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sábado, 26 de diciembre de 2020

La enseñanza del derecho

Tal era la gran originalidad de la enseñanza latina: ofrecer a la ambición de los jóvenes la carrera jurídica. Aquí está la gran diferencia entre la educación griega y romana: dejando a los griegos la filosofía y la medicina, los romanos crearon con sus escuelas de derecho un tipo original de enseñanza superior.

La institución del derecho representa sin duda la aparición de una nueva forma de cultura de un tipo de espíritu que el mundo griego no había en modo alguno presentido. El iuris prudente es un tipo original: es el hombre que sabe el derecho, que conoce a fondo las leyes, las costumbres, las reglas de procedimiento, el repertorio de la jurisprudencia, ese conjunto de procedentes, a los cuales en un caso determinado podrá remitirse para invocar la autoridad de la analogía, de la tradición; es el hombre que dice el derecho, que sabe cómo poner en marcha en un caso determinado ese vasto conocimiento, cómo explotar todos los materiales que le suministran su erudición y su memoria, que resuelve el caso específico, que sabe proponer la solución elegante que triunfa de la oscuridad de la causa y de la ambigüedad de la ley. La sabiduría del prudente no sólo radica en argucias; antes bien, se apoya en un elevado sentido de lo justo y del bien, tanto como del orden. Esta sabiduría, largo tiempo intuitiva, se torna reflexiva y consciente.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Los niveles educativos de la escuela romana

En la Roma Imperial, tres eran los niveles sucesivos de la enseñanza, los cuales correspondían normalmente a tres tipos de escuelas confiadas a otros tantos maestros especializados; a los siete años el niño ingresa en la escuela primaria, a los doce entra en la escuela de gramática y a los dieciséis pasa a la de retórica. Los estudios superiores pueden prolongarse hasta los veinte años, o incluso por más tiempo.

1. Escuela primaria

Para la mayor parte de los niños, la escuela era la institución normal, y por lo que parece, las niñas la frecuentaban al mismo tiempo que los varones, si bien tal vez se utilizaban más a menudo para ellas preceptores privados. Por otra parte, desde el punto de vista moral, los peligros de la calle no eran menores para los niños que para las niñas. Los romanos también se vieron obligados a adoptar la costumbre griega del esclavo acompañante, al que denominaban con su nombre griego de "pedagogo". El pedagogo conducía pues al niño hasta la escuela. Si se le elegía bien, podía desempañar el papel de preceptor, encargado de la formación moral del niño.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Ideal educativo e instituciones en la Roma Imperial

Durante la época de transición de la República al Imperio, el poder había comenzado a desplazarse de su ubicación tradicional en el senado y en las magistraturas hacia la persona del emperador. A lo largo del siglo I d.C. fue reduciéndose progresivamente la autoridad de los magistrados, que se convirtieron en funcionarios de la administración pública; paralelamente fue erosionándose la autoridad del senado, a medida que iba creciendo y desarrollándose la burocracia imperial. Al mismo tiempo los funcionarios apoyaban el movimiento de extensión de la autoridad imperial en la media en que les proporcionaba a ellos una movilidad social ascendente.

El oficio de escribiente era tenido por respetable en tiempos de Cicerón, el cual opina que es honroso que el hombre aspire a profesiones que exigen gran inteligencia y confieren una función socialmente útil, entre las que explícitamente menciona profesiones como la medicina y la enseñanza. Durante el reinado de Augusto, este tipo de ocupaciones relacionadas con la escritura parecen haber convenido hasta a los caballeros. La posibilidad de adquirir este estatus social atrajo a las categorías inferiores de la sociedad romana, de suerte que las ocupaciones que comportaban cierto nivel educativo pasaron a ser valoradas y apreciadas como medio de ascensión social. Al mismo tiempo, las dimensiones crecientes del aparato burocrático obligaron a extender su ámbito de reclutamiento a grandes sectores sociales, hasta tal punto de permitir el acceso a cargos de la administración a muchos extranjeros y esclavos.

viernes, 20 de noviembre de 2020

La cultura popular en la Roma Imperial

El primer siglo del Imperio Romano conoció una notable tendencia a la palabra escrita. Los libros procedían de las regiones helenísticas, y su formato habitual era el del rollo de papiro; ése es el formato en el que solían publicarse las obras de los autores latinos y griegos en el siglo I d.C. y durante toda la época del Imperio. La publicación de libros adquirió considerable importancia en los primeros tiempos del Imperio, sin que aquello significara que los escritores pudieran vivir profesionalmente de esta actividad.

lunes, 9 de noviembre de 2020

La Roma Imperial

El ideal de la oratoria propuesto por Cicerón no dejaba de tener sus conexiones con la creciente inestabilidad política del Estado, y la conspiración de Catilina no era sino un síntoma de la degeneración política de la época. El principio del poder unipersonal había quedado admitido ya en el primer cuarto del siglo I a.C. como réplica a situaciones de emergencia, con los sucesivos nombramientos de Mario y Sula. Sula se adueña del poder y tras debilitar los poderes de la asamblea restaura la autoridad del senado. Con su retirada (año 79 a.C.) prosiguen la confusión y las sublevaciones; son los años en que pasan a ocupar el primer plano las figuras de Pompeyo y de Julio César, artífices de la ulterior expansión del influjo romano en el mundo mediterráneo. Nombrado comandante supremo de los ejércitos romanos del este, Pompeyo organizó y dirigió la lucha, y fue amo y señor de Oriente; por su parte, César emprendió la campaña de la Galia transalpina y conquistó el país convirtiéndolo en una nueva provincia romana.

viernes, 23 de noviembre de 2018

La cultura clásica: Grecia, Alejandría y Roma

Los sabios, Calicles, afirman que el cielo y la tierra, los dioses y los hombres están todos unidos por la amistad, el respeto al orden, la moderación y la justicia, y por esta razón llaman universo al orden de las cosas, camarada, no al desorden ni al desenfreno. Tú no les prestabas atención, creo, a pesar de toda tu ciencia, y olvidas que la igualdad geométrica reina, todopoderosa, entre los dioses como entre los hombres. Piensas que hay que esforzarse en dominar a los demás: porque desdeñas la geometría.
Platón, Gorgias

Los descubrimientos sobre las antiguas civilizaciones apenas datan de un par de siglos; han sido demasiado tardíos para que haya existido una influencia directa sobre el pensamiento, la ciencia y la técnica occidentales. Sin embargo, mucho de cuanto descubrieron y avanzaron en el conocimiento de la naturaleza y de las técnicas arquitectónicas, agrícolas, ganaderas, matemáticas, etc., nos ha llegado a través de su recepción  por los griegos. Si bien la ciencia y la tecnología actuales poco tienen que ver con la visión griega, es indudable que el pensamiento griego marcará para siempre todo el pensamiento occidental, la forma de entender el mundo y la actividad científica y técnica.
Al pensamiento griego se le deben muchos de los supuestos sobre los que ha trabajado la ciencia occidental; destacan, entre otros, los siguientes:
  • El mundo constituye un todo ordenado, regido por leyes racionales y, por tanto, puede ser explicado racionalmente. La existencia de una razón única y univeral que rige las leyes del universo y de la que todos los seres humanos participan por naturaleza. El universo es, por tanto, cosmos, no caos.
  • Las apariencias engañan y se ha de buscar más allá de los sentidos para establecer la verdad de las cosas.
  • La realidad puede explicarse en términos matemáticos.
  • La importancia de la lógica y de la deducción en la elaboración científica.
  • El conocimiento implica la existencia de un sujeto que conoce y un objeto que es conocido. Y el sujeto es un actor pasivo que no interviene ni altera para nada el contenido del conocimiento, es un mero observador neutral.
Aunque sólo fuera por esto, los griegos merecerían figurar entre los más importantes genios de la humanidad y como los grandes precursores de la ciencia moderna.
La sociedad griega estaba constituida por pequeñas repúblicas o ciudades estado que desplegaron una intensa actividad comercial y colonizadora del mediterráneo occidental. Su organización social estaba basada en pequeñas monarquías tradicionales, con cuatro capas sociales: la aristocracia, los pequeños agricultores, artesanos y comerciantes, los metecos o extranjeros sin derechos de propiedad ni políticos, y los esclavos.
La existencia de una abundante mano de obra esclava ha sido señalada como la causa de la tendencia de los griegos hacia el saber especulativo de carácter contemplativo más que hacia técnicas y los saberes prácticos. Los ciudadanos libres, que tenían plenos derechos políticos y sociales y gozaban de una desahogada posición económica, favorecieron el desarrollo  de una multiplicidad de elementos técnicos que les facilitaran la vida diaria.
Debido a su situación geográfica y a sus necesidades económicas, los griegos entraron en contacto con otras civilizaciones más antiguas: así, a través de Creta, tomaron como referente de Babilonia la astronomía y la geometría, y de Egipto, la medicina.
Desde el punto de vista científico, los griegos retomaron muchos de los hallazgos de los egipcios y babilonios y los reformularon desde los supuestos de la filosofía. Con ello, la ciencia se volvió más racional y abstracta, más sistemática y formal. También retomaron las ideas de una geometría deductiva y el estudio sistemático de la naturaleza.

1. Aportaciones de los griegos
Las aportaciones más importantes son las siguientes:
  • De entre los filósofos jonios cabe destacar a Tales de Mileto, que vivió en el siglo VI a.C. y fue comerciante, estadista, ingeniero, matemático y astrónomo, y a Anaximandro, que hizo una propuesta cosmogónica de carácter mecanicista frente a las propuestas mitológicas. La importancia de estos filósofos estriba en que fueron los primeros en concebir el universo como una totalidad de carácter natural que podía explicarse mediante la investigación racional. A Tales se le debe la incorporación de la matemática y la geometría empírica egipcia al pensamiento occidental, reformulándolas en clave deductiva, y la formulación de algunos principios básicos que posteriormente fueron completados por Euclides.
  • Los pitagóricos fueron los primeros en insistir en la idea de que el mundo es descifrable en términos de números y, por ello, la realidad es matematizable. Hicieron grandes aportaciones en matemáticas y ampliaron de forma notable la geometría deductiva. A Pitágoras se le debe la formulación y demostración deductiva del teorema que lleva su nombre, el cual si bien se aplicaba ya de modo práctico en Egipto y Babilonia, sólo con él adquiere una demostración deductiva y una formulación abstracta.
  • A las especulaciones de Heráclito debemos la idea de que el mundo está en permanente cambio, regido por una ley racional, por el logos o el nous. Parménides, sin embargo, insiste en la idea de que el cambio es sólo aparente y que la verdad debe establecerse desde una reflexión racional que vaya más allá de las apariencias.
  • En los atomistas se encuentran las primeras especulaciones sobre la composición de la materia y los antecedentes de las teorías atómicas actuales. Leucipo formuló por primera vez el principio de causalidad.
  • La ciencia griega hizo notables avances en medicina, en la que cabe destacar a Hipócrates.
  • Los dos mayores filósofos griegos, Platón y Aristóteles, contribuyeron también de forma importante a la ciencia de su época.

2. La época helenística
Desde el siglo IV a.C. y hasta la expansión del Imperio romano se abrió una época radicalmente nueva. El Imperio de Alejandro Magno supuso la unificación griega y la expansión del dominio griego desde Italia hasta el valle del Indo, produciendo una intensa unificación cultural y lingüística que hizo posible un florecimiento del pensamiento y de la ciencia. 
En torno al año 300 a.C., Euclides recogió, desarrolló y sistematizó los conocimientos existentes sobre geometría. Partiendo de una serie de axiomas que él consideraba autoevidentes, sentó las bases de la geometría que sólo en el siglo XX se ha visto complementada por el desarrollo de nuevas geometrías no euclidianas.
Los orígenes de la mecánica y de la hidrostática han de buscarse en las artes aplicadas a la navegación y a la producción agrícola o ganadera, pero sólo se formularon con rigor teórico cuando se articuló la observación experimental con las formulaciones teóricas de la geometría y de la matemática. El primero que realizó esto fue Arquímedes, que formuló el principio que lleva su nombre, estableciendo conceptos como los de las densidades relativas de los cuerpos. También estudió el principio teórico de la palanca y sus aplicaciones estableciendo sus principales leyes. A él se deben, asimismo, la aportación de ingenios mecánicos, como el "tornillo de Arquímedes" o tornillo hidráulico para elevar el agua, la polea compuesta y diversas máquinas de guerra.
Mosaico que representa a Arquímedes
Aristarco fijó las medidas de las dimensiones de la Luna y del Sol y parece ser que formuló la hipótesis de que las estrellas fijas permanecían quietas, mientras que la Tierra giraba en torno al Sol describiendo un círculo. Además propuso, como explicación de la fijeza de las estrellas, la idea de que su distancia a la Tierra debía de ser enorme en comparación con el diámetro de la órbita terrestre.
Las tesis de Aristarco representan una de las formulaciones más antiguas de la época heliocéntrica; sin embargo, estas ideas chocaban con la "evidencia del sentido común", por lo que siguió prevaleciendo la teoría geocéntrica desarrollada por Hiparco y recopilada por Tolomeo, que fue la que se mantuvo hasta el Renacimiento.

3. La escuela de Alejandría
A finales del siglo IV a.C. o comienzos del III, Atenas cedió el testigo como capital intelectual a Alejandría (Egipto), lugar en encuentro de culturas, donde el saber se especializó en múltiples campos y se realizaron diferentes investigaciones.
Hacia mediados del siglo III a.C. se fundó el Museo (o lugar de las musas) con las secciones de literatura, matemáticas, astronomía y medicina, desarrollándose una intensa labor de investigación y trabajo intelectual. A disposición de los sabios se hallaba la famosa Biblioteca, la mayor del mundo antiguo, con 400.000 volúmenes o rollos (se habla de hasta 700.000).
Algunos de los principales personajes de la escuela de Alejandría fueron:  
  • Apolonio de Perga: Realizó avances muy importantes para las matemáticas. Recopiló los conocimientos sobre secciones cónicas de los matemáticos anteriores e introdujo las nociones de parábola, hipérbola y elipse. También consiguió solucionar ecuaciones de segundo grado.
  • Hiparco: Hizo grandes aportaciones como geógrafo y matemático, tanto en la trigonometría plana y esférica como en la determinación de la posición de un punto cualquiera del planeta indicando la longitud y la latitud.
  • Herón, el mecánico: Matemático, físico e inventor, hizo aportaciones importantes para la resolución de las ecuaciones de segundo grado. Su aportación fundamental fueron grandes ingenios mecánicos, como el sifón, el termoscopio, la bomba impelente y la primera máquina de vapor.
  • Tolomeo: Astrónomo, reunió en su obra llamada Almagesto todos los saberes astronómicos de su tiempo, recopilando y presentando la obra de Hiparco que se impondría como obra fundamental de astronomía hasta los tiempos de Copérnico y Kepler. A él se debe también la formulación del principio, muy usado en los orígenes de la ciencia moderna, según el cual la hipótesis mejor es aquella que presenta de la forma más completa y sencilla la relación entre los fenómenos.

4. La época romana
El Imperio romano, que sucedió a los griegos en su presencia por toda la Hélade, fue eminentemente urbano, basado en la explotación extensiva de vastas colonias. Dos son los grandes pilares sobre los que se asentó el Imperio: el poderío militar y la mano de obra esclava. 
Los esclavos procedían fundamentalmente de los prisioneros hechos en las conquistas de nuevos pueblos. El ejército tenía también un papel fundamental en el mantenimiento de la pax romana y en la seguridad en las fronteras y en el interior del Imperio. El nivel de vida de las ciudades, centro sobre el que se sustentaba todo el Imperio, se basaba en la posibilidad de movilizar rápidamente los recursos de un lado a otro y en un intenso tráfico comercial que hacía accesibles los productos de los latifundios a los habitantes de la ciudad. Como soporte de esta intensa actividad económica y militar fue necesario una completa infraestructura de comunicaciones terrestres y marítimas, por lo que los romanos brillaron mucho más por sus realizaciones prácticas y organizativas que por sus obras especulativas o científicas.
Desde el punto de vista del saber científico, los romanos fueron claramente deudores de la aportación de los griegos, siendo su propia reflexión escasamente original. Sin embargo, se les deben algunas importantes aportaciones a la historia de la ciencia y la técnica:
  • La romanización permitió extender a los países de Europa occidental una lengua común y los principales contenidos culturales griegos.
  • La mentalidad jurídica y organizativa de los romanos generó brillantes aportaciones al ámbito de la política y de la administración. Un legado indiscutible es el Derecho Romano, base jurídica sobre la que aún hoy está construido todo el derecho occidental.
  • Los romanos destacaron también por sus aportaciones al arte de la construcción y de los ingenios militares. La construcción de ciudades, la red de servicios (escuelas, hospitales, baños, red de alcantarillado, agua corriente) y los espacios de ocio (estadios, circos, etc.) sólo son comparables a lo que ha conocido Occidente recientemente.
  • El nivel de vida de las ciudades romanas supuso también una auténtica industria de los objetos ornamentales y de las técnicas a ellos vinculadas: fundición, labrado, forja, etc.
El pragmatismo romano hizo que se interesasen por la ciencia sólo cuando era un medio para realizar obras prácticas en medicina, arquitectura, agricultura e ingeniería. Especial mención merece Posidonio, explorador, astrónomo, geógrafo y antropólogo, que explicó las mareas atribuyéndolas a la acción conjunta del Sol y de la Luna.
Un poco más tarde, en el siglo I a.C., los romanos conquistaron el mundo y Cicerón realizó una gran tarea de difusión cultural popularizando la filosofía griega y escribiendo De natura deorum, obra cosmológica en la que recogió los conocimientos científicos de su tiempo.
Hay que destacar también la figura de Julio César (año 100 a.C.), que con el asesoramiento de Sosígenes estableció el calendario juliano reformado, que asigna al año un valor de 365 días y 1/4. Este calendario permaneció en vigor en Europa hasta 1582 (cuando ya había un error de 10 días), momento en el que el Papa Gregorio XIII mandó corregirlo añadiendo un día más cada cuatro años (año bisiesto) y quedando así hasta la actualidad.

Cuando el arte se complica con la ingeniería, resulta más original, más propiamente romano. Entre los griegos, los caminos solían adaptarse a la naturaleza del terreno sin ahorrar curvas, pero los romanos seguían invariablemente la línea recta con tal de hacer el camino más breve, a pesar de cuanto se les opusiera, y así horadaban túneles, saneaban los terrenos pantanosos, salvaban las depresiones mediante la construcción de viaductos. Cuando se encontraban ante un río caudoloso, volteaban atrevidos arcos de medio punto sobre robustos pilares. Todavía hoy aquellos puentes soberbios coinciden con nuestras carreteras y sirven como medio de tránsito, a pesar de que vienen rompiendo durante dos mil años la corriente de agua con sus poderosos tajamares.
De milla en milla, la piedra miliaria anuncia la distancia recorrida y por ella se calculaba lo que faltaba por recorrer. Aún hoy persisten estos indicadores de piedra al borde de algunas calzadas, contando distancias en caminos por donde ya nadie transita. Llevan el nombre de un emperador y una cifra romana, seguida de las iniciales M.P.: mil pasos, milia passum.
F. Esteve Barba, Historia de la cultura

martes, 28 de agosto de 2018

Roma: El ocio

En Roma se celebraron diversos juegos y espectáculos, pero con un carácter distinto al de los griegos. Roma buscaba en ellos diversión y entretenimiento. Para los griegos, en cambio, los juegos eran una manifestación de honor y sentimiento religioso. En realidad, los gobernantes romanos procuraban ofrecer muchos espectáculos, llamados ludi, para que el pueblo se olvidara de las preocupaciones políticas. La frase satírica del poeta romano Juvenal panem et circenses expresaba muy bien el propósito de los juegos: "contentar al pueblo con pan y circo".

1. Los juegos circenses
Los espectáculos circenses incluían diversas clases de entretenimientos, como combates de gladiadores, cacerías, combates navales (que se celebraban en el anfiteatro) y carreras de carros (que se celebraban en el circo).

 El anfiteatro 
Era un teatro doble (como indica su nombre anfi, "dos"), con un espacio central llamado arena (recibía este nombre porque estaba cubierto de ese material). En el subsuelo había un complejo sistema de pasillos y habitaciones en el que se almacenaban los equipos escénicos y las jaulas de los animales. Todos estos objetos subían a la arena mediante un dispositivo mecánico muy curioso, similar a un montacargas.
En el exterior, un toldo enorme protegía del sol a los espectadores sentados en las gradas, debidamente diferenciadas según la categoría social. El anfiteatro más famoso de Roma fue el Coliseo, construido en el siglo I d.C., e inaugurado por el emperador Tito.


Los combates más usuales en el Coliseo eran los que enfrentaban a los gladiadores. Estos luchadores podían ser de varios tipos, según las armas y protección que llevaran.
Los samnitas iban armados con una espada corta y protegidos con un casco. Los tracios empuñaban un sable, llamado cimitarra, y se protegían con un escudo pequeño y redondo llamado rodela. La espada también era el arma de los mirmilones, que contaban con un gran escudo y un casco con el emblema de un pez. La frase piscem peto ("pido el pez") era la expresión habitual que empleaban para retarse.
El último tipo de gladiadores, los reciarios, se defendían con un tridente y una red enorme emplomada para envolver y derribar al adversario.
Los gladiadores eran prisioneros de guerra o condenados a muerte que recibían su castigo en el circo. De hecho, la pena capital se expresaba en muchas ocasiones con los términos ad harenam, "a la arena", gladio puniri, "ser castigado con la espada", o ad feras, "ser enviado a las fieras". Todos estos castigos se aplicaban sólo a los esclavos y ciudadanos de clase inferior. Los patricios podían ser castigados únicamente con la decapitación o con el destierro.
En el anfiteatro romano no sólo se celebraban luchas de gladiadores. Había otros espectáculos, como las cacerías con fieras salvajes (en ellas podían enfrentarse fieras entre sí o fieras con hombres armados con flechas y entrenados para este tipo de lucha) y las naumaquias, o combates navales (eran espectáculos especialmente sangrientos, porque reproducían con total realismo las batallas navales). La primera naumaquia la organizó Julio César.

 El circo 
Era una construcción rectangular. En el centro del circo estaba la pista o arena, dividida longitudinalmente por un muro llamado spina. A un lado de la pista estaba la línea de salida, y al otro lado, la meta.
Este espacio albergaba las carreras de caballos. Cada carrera consistía en completar siete vueltas a la pista. El contador de vueltas estaba situado en el muro central, y estaba formado por las figuras de siete delfines que iban señalando las vueltas realizadas.
Los carros empleados eran pequeños. Podían ser tirados por dos o por cuatro caballos (bigas o cuadrigas). El cochero, llamado auriga, iba de pie, con las riendas enrolladas en la cintura.
Los circos eran construcciones enormes, como es el caso del Circo Máximo, que acogía alrededor de 40.000 espectadores.

2. El teatro
Las representaciones teatrales eran otro de los espectáculos romanos. Al principio tenían lugar en el circo; pero en el siglo I a.C., Pompeyo construyó el primer teatro de piedra. Las primeras representaciones eran traducciones al latín de obras griegas, aunque más adelante se pusieron en escena obras de autores romanos. Los actores eran siempre hombres, incluso en los papeles de mujer; en este caso se colocaban máscaras.
El teatro romano nunca alcanzó la calidad del teatro griego. No son muchos los autores trágicos latinos. Quizás el más sobresaliente entre ellos sea Séneca, nacido en la Bética y con obras tan destacadas como Hércules furioso, Medea, Fedra y Edipo. Por el contrario, la comedia tuvo más éxito en Roma. Plauto y Terencio son los principales autores de este género, cuyos temas consisten, básicamente, en parodias de la sociedad y de quienes la forman.
Tanto la celebración de los juegos en el anfiteatro y en el circo como los espectáculos teatrales se hacían coincidir con festividades de carácter religioso, que eran muy abundantes, de tal forma que ocio y religión se fundían perfectamente. Por ejemplo, los Juegos Megalenses se celebraban en honor de la diosa Cibeles; los Juegos Apolinares, en honor del dios Apolo, etc.    

jueves, 17 de mayo de 2018

Roma: La economía y el trabajo

El trabajo en Roma estaba mayoritariamente relacionado con actividades agropecuarias. La actividad agrícola y ganadera era desempeñada por esclavos, que vivían en las fincas todo el año, bajo las órdenes de un capataz.
Aunque la vida romana estaba centrada en las ciudades, la mayor parte de los habitantes vivían en el campo, trabajando la tierra, apacentando rebaños o cuidando de los olivares. Los agricultores producían los alimentos, los materiales y el aceite de los que dependían las ciudades.
Gran parte de Italia estaba dividida en extensas fincas propiedad de ricos hacendados, cuyos negocios principales se desarrollaban en las ciudades, pero cuya riqueza procedía en su mayor parte de sus haciendas.
Estas grandes fincas, llamadas latifundios, eran trabajadas siempre por esclavos, cuyo número aumentaba después de cada batalla. Los métodos de explotación fueron mejorando con el tiempo, pero jamás se produjeron grandes cambios tecnológicos, porque se disponía de una mano de obra barata, los esclavos.
Los lotes agrícolas de menor tamaño que el latifundio y en manos de los plebeyos, tenían sus límites orientados según los puntos cardinales. Con una rudimentaria regla de medir, se determinaba, de modo aproximado, la línea este-oeste, llamada decumanus, y su perpendicular, el cardo, o eje celeste orientado de norte a sur.
En Roma, igual que en Grecia, el trabajo manual era considerado indigno del hombre libre, para quien tenían más importancia las artes y la política. Pero a estas actividades podían dedicarse sólo los ciudadanos ricos. La familia romana organizaba su vida en torno a los productos agrícolas, de donde obtenía todo lo necesario para vivir. De esta elaboración familiar se pasó a una elaboración colectiva; es decir, alguien empezó, por ejemplo, a elaborar el pan para otras familias y a distribuir sus productos entre más gente. Nacieron así las primeras tiendas y los primeros comercios -llamados tabernas-, que se fueron disponiendo uno al lado de otro en una misma calle, tal y como muestran los restos encontrados en la ciudad de Pompeya.

1. Las profesiones
La producción agrícola colectiva y su distribución en los comercios permitió que los residentes en las ciudades se pudieran dedicar a otras tareas especializadas, y de este modo surgieron las distintas profesiones. Por ejemplo, en la construcción trabajaban distintas personas; cada una tenía un trabajo específico y una tarea determinada, desde que se cortaba el árbol hasta que se dejaba la casa construida y terminada.
La especialización permitió el surgimiento de nuevos profesionales, como orfebres, alfareros, panaderos, tejedores, tintoreros, etc.
Los objetos romanos que se han conservado demuestran la gran maestría de sus artesanos en la elaboración de toda clase de utensilios, tanto de arcilla, cuero, tejido y madera como de metal y vidrio. Una de las industrias que alcanzó un mayor desarrollo fue la de producción de cerámica. Las vasijas de alfarería para uso doméstico existían desde mucho antes de los romanos, pero con la creciente demanda se desarrollaron los alfares en zonas dotadas de arcilla de buena calidad. Las piezas de vajilla fina eran muy populares; las mejor conocidas eran las de Samos, llamadas terra sigillata. Muchos de los alfareros eran libertos o esclavos, en su mayoría hombres.
Otros oficios se desarrollaron a escala mucho menor, ejercidos por artesanos, en sus propios talleres, en las ciudades. El oficio se adquiría mediante un largo aprendizaje consistente en observar cómo trabajaban quienes tenían experiencia y práctica. Los hijos aprendían de sus padres, y los esclavos, de sus amos o capataces.

2. Los materiales
La madera se empleó en todas partes para la construcción y fabricación de objetos cotidianos: cuencos, cubos, barriles, arcas, tablillas de escribir, etc.
Los métodos de construcción experimentaron con los romanos una importante revolución con el empleo de ladrillos y tejas de arcilla cocida. La fabricación de ladrillos y tejas estaba organizada a gran escala, aunque había asimismo numerosos tejares pequeños. Una vez extraída la arcilla natural, permanecía a la intemperie durante el invierno, tral el cual quedaba lista para usarla. Los ladrillos y tejas se fabricaban metiendo la arcilla en moldes y dejándola secar en ellos hasta que se endurecía, tras lo cual las piezas se apilaban en un horno y se cocían. Con los ladrillos se levantaban muros y arcos, y con las tejas se cubrían los tejados.
El vidrio se venía elaborando desde hacía siglos, pero en la última centuria antes de Cristo se descubrió que era posible su soplado, formando burbujas, a las que se podía dar, de manera rápida y barata, toda clase de formas útiles para las vajillas. Pronto se pasó a soplar el cristal dentro de moldes, lo que permitió la producción en serie de botellas y frascos decorados. El vidrio dejó de ser un lujo y se convirtió en material de amplio uso.
Los romanos fueron también grandes expertos en el labrado de los metales, con los que confeccionaban joyas. Emplearon mucho el oro, la plata, el plomo, el cobre, el hierro y otros metales de menor valor.


Aprendieron a separar el metal del mineral y a fundirlo para verterlo en moldes, e incluso llegaron a mezclar metales para obtener aleaciones como el bronce o el latón.
El hueso era otro de los materiales de uso más extendido. Servía para elaborar muchos objetos de uso común, como mangos de cuchillo, agujas para el pelo, peines, etc.
Para la confección de tejidos utilizaban el lino y la lana, preferentemente. Es bien conocido el proceso que seguían los romanos para preparar esos tejidos, desde su tosco aspecto hasta su lavado y tintura final.
Uno de los oficios más importantes en la industria textil romana era el de las bataneros, llamados fullones, que lavaban la lana en unas grandes tinajas pisándola repetidas veces.
A este proceso de lavado seguía el cardado y su posterior preparación para fabricar toda clase de vestimentas: el manto, la toga, la túnica, etc. Las labores necesarias de hilado y tejido de los hilos para confeccionar prendas eran tareas tradicionalmente femeninas, que las mujeres ricas rehuían. El emperador Augusto obligó a su hija Julia a realizarlas para dar ejemplo, con el fin de que no decayeran las costumbres romanas y como demostración de las virtudes femeninas.
Además del lino y la lana, los romanos apreciaban muchísimo el algodón indio y la seda, importada de China; pero solamente las mujeres ricas podían permitirse tan lujosos tejidos.
Como complemento al vestido, la mujer romana se maquillaba cuidadosamente, por lo que la industria de productos cosméticos tuvo también un cierto desarrollo. Las mujeres conseguían una tez pálida aplicándose polvos de tiza o albayalde. Para realzar el color rojo de mejillas y labios, se utilizaba el almagre; los ojos se sombreaban con pastas compuestas de cenizas. El pelo se recogía en moños, muy del gusto de las romanas.

3. El dinero
Para nuestros antepasados de la Antigüedad, la economía se basaba en la agricultura y en la ganadería. La actividad comercial empezó siendo un mero intercambio de mercancías. Este intercambio, llamado trueque, consistía en cambiar un producto por otro, sin utilizar el dinero, que no se conoció hasta siglos más tarde. 
Posteriormente, en Mesopotamia, Egipto, China y la India se empezaron a utilizar determinados productos como piezas de cambio. Primero fueron granos de cebada o maíz y más tarde lingotes de oro, cuyo valor había que establecer en el momento del cambio, lo que se hacía pesando la pieza.
Fue en Grecia donde se emplearon las primeras monedas, que eran de cobre. Pronto la plata sustituyó este último material, y con ella se fabricó el dracma, la unidad monetaria griega.
La utilización del dinero hizo que el comercio creciera. La gente compraba más y con más agilidad. Aumentaron con ello la industria y la riqueza. La acumulación de dinero permitió el inicio de préstamos. Quien más tenía prestaba a quien lo necesitara a cambio de un interés muy alto. Éste fue el primer paso hacia la creación de la banca. Las personas dedicadas a esta actividad se llamaban trapezitae, porque hacían la gestión en una mesa llamada trapeza. En el griego moderno, la palabra trápeza (τρἀπεςα) significa "banca".
La primera operación bancaria conocida se realizó durante las guerras médicas, cuando Temístocles depositó la cantidad de 700 talentos en manos de un trapezita o banquero.
Así pues, Grecia fue la que estimuló el comercio y la especialización de las tiendas. A éstas iban a comprar los esclavos y los metecos.
Pero fue Roma la que definitivamente fijó un valor para cada moneda. Eso, junto con la precisión de los pesos y las medidas, dio seguridad al valor del dinero. El as fue la unidad monetaria de los romanos. La palabra dinero viene, precisamente, de la palabra latina denarius, que era la moneda de plata que valía diez ases. 
Hasta el año 400 a.C. seguía siendo habitual el trueque empleando piezas de ganado, porque tenían valor universal. Pero ya antes de las guerras púnicas, el comercio se desarrolló de forma espectacular y se hizo necesario el uso del dinero. Al principio se utilizó una piececita de bronce, el as, que equivalía al peso de una libra de bronce, aproximadamente. Después, el estado le dio un valor fijo, y entonces se estampó en el as la imagen de un buey o de una oveja. Precisamente por este motivo al dinero se le llamó pecunia, porque en latín pecus significa "ganado". Estas primeras monedas eran lingotes fabricados con una mezcla de cobre y estaño, con un peso de alrededor de un kilo y medio y con un tamaño de 24 cm de largo por 18 cm de ancho.

As primitivo romano
Y un poco más tarde empezaron a acuñarse las primeras monedas de forma redonda. Las imágenes que tenían estampadas eran la del dios Jano, en el anverso, y una proa de un barco, en el reverso. Su diámetro era de unos 8 cm.
En el año 300 d.C., empezaron a aparecer las monedas de plata, llamadas sestercios y denarios.
Cuando los romanos escribían una cantidad de dinero, solían abreviar la palabra sestercio con las letras HS, y el denario, con la letra X. El tamaño y el peso de las monedas fue siendo progresivamente menor.
Julio César acuñó la primera moneda de oro, llamada aureus nummus. A partir de entonces, las actividades bancarias aumentaron, y se desarrolló la profesión del banquero, que en latín se llamaba argentarius. Los argentarii controlaban los cambios de moneda y los depósitos de dinero. Esta profesión de banquero era regulada por el Estado, que llevaba un riguroso control de los libros bancarios, llamados calendaria, porque los vencimientos tenían lugar en las calendas, es decir, el primer día de cada mes.
César fue el primer emperador en hacer estampar su efigie en las monedas. Antes de él, las monedas tenían la efigie de los dioses.
La moneda solía contener también un mensaje. Posteriormente, el mensaje de las monedas se escribió con letras que debían leerse girando la pieza. De ahí, el nombre de leyenda, "debe leerse", que se da a ese mensajee que viene escrito en las monedas.
A pesar de que la moneda es el medio de pago habitual en nuestra sociedad desde hace siglos, no debemos pensar que las operaciones de trueque pertenecen a un pasado lejano. En el siglo XVII todavía existía el trueque en Senegal. Su moneda de cambio era la sal, y en el golfo de Guinea se utilizaban telas de algodón con las cuales se pagaba el precio de un esclavo.

4. El erario y el fisco
Erario, según el Diccionario de la Real Academia, es lo mismo que Hacienda pública, y ésta no es más que el "conjunto de haberes, bienes, rentas, impuestos correspondientes al Estado para satisfacer las necesidades de la nación".
Y el erario es, precisamente, ese conjunto de haberes y bienes, pero en forma de dinero, es decir, en metal. El metal con que se hacía el dinero antiguamente era el cobre (aes, aeris, en latín). Y de ahí le viene el nombre al erario público, o Hacienda pública.
La palabra fisco viene del latín fiscus, "cesta de mimbre", en la cual se transportaba el dinero a Roma desde las provincias. Este dinero pasaba a formar parte del tesoro del emperador.
De modo que la diferencia entre erario y fisco hace referencia a quién sea el destinatario del dinero. En el erario es el pueblo, es decir, las instituciones que administran el dinero público. En el fisco es el emperador. Y a partir de la palabra fisco se formó, naturalmente, el verbo confiscar, que es "quitar los bienes a alguien y dárselos al fisco". También fiscal tiene el mismo origen.      

domingo, 25 de febrero de 2018

La familia romana

Formaban la familia romana todos aquellos miembros que estaban al servicio y bajo la autoridad del paterfamilias. Y de ahí viene el nombre de familia, relacionada con famulus, que en latín significaba "conjunto de siervos al servicio de". La familia estaba integrada por la madre, los hijos, los esclavos y los animales de tiro y carga.
Sólo el varón podía ser jefe de familia. La mujer pertenecía a la casa, y la casa tenía siempre un dueño varón, ya fuera el padre, el marido o el pariente masculino más próximo.

1. El matrimonio
Durante mucho tiempo se consideró el matrimonio como una obligación religiosa. Los hombres se casaban a los 35 ó 40 años. Pero la edad legal a partir de la cual se podía contraer matrimonio era de catorce años para los varones y doce para las mujeres.
Existen dos tipos de matrimonio en la tradición romana: matrimonio cum manu y sine manu.

 Matrimonio cum manu 
Significa "con mano"; la mujer, al casarse, quedaba sometida a la autoridad del marido. En este caso, todos los bienes de la mujer pasaban a pertenecer al marido. Ella no podía tener bienes, ni comprar ni vender nada. La ceremonia en este tipo de matrimonio podía ser de tres formas:
  • Usus, que significa "uso". La pareja pasaba a estar automáticamente casada después de convivir durante un año seguido. ¿Y qué ocurría si querían vivir juntos, pero no estar casados? La ley decía que, si durante ese año de convivencia uno de ellos pasaba tres noches fuera de casa, no tenía efecto el matrimonio, con lo que podían seguir conviviendo sin estar casados. Esta ley era conocida como "Ley de las tres noches".
  • Coemptio, que significa "compra". La celebración de este rito consistía en depositar unas monedas en una balanza en señal de que el marido compraba a la mujer.
  • Confarreatio, que significa "torta de harina". El nombre de confarreatio es debido a que se hacía una ofrenda de un pastel de espelta (farreus) a Júpiter. Era el matrimonio religioso, y no se podía disolver. Se trataba del tipo de matrimonio más solemne.
 Matrimonio sine manu 
Significa "sin mano"; la mujer no quedaba sometida a la autoridad del marido, sino que seguía dependiendo de la autoridad de su padre. Esta forma de matrimonio ofrecía mayor independencia para la mujer, porque le permitía tener sus propios bienes.


2. Los hijos y las hijas
El hombre tomaba a una mujer con el fin de tener hijos, pero no tenía obligación de reconocerlos a todos. Un hijo sólo era legítimo si nacía de matrimonio válido y era reconocido por su padre. Para reconocerlo, tenía que cogerlo entre sus brazos y levantarlo en alto, en una ceremonia que tenía lugar ante el fuego familiar, a los ocho días de nacer. La ceremonia consistía en purificar al nuevo hijo y colocarle un colgante con un medallón alrededor del cuello. En ese momento se le imponía el praenomen, "nombre de pila".
Si el padre no lo levantaba, significaba que no reconocía al nacido como hijo suyo, y éste podía ser expuesto o vendido.

 El nombre 
El nombre de un ciudadano romano tenía tres elementos: praenomen, "el nombre de pila"; nomen, "el apellido", y el cognomen, "el sobrenombre" o "mote", que podía designar el lugar de origen, una cualidad física o un defecto. Por ejemplo, un romano se podía llamar:


Las niñas recibían sólo el apellido: Cornelia, Tulia, Julia, Antonia. Y si había varias en una familia, las distinguían como Antonia la Mayor, Antonia la Menor...; o Antonia Primera, Antonia Segunda... Algunos nombres de mujeres romanas muy conocidos son: Terentia Prima, Julia Domna, Modia Quintia, etc.

 Las edades de la vida 
El hombre y la mujer, según su estado civil y su edad, recibían distinto nombre. Así, atendiendo a la edad, la mujer podía ser infans, "que no habla", cuando tenía menos de siete años; puella, "niña", hasta los diecisiete años; virgo, "joven muchacha", hasta los treinta años; femina, desde los 31 hasta los 50 años, y anus, "anciana", desde los sesenta años hasta la muerte. Entre los treinta y los sesenta años, a la mujer se la designaba atendiendo a su situación civil más que a su edad. De esta manera se hablaba de uxor, "esposa", cuando había contraído matrimonio pero no había tenido aún descendencia, y matrona, madre de familia, cuando ya había alumbrado algún niño.
En el caso del hombre se empleaba también el término infans para los menores de siete años. Entre los siete y los diecisiete años se le denominaba puer, "niño"; adulescens, "adolescente", cuando tenían entre diecisiete y treinta años, y iuvenis, "joven", cuando su edad oscilaba entre los treinta y los cuarenta y seis años. A partir de esta edad y hasta los sesenta se le llamaba senior, "anciano", y desde que cumplía esa edad hasta el momento del fallecimiento recibía el nombre de senex, "muy mayor".
Según su estado civil, el hombre podía ser vir, "marido", o paterfamilias, "padre de familia", dependiendo de que estuviera casado y sin descendencia o ya la tuviera.

 La educación 
La educación tenía como finalidad principal enseñar a respetar a los mayores. A partir de los siete años, el niño era educado por su padre, quien le enseñaba a leer, a escribir, a cazar, etc. La niña, a cargo de su madre, aprendía a cuidar la casa y a hilar la lana. La educación del niño terminaba a los diecisiete años, edad en la cual se quitaba el medallón que había llevado colgado desde su nacimiento y se vestía con la toga viril. Las niñas se quitaban el medallón el día de su boda.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Las clases sociales romanas

Relieve romano: Esclavos recogiendo aceitunas, Museo Arqueológico de Córdoba
La principal división de las personas es ésta: que todos los hombres, o son libres o son esclavos.

De esta forma tan drástica dividía el derecho romano la sociedad. Pero la realidad social tenía más matices, y dentro del grupo de las personas libres había enormes diferencias que permitían establecer una precisa organización en clases sociales.

1. Los hombres libres
Los patricios eran todas las personas que pertenecían a alguna de las cien primeras familias que se instalaron en Roma. Cada una de estas familias pretendía descender de un antepasado divinno, llamado pater, de esta palabra viene el nombre de "patricio".
Todos los patricios que descendían de un mismo antepasado pertenecían a una gens, "estirpe" o "raza familiar", es decir, tenían un mismo nombre gentilicio.
Cada gens constituía una especie de estado autónomo, con sus propios derechos. Las gens, agrupadas en tres tribus, formaban el populus, el pueblo. Y aquí hay que resaltar la diferencia entre "pueblo", con sus leyes y derechos, y "multitud", masa de gente sin ninguna organización ni derechos.
La gens se dividía en familias. Cada familia estaba bajo la autoridad del padre de familia, o paterfamilias. Era quien repartía los bienes y las propiedades.
Los clientes eran ciudadanos pobres de origen extranjero. Estaban bajo la protección de las familias patricias, que los ayudaban económicamente.
Los plebeyos eran los extranjeros de origen italiano vencidos por Roma, que se habían instalado en la ciudad o en los territorios bajo su dominio y que cultivaban las tierras. Al principio no tuvieron derechos políticos, sociales o religiosos. Pero, con el tiempo, consiguieron satisfacer muchas de sus reivindicaciones.
Los libertos eran esclavos que habían comprado la libertad a su amo. La fecha en que se hacía efectiva la compra era un día solemne en el que se celebraba la ceremonia de la manumisión. En ella, el amo ponía su mano encima de la cabeza del esclavo y con ello lo liberaba.

2. Los esclavos
Eran prisioneros de guerra de origen no italiano o hijos de esclavos. Ante la ley eran considerados "cosas" y privados de todo derecho. Su amo podía castigarlos tan duramente como quisiera, incluso azotarlos hasta la muerte.
Con el tiempo, las leyes fueron limitando este poder absoluto del amo sobre sus esclavos. Se llegó a prohibir el maltrato injustificado que ocasionara la muerte.     

miércoles, 30 de agosto de 2017

La Paz Augusta

Octavio Augusto, primer emperador romano
1. Octavio Augusto
Cuando Octavio recibe el título de Augusto y Príncipe inaugura no sólo una nueva forma de gobierno en la historia de Roma, sino también uno de los períodos de mayor tranquilidad y prosperidad. A esta etapa de enorme seguridad y carente de conflictos importantes o guerras se le ha dado el nombre de Pax Augusta, en honor del primer emperador de Roma.
Alcanzar semejante éxito político y social y convertirse a la vez en un modelo a imitar por sus sucesores fue una tarea compleja a la que Augusto se entregó por completo y en la que utilizó toda su astucia y saber.
Una vez hubo vencido a su adversario político, Marco Antonio, en la batalla de Accio, devolvió al pueblo romano el poder legislativo y la autoridad sobre el ejército y las provincias, renunciando expresamente a los poderes extraordinarios que el senado le había concedido.

Cuando el senado y el pueblo romano consintieron unánimemente en que yo fuera elegio supervisor de las leyes y costumbres, sin colega y con plenos poderes, me negué a aceptar ningún poder que se me ofreciera que fuera contrario a las tradiciones de nuestros antepasados.
Suetonio, Vida de los Doce Césares

No obstante, todo ello era una estrategia muy bien estudiada por Octavio, cuyo objetivo último era alcanzar el poder absoluto. Pronto empezó a obtener resultados. En agradecimiento por haber salvado a Roma de la ruina, el senado le suplicó que no abandonase la ciudad y le concedió el título de Augusto y de Príncipe en el año 27 a.C.

2. Quieta non movere
Durante las dos primeras décadas de gobierno, Augusto se rigió por el principio de quieta non movere, "cambiar lo menos posible". Dio trabajo a miles de personas con su política de grandes construcciones. Embelleció Roma con su propio dinero y cuidó del aprovisionamiento de agua. Augusto sabía que la opinión pública es una fuerza determinante para cualquier político y que, para influir sobre ella, sólo había que contar con el apoyo de determinados portavoces. Así que encargó a un caballero llamado Mecenas agrupar a su alrededor a los mejores poetas y ganarlos para la causa del nuevo régimen. Los poetas Virgilio, Horacio y Propercio son algunos de los que ensalzaron con sus versos la obra de Augusto.
Su política pretendía regresar a las antiguas costumbres romanas. Y así quedó plasmado en su legislación en materia de matrimonio, herencia y lujo, destinada a frenar la creciente tendencia de los ricos al celibato, a no tener hijos y a la vida caprichosa. Para no desgastar su imagen pública, procuraba mantenerse en un segundo plano.

Augusto dividió el recinto de la ciudad en distritos y barrios y puso al frente de los primeros a magistrados nombrados cada uno por sorteo y de los segundos a intendentes del estamento de la plebe, elegidos entre los vecinos. Instituyó contra los incendios rondas nocturnas y vigilantes. Para facilitar el acceso a Roma desde todas las direcciones tomó personalmente a su cargo la conservación de la vía Flaminia y mandó pavimentar las restantes con el dinero procedente del botín.
Suetonio, Vida de los Doce Césares

Entre los años 27 y 25 d.C., Augusto estuvo en Hispania, donde sus generales sometieron el noroeste de la Península Ibérica (Asturias y Galicia), habitado entonces por salvajes pueblos montañeses. Una de las peculiaridades de Augusto era que no le obsesionaba conquistar territorios inexplorados. Solamente conquistaba para aumentar la seguridad y los ingresos de Roma. Puede decirse, pues, que la preocupación de Augusto fue consolidar el Imperio más que acrecentarlo, y su objetivo, dejar las fronteras bien defendidas ante cualquier ataque.

3. Acta est fabula
Augusto logró satisfacer al senado, a los patricios y a la plebe, alcanzando un equilibrio adecuado para todas las clases sociales. Todos veían en él a un gobernante entregado a la causa pública y al Estado, que había logrado alcanzar una convivencia pacífica para todos los pueblos de la cuenca mediterránea.
Este emperador se convirtió en un modelo para todos sus sucesores, tanto en el terreno público como en el privado. De hecho, él mismo, en su lecho de muerte, comparó su vida con una obra de teatro, al pronuncia las palabras acta est fabula, "el espectáculo ha terminado".
Pero la historia de roma no tuvo muchos emperadores como Augusto. Unos fueron torpes; otros, débiles, y muchos, crueles. Algunos, también locos.
Todo ello, junto con las crecientes tensiones en el seno del ejército, acabó conduciendo al Imperio hacia una crisis sin remedio.