácter y posibilidades y relacionarse a sí mismo más satisfactoriamente con las exigencias sociales de acuerdo con valores morales y sociológicos".
Los que practican esta orientación evolutivo tratan de superar el interés por el desarrollo intelectual del alumno -pues de ello ya se viene preocupando el sistema educativo tradicionalmente- y dirigen su atención hacia el desarrollo de los componentes emocionales y humanos. De ahí que el orientador se preocupe del deservolvimiento del ser humano que exigirá del orientado:
- Que se conozca a sí mismo mediante la búsqueda personal.
- Que se encuadre o ubique conscientemente en los sistemas significativos para su propia persona, su mundo y su idiosincracia.
- Que consiga una madurez específica aceptando su propia identidad.
- Que sepa autovalorarse y evaluarse para alcanzar a dominar actitudes positivas ante su propia estructura de la personalidad.
Desde la perspectiva del contexto social, las actividades orientadoras tratan de conseguir la socialización y la salud mental, las intervenciones indirectas en la organización institucional con la asesoría a directivos o consulting, la orientación entre semejantes o pares, la clarificación de los valores, y otras finalidades no menos interesantes.
Expuestas estas sencillas ideas acerca de la extensión y profundidad de la orientación escolar, profesional y social, queda claro que orientación y educación en muchos casos se solapan y tienden a confundirse. Presentamos una gráfica a continuación que quizá aclare algo los ámbitos en que se mueven preferentemente una y otra, y la dialéctica que las une y, a la vez, las separa.
miércoles, 26 de diciembre de 2018
Funciones de la orientación
Es realmente muy difícil expresar todas las funciones susceptibles de ser comprendidas en un programa orientador. Partiendo del supuesto de que la orientación es una tarea de equipo de profesionales, entre los que deben incluirse como mínimo pedagogos, psicólogos, asistentes sociales, médicos y maestros, adjudicándose a cada uno una función previamente determinada y programada, podría asegurarse que las funciones generales serían conocer a la persona, ayudarla para que por sí misma y de modo gradual consiga un ajuste personal y social, e informar exhaustivamente en los ámbitos educativo, profesional y personal.
Para lograr esos objetivos, genéricamente expuestos, se requiere: crear servicios de diagnóstico -que permitan el estudio individualizado de los problemas personales-; proporcionar experiencias que faciliten el aprendizaje correcto; saber informar, guiar y aconsejar; saber escuchar; saber dónde derivar a las personas que precisen ayuda específica o tratamiento paraescolar; y, por último, conocer las técnicas de información escolar y profesional, aprovechando al máximo los recursos comunitarios.
Así pues, para orientar a alumnos, a profesores, tutores, administradores y directivos, a padres y a miembros de la comunidad, se precisan, como es obvio, unos verdaderos profesionales de la ayuda, que dominen una serie de conocimientos básicos y sepan emplear eficazmente unas técnicas adecuadas.
Para lograr esos objetivos, genéricamente expuestos, se requiere: crear servicios de diagnóstico -que permitan el estudio individualizado de los problemas personales-; proporcionar experiencias que faciliten el aprendizaje correcto; saber informar, guiar y aconsejar; saber escuchar; saber dónde derivar a las personas que precisen ayuda específica o tratamiento paraescolar; y, por último, conocer las técnicas de información escolar y profesional, aprovechando al máximo los recursos comunitarios.
Así pues, para orientar a alumnos, a profesores, tutores, administradores y directivos, a padres y a miembros de la comunidad, se precisan, como es obvio, unos verdaderos profesionales de la ayuda, que dominen una serie de conocimientos básicos y sepan emplear eficazmente unas técnicas adecuadas.
sábado, 22 de diciembre de 2018
Supuestos básicos de la orientación
Orientar es, fundamentalmente, guiar, conducir, indicar de manera progresiva para ayudar a las personas a conocerse a sí mismas y a conocer el mundo que las rodea; es auxiliar a un individuo a clarificar la esencia de su vida, a comprender que él es una unidad con significado, capaz de y con derecho a usar su libertad, su dignidad personal, dentro de un clima de igualdad de oportunidades y actuando en calidad de ciudadano responsable, tanto en su actividad laboral como en su tiempo libre.
Muchas son las definiciones que a lo largo de un siglo se han dado de la orientación y, ya sea estudiando la orientación como concepto (ayuda), ya sea analizándola como constructo educativo (proporcionar experiencias que ayuden a las personas a conocerse a sí mismas), casi todos los autores coinciden, a grandes rasgos, en caracterizar a la orientación como un proceso de ayuda profesionalizada hacia la consecución de promoción personal y de madurez social.
También la mayoría de las aproximaciones teóricas coinciden en admitir que la labor orientadora abarca, como mínimo, una gama de funciones; por ejemplo, ayudar a los educandos a valorar y conocer sus propias habilidades, aptitudes, intereses y necesidades educativas; aumentar su conocimiento de los requisitos y oportunidades tanto educativas como profesionales; ayudar a que los jóvenes hagan el mejor uso posible de esas oportunidades mediante la formulación y logro de objetivos realistas; ayudar al alumno a conseguir adaptaciones y ajustes más o menos satisfactorios en los ámbitos personal y social; proporcionar información útil, tanto a los adolescentes como a sus profesores y padres, para planificar los programas educativos y escolares como proyectos integrales, etc. Así, la función orientadora deviene una parte del proceso educativo total y da continuidad -completándolas- a las facetas instructivas y organizativas de los curricula educativos.
En principio, la actividad orientadora va dirigida a todos los sujetos y los ha de respetar como unidades integrales, únicas, singulares y altamente personalizadas.
Los factores que han influido, desde principios del siglo XX, en el desarrollo de la orientación educativa y vocacional son variados y comprenden, fundamentalmente, los socioeconómicos, técnicos y económicos -industrialización, desarrollo del maquinismo, descubrimientos tecnológicos, uso de nuevas fuentes de energía, explosión demográfica, urbanización, progresiva demanda de cualificación profesional, etc.-, los sociopolíticos y socioculturales -nuevo orden social capitalista, procesos de cambio, conflictos de clase y grupo, progreso, movilización de escalas socioprofesionales, aparición de diferentes formas y grados educativos, etc.-, los científicos -desarrollo de las ciencias, expansión de los conocimientos, enfoque científico de los hechos, etc.-, y, por fin, el claro avance del propio planteamiento de dar o proporcionar ayuda, consejo, asesoría, preferentemente ante la elección profesional y el desarrollo vocacional
Estas circunstancias, unidas a ciertas características incipientes en este siglo, como la filantropía, el humanitarismo, la religión, el movimiento en pro de la higiene mental, la crisis de los cambios sociales, etc., hicieron que se solicitara la ayuda de personas especializadas y preparadas al efecto (profesionales de la ayuda) y, a la vez, que nacieran instituciones nacionales e internacionales que planificaran sistemáticamente cómo y con qué medios divulgar esta ayuda.
A finales del siglo XX, observamos un auténtico interés por fundamentar científica y filosóficamente las diversas teorías de la orientación. No obstante, de esa diversidad de enfoques se pueden sintetizar unos principios generales de todo proceso orientador:
1 La orientación se preocupa sistemáticamente del desarrollo de la persona, intentanco conseguir el funcionamiento al máximo de sus potencialidades (lo que está en potencia) del estudiante o del adulto.
2 Los procedimientos de la orientación descansan en procesos de la conducta individual; enseñan a la persona a conocerse a sí misma, a desarrollarse direccionalmente más que a ubicarse en un final previsto; se centra en las posibilidades, tratando de resolver carencias, flaquezas, debilidades.
3 La orientación se centra en un proceso continuo de encuentro y confrontación consigo mismo, con la propia responsabilidad y con la toma de decisiones personal, en un ensayo hacia la acción progresiva, hacia adelante, hacia la reintegración y el futuro.
4 La orientación es, primordialmente, estimulante, alentadora, animadora e incentivadora, centrada en el objeto o propósito e incidente en la toma de decisiones responsable, enseñando a usar y procesar la información y a clarificar las propias experiencias.
5 Es cooperativa, nunca aislada ni obligatoria. El orientador es otro colaborador del sistema educativo, un especialista e incluso un consultos -asesor- de la plantilla docente. El maestro, por ejemplo, se beneficia de los hallazgos del orientador y le proporciona los resultados de la observación del proceso de aprendizaje o de otras situaciones discentes. Tarea docente y orientadora se complementan.
6 La orientación es un proceso de ayuda en estadios críticos y momentos clave del desarrollo, pero también continua y progresiva, tratando de asesorar periódica e intermitentemente.
7 Reconoce la dignidad y la valía de las personas y su derecho a elegir. Incluye a todos los niños y adultos con su problemática específica y que tengan deseos de acrecentar su desarrollo escolar y/o laboral.
Muchas son las definiciones que a lo largo de un siglo se han dado de la orientación y, ya sea estudiando la orientación como concepto (ayuda), ya sea analizándola como constructo educativo (proporcionar experiencias que ayuden a las personas a conocerse a sí mismas), casi todos los autores coinciden, a grandes rasgos, en caracterizar a la orientación como un proceso de ayuda profesionalizada hacia la consecución de promoción personal y de madurez social.
También la mayoría de las aproximaciones teóricas coinciden en admitir que la labor orientadora abarca, como mínimo, una gama de funciones; por ejemplo, ayudar a los educandos a valorar y conocer sus propias habilidades, aptitudes, intereses y necesidades educativas; aumentar su conocimiento de los requisitos y oportunidades tanto educativas como profesionales; ayudar a que los jóvenes hagan el mejor uso posible de esas oportunidades mediante la formulación y logro de objetivos realistas; ayudar al alumno a conseguir adaptaciones y ajustes más o menos satisfactorios en los ámbitos personal y social; proporcionar información útil, tanto a los adolescentes como a sus profesores y padres, para planificar los programas educativos y escolares como proyectos integrales, etc. Así, la función orientadora deviene una parte del proceso educativo total y da continuidad -completándolas- a las facetas instructivas y organizativas de los curricula educativos.
En principio, la actividad orientadora va dirigida a todos los sujetos y los ha de respetar como unidades integrales, únicas, singulares y altamente personalizadas.
Los factores que han influido, desde principios del siglo XX, en el desarrollo de la orientación educativa y vocacional son variados y comprenden, fundamentalmente, los socioeconómicos, técnicos y económicos -industrialización, desarrollo del maquinismo, descubrimientos tecnológicos, uso de nuevas fuentes de energía, explosión demográfica, urbanización, progresiva demanda de cualificación profesional, etc.-, los sociopolíticos y socioculturales -nuevo orden social capitalista, procesos de cambio, conflictos de clase y grupo, progreso, movilización de escalas socioprofesionales, aparición de diferentes formas y grados educativos, etc.-, los científicos -desarrollo de las ciencias, expansión de los conocimientos, enfoque científico de los hechos, etc.-, y, por fin, el claro avance del propio planteamiento de dar o proporcionar ayuda, consejo, asesoría, preferentemente ante la elección profesional y el desarrollo vocacional
Estas circunstancias, unidas a ciertas características incipientes en este siglo, como la filantropía, el humanitarismo, la religión, el movimiento en pro de la higiene mental, la crisis de los cambios sociales, etc., hicieron que se solicitara la ayuda de personas especializadas y preparadas al efecto (profesionales de la ayuda) y, a la vez, que nacieran instituciones nacionales e internacionales que planificaran sistemáticamente cómo y con qué medios divulgar esta ayuda.
A finales del siglo XX, observamos un auténtico interés por fundamentar científica y filosóficamente las diversas teorías de la orientación. No obstante, de esa diversidad de enfoques se pueden sintetizar unos principios generales de todo proceso orientador:
1 La orientación se preocupa sistemáticamente del desarrollo de la persona, intentanco conseguir el funcionamiento al máximo de sus potencialidades (lo que está en potencia) del estudiante o del adulto.
2 Los procedimientos de la orientación descansan en procesos de la conducta individual; enseñan a la persona a conocerse a sí misma, a desarrollarse direccionalmente más que a ubicarse en un final previsto; se centra en las posibilidades, tratando de resolver carencias, flaquezas, debilidades.
3 La orientación se centra en un proceso continuo de encuentro y confrontación consigo mismo, con la propia responsabilidad y con la toma de decisiones personal, en un ensayo hacia la acción progresiva, hacia adelante, hacia la reintegración y el futuro.
4 La orientación es, primordialmente, estimulante, alentadora, animadora e incentivadora, centrada en el objeto o propósito e incidente en la toma de decisiones responsable, enseñando a usar y procesar la información y a clarificar las propias experiencias.
5 Es cooperativa, nunca aislada ni obligatoria. El orientador es otro colaborador del sistema educativo, un especialista e incluso un consultos -asesor- de la plantilla docente. El maestro, por ejemplo, se beneficia de los hallazgos del orientador y le proporciona los resultados de la observación del proceso de aprendizaje o de otras situaciones discentes. Tarea docente y orientadora se complementan.
6 La orientación es un proceso de ayuda en estadios críticos y momentos clave del desarrollo, pero también continua y progresiva, tratando de asesorar periódica e intermitentemente.
7 Reconoce la dignidad y la valía de las personas y su derecho a elegir. Incluye a todos los niños y adultos con su problemática específica y que tengan deseos de acrecentar su desarrollo escolar y/o laboral.
viernes, 19 de agosto de 2016
La actividad orientadora
1. El secreto del orientador y la confianza del estudiante
Una condición básica para que la orientación sea efectiva es que el estudiante tenga confianza absoluta con el orientador. El fundamento de esta confianza se halla en la convicción que el estudiante debe tener de que el orientador está para ayudarle. Y un elemento de tal convicción es la seguridad de que cuanto hable con el orientador será mantenido en secreto si el escolar así lo desea. Los datos adquiridos por los diferentes diagnósticos, así como los adquiridos en las conversaciones, serán utilizados únicamente por aquellos profesionales encargados de la educación del alumno (profesores, directivos) y por sus padres.
Pero también hay que dejar claro que si el estudiante quiere que cualquier cosa de las que él pueda decir en conversación con el orientador éste la mantenga en secreto, debe hacerlo así, aun cuando parezca que una determinada información conviene que la posean los directivos o los padres. Ciertamente, el orientador podrá intentar convencer al estudiante de la conveniencia de comunicar determinada información a otras personas, pero se hará únicamente a condición de que el escolar esté de acuerdo.
2. La motivación orientadora
El primer quehacer es motivar al estudiante para aquellas formas de conducta que se consideren formativas. La motivación de toda actividad se halla en una doble convicción: la convicción de que tiene sentido o vale la pena lo que se pretende hacer y la de que se puede hacer.
A tres preguntas debe saber contestar el orientador: ¿Qué es lo que hace mejor este muchacho? ¿Qué es lo que más le gusta? ¿Quiénes son sus amigos?
La actividad orientadora ha de ser concebido como el resultado de la actuación de todos los elementos educadores de la escuela incluyendo entre éstos no solamente a los profesores, sino también a los propios compañeros (trabajo en común y convivencia).
3. Relación del orientador y el escolar
En la relación orientador-alumno se debe distinguir entre la orientación requerida en el proceso normal de la formación y la que requiere los problemas especiales.
Por proceso normal de formación se entiende la ayuda que el orientador puede prestar a todos los alumnos, aunque cada uno tenga sus modalidades particulares, con objeto que se desenvuelva normalmente el proceso de formación y pueda cada escolar insertarse eficamente en la sociedad desarrollando también armónicamente su vida personal.
Dentro del proceso normal de formación se incluye el desarrollo de los criterios, actitudes y hábitos que tienen valor para cualquier zona de la vida (familia, sociedad y trabajo, ocio y amistad, vida de fe) y el desarrollo de capacidad de elegir entre distintas posibilidades de trabajo y relaciones personales.
Problemas especiales se consideran las dificultades particulares en el proceso de aprendizaje, así como las manifestaciones continuadas de conducta incorrecta en cualquier manifestación de la vida.
3.1. El proceso normal de la Orientación
La formación será más eficaz en la medida en que el orientador establezca relaciones cada vez más profundas con el escolar. Por eso es interesante considerar los posibles temas sucesivos de conversación:
1) Rendimiento en las distintas materias escolares, viendo en qué medida el rendimiento responde a las posibilidades del alumno.
2) Actitud ante los distintos trabajos escolares, poniéndolo en relación con el rendimiento, las capacidades, los intereses e incluso con las relaciones personales que ha establecido con el profesorado.
3) Actitud frente al colegio, conociendo si la escuela tiene sentido para él y si tiene confianza en los distintos profesionales que personifican la institución escolar.
4) Relaciones con los compañeros.
5) La sinceridad, como disposición de un sujeto para manifestarse tal como es. Pero la sinceridad también depende de que el sujeto conozca sus propias posibilidades y sus propias limitaciones. Por eso sólo se puede ser sincero en la medida en que uno se conozca a sí mismo.
6) Relaciones con las cosas, para detectar el cuidado, el orden y la estética con que el estudiante utiliza las cosas. Así conocemos sus hábitos de trabajo y su constancia.
7) Tono de vida, para descubrir los valores positivos, la capacidad para la alegría y la felicidad, la previsión ante los fracasos y el dolor.
8) Vida del muchacho fuera de la escuela, amistades y diversiones.
9) Vida familiar, ambiente cultural y clima psicológico y moral.
10) Ideales de vida, de trabajo, del muchacho.
11) Dificultades y problemas personales íntimos.
3.2. Las técnicas en el proceso normal de la orientación
Cada escolar ha de ser tratado individualmente, por lo que resulta útil el clásico ciclo de la orientación: entrevista inicial, período de exploración, entrevista de síntesis o consejo, actividad subsiguiente del escolar y evaluación del resultado del proceso orientador.
3.3. Los problemas particulares
El estudio de un caso incluye las siguientes etapas:
- Correcta identificación del sujeto: En cada etapa se incluye el historial del muchacho, los resultados de la exploración física y psíquica, la opinión de los profesores sobre la personalidad y conducta del estudiante, la relación con los compañeros y el estudio del ambiente familiar.
- Correcta identificación del problema: Conocimiento de la génesis y desarrollo del problema, descripción de la situación actual y de las razones por las que se considera como problema particular.
- Posibles soluciones: Ventajas e inconvenientes que se estimen en cada una de ellas.
- Solución que se propone: Planeamiento de la actividad subsiguiente y estimación del tiempo que se considera necesario para la solución del problema. En caso de prever un plazo largo de tiempo, habrán de establecerse etapas sucesivas con objeto de observar el proceso de corrección.
- Comprobación de resultados: En el caso de que éstos sean negativos o poco satisfactorios se volverá a replantear el caso o el problema iniciándose de nuevo el ciclo.
Una condición básica para que la orientación sea efectiva es que el estudiante tenga confianza absoluta con el orientador. El fundamento de esta confianza se halla en la convicción que el estudiante debe tener de que el orientador está para ayudarle. Y un elemento de tal convicción es la seguridad de que cuanto hable con el orientador será mantenido en secreto si el escolar así lo desea. Los datos adquiridos por los diferentes diagnósticos, así como los adquiridos en las conversaciones, serán utilizados únicamente por aquellos profesionales encargados de la educación del alumno (profesores, directivos) y por sus padres.
Pero también hay que dejar claro que si el estudiante quiere que cualquier cosa de las que él pueda decir en conversación con el orientador éste la mantenga en secreto, debe hacerlo así, aun cuando parezca que una determinada información conviene que la posean los directivos o los padres. Ciertamente, el orientador podrá intentar convencer al estudiante de la conveniencia de comunicar determinada información a otras personas, pero se hará únicamente a condición de que el escolar esté de acuerdo.
2. La motivación orientadora
El primer quehacer es motivar al estudiante para aquellas formas de conducta que se consideren formativas. La motivación de toda actividad se halla en una doble convicción: la convicción de que tiene sentido o vale la pena lo que se pretende hacer y la de que se puede hacer.
A tres preguntas debe saber contestar el orientador: ¿Qué es lo que hace mejor este muchacho? ¿Qué es lo que más le gusta? ¿Quiénes son sus amigos?
La actividad orientadora ha de ser concebido como el resultado de la actuación de todos los elementos educadores de la escuela incluyendo entre éstos no solamente a los profesores, sino también a los propios compañeros (trabajo en común y convivencia).
3. Relación del orientador y el escolar
En la relación orientador-alumno se debe distinguir entre la orientación requerida en el proceso normal de la formación y la que requiere los problemas especiales.
Por proceso normal de formación se entiende la ayuda que el orientador puede prestar a todos los alumnos, aunque cada uno tenga sus modalidades particulares, con objeto que se desenvuelva normalmente el proceso de formación y pueda cada escolar insertarse eficamente en la sociedad desarrollando también armónicamente su vida personal.
Dentro del proceso normal de formación se incluye el desarrollo de los criterios, actitudes y hábitos que tienen valor para cualquier zona de la vida (familia, sociedad y trabajo, ocio y amistad, vida de fe) y el desarrollo de capacidad de elegir entre distintas posibilidades de trabajo y relaciones personales.
Problemas especiales se consideran las dificultades particulares en el proceso de aprendizaje, así como las manifestaciones continuadas de conducta incorrecta en cualquier manifestación de la vida.
3.1. El proceso normal de la OrientaciónLa formación será más eficaz en la medida en que el orientador establezca relaciones cada vez más profundas con el escolar. Por eso es interesante considerar los posibles temas sucesivos de conversación:
1) Rendimiento en las distintas materias escolares, viendo en qué medida el rendimiento responde a las posibilidades del alumno.
2) Actitud ante los distintos trabajos escolares, poniéndolo en relación con el rendimiento, las capacidades, los intereses e incluso con las relaciones personales que ha establecido con el profesorado.
3) Actitud frente al colegio, conociendo si la escuela tiene sentido para él y si tiene confianza en los distintos profesionales que personifican la institución escolar.
4) Relaciones con los compañeros.
5) La sinceridad, como disposición de un sujeto para manifestarse tal como es. Pero la sinceridad también depende de que el sujeto conozca sus propias posibilidades y sus propias limitaciones. Por eso sólo se puede ser sincero en la medida en que uno se conozca a sí mismo.
6) Relaciones con las cosas, para detectar el cuidado, el orden y la estética con que el estudiante utiliza las cosas. Así conocemos sus hábitos de trabajo y su constancia.
7) Tono de vida, para descubrir los valores positivos, la capacidad para la alegría y la felicidad, la previsión ante los fracasos y el dolor.
8) Vida del muchacho fuera de la escuela, amistades y diversiones.
9) Vida familiar, ambiente cultural y clima psicológico y moral.
10) Ideales de vida, de trabajo, del muchacho.
11) Dificultades y problemas personales íntimos.
3.2. Las técnicas en el proceso normal de la orientación
Cada escolar ha de ser tratado individualmente, por lo que resulta útil el clásico ciclo de la orientación: entrevista inicial, período de exploración, entrevista de síntesis o consejo, actividad subsiguiente del escolar y evaluación del resultado del proceso orientador.
3.3. Los problemas particulares
El estudio de un caso incluye las siguientes etapas:
- Correcta identificación del sujeto: En cada etapa se incluye el historial del muchacho, los resultados de la exploración física y psíquica, la opinión de los profesores sobre la personalidad y conducta del estudiante, la relación con los compañeros y el estudio del ambiente familiar.
- Correcta identificación del problema: Conocimiento de la génesis y desarrollo del problema, descripción de la situación actual y de las razones por las que se considera como problema particular.
- Posibles soluciones: Ventajas e inconvenientes que se estimen en cada una de ellas.
- Solución que se propone: Planeamiento de la actividad subsiguiente y estimación del tiempo que se considera necesario para la solución del problema. En caso de prever un plazo largo de tiempo, habrán de establecerse etapas sucesivas con objeto de observar el proceso de corrección.
- Comprobación de resultados: En el caso de que éstos sean negativos o poco satisfactorios se volverá a replantear el caso o el problema iniciándose de nuevo el ciclo.
martes, 9 de agosto de 2016
La orientación en las instituciones escolares
1. Orientación y enseñanza en las instituciones escolares
Mediante la orientación se pretende que el sujeto alcance un suficiente conocimiento de sí mismo y del mundo que le rodea, de tal suerte que llegue a ser capaz de valorar y seleccionar el campo de la cultura técnica, el sistema de valores y la red de relaciones en función de las cuales desarrollará su vida.
En estos supuestos la orientación tiende al logro de los objetivos propios del dominio afectivo de la educación, así como la enseñanza sistemática se halla más estrechamente vinculada al logro de los objetivos cognoscitivos. En este sentido, orientación y formación moral humana está estrechamente vinculadas entre sí, de tal modo que en ciertos aspectos vienen a ser la misma cosa.
2. Los elementos personales de la orientación
2.1. El equipo orientador
La orientación no es tarea de una sola persona, sino que es labor de equipo en el que deben tomar parte todas aquellas personas que estén implicadas en la educación de un joven. Conviene advertir previamente que la tarea del equipo se reduce, y no es poco, a informar, sugerir y aconsejar, pero nunca a decidir. La decisión corresponde al propio sujeto al que se orienta y, si se da el caso de que no haya alcanzado aún la madurez necesaria para ello, las decisiones corresponden a quien tiene la máxima responsabilidad sobre el muchacho, esto es, a los padres.
Sin embargo, bien es verdad que en la institución aparece una figura, el orientador, que requiere:
El sentimiento de seguridad, el sentimiento de dignidad y la tendencia a la comunicación, pueden explicar las motivaciones fundamentales de la conducta humana.
En la medida en que estos sentimientos no son satisfechos, la conducta de los escolares presentan cuatro grandes grupos de dificultades:
1 - Fracasos graves en el aprendizaje
2 - Conducta evasiva
3 - Conducta agresiva
4 - Conducta nerviosa
2.3. El diagnóstico pedagógico
Dentro de la dificultad que entraña la exploración de la personalidad en sus múltiples aspectos y variabilidad, se puede considerar que una exploración completa incluiría los siguientes elementos:
Puede resultar de utilidad considerar como imprescindibles los elementos señalados con un asterisco (*) y utilizar los otros en situaciones de particular interés.
Todos los aspectos mencionados se han de relacionar entre sí, para que en la utilización de los datos proporcionados por el diagnóstico, el tutor u orientador estudie las coincidencias y discrepancias entre las distintas manifestaciones de la personalidad relacionadas directamente. Igualmente habrán de compulsar estas diferencias y discrepancias entre los datos aportados por las diferentes técnicas respecto de un mismo rasgo.
Cuatro tipos de comparaciones resulta necesario establecer:
Mediante la orientación se pretende que el sujeto alcance un suficiente conocimiento de sí mismo y del mundo que le rodea, de tal suerte que llegue a ser capaz de valorar y seleccionar el campo de la cultura técnica, el sistema de valores y la red de relaciones en función de las cuales desarrollará su vida.
En estos supuestos la orientación tiende al logro de los objetivos propios del dominio afectivo de la educación, así como la enseñanza sistemática se halla más estrechamente vinculada al logro de los objetivos cognoscitivos. En este sentido, orientación y formación moral humana está estrechamente vinculadas entre sí, de tal modo que en ciertos aspectos vienen a ser la misma cosa.
2. Los elementos personales de la orientación
2.1. El equipo orientador
La orientación no es tarea de una sola persona, sino que es labor de equipo en el que deben tomar parte todas aquellas personas que estén implicadas en la educación de un joven. Conviene advertir previamente que la tarea del equipo se reduce, y no es poco, a informar, sugerir y aconsejar, pero nunca a decidir. La decisión corresponde al propio sujeto al que se orienta y, si se da el caso de que no haya alcanzado aún la madurez necesaria para ello, las decisiones corresponden a quien tiene la máxima responsabilidad sobre el muchacho, esto es, a los padres.
Sin embargo, bien es verdad que en la institución aparece una figura, el orientador, que requiere:
- Capacidad de interpretar los datos de las exploraciones objetivas y de la observación para el conocimiento completo de cada escolar.
- Capacidad de valorar al estudiante tal como es, con sus posibilidades y sus limitaciones.
- Capacidad de utilizar a los compañeros, especialmente al grupo o equipo en el que trabaja el estudiante, para estimular y fortalecer el desarrollo personal de cada escolar.
- Capacidad de utilizar el interés del estudiante por determinados aspectos de la vida o del trabajo para estimular su deseo de aprender y de comportarse correctamente.
- Capacidad de proporcionar oportunidades adecuadas para que cada estudiante pueda conseguir éxitos.
- Disposición para descubrir y concentrarse sobre los valores positivos más que sobre las deficiencias o lagunas.
- Disposición para reconocer un trabajo bien hecho y valorar el esfuerzo llevado a cabo.
- Disposición para ayudar al estudiante a aceptar la responsabilidad de sus decisiones y compromisos.
El sentimiento de seguridad, el sentimiento de dignidad y la tendencia a la comunicación, pueden explicar las motivaciones fundamentales de la conducta humana.
En la medida en que estos sentimientos no son satisfechos, la conducta de los escolares presentan cuatro grandes grupos de dificultades:
1 - Fracasos graves en el aprendizaje
2 - Conducta evasiva
3 - Conducta agresiva
4 - Conducta nerviosa
2.3. El diagnóstico pedagógico
Dentro de la dificultad que entraña la exploración de la personalidad en sus múltiples aspectos y variabilidad, se puede considerar que una exploración completa incluiría los siguientes elementos:
Puede resultar de utilidad considerar como imprescindibles los elementos señalados con un asterisco (*) y utilizar los otros en situaciones de particular interés.
Todos los aspectos mencionados se han de relacionar entre sí, para que en la utilización de los datos proporcionados por el diagnóstico, el tutor u orientador estudie las coincidencias y discrepancias entre las distintas manifestaciones de la personalidad relacionadas directamente. Igualmente habrán de compulsar estas diferencias y discrepancias entre los datos aportados por las diferentes técnicas respecto de un mismo rasgo.
Cuatro tipos de comparaciones resulta necesario establecer:
- Coincidencia o discrepancia entre los factores mentales primarios de contenido (verbal, numérico y espacial) y las áreas culturales predominantemente verbales, numéricas o espaciales.
- Coincidencias o discrepancias entre las aptitudes básicas profesionales, las aptitudes mentales primarias y el rendimiento de las áreas culturales que se pueden considerar semejantes.
- Coincidencias y discrepancias entre los intereses profesionales con las mencionadas aptitudes básicas profesionales.
- Coincidencias y discrepancias entre los datos obtenidos para el mismo factor cuando se utilizan distintas técnicas de exploración, por ejemplo, pruebas objetivas del rendimiento escolar y calificaciones del profesor.
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