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domingo, 2 de febrero de 2020

Ríos de Europa y de la Península Ibérica

1. Los ríos de Europa
En Europa hay numerosos ríos. Los ríos europeos guardan mucha relación con el clima del lugar por el que transcurren y es por ello que se dividen en tres grupos:
  • Los ríos de tipo continental, como el Dvina Occidental, el Dniéper y el Don, registran crecidas en primavera, cuando se funden las nieves, y en verano, en la estación lluviosa.
  • Los ríos de tipo oceánico, como el Garona, el Loira, el Sena, el Támesis y el Elba, son caudalosos y regulares porque las llanuras por las que discurren reciben la influencia del clima atlántico.
  • Los ríos mediterráneos, a excepción del Ebro, el Ródano y el Po, que se alimentan de las aguas que proceden de elevadas cordilleras, son cortos y sufren fuertes estiajes en verano, como es el caso del Turia o del Segura.

 Volga  Es el río más largo de Europa y forma una red de afluentes y canales que comunica ríos y mares desde el Báltico hasta el Caspio. El Volga se hiela en invierno y, pero a ello y a sus crecidas, es la arteria fluvial más importante y transitada de la Rusia europea.
 Danubio  Este río y sus afluentes forman una red fluvial que une el centro de Europa con el mar Negro. El Danubio es una gran vía de comunicación y de transporte entre nueve países y también ha sido la vía de penetración de muchos pueblos procedentes del Este. A sus orillas se encuentran muchas ciudades, entre ellas Viena y Budapest.
 Rin  Enlaza el centro de Europa con el mar del Norte. Sus múltiples canales comunican países industriales y prósperos, y sus aguas soportan un gran tráfico de mercancías. El puerto de Rotterdam, en su desembocadura, es el más activo de Europa.

2. Los ríos de la Península Ibérica
En la Península Ibérica, los ríos se agrupan en tres vertientes, según el mar u océano en el que desembocan:
  • Ríos de la vertiente cantábrica. Los ríos de esta vertiente son cortos y llevan mucho caudal porque las montañas donde nacen están situadas muy cerca del mar Cantábrico, lugar al que desembocan. Además, estos ríos son caudalosos debido a que las precipitaciones en estas tierras son abundantes durante todo el año.
  • Ríos de la vertiente atlántica. Se trata de ríos largos, que nacen lejos de su desembocadura, en el océano Atlántico, y que reciben numerosos afluentes a lo largo de su curso. En general son ríos caudalosos, aunque sufren notables estiajes durante el verano.
  • Ríos de la vertiente mediterránea. Excepto en el caso del Ebro, son ríos cortos, de escaso caudal y muy irregulares. Las crecidas de estos ríos son notables cuando llueve torrencialmente en primavera y otoño, mientras que sufren fuertes estiajes en verano. 
 Nalón  Es uno de los ríos destacados de la vertiente cantábrica. Sus características son las propias de esta vertiente: corto y caudaloso.
 Ebro  Es el río más caudaloso de España porque a lo largo de su curso recibe numerosos afluentes. El Ebro, en su desembocadura, forma un amplio delta.
 Llobregat  Nace en los Pirineos. Se trata de un río corto y poco caudaloso. Ha formado un delta en su desembocadura.
 Turia  Nace en la Sierra de Albarracín (Teruel). Presenta grandes diferencias de caudal según la época del año.
 Segura  Nace en la Sierra de Segura (Jaén). Tiene un caudal irregular (mínimo en verano y máximo en otoño). A lo largo de la cuenca se han construido 31 embalses, y es por ello la cuenca más regulada de Europa.
 Guadalquivir  Recibe las aguas de los afluentes que nacen en Sierra Morena y en las Cordilleras Béticas.
 Guadiana  Atraviesa la península de Este a Oeste. A lo largo de su recorrido recibe las aguas de numerosos ríos como el Cigüela, el Záncara y el Jabalón. En su curso bajo marca la frontera entre España y Portugal.
 Tajo  Es el río más largo de España y uno de los más caudalosos. Desemboca en Lisboa (Portugal) formando un estuario.
Duero Nace en el Sistema Ibérico y desemboca en el Atlántico por Oporto. Su cuenca es la más grande de España. Los principales afluentes del Duero son el Esla, el Pisuerga, el Huebra, el Águeda y el Tormes.
 Miño  Es el río más largo y caudaloso de Galicia. Su principal afluente es el Sil. 

domingo, 23 de diciembre de 2018

El relieve de España


La Península Ibérica está situada en el extremo sudoccidental de Europa. Está delimitada por el mar Cantábrico, el Océano Atlántico y el mar Mediterráneo.
El relieve peninsular se caracteriza por su elevada altitud media, así como por su complejidad.
La Meseta es la unidad del relieve central de la Península y también la de mayor extensión. En su interior se levantan el Sistema Central y los Montes de Toledo. Tres grandes cordilleras rodean la Meseta y la aíslan del resto del territorio peninsular: la Cordillera Cantábrica, en el Norte, el Sistema Ibérico en el Este y Sierra Morena en el Sur.
Fuera del ámbito de la Meseta se hallan las alineaciones montañosas de los Pirineos, las Cordilleras Costeras Catalanas, las Cordilleras Béticas y el Macizo Galaico, así como dos grandes depresiones, la del Ebro, en el Este, y la del Guadalquivir, en el Sur.
Las costas son altas y poco accidentadas interrumpidas por amplios arcos de costas bajas y arenosas, como las del golfo de León, el de Valencia y el de Cádiz. Únicamente en las rías gallegas las costas son recortadas con zonas que sirven de refugio a la navegación.
En cuanto al relieve de los archipiélagos, cabe diferenciar el de las Islas Baleares, en el mar Mediterráneo, que puede considerarse una continuación del peninsular, del de las Islas Canarias, en el Océano Atlántico, muy accidentado y de origen volcánico.

 Macizo Galaico:  Es un relieve antiguo y muy erosionado, de formas redondeadas, que ocupa gran parte de Galicia.
 Pirineos:  Son, de hecho, un istmo que separa la Península Ibérica del resto de Europa, con altitudes que superan fácilmente los 3.000 metros.
 Cordilleras Costeras Catalanas:  Constituyen una doble alineación montañosa que discurre paralela a la costa.
 Depresión del Ebro:  Era un antiguo mar colmatado por los aluviones aportados por los ríos y por los sedimentos de origen marino. Estas tierras sedimentarias son fértiles si disponen de agua, como ocurre en la ribera del Ebro.
 Islas Baleares:  El relieve de las Islas Baleares es una prolongación de las Cordilleras Béticas.
 Meseta:  Forma un extenso macizo antiguo y aplanado que ocupa el centro de la Península Ibérica y que tiene altitudes que oscilan entre los 600 y 700 metros. Las montañas del Sistema Central dividen la Meseta en dos submesetas: la Norte y la Sur. En la Submeseta Sur se encuentran los Montes de Toledo. La Meseta está rodeada de montañas que dificultan las comunicaciones: al Noroeste, por los Montes de León; al Norte, por la Cordillera Cantábrica; al Este, por el Sistema Ibérico; y al Sur, por Sierra Morena. La Meseta desciende más suavemente hacia Portugal, por donde penetra la influencia del océano.
 Depresión del Guadalquivir:  Es una zona hundida entre las montañas de Sierra Morena y las Cordilleras Béticas. La depresión fue colmatada por los aluviones aportados por el río Guadalquivir y sus afluentes y por los sedimentos de origen marino. Estas tierras sedimentarias son muy fértiles, especialmente en las vegas de los ríos.
 Cordilleras Béticas:  Están constituidas por tres sectores: la Cordillera Penibética, paralela al litoral, la Cordillera Subbética, en el interior, y entre ambas la Depresión Intrabética.
 Islas Canarias:  En las Islas Canarias se encuentra el pico más alto de España, el Teide, con 3.718 m de altitud.

lunes, 1 de septiembre de 2014

La explotación de las aguas y el subsuelo

1. La explotación de los recursos del mar
La Península tiene un amplio frente marítimo de 3.904 kms., sin incluir las islas. La pesca y la explotación de las salinas han sido actividades seculares. La primera está en estrecha relación con la existencia de bancos y éstos, a su vez, con las condiciones ecológicas. Las áreas más ricas en plancton, base de la cadena alimenticia de los animales marinos, son aquellas que se encuentran a poca profundidad (menos de 50 ms.) y reciben luz y temperatura suficiente para que se produzcan las reacciones químicas de los elementos orgánicos aportados por los ríos. Por tanto es condición importante el desarrollo de la plataforma continental. La Península ofrece frentes marítimos que por encontrarse fallados, disponen de plataformas eufóticas poco desarrolladas (Costa Cantábrica, Mediterránea, Andaluza, Brava). Otros, como el Gallego, aún con plataforma poco desarrollada ofrecen buenas condiciones por las dovelas transversales hundidas (rías).
Por tanto, sólo Galicia, el Sureste, y la región Levantina ofrecen plataformas poco desarrolladas. El Atlántico, por su menor temperatura, es más rico en cantidad pero menor en especies que el Mediterráneo. El Cantábrico, por los escasos recursos agrícolas en una economía tradicional, se orientó también a la explotación de los bancos próximos y alejados. El Sureste (San Fernando) y el Levante (Torrevieja) han explotado salinas al aprovechar un alto contenido en sal de las aguas marinas y un elevado número de horas de sol al año.

2. La explotación del subsuelo
Debido a su situación en el Occidente mediterráneo, y de que era paso obligado hacia el Atlántico y los ricos yacimientos de estaño de Cornualles, la Península, desde la prehistoria, fue considerada como un rico país minero y sus criaderos explotados por fenicios, cartagineses y romanos. La explotación secular se intensificó durante la segunda mitad del siglo XIX en que compañías inglesas, francesas y alemanas se beneficiaron de la extracción y exportación, hasta el punto de agotar muchos de éstos: cobre de Riotinto y Tharsis; plomo de La Carolina, Linares y Sierra de Cartagena; mercurio de Almadén; hierro de Vizcaya. La riqueza mineral se debe al afloramiento de partes de un macizo antiguo en superficie ya que los yacimientos se localizan en los macizos antiguos, que no han sido recubiertos por una cobertura, y muy pocos en las estructuras sedimentarias. La atormentada tectónica ha introducido difíciles condiciones para su explotación y rendimientos bajos: parte de los macizos están cubiertos por depósitos modernos, otros están metamorfoseados, fallados y volcados; poco expesor de las vetas, impurezas, discontinuidad de éstas, gran profundidad, pobreza de contenido, son características derivadas de las condiciones tectónicas.

sábado, 14 de junio de 2014

La incidencia de las condiciones naturales en las estructuras agrarias

Las condiciones naturales, complejas y variadas, han constituido la infraestructura sobre la que se han desarrollado, a lo largo de la historia, las actividades económicas. El marco físico ha aportado determinadas posibilidades; nunca tan severas como para introducir un determinismo. Pero han sido realidades con las que ha habido que contar y que no siempre han podido ser superadas. Las condiciones ecológicas han sido factores que han influido en mayor o menor medida en las estructuras agrarias españolas.


Valle del Guadalquivir
Al fondo, las lomas del olivar perfectamente alineados. Es un cultivo bien adaptado a las condiciones mediterráneas de veranos áridos. Resistente a la sequía obtiene la humedad a través de sus raíces.
En primer término, las tierras de secano fértiles se destinan a cultivos de cereales, remolacha, algodón.
1. La influencia de la estructura morfológica
En la Península Ibérica, esta influencia se refleja en la escasa superficie cultivada. La existencia de numerosos arcos montañosos y los desniveles entre las distintas unidades lo explica. En la región cantábrica, los campos de cultivo se localizan en los fondos de valle; en el Levante y otros sectores mediterráneos se han abancalado las ladera. En conjunto predominan las tierras en pendiente sobre las llanas, y de esto se deriva que aproximadamente la tercera parte del país (improductivo, barbecho, eriales a pasto) permanezcan todos los años sin ofrecer rendimientos o muy escasos.


Bancales en la provincia de Alicante
2. La influencia de las condiciones climáticas
Se refleja en:

 a)  La variedad de cultivos está en estrecha relación con las condiciones climáticas que permiten desde plantas típicas de las regiones mesófilas europeas (pradera, remolacha azucarera) hasta cultivos de raigambre tropical (caña de azúcar, chirimoyas), pasando por la trilogía mediterránea y regadíos diversos. Esta variedad presente una clara distribución espacial alcanzando más complejidad en el Sur y en el Levante que en Castilla-León y Cantabria. El carácter termófilo de gran parte de la Península, sobre todo en invierno, permite, a diferencia del resto de países europeos, producir cultivos tempranos y de altos precios, orientados a la exportación (agrios, aceite de oliva, hortalizas tempranas).

 b)  La necesidad de guardar barbecho en los sistemas de cultivo tradicionales (año y vezal tercio) se explica en gran parte por las condiciones climáticas. Los suelos para recomponer su fertilidad necesitan abonos orgánicos, que se convierten en asimilables mediante una trasformación química para la que se precisa humedad y elevadas temperaturas. Por ello el descanso anual. Y estas condiciones son en buena parte responsables de la irregularidad de las cosechas y los bajos rendimientos.


Cultivos de regadío en la huerta de Murcia
El uso del agua está reglamentado.
 c)  La aridez estival de la España mediterránea, el carácter torrencial y espasmódico de gran parte de los ríos, la deforestación acentuada a lo largo de los siglos, han obligado a la realización de obras hidráulicas desde antiguo con el fin de practicar el regadío, abastecer de agua a centros de población, y para regular las impetuosas avenidas de determinados cursos de agua. Desde las primeras presas romanas, construidas para suministrar agua a Mérida, a los regadíos de la depresión del Ebro y Cataluña, se han realizado numerosas obras, sobre todo en el Ebro, Andalucía y Levante. No obstante, y a pesar del origen remoto, al finalizar el siglo XIX las distintas presas construidas daban una capacidad de embalse de 91 millones metros cúbicos, y los regadíos alcanzaban un millón de hectáreas. Es a lo largo del siglo XX, y con la creación del Plan Nacional de Obras Públicas (1902) cuando van a realizarse las mayores obras. En la actualidad la capacidad de embalse es de más de 30.000 millones de metros cúbicos y el regadío alcanza 2,5 millones de hectáreas.

 d)   Igualmente, las condiciones climáticas han favorecido la deforestación de la Península. En la antigüedad,una buena parte de la superficie peninsular (82 %) estaba cubierta por el bosque de copulíferas esclerófilo, en un estadio desbiótico, y tan sólo el 5 % por formaciones atlánticas de caducifolios. La destrucción de roturación, talas y aprovechamiento abusivo de los bosques, emprendida con el auge de la ganadería en los siglos XII y XIII y continuada más tarde, a pesar de las numerosas prohibiciones y disposiciones proteccionistas, alcanzó sus más altas cotas con las roturaciones efectuadas en montes comunales o de propios en el siglo XIX como consecuencia de la desamortización. Buena parte de esos montes se han convertido en eriales cubiertos de matorral. El antiguo bosque en condiciones desbióticas no se ha reconstruido. La deforestación ha alcanzado también al bosque atlántico aunque en menores proporciones, ya que es capaz de regenerarse. En la actualidad, tan sólo un 14 % de la superficie está cubierta por masas forestales atlánticas y de copulíferas esclerófilas.


Mapa de desertificación
3. La influencia mixta clima-relieve
De las condiciones de aridez, irregularidad de las precipitaciones, ausencia de un manto vegetal protector y amplio desarrollo de las vertientes, se deriva la fuerte erosión epidérmica y el empobrecimiento del suelo. La erosión de los suelos es mucho más activa en la España mediterránea, sobre todo en Levante y Andalucía, que en la España atlántica.

lunes, 14 de abril de 2014

La vegetación de la España mediterránea

1. Características de la vegetación de la España mediterránea
Dos son los aspectos más sobresalientes:
 a)  El predominio de la asociación constituida por la encina o carrasca como especie dominante.
 b)  La intensa deforestación experimentada por el bosque esclerófilo.


La colonización del encinar (querción illicis) se produjo en el período óptimo postglaciar. Las condiciones originarias (mayor humedad y temperatura) fueron distintas a las actuales; por ello, la encina tuvo que crear unas condiciones especiales para adaptarse a una mayor aridez. Está, pues, en condiciones desbióticas. Para resistir creó un suelo umbroso y ácido. Rotas por el hombre estas condiciones inestables es difícil reconstruir el antiguo monte. Los habitantes de la Península han roturado extensos espacios, las mejores tierras, pero además, mediante talas y rozas abusivas no sólo han alterado la fisonomía de la formación, sino que han favorecido el desarrollo de formaciones regresivas subseriales, arbustivas o matorrales, como el romero, jaras, tomillares, etc.

2. Las asociaciones vegetales
La encina es la especie más característica del bosque esclerófilo. En su etapa clímax era una formación cerrada, con árboles de gran porte y un subsuelo de especies umbrógenas (madroño, lentisco, durillo), entremezcladas por lianas. Hoy es una asociación muy modificada de gran ubicuidad; se encuentra tanto en el norte como en el sur.
Cuando las precipitaciones son mayores, las temperaturas de invierno más suaves y los suelos silíceos, es sustituida por el alcornoque, que se extiende por el sudoeste, en la zona montañosa del Estrecho y en las penillanuras del oeste. En las zonas con mayor humedad y temperaturas más bajas, dos robles compiten con la encina: el rebollo y el quejigo o roble enciniego, dos especies que se extienden por los páramos y bordes marginales de las cuentas terciarias. Las zonas con inviernos más fríos y aridez más acusada, son colonizadas por la sabina albar, que se desarrolla ampliamente por los núcleos ibéricos. Por último, los pinares ocupan suelos silíceos y calcáreos. Los más difundidos son el piñonero, el rodeno o negral y el pino carrasco, los dos primeros en Castilla-León y el último, termófilo y resistente a la aridez, en el Levante.
Las etapas regresivas del querción illicis se producen a través de formaciones pinariegas y de matorrales. Estos últimos pueden representar una primera etapa conservadora o una regresiva. En suelos silíceos y clima relativamente lluvioso y cálido se desarrolla el maquis: formación frutescente y densa formada por madroños, acebo y brezo arbóreo. Por el contrario, en etapa más regresiva, y en condiciones ecológicas más severas, las formaciones rastreras de labiadas (romero, tomillo, espliego, lavanda), con calveros en las etapas más regresivas, ocupan una gran extensión.

3. El área del palmito
Esquivando palmitos
en la subida a La Huma (Málaga)
Desde el bajo valle del Llobregat hasta el estrecho de Gibraltar, extendiéndose por el Algarve y las Baleares, existe una formación vegetal, cuya especie dominante es una palmácea -el palmito-, que por su significación constituye un conjunto botánico distinto al de la encina. Es el piso infrailicínico, de interpretación dudosa. La formación de matorrales y arbustos, es de clara tendencia termófila y acusada xerofilia, en estrecha relación con las condiciones ecológicas: el palmito, el pino carrasco, el lentisco, la maraña o coscoja, el acebuche, algarrobo, y especies de abolengo africano como el araar o tuya y el azufaito tunecino, son las más representativas de la formación. Son especies litorales; por ello, se ha tratado de interpretar o bien como etapa regresiva de la encina en un medio de acusada aridez, o como una asociación especial. De cualquier manera, el sureste árido presenta, además de la asociación del palmito, una xeroestepa constituida por espartizales (esparto, albardín) favorecidos por el hombre (fibras textiles), que se extiende también por Aragón.

4. La vegetación de las montañas
Las montañas introducen condiciones distintas a las llanuras: mayor humedad, insolación, temperaturas más bajas, vientos fuertes. Por ello, desde la base hasta las zonas cacuminales existe un cambio en las formaciones y asociaciones vegetales.
En las montañas cantábricas se suceden en altura al roble común, el rebollo, las hayas y la pradera alpinizada. En los Pirineos es más compleja: encinas, alcornoques y pinares en el piso basal; robles y pinos (laricio) en el montano inferior; pino silvestre y hayas, en el medio; abetos y pinos negrales, en el superior; matorrales (rododendro, piorno) y praderas alpinas. En las montañas más meridionales desaparecen las hayas y abetos y se reducen a encinas y robles.

lunes, 10 de febrero de 2014

La vegetación de la España atlántica

1. Características de los paisajes vegetales españoles
 a)  Originalidad y complejidad: La originalidad y complejidad de éstos es la primera nota a destacar. En la Península existe un buen número de especies endémicas, superior a muchos países europeos, que ocupan extensos espacios, y tienen, por tanto, valor geográfico. Pero, además, la Península es encrucijada de influencias colonizadoras. Especies europeas (abeto, pino albar), mediterráneas, alpinas, norteafricanas (pinsapo, araar), están representadas.
 b)  El amplio espacio ocupado por las formaciones subseriales de matorrales: Si se ha estimado que antes de la acción humana los bosques de cupulíferas o esclerofilos cubrirían el 82% de la superficie, en la actualidad las masas de bosques tan sólo ocupan un 24% mientras que el matorral o pastizal cubre un 21%. Por otra parte, es necesario resaltar que las formaciones subseriales regresivas están localizadas en los espacios de peores condiciones ecológicas (edáficas, geomorfológicas o climáticas) y lo mismo sucede con los bosques: en la España atlántica cubren las pendientes acusadas; en la Iberia seca los dominios ecológicos más severos (macizos, penillanuras, vertientes).
 c)  La variedad de condiciones climáticas permite distinguir tres conjuntos botánicos bien definidos. El de la España atlántica, el de la España mediterránea y un tercero más difícil de interpretar y delimitar, pero con características propias, que es el levantino y sobre todo el del Sureste subárido.


2. Factores condicionantes de los paisajes vegetales
Varios son los factores que nos explican la localización de las comunidades botánicas:
 a)  Las condiciones climáticas son decisivas, sobre todo las precipitaciones, tanto por su influencia directa como a través de los suelos; la aridez edáfica tiene también gran valor. Las temperaturas influyen en menor medida.
 b)  El relieve introduce condiciones ecológicas singulares: aumentan las precipitaciones en altitud, hasta ciertos límites, y disminuyen las temperaturas; es un medio ecológico con suelos poco maduros y en pendiente, mayor insolación y fuertes vientos en las zonas cacuminales. Introducen condiciones atlánticas en la Iberia seca.
 c)  Los suelos de la Iberia húmeda son maduros, evolucionados; la localización de las especies es indiferente. En la Iberia seca conservan las características de las rocas madres y, por tanto, las distintas especies se localizan en relación con sus exigencias.
 d)  Las formaciones y asociaciones vegetales colonizaron la Península en un período postglaciar; casi todas ellas en el denominado óptimo postglaciar (7000 - 4500 años), otras con antelación o posterioridad (pino albar, abeto, haya). Hubo fluctuaciones que determinaron la emigración de especies (robles en Sierra Nevada, encinas en La Liébana).
 e)  Por último, el hombre ha sido un factor decisivo. Ha roturado amplios espacios, reservando los medios ecológicos más duros al manto vegetal. Pero además, en los sectores cubiertos por éste ha alterado profundamente las características climáticas. Los bosques o monte ciego han sido clareados y transformados en monte hueco por exigencias de un abusivo pastoreo; la tala abusiva ha modificado el porte y la fisonomía de las antiguas especies. El hombre ha favorecido la colonización de especies regresivas de crecimiento más rápido (pino piñonero) y ha introducido especies exóticas (eucalipto). Ha sido el responsable de las enormes extensiones de matorrales y calveros.

Hayedos en Navarra
3. La vegetación de la España atlántica
Se caracteriza por el predominio del bosque, aunque las landas y praderas ocupen una extensión considerable. Las formaciones arbóreas se caracterizan por su densidad y el gran porte de los ejemplares. Son casi todos ellos caducifolios de grandes exigencias híbricas y temperaturas suaves. Las especies dominantes son los robles (el común, el negral o marojo) que ocupan las zonas más bajas, y el hayedo por encima de los 1.000 metros. Los robles tienen afinidad silícea mientras que las hayas prefieren suelos calizos, por lo que están ausentes de Galicia. Formando asociaciones con estas especies dominantes existen otros tipos, todos ellos de grandes exigencias hídricas (castaños, fresnos, tilos, olmos, avellanos) junto con un sotobosque formado fundamentalmente por helechos. Con un valor secundario, pero interesantes desde un punto de vista geográfico, cabe destacar islotes de encina y especies introducidas por el hombre (castaño, pino rodeno y eucaliptus).
Localizada en los suelos más ácidos, o en los azotados por el viento, se desarrolla una formación de matorrales cuya composición es muy semejante a las landas de Europa occidental. Los brezos, tojos o argoma y la brecina son las especies dominantes. Constituye un estadio regresivo de formaciones arbóreas.

lunes, 25 de noviembre de 2013

La red hidrográfica de la Península Ibérica

Las características de los ríos españoles derivan de las condiciones morfológicas y climáticas. Los bajos módulos y la irregularidad de los regímenes son las notas más destacadas.

1. La organización de la red
Es consecuencia de la disposición de las grandes unidades morfoestructurales. La inclinación del Macizo Central y la depresión Bética hacia el oeste, y la disposición de las montañas circundantes, nos explican que todos los grandes ríos ibéricos, excepto el Ebro, desagüen en la vertiente atlántica. La red presenta una disposición paralela: los grandes ríos discurren entre las alineaciones orográficas dispuestas oeste-este (Cantábrica, Sistema Central, Montes de Toledo, Sierra Morena, montañas Béticas); e igualmente lo hacen los de corto recorrido que nacen en la Cordillera Cantábrica o en las montañas Penibéticas. La particular disposición de la red explica que sean ríos de mediana longitud (Tajo, 1.006 kms.), inferior a la de los europeos (Danubio, 2.800 kms., Rhin, 1.300 kms.).



2. El carácter torrencial de buena parte de la red
La proximidad al literal de alineaciones montañosas que culminan por encima de los 2.000 ms. (Cantábrica, Pirineos, Levantinas) y los desniveles que existen entre las distintas unidades estructurales, han determinado un encajamiento de la red hidrográfica. Los cursos se han encajado en materiales duros y blandos. En los primeros han formado estrechos congostos u hoces (la de Buelna, por el Besaya; las de Valdeón y Caín, del Cares; el Tajo de Ronda) y en los segundos, depresiones con fuertes pendientes. Los ríos cantábricos y pirenaicos presentan desniveles muy acusados (Sella, 35'4 ms. por mil de recorrido; Noguera de Tor, 122) al igual que los penibéticos (Genil, 8'3). Los grandes ríos de llanura los presenta en sus fuentes e incluso en bajo valle (Duero, Tajo). Esto les impide la navegación (sólo el Guadalquivir hasta Sevilla).

3. La pobreza del caudal
El caudal absoluto depende de la extensión de la cuenca y de las condiciones climáticas. Los ríos españoles, exceptuando algunos mayores (Ebro, Duero, Guadalquivir), tienen cuencas reducidas. La mayoría de ellos, excepto los cantábricos y parte de la cuenca de los atlánticos, recorren territorios con escasas precipitaciones y aridez estival más o menos acusada. Por ello el caudal es poco voluminoso. Los ríos atlánticos aumentan el caudal a medida que se alejan de las fuentes, al recibir aforos cada vez más importantes y atravesar parte de la Iberia húmeda en los bajos valles (Duero, 6'5 m3/seg. en Vinuesa; 165 en Toro y 594 en Bitetos, Portugal). Compensan las pérdidas por evaporación y filtraciones con los aportes. No así los levantinos que disminuyen el caudal hacia su desembocadura (Guadalentín, 1'07 m3/seg. en Puentes, 0'12 en Totana y 0'04 en Requena) por efecto de la evaporación, filtraciones y sangrías para riego.
El caudal de los mayores ríos españoles (Ebro, 614 m3/seg. en Tortosa; Duero, 594 m3/seg. en Bitetos; Tajo, 355 m3/seg. en Vila Velha de Rodaõ) es muy inferior al de los ríos europeos (Ródano en Beaucaire, 1.712 m3; Danubio en Ceatal Ismail, 6.520 m3). Por otra parte, el caudal relativo es elevado en los ríos cantábricos (Miño, 19'39 litros por km2) por recibir abundantes precipitaciones y suaves temperaturas, pero desciende muy notablemente en las grandes arterias y más aún en los mediterráneos (Ebro, 6'5 litros por km2; Duero, 5'4; Guadalquivir, 4). El caudal relativo es menor que el de los ríos europeos (7'7 el Danubio; 17'9 el Ródano; 21 el Po).

4. La irregularidad de los ríos españoles
Es la característica más acusada. Puede ser interanual o entre los distintos meses de un mismo año. Se debe al tipo de alimentación, fundamentalmente pluvial, que refleja las condiciones climáticas de irregularidad y aridez de buena parte de la Península. La mayor parte de los cursos españoles presentan un régimen pluvial; tan solo algunos ríos de montaña, o los grandes en sus cabeceras, completan la alimentación con aforos níveos.
Los ríos cantábricos, por discurrir por un dominio climático de regular distribución de las precipitaciones, ofrecen oscilaciones de caudal poco acusadas (entre 2 y 5). Los atlánticos, las grandes arterias, tienen su origen en áreas húmedas, discurren por llanuras secas y reciben afluentes de dominios húmedos; tienen pérdidas y estiajes mucho más acusados y las variaciones de módulo interanual son considerables (entre 5 y 15). Los mediterráneos, de alimentación pluvial, acusan las irregularidades de los climas mediterráneos con amplias oscilaciones interanuales de módulos (entre 5 e infinito) y muy acusado estiaje. Son cursos de carácter espasmódico con repentino aumento de caudal en otoño y con cauces secos durante una parte del año (ramblas). Así, si en el Miño las aguas altas (primavera) superan tres veces las más bajas (verano), y si en el Guadalquivir y Ebro son 15 veces superiores en las respectivas localidades de Alcalá del Río y Zaragoza, los mediterráneos alcanzan oscilaciones mucho más acusadas.

sábado, 14 de septiembre de 2013

La complejidad climática de la Península Ibérica

Del variado tipo de masas y frentes que afectan a la Península, y de su peculiar configuración fisiográfica y situación entre mares de características distintas, se desprende la complejidad climática de ésta. Existe una Iberia húmeda y una Iberia seca. Y en ésta última, la diversidad de situaciones hídricas, pero sobre todo térmicas, obligan a diferenciar el dominio de varios subconjuntos.

1. La Iberia húmeda
Comprende el litoral cantábrico y atlántico. Las características fundamentales que le definen como un conjunto biogeográfico son: no existe a lo largo del año ningún mes seco (menos de 30 mm); las precipitaciones son superiores a los 800 mm e inclusive 1.000 mm; el número de días de lluvia asciende a más de 150 y la humedad y nubosidad abundante. Elevadas precipitaciones y regularmente distribuidas dotan a este conjunto de una fuerte personalidad en una península mediterránea.
La moderación de las temperaturas es otra de sus características. La influencia marina y las borrascas estivales explican que en verano no se superen los 20º de media, aunque las masas tropicales, sobre todo las continentales, puedan elevar el termómetro hasta los 38º (Bilbao). El invierno es suave, con precipitaciones a veces níveas, y alguna helada.
El litoral portugués presenta características semejantes. Las únicas diferencias estriban en precipitaciones menores (500-750 mm) y en la existencia de meses secos (dos en el norte, tres en Lisboa). También las temperaturas son más elevadas.

Paisajes de Cantabria
2. La España interior
Se caracteriza, fundamentalmente, por los fuertes contrastes térmicos determinados por la existencia de un invierno riguroso y largo y de un verano continentalizado. Las precipitaciones, equinocciales, oscilan entre 300 y 500 mm; existe un mínimo estival muy acentuado con tres o cuatro meses secos. Dentro de este conjunto existen matices lo suficientemente importantes a tener en cuenta en el aprovechamiento agrícola. Así se pueden diferenciar:

a) Castilla - León: Con inviernos rigurosos en los que las temperaturas medias oscilan entre 2º y 4º (enero), pero donde son posibles hasta -18º. Invierno, por otra parte, largo ya que la mitad del año tiene temperaturas inferiores a los 10º y tres meses inferiores a 5º. Las situaciones anticiclónicas con cielos cubiertos, o de un azul claro y despejado, o nieblas persistentes, son los tiempos invernales.
b) Castilla - La Mancha: El rasgo diferenciador son los calurosos veranos. Bajo la influencia del anticiclón de las Azores, a menos altitud que Castilla-León, continentalizada, y sin la influencia de los frentes fríos estivales, presenta unos veranos en los que el termómetro alcanza de media los 23º-26º (julio); la temperatura se eleva a 38º por el día y puede alcanzar hasta los 52º (Mora de Toledo). La diferencia con los andaluces es que es un verano más corto, de dos o tres meses.
c) La depresión del Ebro: Se distingue por una aridez más acentuada. Las precipitaciones oscilan entre 300 y 400 mm y el número de meses secos alcanza los 8 o los 9 (Lérida, Zaragoza).

El pino piñonero abunda en el sur y el este de la
península, ya que se adapta muy bien a las
condiciones de aridez estival mediterránea.
3. La España del Sur y Levantina
Se distingue por el caluroso, seco y prolongado verano. A latitudes meridionales y bajo la influencia del Mediterráneo, las temperaturas medias oscilan entre 23º y 28º. Son veranos, por otra parte secos, con más de tres e incluso cinco meses con precipitaciones inferiores a 30 mm (en julio y agosto se reciben menos de 5 mm). Existen también diferencias dentro del conjunto que obligan a hacer una triple distinción:

a) La España del Sur: Presenta un verano largo (seis meses con más de 20º) en que las temperaturas medias ascienden hasta 26º pero en el que las máximas alcanzan los 38º y los 55º, en la sombra, en la sartén andaluza (Écija, Sevilla, Córdoba). En la costa, los rigores son menos acusados por influencia del mar. Los inviernos son templados y húmedos; más de las tres cuartas partes de las precipitaciones se reciben en el semestre de otoño-invierno.
b) El Levante: Desde Barcelona hasta el cabo de La Nao, se diferencia del conjunto anterior en que el verano es menos riguroso y en que las precipitaciones son menores y con distinto régimen: los índices no superan los 500 mm y son lluvias equinocciales, sobre todo de otoño; la aridez aumenta hacia el sur (dos meses secos en Cataluña; siete en el Levante valenciano y murciano).
c) El Sureste árido: Destaca no sólo por el escaso índice de precipitaciones, sino porque éstas se reciben en muy pocos aguaceros; son lluvias torrenciales. Por ello los meses secos son superiores a nueve y el número de días de lluvia, inferior a 50. Las situaciones térmicas son similares a las levantinas o andaluzas.


lunes, 22 de julio de 2013

Los contrastes térmicos de la Península Ibérica

La Península, en un medio mediterráneo, presenta elevadas temperaturas. Tan sólo en la vertiente cantábrica y atlántica las temperaturas son suaves. El número de horas de sol es muy alto. Casi toda la Península goza de más de 2.000 horas anuales. No obstante existen bajas temperaturas en el invierno en el interior. El hecho fundamental a destacar son los fuertes contrastes térmicos anuales y de unos años a otros.


Cielos despejados y altas temperaturas en la localidad sevillana de Carmona.

1. Factores determinantes de las temperaturas
La diversidad de situaciones térmicas que se producen en el invierno y verano en la Península se explican por varios factores. La dinámica atmosférica juega un papel importante pero no es el único. Las bajas temperaturas del invierno (situaciones anticiclónicas) o las elevadas del verano (influencia de las masas tropicales) son debidas a las masas que afectan a la Península. Explica también las más elevadas temperaturas de enero en el sur, al encontrarse libre de las masas anticiclónicas, y en cierta manera los veranos más frescos del litoral cantábrico y de Castilla-León, al introducir colas de frentes fríos. Pero no explica toda la variedad de temperaturas de las estaciones.
La latitud desempeña un papel importante. Las temperaturas medias aumentan de norte a sur, de tal manera que las diferencias entre ambos litorales son de unos 4º en las medias de enero y de unos 6º en las de julio. El que la Península se encuentre entre mares de características distintas determina que a la misma latitud sean más elevadas las temperaturas levantinas que las occidentales (10º, Lisboa; 12,4º, cabo de La Nao, en Alicante); ambos mares suavizan las temperaturas del invierno, pero el Mediterráneo no refresca las del verano. La existencia de una Iberia interior alta influye decisivamente en las temperaturas: refuerza las heladas del invierno y disminuye las estivales, sobre todo en Castilla-León. E igualmente influye la continentalidad que explica las diferencias entre el litoral y el interior bajo las mismas situaciones climáticas.

Temperaturas medias de enero
Temperaturas medias de julio
2. El dominio de inviernos templados y veranos frescos
Corresponde a las costas cantábrica y atlántica. Las temperaturas medias del mes de enero oscilan entre los 8º y 10º (Gijón 9º; Vigo 9,3º; Coimbra 10,2º) y las de agosto entre 17º y 20º (Gijón 18,7º; Oporto 19,6º). Existen heladas que hacen descender el termómetro varios grados por debajo de cero, pero son poco intensas y frecuentes, y lo mismo podemos decir de las altas temperaturas de verano. La influencia dulcificadora del océano en ambas estaciones, y el paso de frentes fríos en verano, explican la moderación de las temperaturas.

3. El dominio de inviernos fríos y veranos cálidos
Se extiende por las dos Castillas y el valle del Ebro. La característica que le singulariza son los largos y fríos inviernos, sobre todo en Castilla-León. Las temperaturas medias de enero oscilan entre 2º y 6º (en Castilla, de 2º a 4º), las medias mínimas descienden a -11º ó -12º, y las absolutas a -17º y -18º. Los veranos son relativamente frescos en Castilla (20º-21º en agosto) y más calurosos en la submeseta meridional y valle del Ebro (22º-26º); las temperaturas máximas rozan los 40º. Estas condiciones se explican por la influencia de las masas frías en el invierno y por efecto del anticiclón de las Azores en verano; pero fundamentalmente por los efectos de altitud y continentalidad del dominio.

4. El dominio de inviernos templados y veranos cálidos
Comprende Andalucía, el litoral levantino y Extremadura. En este conjunto el paso del Frente Polar en invierno (borrascas suratlánticas) y la ausencia de masas frías, junto con los factores de meridionalidad e influencia dulcificadora del Mediterráneo en el Levante, explican la suavidad de los inviernos: las temperaturas medias de enero oscilan entre 8º y 11º (12º a 14º en la Costa del Sol), las heladas son casi inexistentes y poco acentuadas, las nevadas casi desconocidas. La costa mediterránea andaluza tiene siempre valores positivos que permiten el cultivo de la caña de azúcar, chirimoyas, aguacates.
Los veranos, por el contrario, son muy calurosos. Es necesario distinguir entre la Bética, más continentalizada, y el litoral andaluz y levantino. En la primera, las medias de agosto son del orden de los 26º-28º, las máximas alcanzan valores de 40º-46º y las máximas absolutas por encima de los 50º. Tales temperaturas se explican por la influencia de las masas tropicales marinas y continentales y por los efectos de latitud y continentalidad; el mar Mediterráneo, muy cálido, apenas refresca el litoral.
En conjunto, en la Península existe un dominio (costas septentrionales y atlánticas) en el que los contrastes térmicos anuales son poco acusados (menos de 10º); otro que corresponde al litoral andaluz y levantino, más acusado su contraste (10º-15º) y un conjunto continental de fuertes oscilaciones, superiores a 15º, representado por la Iberia interior y la Andalucía continentalizada.

domingo, 26 de mayo de 2013

Las distintas condiciones de humedad de la Península Ibérica

La Península, por su situación, es mediterránea. No obstante existe una Iberia húmeda que la dota de gran personalidad.

1. La Iberia húmeda
Se extiende por el norte de Portugal, el noroeste de la Península, costa cantábrica, Pirineos y algunas montañas interiores. Se caracteriza por no tener ningún mes seco (menos de 30mm); por un elevado número de días con precipitaciones (150-175); por índices elevados (más de 800 mm); y por la distribución regular de las precipitaciones (Gijón en verano recibe el 17% de las precipitaciones; Sevilla sólo el 2,5%).
Se explica el régimen y el elevado índice por la dinámica atmosférica y por la disposición del relieve: el Frente Polar afecta a este dominio incluso en verano; las cordilleras, por otra parte, son pantallas de condensación. Al sur existen estaciones, con uno o dos meses secos, semihúmedas.



2. La Iberia de veranos secos
En ella podemos distinguir tres subconjuntos:
a) Dominio de precipitaciones equinocciales separadas por dos mínimos. Comprende las dos Castillas, el sector central del Sistema Ibérico y el Valle del Ebro. En este dominio las precipitaciones se reciben en otoño y sobre todo en primavera. El verano (tres meses) y el invierno (dos meses) constituyen dos mínimos pronunciados. El número de días de precipitaciones oscila de 60 a 100. Y el total de precipitaciones entre 300 y 500 mm.
Estas condiciones se explican por la dinámica atmosférica y el relieve: el mínimo de verano está determinado por la influencia del anticiclón de las Azores; el de invierno por la persistencia anticiclonal; el otoño y la primavera están libres para el paso del Frente Polar. Estas situaciones explican el escaso número de días de precipitación. La ausencia de pantallas condensadoras en las amplias llanuras explica los bajos índices.
b) El dominio de lluvias de otoño. Comprende la costa mediterránea, desde Gerona a Murcia, incluyendo Baleares. Presenta un régimen de dos máximos equinocciales, muy destacado el otoño, y los mínimos de verano e invierno, como el conjunto anterior. En el otoño se reciben abundantes precipitaciones (45% del total anual en Valencia, 42% en Murcia, 38% en Tarragona) y de gran intensidad horaria (en Valencia 630 mm en un día, en 1957; en Esparraguera, en Cataluña, 285 mm en un día), de tal manera que pueden llegar a recibir el 29% de las precipitaciones anuales en un sólo día de otoño o casi la mitad en un sólo mes. Se explican tan irregulares y abundantes precipitaciones por la influencia del Frente Polar, pero sobre todo por la del Frente Mediterráneo y activas gotas frías, en los mismos meses. Por lo demás, el número de días de precipitaciones es de 60 a 75 y las precipitaciones globales oscilan entre 400 y 500 mm.
c) El dominio de precipitaciones de otoño-invierno. Se extiende por Extremadura, sur de Portugal y Andalucía. Presenta un mínimo estival muy acusado de 4 ó 5 meses secos. El número de días de precipitación oscila entre 80 y 120, y el índice global, de 450 a 650 mm. La prolongada sequía estival se explica por la persistencia del anticiclón de las Azores; y las precipitaciones de invierno por el paso de las borrascas suratlánticas del Frente Polar, el Frente Sahariano y las gotas frías de penetración suroeste.

Aridez en el sureste español
Se refleja en la ausencia de manto vegetal.
3. La Iberia siempre seca
Corresponde al sureste de la Península, desde el golfo de Almería hasta el cabo de Palos, pudiendo también incluir, aunque no tan claramente, a Murcia y Alicante. Es un dominio original en Europa, caracterizado por su acentuada aridez. A lo largo del año tan sólo llueve unos 40 días; las precipitaciones, concentradas en pocas horas, son muy irregulares. Por ello 9 ó 10 meses son secos (Almería, Cartagena) y tan sólo se reciben lluvias en otoño y alguna en invierno. El volumen global de precipitaciones es escaso, inferior a los 350 mm e incluso a los 250 mm. Es un dominio subárido.
La dinámica atmosférica explica una parte de esta aridez: en primavera y otoño el Frente Polar circula algo más al norte; las gotas frías del otoño le afectan en el área de subsidencia. Pero la responsabilidad mayor se encuentra en el relieve: la Penibética actúa de pantalla de sombra frente a las borrascas suratlánticas de otoño y de invierno, dejando al sureste libre de precipitaciones. La explotación agrícola ha tenido que adaptarse.

En definitiva, dos dominios claramente definidos, la Iberia húmeda y la seca. En la segunda la irregularidad de índices entre unos años y otros, la irregularidad en la distribución anual, la fuerte intensidad horaria de los aguaceros y la acusada aridez estival, son aspectos que la convierten en península mediterránea. La diferencia con Europa Occidental no consiste tanto en los índices (Barcelona con 594 mm es tan lluviosa como París o Londres) sino en la distribución anual. En gran parte de la Península no coinciden elevadas temperaturas y precipitaciones. Aplicando distintos métodos para calcular la aridez, la Península se presenta como semiárida en un 60-75%.

martes, 16 de abril de 2013

Factores geográficos del clima peninsular II

1. Discontinuidades
La Península Ibérica es barrida por el paso de discontinuidades que son las responsables de las precipitaciones. La que con más frecuencia afecta el el Frente Polar.

 a)  El Frente Polar: Tiene su origen en el sector occidental del Atlántico, a la altura del cabo Hatteras, en la costa oriental de Estados Unidos, al entrar en contacto dos masas de características térmicas y de humedad distintas. Se desplaza hasta el Este dibujando amplias crestas y vaguadas. Las vías de penetración no son siempre las mismas: en invierno se realiza hacia los 36º y en verano hacia los 50º-55º. Los tiempos que introduce son variables: alternancia de precipitaciones y tiempos secos, oscilación de las presiones, cambios en la composición de los vientos, alternancia de temperaturas. El aspecto fundamental desde el punto de vista geográfico son las precipitaciones.
Afecta a la Península a lo largo de todo el año. En invierno, aunque se encuentra a la latitud de ésta, su influencia no es muy activa. La Península está bloqueada frecuentemente por anticiclones oceánicos, el Escandinavo o el de Atlántico Norte. Entonces circula por la Cantábrica, el oeste de la Península o por Andalucía. En primavera y otoño, al debilitarse las situaciones anticiclónicas, el Frente Polar barre en muchas ocasiones la Península. En verano, el anticiclón de las Azores bloquea su paso y además circula a latitudes más septentrionales; tan sólo la vertiente cantábrica es barrida por las colas de los frentes fríos.

 b)  El Frente Mediterráneo: Se forma en otoño y afecta a Cataluña y Levante. El de los Alisios produce tormentas en verano en Andalucía.

 c)  Las gotas frías: Como consecuencia de cambios de longitud de onda en la circulación del Jet-Stream en altitud, se originan unos vórtices ciclónicos individualizados que circulan como borrascas autónomas. Estos ciclones móviles presentan ascenso de masas en su sector oriental (precipitaciones) y descenso en el sector occidental (tiempo estable). La vía de penetración está en relación con la situación del Jet. En el invierno penetran por el Oeste y Sudoeste y son canalizadas por las Béticas (lluvias en Andalucía); en verano proceden del Norte (Jet en Escandinavia) e introducen precipitaciones en la Cantábrica y en el interior; en otoño penetran por el Este y provocan lluvias abundantes en Levante, dejando libre el Sureste al estar bajo el dominio del sector occidental subsidente.

2. La sucesión de tiempos a lo largo del año
La dinámica atmosférica es la responsable de la sucesión regular de tiempos.

 a)   Las situaciones estivales: Predomina en toda la Península un tiempo estable, seco y con altas temperaturas. Se está bajo la influencia del anticiclón de las Azores (una cuña en altura). En ocasiones las masas saharianas afectan a Andalucía e inclusive al interior del Macizo Central: son las olas de calor (39º en Castilla, 55º en la Bética). El Frente Polar circula a latitudes más septentrionales y tan sólo las colas de los frentes fríos barren la Cantábrica (lluvias en verano) y a veces Castilla León; las descargas refrescan el ambiente. Penetran también gotas frías por el Norte (tormentas) y se desarrollan, en el interior, tormentas convectivas. En Andalucía alguna precipitación se explica por la acción del Frente de los Alisios.


Inundaciones en la Comunidad Valenciana
(29 de septiembre de 2012)
 b)  El otoño: El anticiclón de las Azores preside buena parte de los tiempos; se retira intermitentemente hacia el Sur al tiempo que lo hace el Frente Polar. Alternan buenos tiempos con los inestables. Además, las descargas polares introducen las primeras heladas (anticiclones oceánicos) que anuncian el invierno. El Frente Polar barre toda la Península con lluvias generalizadas. Cataluña y Levante reciben, a veces, precipitaciones de fuerte intensidad horaria (Frente Mediterráneo y gotas frías de penetración Noreste) que provocan inundaciones. En primavera se repiten las situaciones del otoño excepto la influencia del Frente Mediterráneo y las gotas frías del Noreste.

 c)  El invierno: El Frente Polar está a la latitud del Estrecho y apenas afecta a la Península por estar bloqueado por situaciones anticiclónicas: cuando son anticiclones oceánicos, las borrascas discurren por la vertiente cantábrica y como borrascas suratlánticas; cuando es el aire ártico, entonces discurren de Sur a Norte a lo largo de la costa atlántica y Galicia. En diciembre y enero es frecuente la penetración de aire ártico por el Norte desencadenando precipitaciones níveas generalizadas (algunos años incluso hasta en el Levante y Andalucía). En enero y febrero el aire ártico introduce las más bajas temperaturas del invierno reforzadas por la elevada altitud del Macizo Central. Y desde el otoño hasta la primavera, los anticiclones oceánicos afectas a la Península con temperaturas bajas. En pocas ocasiones, el Frente Polar discurre por el interior; el Frente Sahariano y las gotas frías, que penetran por el Sudoeste, refuerzan las lluvias del Frente Polar en Andalucía y Extremadura.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Factores geográficos del clima peninsular I

La Península Ibérica, en el Occidente mediterráneo, puede ser considerada como un pequeño continente por la riqueza y variedad de condiciones naturales que presenta. Si compleja es la estructura morfológica, las condiciones climáticas la dotan de una fuerte personalidad. En ella, además del dominio mediterráneo con innumerables matices, existe un dominio biogeográfico atlántico que la acerca al mundo natural de Europa Occidental. Las líneas maestras de las condiciones climáticas pueden ser explicadas por las masas y centros de acción propios de esas latitudes, pero los variados y ricos matices se explican por la influencia del relieve y por estar bañada por mares de características distintas.

1. Factores geográficos que explican el clima peninsular
El clima peninsular se explica fundamentalmente por la situación de la Península en latitud y el encontrarse bañada por dos mares tan distintos. Al desarrollarse entre los 36º y los 43º 47', la Península se ve afectada por las mismas masas de aire y discontinuidades que Europa Occidental. Así recibe la influencia de las masas de aire polar marino y tropical marino, y se encuentra en los límites de expansión de las masas polar continental, árticas y tropicales continentales. El hecho de encontrarse situada entre dos mares de características distintas tiene también importancia: a fines de otoño el Mediterráneo es un mar con mayor temperatura que el Atlántico; las dos masas situadas en cada uno de ellos se ponen en contacto a través de Aquitania y forman un frente que afecta a Cataluña. Por otra parte, en otoño e invierno se forma en Liguria una depresión barométrica de origen térmico que atrae a las borrascas móviles del Frente Polar que penetran con dirección sudoeste-noreste, dejando al sureste peninsular al abrigo de las precipitaciones.
La disposición de las unidades del relieve tiene también una influencia notable. Las cadenas no impiden el paso de masas y frentes, pero sí actúan de pantallas condensadoras dejando un área de sombra a sotavento. Por otra parte, la elevada altitud del Macizo Central Ibérico refuerza las situaciones anticiclónicas del invierno y crea en superficie una depresión barométrica de escasa influencia (tormentas), en el verano.

2. Los centros de acción que afectan a la Península
Los que introducen tipos de tiempo más frecuentes son:

a) El anticiclón de las Azores: Denominado así por encontrarse localizado sobre estas islas en el Atlántico. Es una masa tropical marina compleja, subsidente y estable, a elevada temperatura. Se desplaza según las estaciones, desde los 35º-36º en invierno hasta los 40º-43º en verano. Afecta en verano a toda o casi toda la Península e introduce un tiempo estable, despejado y de altas temperaturas (no las más altas), entre 20º y 35º, según las regiones. En el otoño se retira hacia el sur intermitentemente y prolonga con tiempos soleados los días de estío. En invierno se encuentra al sur de la Península y raras veces la afecta. En primavera anticipa las elevadas temperaturas veraniegas, sobre todo en mayo.


b) Los anticiclones polares oceánicos: Se forman en el Atlántico como consecuencia de acumulaciones de aire polar marítimo a los 40º-50º de latitud, o bien son efecto de descargas polares que acompañan a las familias de borrascas del Frente Polar. Afectan a la Península sobre todo en invierno, cuando el Frente circula a la latitud de ésta, y son más fugaces en otoño y primavera, alternando con el paso de corrientes perturbadas. Son masas frías e inestables. Introducen tiempos estables y fríos, unas veces con cielos despejados y otras con cielos plomizos con cúmulos; también son los responsables de las densas y persistentes nieblas advectivas invernales. En invierno introducen heladas, pero no las más bajas temperaturas de la estación. En primavera representan las heladas tardías de abril y mayo; y en otoño los primeros fríos otoñales.

c) El anticiclón escandinavo: Tiene su origen en Escandinavia y el norte de Rusia. Es una masa muy fría y seca a muy alta presión. La vía de penetración es el norte. Cuando llega a la Península sus características originarias están atenuadas. Por tanto, sus efectos además de menos frecuentes son menos rigurosos que en Europa Occidental. Generalmente, cuando penetra en la Península, no traspasa Sierra Morena, y cuando llega a Andalucía y Levante (efectos desastrosos) dura poco tiempo y deja libre la Costa del Sol. Introduce un tiempo despejado y muy frío (-15º en Castilla; -4º en el Levante) con nieblas de irradiación nocturna; otras veces es el responsable de nevadas en montañas y en el área levantina (al entrar en contacto con masas húmedas y más cálidas). Son las olas de frío muy frecuentes en enero y primera quincena de febrero.

d) El anticiclón del Atlántico norte: Tiene su origen en la zona de Islandia. Es una masa polar marina, fría y estable, aunque con cierta humedad. Su vía de penetración es el noroeste. Afecta a la Península sobre todo en diciembre y enero. Es una masa menos fría que la masa polar continental del anticiclón escandinavo, pero más que la masa de aire polar marino de los anticiclones oceánicos. Generalmente llega tan sólo hasta el Sistema Central aunque en contadas ocasiones afecta a Andalucía y Levante. Introduce precipitaciones níveas generalizadas, al formar un frente con masas cálidas más meridionales.

e) Las masas saharianas: Es aire tropical continental, muy cálido y seco. Proceden del Sáhara y afectan en verano al norte de África, el sur de la Península y, si son muy potentes, hasta Castilla-León y el valle del Ebro. Introducen las olas de calor, máximas temperaturas estivales.