jueves, 26 de julio de 2012

El Macizo Central Ibérico

El Macizo Central Ibérico es el resto de una antigua cordillera herciniana arrasada por la erosión hasta sus raíces a finales del Primario. Los empujes alpinos le abombaron y fracturaron, introduciendo una tectónica germánica de bloques. En conjunto fue levantado (altitud media, 600 m.) y basculado hacia el oeste. Se transformó en un macizo antiguo de compleja estructura morfológica. Las dovelas levantadas constituyeron las montañas interiores; las hundidas, las cuencas sedimentarias, las zonas de tipo medio, las penillanuras.
Es la unidad de mayor extensión ya que ocupa las dos terceras partes de la superficie peninsular. Se extiende desde Galicia a la Cordillera Ibérica, desde la Cordillera Cantábrica hasta Sierra Morena, y por el oeste se extiende hasta las Sierras de Gralheira y Caramulo y el Alemtejo portugués.


1. Las montañas interiores
Corresponden a los bloques levantados mediante fallas o grandes deformaciones. Los Montes Galaicos-Leoneses y el Sistema Central son unidades de este tipo; los Montes de Toledo tienen significado distinto.


a) Los Montes Galaico-Leoneses, que se prolongan por las sierras de Queixa y Segundeira y las de Tras-os-Montes, de estilo germánico, son un enorme abombamiento en el que las fallas tienen escaso valor morfológico. Constituyen una enorme unidad de relieve apalachense que culmina a más de 2.000 m. (Teleno). En ella se distinguen las montañas orientales de Galicia (Caurel, Ancares) que terminan bajo los depósitos miocenos de las cuencas de Lugo, Sarria y Monforte; la dovela hundida del Bierzo, recubierta de sedimentos terciarios; y los Montes de León que forman un claro relieve apalachense en el sur (Montes Aquilianos) y una superficie de erosión a más de 1.200 m (Brañuelas) al norte de la Cabrera. Los Montes de León son fosilizados en el este por los depósitos miocenos de la cuenca, que penetran en festón a lo largo de las depresiones labradas en las pizarras y limitadas por los crestones de cuarcitas (Sierras de la Culebra o Cabrera).


Candelario, en la provincia de Salamanca,
a los pies de la Sierra de Béjar
b) El Sistema Central tiene un significado distinto. Son una serie de bloques levantados en dos fases en el terciario, orientados de noreste a sudoeste, y separados por fosas transversales. Desde la Sierra de Altorrey, que se levanta sobre la Paramera de Atienza, hasta las Sierras de Lousa y Estrelha en Portugal, domina el estilo germánico: muy claro en Guadarrama y Gredos; bloques aislados separados por fosas tectónicas norte-sur en la Sierra de Béjar (fosas del Alagón y Jerte) y en las Sierras de Gata, Peña de Francia y de la Estrelha. Basculados hacia el sur los bloques presentan los restos de superficies de erosión, que afectaron al Macizo Central, en sus cumbres, retocadas por el glaciarismo, y pedimentos desarrollados en las dovelas basales.


2. Las cuencas sedimentarias castellanas
Con los movimientos alpinos dos extensas áreas, al norte y sur del Sistema Central, tendieron a la subsidencia formándose dos extensas cuencas sedimentarias. El zócalo se hundió a más de 1.000 m. y fueron colmatadas de materiales blandos, detríticos, que procedían de las montañas periféricas; la naturaleza de éstos es diversa, de acuerdo con la procedencia (arenas, arcillas, yesos, calizas), y todos presentan una disposición horizontal o monoclinal. De ahí el predominio de las formas llanas: tabulares o estructurales (páramos, plataformas periféricas: Alcarria), o de erosión como las campiñas (Tierra de Campos o de Pinares). Castilla la Vieja, más extensa se encuentra a 700-800 m.; Castilla la Nueva, más reducida a 600-700 m. El Sistema Central es la solución de continuidad.


3. Las penillanuras
Constituyen el elemento que alcanza mayor extensión dentro del Macizo Central y el que contribuye a dar una mayor complejidad a su estructura morfológica. Son los sectores que apenas experimentaron modificación durante el Terciario. Su origen se remonta a la penillanura de fines del Primario. Se extienden por Galicia (penillanura central a 300-500 m.), oeste de Castilla la Vieja (Sanabria, Aliste, Sayago, Campo Charro, prolongándose por La Beira), y al sur del Sistema Central por el Campo de Calatrava y Extremadura, prolongándose por el Alemtejo hasta la depresión del Ribatejo.
Existen tres tipos de penillanuras en relación con la constitución litológica: las labradas en granito o neis, más rígidas y perfectas (la gallega, Campos de Ledesma y Vitigudino); las modeladas en pizarras, mucho más disecadas y con relieves residuales cuarcitosos (sur de Salamanca); las penillanuras con relieves apalachenses constituidos por cordales de cuarcitas (Sierra de la Culebra, Campo Calatrava). Los Montes de Toledo son un magnífico ejemplo de relieves residuales de tipo apalachense que culminan a 1.500 m.

viernes, 20 de julio de 2012

Las primeras civilizaciones urbanas: Egipto

1. El medio natural
Egipto es un gran desierto atravesado de sur a norte por el Nilo. Este río, de gran longitud (6.670 kms.) nace en el lago Victoria, en el corazón de África, y desemboca en el Mediterráneo, formando un extenso delta.
El Nilo se desborda una vez al año e inunda el valle, fertilizando las tierras cercanas.
Con sus orillas adornadas por lotos y papiros, y habitadas por aves acuáticas y especies animales como el cocodrilo y el hipopótamo, el Nilo era fuente de vida para los antiguos egipcios, que adoraban a este río como a un dios.
Egipto está formado por dos zonas distintas que sus habitantes denominan "las dos tierras": el delto o Bajo Egipto (al norte), zona baja, llana y pantanosa, y el valle o Alto Egipto (al sur).


2. La historia
Los reinos del Bajo y Alto Egipto eran independientes entre sí hasta que fueron unificados por el rey Menes hacia el 3000 a.C. En esta época aparecieron las primeras dinastías de faraones y los primeros documentos escritos y dio comienzo la historia.


Etapas de la historia de Egipto

  • Imperio Antiguo: Este periodo (3000-2100 a.C.) fue el de mayor esplendor en la construcción de pirámides, como las de los faraones Keops, Kefren y Micerinos. La capital del Imperio era la ciudad de Menfis (a unos 19 kms. de El Cairo quedan los restos de esta ciudad).
  • Imperio Medio: En esta etapa (2100-1700 a.C.), la capital se trasladó a Tebas y se produjo una gran expansión territorial. En el 1700 a.C. tuvo lugar la invasión de los hicsos, un pueblo nómada que sometió a los egipcios durante dos siglos debido a su superioridad militar.
  • Imperio Nuevo: Fue un período (1554-1074 a.C.) de gran prosperidad en el que las ciudades experimentaron un impresionante crecimiento. Durante esta etapa gobernaron faraones tan importantes como Tutankamón, Ramsés II y Ramsés III.
Máscara de Tutankamón
Museo Egipcio de El Cairo
  • Bajo Imperio: Es un período (1075-31 a.C.) de decadencia. Egipto se disgregó en pequeños estados independientes y sufrió invasiones de diversos pueblos: asirios, babilonios, persas y griegos (conquista de Alejandro Magno en el 332 a.C.). Posteriormente, tras el fallecimiento de la reina Cleopatra, Egipto se convirtió en una provincia romana.

sábado, 14 de julio de 2012

Cultura, arte y religión en la España romana

La presencia de Roma en Hispania trajo como consecuencia la introducción de su cultura, sus creencias y prácticas religiosas y sus concepciones artísticas. El proceso unificador desarrollado por Roma en la cuenca del Mediterráneo, y que afectó también a las manifestaciones del espíritu, hizo de Hispania una pieza más del conjunto. Esta inserción de la península Ibérica en el contexto del Imperio Romano fue precisamente uno de los factores que facilitó la difusión en tierras hispanas del cristianismo.


1. La cultura hispanorromana
Hispania se incorporó plenamente a la cultura romana, especialmente aquellas regiones que, como la Bética y la Tarraconense, habían mantenido amplio contacto con los pueblos colonizadores. El latín se impuso como lengua de la administración pero también como vehículo de culturas. Las escuelas de Retórica transmitían a las minorías dirigentes de Hispania las formas de expresión vigentes en Roma. Numerosos hombres públicos que destacaron en Roma eran originarios de Hispania (incluso algunos de los más importantes emperadores, como Trajano).


Séneca
Pronto estuvieron los hispanos en condiciones de contribuir al florecimiento de la cultura romana. Esta aportación fue particularmente destacada en el siglo I d.C., el siglo por excelencia de la cultura hispano-latina. Quizá el intelectual hispano más destacado fue cordobés Lucio Anneo Séneca, autor de una obra filosófica de carácter estoico preocupada ante todo por los problemas de la moral, y que ejerció en el futuro una enorme influencia. En el campo de la literatura hay que recordar a Quintiliano, maestro de retórica, a Marcial, autor de unos epigramas llenos de ingeniosidad y cinismo, y al historiador Lucano, el cual en su obra Farsalia ha dejado constancia de su realismo. En el terreno del pensamiento científico es imprescindible citar al agrónomo Columela, y al geógrafo Pomponio Mela.


2. El arte hispanorromano
El espíritu constructor de los romanos se plasmó en tierras hispanas en la erección de innumerables obras, muchas de las cuales se conservan aún en nuestros días. Son construcciones urbanas, destinadas a la satisfacción por los habitantes de las ciudades de sus necesidades materiales (de ahí los acueductos, puentes, etc.), o espirituales (teatros, templos, arcos conmemorativos, etc.). He aquí algunas de las muestras del rico legado arquitectónico dejado por Roma en Hispania:

Templo de Diana en Évora, Portugal

  • Templos (Évora, en Portugal, Vich, "Diana", de Mérida)
  • Teatros (Mérida, Sagunto, Clunia)
  • Anfiteatros (Mérida, Itálica)
  • Acueductos (Segovia, "Los Milagros" de Mérida)
  • Puentes (Alcántara)
  • Arcos conmemorativos (Bará, Medinaceli)
  • Sepulcros (la llamada "Torre de los Escipiones", en Tarragona)
  • Murallas (Lugo)
Por lo que respecta a la escultura se han conservado diversas estatuas de divinidades y algunas de emperadores. Muy importantes son los mosaicos, que recogen escenas diversas, como las hazañas de Hércules en el de Liria (Valencia) o el sacrificio de Ifigenia, en un mosaico de Ampurias.

3. El cristianismo en España
La unificación impulsada en Hispania por Roma afectó también a la vida religiosa. Las creencias de los pueblos indígenas, aunque no fueron totalmente arrinconadas, se debilitaron profundamente ante la irrupción de la religión romana. No obstante lo que en realidad le interesaba a Roma era la difusión del culto imperial.
La gran novedad de la España romana, desde el punto de vista religioso, fue la introducción del cristianismo. Sin embargo se conoce bastante mal todo lo relacionado con la penetración de la nueva religión. La noticia de la llegada a Hispania del apóstol Santiago es fruto de una tradición bastante tardía. En cambio es probable la predicación en tierras hispanas de Pablo, que se situaría entre los años 64 y 66 d.C. Pero las referencias a la presencia en España de los siete varones apostólicos responden simplemente a una piadosa tradición.
La difusión de la doctrina cristiana en la península Ibérica debió de realizarse con lentitud, pues tropezó con dos importantes obstáculos: por una parte la pervivencia de costumbres paganas, especialmente entre los rústicos; por otra, la hostilidad de Roma. Desde el siglo III d.C. las persecuciones afectaron a los cristianos de Hispania, muchos de los cuales fueron condenados. Mas a pesar de todo, el cristianismo arraigó en Hispania. A principios del siglo IV, cuando el edicto de Milán permitió a la iglesia cristiana salir a la superficie, ya existía en Hispania una densa red de parroquias y diócesis, pues en el Concilio de Iliberis (Elvira, Granada), celebrado por entonces, se dieron cita 20 obispos.
El cristianismo, asentado sólidamente en Hispania en el siglo IV d.C., ganó en complejidad pero también en problemas. Pronto surgieron interpretaciones heréticas, por ejemplo la de Prisciliano, notable por su ascetismo riguroso. El poeta Prudencia es un ejemplo espléndido de lo primero. Del arte paleocristiano merecen cita los abundantes sarcófagos (así el de San Félix en Gerona o el de Santa Engracia en Zaragoza).

Sarcófago de Santa Engracia
Basílica de Santa Engracia, Zaragoza

sábado, 7 de julio de 2012

Antropología: delimitación de conceptos

Angel Palerm (1917-1980)
El profesor hispano-mexicano Angel Palerm considera a la Antropología como la ciencia de la evolución del hombre, de la sociedad y de la cultura, y estima que las ramificaciones de la Antropología pueden ser agrupadas en tres ramas principales que a su vez se dividirían en un conjunto de especialidades: La Antropología Física, la Antropología Cultural y Social; y por último, la Antropología Aplicada.
La Antropología Física trata del hombre como organismo animal ocupándose primordialmente del origen de las razas humanas y de la historia de su evolución. Juan Coma la define como “la Ciencia que se dedica al estudio de variaciones humanas, estudio comparativo del cuerpo humano y de sus funciones inseparables; o como el tratado de las causas y caminos de la evolución humana, transmisión y clasificación, efectos y tendencias en las diferencias funcionales y orgánicas; dedicándose como ciencia no sólo a medir, clasificar y especular, sino también a crear los métodos y las técnicas para ver si las teorías sostenidas son correctas o no”.
Siguiendo a Palerm, éste divide la Antropología Física, en las diversas ramas siguientes:
1º Primatología; o sea el estudio de los primates, tanto humanos como no.
2º Genética humana; como la disciplina que se ocupa de los rasgos heredados de los individuos, estudio de genes, grupos de sangre, mezclas sociales, etc.
3º La parte dedicada a la investigación del crecimiento y desarrollo de los individuos y sus relaciones con la nutrición, estatus, tecnología de los grupos humanos, etc.
4º La antropometría, que estudia medidas y evolución del cuerpo humano.
5º La paleantropología, dedicada al estudio de los restos humanos.
La segunda gran rama de la Antropología corresponde a la Antropología Cultural, cuyo tema central, de acuerdo con el criterio al que se acoge el autor que estamos siguiendo, es el estudio de la evolución cultural y social de la humanidad, desde sus orígenes más remotos hasta nuestros días, incluyendo el análisis de la situación y de las tendencias existentes en la actualidad que están, en cierta forma, prefigurando el desarrollo futuro, el curso y la dirección ulterior de la evolución.


Las subdivisiones, en que de acuerdo con esta orientación, se ramifica este aspecto de la Antropología General, son las siguientes:
1º La Arqueología, como disciplina dedicada –con métodos y técnicas especiales- a la reconstrucción de las culturas desaparecidas y de sus procesos de desarrollo, mediante el estudio de sus restos materiales.
2º La Lingüística, teóricamente interesada en los orígenes del lenguaje, en su desarrollo y su estructura.
3º La Antropología Social, cuya misión es el análisis y comparación de las relaciones entre las personas y entre los grupos sociales.
4º La Etnografía, que tiene como objeto la descripción de sociedades y culturas.
5º La Etnología, que es considerada por Palerm, como la disciplina teórica de la Antropología Socio-cultural.
Por último, el tercer gran campo en que este autor divide a la Antropología es el de la Antropología Aplicada o uso de los conocimientos antropológicos de cualquiera de las ramas o subdivisiones anteriormente citadas. La utilización de la Antropología ha sido aplicada en una gran cantidad de casos, que van desde el uso de la Antropología Física a la Medicina, Asistencia Pública, o en la Criminología, o las industrias del vestido y del calzado, hasta las funciones ejercidas por los antropólogos sociales, en casos tan dispares como el desarrollo de las sociedades; el mantenimiento del colonialismo; el espionaje y la guerra psicológica; o la dietética.


La influencia de Levi-Strauss ha sido decisiva para superar estas concepciones disciplinarias y ofrecer una teoría que ensamblara de un modo armónico las disciplinas antes descritas. Así se conciben relacionadas, de un modo escalonado, a la Etnografía, la Etnología y la Antropología.
La Etnografía exige trabajo sobre el terreno y la observación directa. Se queda en el nivel de la descripción y tiende a las reconstrucciones culturales.
La Etnología cumple una segunda etapa y corresponde –en la versión que aceptamos de Levi-Strauss- a lo que en los países anglosajones se considera Antropología Cultural o Antropología Social.
En la tercera etapa o escalón nos encontramos con la Antropología sociocultural, que, sobre los materiales y las descripciones recogidas por los etnógrafos y sobre las bases construidas por los etnólogos, procura extraer conclusiones y tiende a la obtención de propiedades generales características de toda vida en sociedad. Usando las mismas palabras de Levi-Strauss: “La Antropología tiende a un conocimiento global del hombre, ensamblando su sujeto en toda su extensión histórica y geográfica, aspirando a un conocimiento aplicable al conjunto del desarrollo humano desde los homínidos hasta las razas modernas y tendente a conclusiones positivas o negativas, pero valederas para todas las sociedades humanas desde la gran ciudad moderna hasta las más pequeñas tribus de la milanesia”.
Así, por tanto, el antropólogo va ocupándose cada vez más del estudio de las sociedades modernas, o al menos de determinadas áreas o aspectos de ellas. Incluso con respecto a las sociedades primitivas, el interés está teniendo un desplazamiento temático hacia aspectos más relacionados con el proceso de cambio, que en estos grupos humanos está aconteciendo a un gran ritmo en la actualidad. Los efectos del colonialismo, las luchas de liberación, la adaptación de formas políticas nuevas, la aparición de nuevas subculturas, el proceso de urbanización, la integración social, los procesos de desarrollo, las consecuencias de la innovación, etc., son cada vez más el fin al que van dirigidas las actividades de los antropólogos preocupados y ocupados aún por esas poblaciones de los países subdesarrollados.


En esta orientación cabe destacar la descollante aportación de Oscar Lewis, quien ha llevado la Antropología a preocuparse del análisis de un fenómeno sociológico tan importante, a la vez que extendido, como es el de la pobreza en las áreas marginales de esa ficticia sociedad de la abundancia, con lo que no solamente se ha enriquecido el campo de la actuación de los antropólogos, sino que también aporta a cualquier profano el conocimiento de una realidad social que forma una parte muy importante de la vida cotidiana de extensos sectores tanto en las naciones desarrolladas, como en la subdesarrolladas.
Las sociedades rurales, los estudios familiares, el análisis de cualquier subcultura, los estudios de los sistemas de valores imperantes en una sociedad, los procesos de cambio socio-cultural y la gran gama de aspectos prácticos ofrecidos como realidades por la Antropología Aplicada, son otras tantas variantes que pueden constituir un foco de interés para que el moderno antropólogo social participe de esta nueva orientación.
La historia ha querido que la Antropología comenzara interesándose en las sociedades llamadas “salvajes” o primitivas aún cuando el foco de la atención ya actualmente no se centre sobre estas sociedades.
El estudio de los primitivos es necesario para corregir el excesivo etnocentrismo que informa muchas veces las conclusiones de algunos científicos sociales. Así se puede observar la existencia o no de la universalidad de determinadas instituciones, como por ejemplo, el complejo de Edipo, cuya no aparición en los mismos términos occidentales puso de manifiesto Malinowski entre los trobiandeses. Igualmente se puede comparar las sociedades que poseen características muy diferenciadas y apreciar en algunas de ellas que, con un casi nulo desarrollo tecnológico, desconocen la guerra, como los esquimales, o la mentira como algunas tribus amazónicas. Por último, el conocimiento de las características y valores de otras sociedades sirve para integrar a éstas en el proceso de cambio que está aconteciendo en la actualidad y también para que el altivo hombre occidental reconozca las limitaciones y partes negativas que tiene “La Humanidad” por él construida y ello puede servir al acercamiento para la construcción de una futura sociedad más justa, quizá para esa soñada ilusión de la consecución de ese ideal de “hombre del siglo XXI”.

lunes, 2 de julio de 2012

Clases de lenguas

Las lenguas del mundo son numerosísimas. En general, hay un acuerdo en establecer su número en torno a las 4.000. Pero lo cierto es que no resulta fácil saber con exactitud cuántas lenguas se hablan en el mundo.


La Torre de Babel, de Pieter Brueghel (1563)
Kunsthistorisches Museum (Viena)
Una de las cosas que más ha preocupado al ser humano es averiguar el origen del lenguaje. La mitología cuenta que su origen está en los dioses. Pero también es cierto que cada grupo humano tiene formas propias de comunicarse. Por eso el lenguaje es casi infinito. La Torre de Babel es una parábola acerca de la diversidad del lenguaje entre las personas y de la dificultad de entenderse.


1. Clasificación estructural
Para realizar un estudio de las diferentes lenguas, hay que observar su gramática, es decir, su funcionamiento. Estudiadas las lenguas según este método, se distinguen los siguientes tipos:

  • Lenguas monosilábicas: Las palabras son solamente raíces que nunca cambian. Una misma palabra puede ser verbo, adjetivo o nombre. Para formar una oración, se utiliza la yuxtaposición de palabras, que son invariables, de modo que una palabra tendrá una función u otra según el lugar que ocupe en la frase. Un ejemplo de lengua monosilábica es el chino.
  • Lenguas aglutinantes: En las lenguas aglutinantes, el método para formar un texto consiste en juntar las palabras-raíz, una al lado de otra, pero sin fundirlas entre sí. Por la unión de unas raíces con otras se forma la palabra-frase. Son lenguas aglutinantes el finlandés, el japonés, el coreano, etc.
  • Lenguas flexivas: Las lenguas flexivas son aquellas que tienen una parte fija (raíz) y otra variable (el morfema, o la terminación). Son lenguas flexivas todas las lenguas indoeuropeas.
2. Clasificación genética
Otra forma de estudiar las diferentes lenguas es clasificándolas por familias. Quienes así lo hacen opinan que las lenguas tienen un parecido entre sí, y que derivan de una misma lengua madre. Para averiguar la relación de parentesco que hay entre distintas lenguas, se utiliza el método comparativo, que consiste en comparar las semejanzas entre unas lenguas y otras. Este método trabaja con fonemas (unidad mínima de sonido) y monemas (unidad mínima dotada de significado). Su planteamiento básico consiste en el análisis de monemas emparentados en diferentes lenguas, es decir, el estudio de la diferencia o similitud que presentan.

lunes, 25 de junio de 2012

La Tierra, un punto en el Universo

1. La Tierra en el Universo
Vía Láctea
La Tierra es un planeta del Sistema Solar. El Sol es una estrella de una galaxia llamada Vía Láctea que, a su vez, es una de las miles de galaxias que existen en el Universo.
Las galaxias son grupos de miles o millones de estrellas, gas y polvo que giran en el espacio. Según su forma, se clasifican en tres grupos: elípticas, espirales e irregulares.
En el Universo hay cientos de miles de millones de galaxias, que forman grupos unas con otras. La Vía Láctea pertenece a un grupo de más de veinte galaxias, que constituye el llamado Grupo Local. De este conjunto de galaxias, la más cercana a nosotros es Andrómeda, que se encuentra a 2 300 000 años luz. El año luz es la distancia que recorre la luz en un año a la velocidad de 300 000 kms por segundo.
La Vía Láctea la forman más de 100 000 millones de estrellas y tiene un diámetro aproximado de 110 000 años luz.
La Vía Láctea tiene forma de espiral. Presenta una gran concentración de estrellas en el centro o núcleo, del cual salen una especie de "brazos" a su alrededor. En uno de estos brazos se encuentra la Tierra.


2. La Tierra en el Sistema Solar
El Sistema Solar está formado por una estrella central, el Sol, y numerosos cuerpos que se encuentran a su alrededor ligados por la gravedad: planetas, planetas enanos, satélites y otros cuerpos menores (cometas y asteroides).
En el Sistema Solar se distinguen ocho planetas. Los planetas son astros que giran alrededor del Sol y no tienen luz propia. Algunos planetas cuentan con satélites: astros que giran alrededor de los planetas.
Planetas y satélites tienen dos movimientos: giran sobre sí mismos (movimiento de rotación) y también alrededor del Sol (movimiento de traslación), siguiendo trayectorias llamadas órbitas.
Los planetas giran alrededor del Sol siguiendo una órbita casi circular (elíptica). Según su distancia respecto al Sol, los planetas se dividen en dos grupos separados entre sí por un cinturón de asteroides, cuerpos rocosos de pequeño tamaño:
  • Los planetas interiores (Mercurio, Venus, la Tierra y Marte) son los más cercanos al Sol, tienen una composición rocosa y poseen pocos satélites.
  • Los planetas exteriores (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) están más alejados del Sol, son gaseosos y tienen más satélites.
Los planetas enanos son una nueva categoría de planetas establecida por los astrónomos en el año 2006. Se diferencian de los planetas principales en que su órbita alrededor del Sol no es muy precisa.
En el Sistema Solar se distinguen cinco planetas enanos: Ceres, que se encuentra entre Marte y Júpiter, y Plutón, Haumea, Makemake y Eris, que están situados más allá de Neptuno y reciben el nombre de plutoides.

martes, 19 de junio de 2012

Las primeras civilizaciones urbanas: Mesopotamia

1. El medio natural
Mesopotamia (en lengua griega significa tierra entre ríos) fue una civilización agrícola que se desarrolló en una región localizada en torno a dos ríos: el Tigris y el Éufrates.
Su situación, cerrada al norte y al este por los montes Tauro y Zagros, y abierta al sur y al oeste al golfo Pérsico y al desierto de Siria, hizo de la zona un lugar de paso en el que, debido a la fertilidad de sus tierras, se asentaron numerosos pueblos y se levantaron ciudades amuralladas e independientes que a veces se integraron en distintos imperios.
La zona norte, montañosa y cuna del Tigris y el Éufrates, recibe el nombre de Alta Mesopotamia, mientras que la zona sur, formada por terrenos pantanosos, se denomina Baja Mesopotamia.
Asimismo, según los pueblos que predominaron en las distintas regiones, es posible hacer otra división de Mesopotamia:

  • Sumer: Al sur, en la confluencia de los ríos.
  • Acad: Al norte, entre los valles de los dos ríos.
  • Asiria: Más al norte, en plena montaña.
2. La historia
En la historia de Mesopotamia podemos señalar las siguientes etapas, marcadas por los pueblos que dominaron la zona:
  • Sumerios y acadios: Durante esta etapa (3500-1800 a.C.) destacaron los sumerios, pueblo pacífico y de cultura avanzada. Construyeron canales y pozos para controlar las crecidas de los ríos, se organizaron en ciudades-estado e inventaron la escritura. El predominio sumerio finalizó cuando Sargón I, rey de Acad, organizó un ejército y conquistó Sumer. Posteriormente, otro monarca, Gudea, unificó bajo su mandato a sumerios y acadios, unificación que mantuvieron sus sucesores.
  • Asirios y babilonios: Durante esta etapa (1800-600 a.C.), Hammurabi volvió a unir bajo su autoridad las tierras de Mesopotamia, estableció la capital en Babilonia y creó el Primer Imperio Babilónico, que alcanzó una gran extensión. Posteriormente, hubo un predominio asirio en el cual destacó el rey Asurnasirpal II, que fue famoso por la gran crueldad que mostraba hacia sus enemigos. Hacia el año 625 a.C., Babilonia recuperó la hegemonía e instauró el Imperio Neobabilónico, cuyo rey más destacado fue Nabuconodosor II, que derrotó a los egipcios y dominó Siria.
  • Persas y griegos: En el año 539 a.C., el rey persa Ciro II convirtió Mesopotamia en una provincia más de su imperio. En el 331 a.C., los persas fueron a su vez sometidos por los griegos bajo el mandato de Alejandro Magno.

lunes, 11 de junio de 2012

La organización de Hispania: provincias, municipios

Los romanos, desde que se instalaron en la península Ibérica, introdujeron los elementos organizativos imprescindibles para la administración de los territorios conquistados en Hispania. Para ello efectuaron una división en provincias, que con el tiempo sufriría numerosos cambios, y alentaron la vida urbana. No obstante, la incorporación plena de Hispania y de sus habitantes a las instituciones políticas y a las normas jurídicas romanas se desarrolló a lo largo de un proceso muy lento. Un importante paso adelante se produjo cuando el emperador Vespasiano (siglo I d.C.) concedió el derecho latino a todas las ciudades de Hispania. Aunque se trataba de un derecho de ciudadanía incompleto permitió que todas las ciudades peninsulares se organizaran de acuerdo con la constitución romana. Pero la definitiva equiparación de los habitantes de Hispania con los de Roma no se produjo hasta tiempos del emperador Caracalla. Éste, en el año 212 d.C., concedió la ciudadanía romana a todos los súbditos del Imperio.


1. La administración provincial
Al igual que en las restantes regiones que incorporaba a su dominio, Roma introdujo en Hispania la administración provincial. A fines del siglo II a.C., Hispania fue dividida en dos provincias, la Citerior, que correspondía la zona noreste de la Península, hasta Cartagena, y la Ulterior, con el sur de Hispania. Esas provincias se fueron extendiendo hacia el interior a medida que progresaba la conquista militar.
En tiempos de Augusto se procedió a una reforma importante. La Hispania Citerior, denominada Tarraconense, con capital en Tarraco, debido a que tenía zonas no suficientemente pacificadas, fue colocada bajo la dirección política del emperador, que la gobernaba por medio de un propretor. La antigua Hispania Ulterior fue dividida en dos provincias, Lusitania, con capital en Emerita Augusta, también regida por un propretor, y Bética, capital en Corduba, puesta bajo el mando del Senado, que la gobernaba a través de un procónsul. A su vez, las provincias estaban divididas en conventus, circunscripciones más reducidas, con funciones judiciales y administrativas. Los gobernadores de las provincias, que en tiempos de la República habían actuado sin el más mínimo control, fueron estrechamente vigilados a raíz del establecimiento del Imperio, con el fin de evitar abusos.
En el Bajo Imperio hubo nuevas modificaciones en la organización provincial de Hispania. Los conventus desaparecieron. En tiempos del emperador Caracalla se desgajó el noroeste de la provincia Tarraconense para formar una nueva provincia, Gallaecia. Más tarde, a fines del siglo III d.C., el emperador Diocleciano dividió a Hispania en seis provincias: Bética, Lusitania, Gallaecia, Cartaginense, Tarraconense y Mauritania Tingitana (el norte de África). Por último, a fines del siglo IV, las Islas Baleares pasaron a constituir una nueva provincia, Baleares Insular o Baleárica.


2. El régimen municipal
La ciudad era un elemento clave en la vida romana. Ahora bien, existía una gran diversidad de tipos de ciudades, no sólo por su origen, sino también por su condición jurídica con respecto al poder central. En principio se establecía una neta distinción entre ciudades indígenas y ciudades romanas. De acuerdo con la relación particular que mantenían con Roma se distinguían varias clases entre las ciudades indígenas: estipendiarias (sujetas al pago de un tributo), libres, federadas, etc. Por su parte, los romanos fundaron en Hispania ciudades. Eran las colonias. Una vez elegido el lugar en donde la colonia iba a establecerse, una comisión trazaba las dos calles principales (cardo maximus, de norte a sur, y decumanus maximus, de este a oeste) que se cruzaban en el foro o plaza principal, y señalaba mediante un surco el perímetro de la ciudad. Colonias célebres fueron, entre otras, Emerita Augusta (Mérida), Caesar Augusta (Zaragoza), Barcino (Barcelona) y Bracara Augusta (Braga).
El modelo específico de organización de la ciudad de Roma se fue extendiendo a todo el territorio peninsular, primero a las ciudades propiamente romanas, pero más tarde también a las indígenas. Es el denominado régimen municipal. Las instituciones de gobierno de los municipios romanos eran el consejo y los magistrados. El consejo o curia estaba integrado por los decuriones. En cuanto a los magistrados destacaban los duoviri, los ediles y otros de menor rango. Eran elegidos por los comicios, funcionaban colegiadamente (dos en cada magistratura) y desempeñaban su cargo durante un año. Los cargos de gobierno eran detentados por los grupos sociales dominantes de las ciudades, que constituían auténticas oligarquías municipales. No obstante, en el Bajo Imperio la obligatoriedad de los curiales o miembros de la curia de responder al pago de los tributos y la adscripción a sus cargos fue desastrosa para ese grupo social y paralelamente para las ciudades.

martes, 5 de junio de 2012

La piedra Rosetta

1. Un gran descubrimiento
El conocimiento de Egipto es uno de los capítulos más brillantes de la arqueología, además de uno de los más recientes. La Edad Media identificaba el país de los faraones con una colonia romana o un asentamiento cristiano. El Renacimiento pensaba que la civilización había empezado con Grecia. Incluso en el Siglo de las Luces no se conocía de Egipto nada más que las pirámides.
La egiptología (esto es, el estudio de la civilización egipcia) es fruto del imperialismo napoleónico. Cuando en 1798 Napoleón preparó una expedición a Egipto, llevó un gran número de peones e ingenieros para explorar el terreno, y de paso llevó también a algunos científicos eruditos, porque pensó que quizá le serían útiles para entender mejor la historia de aquel país. Y, en efecto, estos fueron los hombres que descubrieron al mundo los templos de Luxor y Karnak. Y estos mismos hombres, diez años después, presentaron a la Academia Francesa una Descripción de Egipto que abrió las puertas al estudio científico de una civilización antigua y olvidada.
Sin embargo, durante muchos años, los estudiosos fueron incapaces de leer las inscripciones que aparecían en los monumentos, hasta que ocurrió un hecho de especial importancia: uno de los hombres de Napoleón encontró una piedra de basalto negro cerca de Rosetta, ciudad situada a unos 50 kilómetros de Alejandría. Era una piedra rota, de forma irregular, que medía 114 cms. de alto y 72 cms. de ancho. Esta piedra pasó luego a poder de los ingleses, que la conservan y exponen actualmente en el Museo Británico de Londres.
Las inscripciones de la piedra Rosetta, grabadas por los sacerdotes escribas de Menfis, reflejaban unas concesiones hechas al pueblo por el rey Ptolomeo V Epífanes, en el siglo III a.C., para conmemorar el noveno aniversario de su ascensión al trono. La piedra reproducía el mismo texto en tres escrituras diferentes: jeroglífica egipcia, demótica (una forma de escritura derivada de la jeroglífica hierática y usada para las situaciones comunes, es decir, las no oficiales o que se referían a hechos sagrados) y griego. Gracias a esta última lengua, cuyo significado sí se conocía, fue posible descifrar en su totalidad las otras dos.


2. Thomas Young y François Champollion
El inglés Thomas Young y el francés François Champollion dedicaron muchos años a descifrar el contenido de esos jeroglíficos. Algunos de ellos estaban escritos dentro de un cartucho (conjunto de signos pictográficos reunidos en el interior de un óvalo que se empleaba para escribir los nombres de los personajes de la realeza). Fueron dos de los cartuchos utilizados en esta muestra de escritura jeroglífica los que les permitieron descifrar la totalidad del texto.
Cartucho egipcio
La escritura jeroglífica, que da la impresión de ser pictográfica, contiene en realidad tres tipos de símbolos diferentes que, combinados, representan la palabra: los símbolos ideográficos, que representan palabras o nociones del mundo real; los fonogramas, que se emplean para indicar pares consonantes o consonantes aisladas; y los símbolos determinativos, que carecen de valor fonético e indican el significado que tiene la palabra, evitando que se confunda con otro significado diferente pero que se escribe igual.
Thomas Young observó que la primera figura del primer cartucho aparecía también en el segundo. Lo mismo ocurría con la cuarta figura del primer cartucho. De este modo, y con mucha paciencia, llegó a relacionar los diferentes signos que aparecían en las letras. Y llegó a la conclusión de que un cartucho contenía el nombre del rey Ptolomeo y que el otro contenía el nombre de la reina Cleopatra. Comparando la orientación en la que estaban dibujados los caracteres de los pájaros y otros animales, descubrió también en qué dirección debían leerse los jeroglíficos.
Después de veinte años de estudio, Champollion consiguió descifrar todo el texto de la piedra Rosetta, traduciendo buena parte del sistema de escritura egipcio. Su labor amplió el conocimiento sobre el sentido y funcionamiento de la escritura, por tratarse de un tipo que incorporaba signos puramente pictográficos con otros de tipo fonético, y que parecía ocupar un lugar de transición entre los pictogramas y los sistemas silábicos posteriores.