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jueves, 5 de marzo de 2020

Educación y cultura

En lenguaje vulgar, la educación ha sido considerada como la adaptación de los hombres a las normas culturales de la sociedad. Se habla de la persona bien educada referida a signos externos.
La educación es tan antigua como el hombre, y se ha dado desde que ha habido una comunicación entre dos sujetos. La cultura es el conjunto de las manifestaciones de una comunidad: educación, religión. La educación, la cultura y la sociedad están interconectadas, formando un triángulo, surgiendo todas a la vez.
Toda familia es capaz de privarse de cualquier cosa para que sus hijos puedan tener un mayor nivel educativo. Esto quiere decir que estamos asistiendo a una revalorización del subsistema educativo, considerándolo pues como un bien de cultura.
La educación no enseña toda la cultura, entendiendo por ésta todas las manifestaciones humanas. La educación selecciona contenidos culturales, que hace que la educación vaya transmitiendo una síntesis de la cultura.
La educación no inventa nada. Ofrece un legado cultural seleccionado y sintetizado. Se convierte en transmisora de la cultura. A todos se transmite igual, pero cada uno la asimila dependiendo del modo de transmisión y de la disposición del individuo. La educación es pues individualizadora de la cultura.
A mayor grado de educación, más críticos se vuelven los individuos. El grado de frustración es más alto en las sociedades cultas. Lo mejor que tiene la educación formal es que despierta a los individuos, ya que no admiten todo lo que se les dice, sino que critican y exponen sus opiniones.
La educación también es transformadora de la cultura. Surgen nuevas ideas, nuevas teorías, que se sumarán al acerbo cultural. La educación se ha convertido actualmente en la industria de los conocimientos.

 

lunes, 12 de octubre de 2015

La cultura como expresión y su proyección en el trabajo escolar

1. Riesgo y posibilidades de la educación en la sociedad actual
El hombre de hoy, el joven, se siente implicado como miembro activo, es decir, como persona, como sujeto con libertad personal, en el desarrollo de la sociedad, y cada vez con más fuerza rechaza el ser poseído por ésta. La libertad ha de ser considerada como objetivo y medio de educación.
Quizá nunca como ahora el peligro del hombre se sitúa no sólo en el área de las necesidades materiales, sino, y principalmente, en la posible pérdida de su condición de hombre por dejarse anegar en las corrientes masificadoras hoy más fuertes que nunca (acciones políticas totalitarias, influencia de los medios de comunicación de masas, dirigismo, masificación de la comunidad, cosificación del hombre).

2. Educación y técnica
Puede la técnica liberar al hombre de la servidumbre de muchas tareas puramente mecánicas, repetitivas, tediosas. Pero al mismo tiempo, la técnica puede generar miedo, porque puede acabar por mecanizar la vida sustituyendo las actividades y producciones humanas por actividades predeterminadas en una programación extraña y por producciones seriadas en las que no cabe el más pequeño rasgo diferenciador.

3. La encrucijada de la educación actual
Los cambios tecnológicos implican una modificación en el contenido de las enseñanzas, pero también en las actitudes y hábitos que la escuela debe desarrollar. La tarea de la educación es ayudar al hombre a vivir en este mundo, a encontrar su camino y formar los hábitos y actitudes que le hagan capaz de dominar las situaciones. Y está claro que el dominio de las situaciones requiere su previa comprensión.
Como es difícil conocer y encauzar el progreso intelectual, interior, de cada uno de los alumnos y reforzarle con la actividad adecuada, las escuelas, generalmente, siguen el camino más fácil, el de presentar unos cuantos conocimientos que, en muchas ocasiones, no tienen otro enlace que el puramente secuencial del tiempo en que han sido impartidos. Los resultados no pueden ser más desalentadores: los profesores de la universidad se quejan de que los alumnos que llegan a ella, es decir, los "seleccionados· entre los que cursaron la enseñanza secundaria, poseen una formación cultural que está muy lejos de ser satisfactoria.
Entre las deficiencias que más frecuentemente se mencionan están la acumulación de conocimientos no estructurados ni interrelacionados ordenadamente, la carencia de métodos de estudio y de técnicas para la organización del propio trabajo intelectual y la deficiente capacidad de expresión oral y escrita de los estudiantes.
Las deficiencias apuntadas señalan con claridad la debilidad fundamental de cualquier plan de estudios basado en una división de la cultura en asignaturas o materias porque inevitablemente lleva a concentrar la atención en el contenido de cada materia apartándola de las relaciones que ligan a todos los conocimientos humanos entre sí.
La necesidad de una formación cultural fundamentada en las técnicas de trabajo de los escolares y la capacidad de comunicación (expresión y comprensión) se apunta igualmente aunque sea también por vía negativa.
La división de un plan de estudios en asignaturas tiene su sentido si éstas se consideran como elementos que han de ser utilizados para el trabajo intelectual. Pero de hecho, se han convertido en adquisiciones estáticas llamadas a dormir en la mente hasta que una pregunta académica exija que salgan expresadas de la misma manera que se incorporaron. Las escuelas han venido a caer en un puro conductismo positivista, inútil y superficial, en el cual los estímulos y las respuestas se fabrican dentro de la escuela y todo sirve únicamente para la escuela.

4. La paradoja de la educación actual. La unificación de la cultura
La paradoja de la educación en nuestros días está en que la especialización que dispersa ha dado origen a una urgente preocupación por la generalización que unifica.
El problema es el de promover una educación básica, unificada, general, convergente, cuando por otra parte cada ciencia va profundizando en su propio contenido. Además, no sólo es necesaria una formación básica, sino comprensiva, sintetizadora, que proporcione al hombre la capacidad de comprender cualquier problema científico en el conjunto de la cultura humana.
El peculiar matiz de la situación actual es el de que una formación científica no se logra sólo a través de la especialización porque hoy los problemas de la ciencia son, paradójicamente, especializados e interdisciplinares, fruto de la especialización que es divergente y de la síntesis que es convergente.


5. La actividad educativa en la época de la comunicación
Si el fenómeno básico de la sociedad post-industrial es la comunicación y la información, parece claro que la educación deberá desarrollar en el hombre primordialmente su capacidad de comunicación, es decir, su capacidad expresiva y comprensiva. Dicho de otro modo, las diversas formas de lenguaje deben constituir el núcleo fundamental de la formación cultural y científica del hombre de hoy.
En el terreno estrictamente científico, la importancia que está cobrando el concepto de modelo en la investigación refuerza la necesidad de que la formación cultural se apoye fundamentalmente en la capacidad de expresión. Los tres tipos básicos de modelos, el icónico, el análogo y el simbólico, hacen referencia a los posibles tipos de lenguaje que se pueden utilizar la expresar la realidad.
El icónico utiliza un lenguaje plástico, pictorial o directo en el cual se percibe sensiblemente la relación entre el modelo y la realidad.
El modelo análogo utiliza también un lenguaje gráfico o plástico, pero implica ya una cierta abstracción.
El modelo simbólico es el más abstracto, y en él se utilizan los lenguajes matemáticos y verbal. Si el uso de modelos simbólicos implica un mayor riesgo de formalismo docentes es, sin embargo, el que exige una mayor actividad intelectual para ser empleado correctamente, al mismo tiempo que ofrece mayores posibilidades expresivas.
El lenguaje verbal y el matemático son especialmente aptos para expresar la vida intelectual. El lenguaje verbal tiene muchas más posibilidades, mientras que el lenguaje matemático tiene más precisión. Uno y otro son necesarios para la expresión científica.
Sin embargo, si se tienen en cuenta otras manifestaciones de la vida humana, entonces los lenguajes plástico y dinámico resultan de más valor incluso que el verbal y el matemático. Así, el lenguaje plástico es la expresión común a todo el mundo de manifestaciones estéticas que se proyectan en las artes plásticas. El lenguaje dinámico, más complejo y más difícil de definir que cualquiera de los otros tipos de lenguaje, es también un lenguaje particularmente adecuado para la expresión de las vivencias estéticas, artísticas y afectivas. De algún modo, el lenguaje dinámico, gesto, movimiento, danza, parece que expresa más intuitiva y directamente lo que es la persona, los factores subjetivos de la vida, mientras que el lenguaje verbal y el matemático son vías más adecuadas para expresar la realidad del mundo objetivo tal como es o puede ser conocido por el hombre.
Por otro lado, teniendo en cuenta que todo lenguaje utiliza un sistema o conjunto de signos, los signos de los lenguajes verbal, matemático y plástico son algo exterior al sujeto que los utiliza, mientras que en la expresión dinámica, el sistema de signos utilizado está constituido en gran parte por el propio organismo del sujeto que se expresa.
Los lenguajes verbal, matemático y plástico tienen un interés fundamental en la enseñanza y en la vida intelectual mientras que el lenguaje dinámico y, en cierto modo el plástico también, tiene un mayor interés en las manifestaciones de la vida afectiva.
La educación actual debe tener por tanto como objetivo el desarrollo de la capacidad de expresión y comprensión verbal, matemática, plástica y dinámica.

6. Expresión, trabajo intelectual y mundo circundante. La actividad expresiva como centro de los trabajos escolares
El estudio y el dominio de las diversas formas de lenguaje constituyen el elemento necesario y obligatorio, general y socializador de la enseñanza, mientas que el mundo circundante junto con las materias científicas y técnicas constituyen el contenido opcional o libre, profesional e individualizador.
Cualquier tipo de aprendizaje implica un movimiento de doble sentido: de interiorización cuando el sujeto aprehende y de exteriorización cuando el sujeto expresa lo aprendido. La expresión sintetiza el proceso de aprendizaje, es su manifestación externa y, por tanto, sólo ella puede revelar la marcha del proceso educativo. Un trabajo eficaz se manifiesta en una expresión correcta y suficiente. Volviendo los términos, una expresión aceptable necesita previamente un trabajo eficaz.
Expresión y trabajo intelectual constituyen el núcleo de la formación cultural exigida por el tipo de sociedad en que nos movemos, y por el tipo de hombre capaz de utilizar las nuevas posibilidades que se le ofrecen.

7. Implicaciones en el plan de actividades escolares
En los planes tradicionales la cultura se fragmentaba en una serie de asignaturas a cada una de las cuales se les asigna un tiempo determinado. El aprendizaje de los estudiantes se deslizaba por una serie de caminos paralelos sin comunicación entre sí.
En una educación personalizada, centrada en la actividad expresiva, la educación general se entiende como un camino que arranca de la experiencia del escolar, y termina en una cultura general sistemática.
Los núcleos experienciales que deban ser utilizados quedan a la elección de los profesores, porque en estos años no tanto importan los conocimientos que se han de adquirir cuanto los hábitos y la capacidad de expresión que deben desarrollarse.
Las formas de expresión siguen siendo lo fundamental en la actividad escolar, pero se irá prestando cada vez mayor atención a las áreas culturales. En el bachillerato, el plan de actividades tendrá que incluir las áreas culturales o de conocimientos, además de desarrollar la capacidad de expresión, que tendrá ya un carácter crítico.

domingo, 16 de marzo de 2014

Los fundamentos culturales de la educación

1. Concepto de cultura
Tylor define cultura como aquella totalidad compleja que incluye conocimiento, creencia, moral, ley, costumbre, y todas las demás capacidades y hábitos que el hombre adquiere como miembro de la sociedad.
Suele oponerse generalmente el concepto de naturaleza al de cultura. La naturaleza es lo espontáneo; abarca el conjunto de los objetos existentes por ellos mismos, que no han sido creados ni transformados por el hombre. La cultura está constituida por todos aquellos productos de la actividad del hombre.
La cultura está integrada no sólo por aquellos productos superiores del espíritu humano, como las obras artísticas, las doctrinas religiosas y morales, las teorías científicas, etc., sino también por los productos materiales de tipo utilitario, como los vestidos, las viviendas, los utensilios domésticos, etc. También forman parte del mundo cultural todas las instituciones o grupos que surgen de la convivencia humana, como la familia, la comunidad nacional, el estado, la iglesia, etc.

2. Características de la cultura
1ª) La cultura es una totalidad compleja, pero por múltiples que sean sus partes, posee unidad, tiene una estructura peculiar, un sentido propio. Así, hablamos de cultura griega, cultura cristiana, cultura oriental...
2ª) La cultura tiene un carácter histórico, existe en un tiempo determinado para un grupo humano. Ortega y Gasset dice que la cultura es el sistema de ideas vivas que cada tiempo posee. De hecho, toda cultura se modifica a lo largo de la historia, pero existen elementos culturales que poseen cierta estabilidad y que sobreviven.
3ª) La cultura es determinante. Toda cultura determina en líneas generales las costumbres y los modos de vida de los individuos que la integran. Ningún miembro integrante de una cultura puede, por sí solo, hacer surgir o desaparecer las costumbres, las normas, el lenguaje, etc.
4ª) La cultura se transmite con independencia de la herencia genética. Sólo por medio de la educación se hace posible la transmisión de la cultura.
5ª) El orden cultural es supraindividual, ya que sobrevive a cualquiera de los individuos que la comparten.

3. La educación en sus conexiones con la cultura

 La educación como bien de cultura 
El hombre es quien crea la cultura, quien la transforma y quien la vive. Pero todo lo que el individuo crea, una vez producido y exteriorizado, emerge del plano exclusivamente individual, de la subjetividad, para pasar al plano de la objetividad. Así, la cultura, como objeto, está por encima del individuo. Es decir, la cultura se transforma en cultura objetiva o espíritu objetivado, que no es otra cosa que el conjunto de las formas o bienes culturales: arte, ciencia, religión, moral, lenguaje, técnica, etc. Es en este sentido que la educación forma parte de la cultura objetiva, como patrimonio de una sociedad, y con las mismas características que corresponden a los bienes culturales. Así, podemos referirnos a la educación clásica, a la educación moderna, etc.

 La educación como transmisión de la cultura 
La cultura no puede existir por sí sola, independientemente del hombre que la capta y la vivifica. Toda cultura, si no es re-creada, se convierte en cultura muerta. Una de las funciones de la educación es, precisamente, la de que la cultura siga viva a través de los tiempos.
Ahora bien, el contacto y la difusión entre distintas culturas es algo común. A este respecto, ninguna cultura ha sido ni es completamente originaria ni completamente imitativa. El progreso de la humanidad se debe precisamente a este proceso de incorporación de elementos culturales de unas sociedades a otras. La aculturación es el fenómeno que se produce cuando, como consecuencia del contacto directo y continuo entre grupos de individuos de distintas culturas, resultan modificaciones globales en las estructuras culturales de ambos grupos o de uno de ellos.
El simple contacto o la presión continua entre distintas culturas no implica siempre el proceso que hemos llamado aculturación. Sucede a menudo que la presión de una cultura sobre otra suscita recelos e impide así toda transferencia de rasgos culturales.
Cuando el aculturamiento llega al extremo de que los caracteres originarios de una cultura resultan totalmente o casi totalmente reemplazados por otra, se denomina asimilación. Sin embargo, por lo general, nunca se llega a una asimilación total, toda vez que los grupos culturales receptores, al absorber los elementos de otra cultura, los reinterpretan y los adaptan a sus características, transformándolos en sustancia propia.

 La educación en relación con la transformación y la creación de la cultura
Una de las funciones de la educación es la de transmitir y conservar vivos los bienes culturales en las nuevas generaciones. Pero la educación no puede limitarse a la mera transmisión de lo que ya ha sido creado, pues de esta manera se constituiría en un medio para fosilizar las relaciones existentes e impedir todo progreso. Así, la educación tiene además la función de favorecer la transformación y la creación de la cultura.

 La educación como individuación de la cultura 
Otra función de la educación es la de posibilitar y estimular el desarrollo cultural del individuo. Cultura implica una profunda transformación del sujeto que le abre posibilidades siempre perfectibles. El saber que se ha convertido en cultura es aquel saber que ha sido plenamente asimilado, del que ya poco interesa su procedencia y origen.
Saber por saber es pura vanidad. Es preciso saber para comprender, para actuar, para valorar, para definir nuestra conducta frente al mundo, en una palabra, para ser uno mismo. Culto es aquella persona que es capaz de orientar su conducta de acuerdo con un sistema de convicciones que ha hecho suyas.
La acción educadora ha de posibilitar, rodeando al educando de valores y bienes culturales positivos, la creación de la cultura. Pero la cultura no se impone; no se la obtiene por el adiestramiento. La cultura se estimula; se despierta. Y a nivel creador, necesita de la autonomía y de la libertad personales.