La principal fuente de sustento de la población egipcia y mesopotámica era la agricultura. Ésta era posible gracias a las obras de canalización de las aguas, con diques de contención y canales que distribuían las crecidas periódicas. Además, a pesar de que las lluvias eran muy escasas, disponían de agua durante todo el año gracias a la construcción de pozos y sistemas de riego.
La ganadería, sobre todo la cría de vacas y cabras, y la pesca eran el complemento de la agricultura.
La artesanía también desempeñó un papel muy importante. La cerámica, la metalurgia o la cestería, así como la elaboración de tejidos, esmaltes y joyas, y el tallado de sellos en Mesopotamia, eran ocupaciones bastante frecuentes.
Pero de todas las actividades económicas, la más importante fue el comercio. Al no existir la moneda, los excedentes agrícolas y artesanales se intercambiaban por productos que escaseaban en la zona, y, en ocasiones, se realizaban los pagos en cereales o plata.
La Administración del Estado se encargaba de almacenar el grano de un año para otro. El grano servía para pagar los salarios de los trabajadores y acumular reservas con las que alimentar a la población en épocas de sequía o escasez.
lunes, 13 de agosto de 2012
lunes, 6 de agosto de 2012
El reino visigodo
Los pueblos germánicos que se establecieron en la península Ibérica se insertaron plenamente en las estructuras de la época romana, especialmente los visigodos. Sólo hubo un cambio decisivo en el ámbito político, pues el poder, antes ejercido desde Roma, estaba ahora establecido en Toledo y se extendía sobre un territorio que prácticamente coincidía con los límites de la Península. No obstante, en tiempos visigodos se acentuaron las transformaciones iniciadas en el Bajo Imperio, que preludiaban la sociedad feudal: ruralización aplastante y papel creciente de las relaciones personales. En otro orden de cosas se pusieron los cimientos de una cultura fuertemente impregnada por lo eclesial.
A lo largo de los siglos IV y V d.C., tuvieron lugar las grandes invasiones protagonizadas por los llamados pueblos bárbaros, los cuales irrumpieron en el Imperio Romano, acelerando de esa forma su caída. La península Ibérica no escapó a las invasiones. Pero de los diversos pueblos que llegaron a Hispania sólo los visigodos pudieron erigir una construcción política sólida, que fue capaz de perdurar hasta principios del siglo VIII, en que fue barrida por los musulmanes.
1.- Las invasiones germánicas en Hispania
Durante los siglos III y IV d.C. ya se detectó en Hispania la presencia de bandas de pueblos germánicos. No obstante, la gran invasión tuvo lugar a principios del siglo V. En el año 409 cruzaron los Pirineos, en dirección hacia el sur, entre otros pueblos, los suevos, los vándalos y los alanos. Tradicionalmente se habla de invasiones germánicas, aunque en realidad uno de esos pueblos, concretamente los alanos, eran de origen asiático. Los cronistas de la época nos han transmitido un cuadro patético de las invasiones, atribuyendo a los bárbaros todo género de atropellos.
Los vándalos se dirigieron hacia el sur de la Península, donde permanecieron algún tiempo, hasta que más tarde, hacia el 429, pasaron al norte de África. Los alanos, instalados en el centro y este de la Península, fueron en realidad absorbidos por la población hispanorromana. Los suevos se establecieron en el noroeste, consiguiendo fundar un reino que mantuvo su independencia hasta finales del siglo VI.
2.- Los visigodos en Hispania
Los visigodos, una de las ramas del pueblo godo, eran sin lugar a dudas, de todos los pueblos que llegaron a la Península en el siglo V, los más romanizados y los que tenían una mayor experiencia política. Aparecieron en la Tarraconense en el año 415, con el propósito de combatir a los otros pueblos invasores. Pero después de firmar el año 418 un pacto o "foedus" con Roma abandonaron la Península, estableciéndose en las Galias. A mediados del siglo V retornaron a Hispania, como aliados de Roma, con la finalidad de combatir a los suevos. A partir de ese momento se acentúan las incursiones de visigodos a la Península. No obstante, el centro de su asentamiento continuaba estando el sur de las Galias, con capital en Tolosa. Sólo después de ser derrotados por los francos en Vouillé (507), los visigodos abandonaron las Galias, trasladándose definitivamente a tierras hispanas, en donde fundaron un reino con capital en Toledo.
3.- El reino visigodo de Toledo
El vacío de poder creado por la desaparición del Imperio Romano de Occidente (476) fue ocupado por los diversos pueblos bárbaros establecidos en su territorio. En Hispania, el poder político más importante correspondía a los visigodos. No obstante, éstos no controlaban ni mucho menos el conjunto de las tierras de Hispania. En Galicia subsistía el reino de los suevos. Al norte de la cordillera Cantábrica los vascones conservaban de hecho su independencia. A mediados del siglo VI los bizantinos, en su intento de restaurar el Imperio Romano, ocuparon el sureste de la Península. Pero había también otros factores, religiosos y jurídicos, que dificultaban la creación de un estado unificado en Hispania. Existía una separación tajante entre los visigodos y la mayoría de las población hispanorromana, pues mientras los primeros eran arrianos (el arrianismo era una interpretación herética del cristianismo), los hispanorromanos eran católicos. Por otra parte, visigodos e hispanorromanos se regían por normas jurídicas diferentes. En la segunda mitad del siglo VI la monarquía visigoda se fortaleció considerablemente. El rey Leovigildo (573-586) hizo retroceder a los bizantinos, castigó duramente a los vascones y liquidó el reino suevo, incorporando el territorio a sus dominios. Pero fracasó ruidosamente en su intento de lograr la unificación del reino a base del arrianismo, lo que motivó un conflicto violento con su propio hijo Hermenegildo, adicto al catolicismo. El hijo y sucesor de Leovigildo, Recaredo (586-601), dando muestras de una gran inteligencia política, terminó con las diferencias religiosas al aceptar el catolicismo en el III Concilio de Toledo (589).
En el siglo VII se eliminaron algunos de los más importantes obstáculos con que había tropezado la monarquía visigoda. En tiempos de Suintila (621-631) se terminó con la presencia bizantina en Hispania. Algunos años después Recesvinto (649-672), al promulgar el "Liber Iudiciorum" o "Fuero Juzgo", ponía fin a las barreras jurídicas que habían separado a los visigodos de los hispanorromanos. Pero al mismo tiempo, la monarquía visigoda se debilitaba por la supeditación a los intereses de las capas altas de la sociedad, la nobleza y los prelados. La monarquía, de carácter electivo, no podía imponerse a los poderosos. Los últimos tiempos del reino visigodo fueron una pugna continua entre las facciones nobiliarias en lucha por el poder, que podemos ejemplificar en el enfrentamiento, ya en el siglo VIII, del rey Rodrigo y los hijos de su antecesor Vitiza. Este estado de cosas facilitó la invasión de la Península por los musulmanes.
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| Iglesia de San Pedro de la Nave (Zamora), construida entre 680-711 en pleno dominio visigodo. |
1.- Las invasiones germánicas en Hispania
Durante los siglos III y IV d.C. ya se detectó en Hispania la presencia de bandas de pueblos germánicos. No obstante, la gran invasión tuvo lugar a principios del siglo V. En el año 409 cruzaron los Pirineos, en dirección hacia el sur, entre otros pueblos, los suevos, los vándalos y los alanos. Tradicionalmente se habla de invasiones germánicas, aunque en realidad uno de esos pueblos, concretamente los alanos, eran de origen asiático. Los cronistas de la época nos han transmitido un cuadro patético de las invasiones, atribuyendo a los bárbaros todo género de atropellos.
Los vándalos se dirigieron hacia el sur de la Península, donde permanecieron algún tiempo, hasta que más tarde, hacia el 429, pasaron al norte de África. Los alanos, instalados en el centro y este de la Península, fueron en realidad absorbidos por la población hispanorromana. Los suevos se establecieron en el noroeste, consiguiendo fundar un reino que mantuvo su independencia hasta finales del siglo VI.
2.- Los visigodos en Hispania
Los visigodos, una de las ramas del pueblo godo, eran sin lugar a dudas, de todos los pueblos que llegaron a la Península en el siglo V, los más romanizados y los que tenían una mayor experiencia política. Aparecieron en la Tarraconense en el año 415, con el propósito de combatir a los otros pueblos invasores. Pero después de firmar el año 418 un pacto o "foedus" con Roma abandonaron la Península, estableciéndose en las Galias. A mediados del siglo V retornaron a Hispania, como aliados de Roma, con la finalidad de combatir a los suevos. A partir de ese momento se acentúan las incursiones de visigodos a la Península. No obstante, el centro de su asentamiento continuaba estando el sur de las Galias, con capital en Tolosa. Sólo después de ser derrotados por los francos en Vouillé (507), los visigodos abandonaron las Galias, trasladándose definitivamente a tierras hispanas, en donde fundaron un reino con capital en Toledo.
3.- El reino visigodo de Toledo
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| Estatua del rey Recaredo, en la balaustrada del Palacio Real de Madrid |
En el siglo VII se eliminaron algunos de los más importantes obstáculos con que había tropezado la monarquía visigoda. En tiempos de Suintila (621-631) se terminó con la presencia bizantina en Hispania. Algunos años después Recesvinto (649-672), al promulgar el "Liber Iudiciorum" o "Fuero Juzgo", ponía fin a las barreras jurídicas que habían separado a los visigodos de los hispanorromanos. Pero al mismo tiempo, la monarquía visigoda se debilitaba por la supeditación a los intereses de las capas altas de la sociedad, la nobleza y los prelados. La monarquía, de carácter electivo, no podía imponerse a los poderosos. Los últimos tiempos del reino visigodo fueron una pugna continua entre las facciones nobiliarias en lucha por el poder, que podemos ejemplificar en el enfrentamiento, ya en el siglo VIII, del rey Rodrigo y los hijos de su antecesor Vitiza. Este estado de cosas facilitó la invasión de la Península por los musulmanes.
jueves, 2 de agosto de 2012
La Antropología en el contexto de las ciencias sociales
Para delimitar el
concepto de la Antropología Social, sobre todo considerando
que el antropólogo también tiene un lugar en el estudio y análisis de
determinados aspectos de la Sociedad Industrial, tenemos que proceder a ver
cuál es el límite entre Antropología, Sociología y otras Ciencias Sociales, y
estudiar cuál es el tipo de relaciones existentes entre estas disciplinas y si
es que tienen algo de diferencial.
Pero es siempre la
autoridad de Levi-Strauss quien nos da
una visión más correcta y aceptable de las relaciones de la Antropología con
las otras ciencias. Este autor concebía a la Antropología
como una última etapa de la síntesis que toma como base las conclusiones
obtenidas a través de los datos y materiales recogidos por la Etnografía y las
primeras síntesis y conclusiones de la Etnología.
El querer prescindir
de una perspectiva temporal tendría el mismo significado, en la actualidad, que
castrar a las conclusiones de los antropólogos de todo contenido científico.
Todos los pueblos son producto de su pasado, y aun aquellas sociedades que
erróneamente, o inicialmente, fueron atribuidas a etnólogos y antropólogos,
para su estudio, y que fueron definidas como “sin historia” la tienen, y ello
ha quedado evidenciado en el sinfín de leyendas y mitos que existen en estos
pueblos mal llamados “primitivos”.
La comunicación
activa entre antropólogos y economistas aumenta de continuo, especialmente
desde que se han convencido los primeros de la conveniencia de registrar tanto
como sea posible los mecanismos económicos de las sociedades que se estudian.
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| Ralph Linton, antropólogo estadounidense (1893-1953) |
Ralph Linton, para diferenciar los límites de
Antropología, Sociología y Psicología, aseguraba a cada una de estas
disciplinas tres campos de estudio: a la Sociología el estudio de la sociedad;
a la Antropología el de la cultura y a la Psicología el del individuo.
Como este mismo autor
reconoce, cada vez se torna más evidente que existen ciertos problemas cuya
solución no puede darla una sola de estas disciplinas.
Las sociedades están
compuestas de individuos y toda sociedad tiene una cultura, como toda cultura
pertenece a una específica sociedad. Los individuos son producto tanto de las
características de la sociedad como de las de su cultura. Entonces, por lo que
vemos, entre estos aspectos existe una estrecha interrelación que nos
imposibilita la aceptación de los campos antes asignados por Linton, aún cuando tengamos que agradecerle el
habernos lanzado una señal guía. Además, no sólo es necesario el diferenciar a
unas disciplinas de otras sino también el ensamblarlas en un compuesto
coherente.
La Antropología, al centrar
su atención en el hombre, tiene en cuenta tanto los aspectos de la existencia
humana, biológica y cultural; pasada y presente, combinando estos materiales
diversos en un abordamiento íntegro del problema de la experiencia humana. Esto
hace que tengamos también que ver la interdependencia que existe entre la
Antropología y otras ciencias diferentes de las consideradas como sociales, lo
que en cierto modo nos complica algo nuestra intención de obtener los límites
de la disciplina pero, por otro lado, nos amplia la visión de su contenido.
Herskovits considera que la Antropología acude a las ciencias
exactas y naturales, en tanto que, en relación con las humanidades y las
ciencias sociales, actúa esencialmente como agente sintetizador. La Antropología
proporciona a estas disciplinas un marco de referencia mucho más amplio, dentro
del cual pueden establecerse más seguras generalizaciones. Así, menciona este
autor que hay tres disciplinas que guardan una estrecha relación con la
Antropología. Esta disciplina como campo dinámico de investigación que
comprende el total desarrollo del hombre y estudia las variedades de la
cultura, resultado de los cambios a lo largo de dilatados períodos de tiempo,
es histórica. Como ciencia que trata de comprender los resortes de la
conducta social y el papel que la cultura desempeña en la adaptación humana es psicológica.
Por último, como disciplina que considera la naturaleza y amplitud de los
sistemas de valor a cuyo amparo viven los hombres, el significado de las metas
que sirven de guía a sus actividades, sus explicaciones del universo, y las
relaciones entre las instituciones y los que viven de acuerdo con ellas, es filosófica.
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| Claude Lévi-Strauss, antropólogo francés (1908-2009) |
Por lo tanto, la
Antropología, Etnología y Etnografía son, en realidad, tres etapas o momentos
de la misma investigación, y la preferencia de uno u otro de estos términos sólo
expresa que la atención está dirigida en forma predominante hacia un tipo de
investigación que nunca puede excluir los otros dos.
Los mecanismos y las
formas de adaptación humana al medio ambiente, las maneras de utilizarlo y
explotarlo, tienen que ver fundamentalmente con la tecnología, la economía y la
organización social y política. Desde este punto de vista, es decir, de la
estructura sociocultural considerada como un mecanismo de adaptación y control
del ambiente, la ecología humana es una disciplina montada a la vez sobre la
Antropología Física, las ciencias biológicas, la Antropología Social y Cultural
y las ciencias naturales. En este sentido, la ecología no sólo tiene una serie
de contactos con las ciencias sociales y, por lo tanto, con la Antropología
Social, sino que también es vinculante entre las diversas ramas de la
Antropología y sirve de nexo de unión con las ciencias físicas y naturales.
Las relaciones de la
Antropología, así a secas sin más calificativos, con la Historia han constituido
una parte muy apreciable de las discusiones referentes a los contactos con
otras ciencias o disciplinas. Inicialmente, la Antropología nació con una
indudable vocación histórica. Precisamente, el hecho de que los cimientos
antropológicos se fraguaran en la segunda mitad del siglo XIX tuvo como
consecuencia que el evolucionismo marcara la pauta que informaría a los
iniciadores de la Antropología.
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| Bosquimanos, pueblo primitivo del sur de África |
Margaret Mead estima que las diferencias metodológicas entre los
historiadores y los antropólogos pueden ser sintetizadas en dos palabras:
“documento” e “informe”. El historiador emplea material escrito. En
contraste, el antropólogo encuentra informantes cuyo lugar en su sociedad él
examina con mucho cuidado, de modo que de estos seres humanos vivientes puede
extraer elementos sobre la cultura que tradicionalmente registra sobre el
lugar.
La Historia puede ser
una guía para el antropólogo, como también la Antropología puede ser uno de los
instrumentos para interpretar la Historia. Durkheim
afirmaba que a la Sociología había que estudiarla históricamente, y que la
Historia se tenía que estudiar sociológicamente.
Por lo tanto, los fenómenos
de la Sociedad Industrial, como los problemas de las sociedades primitivas,
pueden ser enfocados desde una variada perspectiva, entre cuyos muchos enfoques podemos mencionar el económico, sociológico, psicológico y el
socio-antropológico, sin que el hecho de que nos encontremos en uno de ellos
quiera decir que estemos en un compartimento estanco aislado de los otros
enfoques que, en cualquier caso, pueden ser complementarios al mismo fin
específico que constituye nuestra meta.
La sociología se
ocupa más bien de estudios más globales y amplios, en tanto que los
antropólogos sociales tienen tendencia a realizar análisis más detallados:
monografías familiares, estudios culturales, dado que la cultura ha sido y
sigue siendo la piedra angular sobre la que se han asentado la mayoría de las
aportaciones de los antropólogos. En lo que respecta a las técnicas, los
sociólogos usan preponderantemente técnicas cuantitativas, en tanto que los
antropólogos utilizan métodos mucho más intensivos y cualitativos, hasta el
punto de que hay una técnica que es conocida como “método antropológico”, la
observación participante, que es típica, aunque no la única ni exclusiva de las
usadas por etnólogos y antropólogos.
Como
consecuencia de esto, las ciencias auxiliares de uno u otro enfoque variarán;
así, la estadística necesariamente tendrá que ser un instrumento imprescindible
para el sociólogo, y de bastante menor utilidad en el caso del antropólogo. En
otro orden de cosas, no se puede concebir el caso de un sociólogo que
desconozca al menos unos rudimentos de economía política moderna, no
interesándole lo más mínimo, aunque no le sobren, los conocimientos de
lingüística. Puede hacer magníficos estudios sociológicos sin conocer el idioma
de la realidad nacional sobre la que investiga, cosa que constituiría un
“handicap” de gran envergadura para el antropólogo, quien no solo tiene que
conocer la lengua sino también poseer los instrumentos de la lingüística,
incluso algunas veces de la ágrafa, y sin embargo no necesita absolutamente
saber lo que es propensión marginal al consumo o la elasticidad de la demanda,
aunque como en el caso del sociólogo, estos conocimientos no le vengan mal del
todo y enriquezcan el carácter científico de su propia perspectiva.
lunes, 30 de julio de 2012
Las lenguas indoeuropeas
Los datos arqueológicos han permitido demostrar la existencia de un pueblo seminómada, al que se ha llamado indoeuropeo, asentado en las grandes estepas de Asia central, al sur de la actual Rusia, en un periodo en torno a 4000 a.C. Este pueblo inició una serie de migraciones desde esas regiones asiáticas hacia la gran península de Europa. Alrededor de 3500 a.C. pudieron haber llegado al Danubio y en 2000 a.C. habrían alcanzado la región adriática (actuales Italia, Albania, Bosnia, Croacia y Serbia).
Este pueblo pudo compartir en el inicio una lengua común, a la que se ha llamado protoindoeuropeo y de la que descenderían un gran número de lenguas actuales (las europeas y algunas de las regiones del subcontinente indio). Según el planteamiento del método comparativo, todas las lenguas derivadas del protoindoeuropeo pertenecerían a la familia de las lenguas indoeuropeas.
La existencia de esta lengua madre indoeuropea no fue establecida con garantía hasta el siglo XIX, cuando el método comparativo, aplicado a las diferentes lenguas europeas, estableció claramente la existencia de semejanzas sistemáticas entre ellas, por lo que se infirió su origen común. El hecho de que lenguas tan distintas como el hindi, el latín, el ruso o el alemán tengan semejanzas lingüísticas no permite pensar en una coincidencia casual, sino en semejanzas sistemáticas.
Por tanto, las lenguas indoeuropeas son aquellas lenguas europeas y asiáticas que presentan semejanzas, sobre todo morfológicas aunque también sintácticas, porque descienden de una lengua madre común, llamado protoindoeuropeo.
Este conjunto de lenguas constituye un capítulo importantísimo en el estudio de nuestra historia lingüística, ya que a ellas pertenecen casi la mitad de las lenguas que se hablan en el planeta. Por ser el indoeuropeo una lengua utilizada en un tiempo anterior a la escritura, no hay testimonios de sus sonidos ni de sus formas, así que solo podemos reconstruirlo a partir de las lenguas derivadas de esa hipotética protolengua.
Cada una de las familias surgidas de esa lengua madre han evolucionado y han dado lugar a otras familias y otras lenguas. De todas las familias que derivan del protoindoeuropeo nos interesan especialmente la itálica, por pertenecer a ella el latín (del que derivan las lenguas romances, entre ellas el castellano); la germánica, la céltica y la helénica, por su importante aportación de vocabulario al castellano.
Las principales lenguas romances (las que derivan del latín) se han extendido por casi todo el mundo, debido principalmente al colonialismo europeo de los siglos XVI al XX. Como resultado de este proceso, en la actualidad hay más de quinientos millones de personas que tienen como lengua madre alguna de estas lenguas romances, y alrededor de 2.000 millones de personas hablan alguna lengua de origen indoeuropeo.
Este pueblo pudo compartir en el inicio una lengua común, a la que se ha llamado protoindoeuropeo y de la que descenderían un gran número de lenguas actuales (las europeas y algunas de las regiones del subcontinente indio). Según el planteamiento del método comparativo, todas las lenguas derivadas del protoindoeuropeo pertenecerían a la familia de las lenguas indoeuropeas.
La existencia de esta lengua madre indoeuropea no fue establecida con garantía hasta el siglo XIX, cuando el método comparativo, aplicado a las diferentes lenguas europeas, estableció claramente la existencia de semejanzas sistemáticas entre ellas, por lo que se infirió su origen común. El hecho de que lenguas tan distintas como el hindi, el latín, el ruso o el alemán tengan semejanzas lingüísticas no permite pensar en una coincidencia casual, sino en semejanzas sistemáticas.
Por tanto, las lenguas indoeuropeas son aquellas lenguas europeas y asiáticas que presentan semejanzas, sobre todo morfológicas aunque también sintácticas, porque descienden de una lengua madre común, llamado protoindoeuropeo.
Este conjunto de lenguas constituye un capítulo importantísimo en el estudio de nuestra historia lingüística, ya que a ellas pertenecen casi la mitad de las lenguas que se hablan en el planeta. Por ser el indoeuropeo una lengua utilizada en un tiempo anterior a la escritura, no hay testimonios de sus sonidos ni de sus formas, así que solo podemos reconstruirlo a partir de las lenguas derivadas de esa hipotética protolengua.
Cada una de las familias surgidas de esa lengua madre han evolucionado y han dado lugar a otras familias y otras lenguas. De todas las familias que derivan del protoindoeuropeo nos interesan especialmente la itálica, por pertenecer a ella el latín (del que derivan las lenguas romances, entre ellas el castellano); la germánica, la céltica y la helénica, por su importante aportación de vocabulario al castellano.
Las principales lenguas romances (las que derivan del latín) se han extendido por casi todo el mundo, debido principalmente al colonialismo europeo de los siglos XVI al XX. Como resultado de este proceso, en la actualidad hay más de quinientos millones de personas que tienen como lengua madre alguna de estas lenguas romances, y alrededor de 2.000 millones de personas hablan alguna lengua de origen indoeuropeo.
jueves, 26 de julio de 2012
El Macizo Central Ibérico
El Macizo Central Ibérico es el resto de una antigua cordillera herciniana arrasada por la erosión hasta sus raíces a finales del Primario. Los empujes alpinos le abombaron y fracturaron, introduciendo una tectónica germánica de bloques. En conjunto fue levantado (altitud media, 600 m.) y basculado hacia el oeste. Se transformó en un macizo antiguo de compleja estructura morfológica. Las dovelas levantadas constituyeron las montañas interiores; las hundidas, las cuencas sedimentarias, las zonas de tipo medio, las penillanuras.
Es la unidad de mayor extensión ya que ocupa las dos terceras partes de la superficie peninsular. Se extiende desde Galicia a la Cordillera Ibérica, desde la Cordillera Cantábrica hasta Sierra Morena, y por el oeste se extiende hasta las Sierras de Gralheira y Caramulo y el Alemtejo portugués.
1. Las montañas interiores
Corresponden a los bloques levantados mediante fallas o grandes deformaciones. Los Montes Galaicos-Leoneses y el Sistema Central son unidades de este tipo; los Montes de Toledo tienen significado distinto.
a) Los Montes Galaico-Leoneses, que se prolongan por las sierras de Queixa y Segundeira y las de Tras-os-Montes, de estilo germánico, son un enorme abombamiento en el que las fallas tienen escaso valor morfológico. Constituyen una enorme unidad de relieve apalachense que culmina a más de 2.000 m. (Teleno). En ella se distinguen las montañas orientales de Galicia (Caurel, Ancares) que terminan bajo los depósitos miocenos de las cuencas de Lugo, Sarria y Monforte; la dovela hundida del Bierzo, recubierta de sedimentos terciarios; y los Montes de León que forman un claro relieve apalachense en el sur (Montes Aquilianos) y una superficie de erosión a más de 1.200 m (Brañuelas) al norte de la Cabrera. Los Montes de León son fosilizados en el este por los depósitos miocenos de la cuenca, que penetran en festón a lo largo de las depresiones labradas en las pizarras y limitadas por los crestones de cuarcitas (Sierras de la Culebra o Cabrera).
b) El Sistema Central tiene un significado distinto. Son una serie de bloques levantados en dos fases en el terciario, orientados de noreste a sudoeste, y separados por fosas transversales. Desde la Sierra de Altorrey, que se levanta sobre la Paramera de Atienza, hasta las Sierras de Lousa y Estrelha en Portugal, domina el estilo germánico: muy claro en Guadarrama y Gredos; bloques aislados separados por fosas tectónicas norte-sur en la Sierra de Béjar (fosas del Alagón y Jerte) y en las Sierras de Gata, Peña de Francia y de la Estrelha. Basculados hacia el sur los bloques presentan los restos de superficies de erosión, que afectaron al Macizo Central, en sus cumbres, retocadas por el glaciarismo, y pedimentos desarrollados en las dovelas basales.
2. Las cuencas sedimentarias castellanas
Con los movimientos alpinos dos extensas áreas, al norte y sur del Sistema Central, tendieron a la subsidencia formándose dos extensas cuencas sedimentarias. El zócalo se hundió a más de 1.000 m. y fueron colmatadas de materiales blandos, detríticos, que procedían de las montañas periféricas; la naturaleza de éstos es diversa, de acuerdo con la procedencia (arenas, arcillas, yesos, calizas), y todos presentan una disposición horizontal o monoclinal. De ahí el predominio de las formas llanas: tabulares o estructurales (páramos, plataformas periféricas: Alcarria), o de erosión como las campiñas (Tierra de Campos o de Pinares). Castilla la Vieja, más extensa se encuentra a 700-800 m.; Castilla la Nueva, más reducida a 600-700 m. El Sistema Central es la solución de continuidad.
3. Las penillanuras
Constituyen el elemento que alcanza mayor extensión dentro del Macizo Central y el que contribuye a dar una mayor complejidad a su estructura morfológica. Son los sectores que apenas experimentaron modificación durante el Terciario. Su origen se remonta a la penillanura de fines del Primario. Se extienden por Galicia (penillanura central a 300-500 m.), oeste de Castilla la Vieja (Sanabria, Aliste, Sayago, Campo Charro, prolongándose por La Beira), y al sur del Sistema Central por el Campo de Calatrava y Extremadura, prolongándose por el Alemtejo hasta la depresión del Ribatejo.
Existen tres tipos de penillanuras en relación con la constitución litológica: las labradas en granito o neis, más rígidas y perfectas (la gallega, Campos de Ledesma y Vitigudino); las modeladas en pizarras, mucho más disecadas y con relieves residuales cuarcitosos (sur de Salamanca); las penillanuras con relieves apalachenses constituidos por cordales de cuarcitas (Sierra de la Culebra, Campo Calatrava). Los Montes de Toledo son un magnífico ejemplo de relieves residuales de tipo apalachense que culminan a 1.500 m.
Es la unidad de mayor extensión ya que ocupa las dos terceras partes de la superficie peninsular. Se extiende desde Galicia a la Cordillera Ibérica, desde la Cordillera Cantábrica hasta Sierra Morena, y por el oeste se extiende hasta las Sierras de Gralheira y Caramulo y el Alemtejo portugués.
1. Las montañas interiores
Corresponden a los bloques levantados mediante fallas o grandes deformaciones. Los Montes Galaicos-Leoneses y el Sistema Central son unidades de este tipo; los Montes de Toledo tienen significado distinto.
a) Los Montes Galaico-Leoneses, que se prolongan por las sierras de Queixa y Segundeira y las de Tras-os-Montes, de estilo germánico, son un enorme abombamiento en el que las fallas tienen escaso valor morfológico. Constituyen una enorme unidad de relieve apalachense que culmina a más de 2.000 m. (Teleno). En ella se distinguen las montañas orientales de Galicia (Caurel, Ancares) que terminan bajo los depósitos miocenos de las cuencas de Lugo, Sarria y Monforte; la dovela hundida del Bierzo, recubierta de sedimentos terciarios; y los Montes de León que forman un claro relieve apalachense en el sur (Montes Aquilianos) y una superficie de erosión a más de 1.200 m (Brañuelas) al norte de la Cabrera. Los Montes de León son fosilizados en el este por los depósitos miocenos de la cuenca, que penetran en festón a lo largo de las depresiones labradas en las pizarras y limitadas por los crestones de cuarcitas (Sierras de la Culebra o Cabrera).
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| Candelario, en la provincia de Salamanca, a los pies de la Sierra de Béjar |
2. Las cuencas sedimentarias castellanas
Con los movimientos alpinos dos extensas áreas, al norte y sur del Sistema Central, tendieron a la subsidencia formándose dos extensas cuencas sedimentarias. El zócalo se hundió a más de 1.000 m. y fueron colmatadas de materiales blandos, detríticos, que procedían de las montañas periféricas; la naturaleza de éstos es diversa, de acuerdo con la procedencia (arenas, arcillas, yesos, calizas), y todos presentan una disposición horizontal o monoclinal. De ahí el predominio de las formas llanas: tabulares o estructurales (páramos, plataformas periféricas: Alcarria), o de erosión como las campiñas (Tierra de Campos o de Pinares). Castilla la Vieja, más extensa se encuentra a 700-800 m.; Castilla la Nueva, más reducida a 600-700 m. El Sistema Central es la solución de continuidad.
3. Las penillanuras
Constituyen el elemento que alcanza mayor extensión dentro del Macizo Central y el que contribuye a dar una mayor complejidad a su estructura morfológica. Son los sectores que apenas experimentaron modificación durante el Terciario. Su origen se remonta a la penillanura de fines del Primario. Se extienden por Galicia (penillanura central a 300-500 m.), oeste de Castilla la Vieja (Sanabria, Aliste, Sayago, Campo Charro, prolongándose por La Beira), y al sur del Sistema Central por el Campo de Calatrava y Extremadura, prolongándose por el Alemtejo hasta la depresión del Ribatejo.
Existen tres tipos de penillanuras en relación con la constitución litológica: las labradas en granito o neis, más rígidas y perfectas (la gallega, Campos de Ledesma y Vitigudino); las modeladas en pizarras, mucho más disecadas y con relieves residuales cuarcitosos (sur de Salamanca); las penillanuras con relieves apalachenses constituidos por cordales de cuarcitas (Sierra de la Culebra, Campo Calatrava). Los Montes de Toledo son un magnífico ejemplo de relieves residuales de tipo apalachense que culminan a 1.500 m.
viernes, 20 de julio de 2012
Las primeras civilizaciones urbanas: Egipto
1. El medio natural
Egipto es un gran desierto atravesado de sur a norte por el Nilo. Este río, de gran longitud (6.670 kms.) nace en el lago Victoria, en el corazón de África, y desemboca en el Mediterráneo, formando un extenso delta.
El Nilo se desborda una vez al año e inunda el valle, fertilizando las tierras cercanas.
Con sus orillas adornadas por lotos y papiros, y habitadas por aves acuáticas y especies animales como el cocodrilo y el hipopótamo, el Nilo era fuente de vida para los antiguos egipcios, que adoraban a este río como a un dios.
Egipto está formado por dos zonas distintas que sus habitantes denominan "las dos tierras": el delto o Bajo Egipto (al norte), zona baja, llana y pantanosa, y el valle o Alto Egipto (al sur).
2. La historia
Los reinos del Bajo y Alto Egipto eran independientes entre sí hasta que fueron unificados por el rey Menes hacia el 3000 a.C. En esta época aparecieron las primeras dinastías de faraones y los primeros documentos escritos y dio comienzo la historia.
Etapas de la historia de Egipto
Egipto es un gran desierto atravesado de sur a norte por el Nilo. Este río, de gran longitud (6.670 kms.) nace en el lago Victoria, en el corazón de África, y desemboca en el Mediterráneo, formando un extenso delta.El Nilo se desborda una vez al año e inunda el valle, fertilizando las tierras cercanas.
Con sus orillas adornadas por lotos y papiros, y habitadas por aves acuáticas y especies animales como el cocodrilo y el hipopótamo, el Nilo era fuente de vida para los antiguos egipcios, que adoraban a este río como a un dios.
Egipto está formado por dos zonas distintas que sus habitantes denominan "las dos tierras": el delto o Bajo Egipto (al norte), zona baja, llana y pantanosa, y el valle o Alto Egipto (al sur).
2. La historia
Los reinos del Bajo y Alto Egipto eran independientes entre sí hasta que fueron unificados por el rey Menes hacia el 3000 a.C. En esta época aparecieron las primeras dinastías de faraones y los primeros documentos escritos y dio comienzo la historia.
Etapas de la historia de Egipto
- Imperio Antiguo: Este periodo (3000-2100 a.C.) fue el de mayor esplendor en la construcción de pirámides, como las de los faraones Keops, Kefren y Micerinos. La capital del Imperio era la ciudad de Menfis (a unos 19 kms. de El Cairo quedan los restos de esta ciudad).
- Imperio Medio: En esta etapa (2100-1700 a.C.), la capital se trasladó a Tebas y se produjo una gran expansión territorial. En el 1700 a.C. tuvo lugar la invasión de los hicsos, un pueblo nómada que sometió a los egipcios durante dos siglos debido a su superioridad militar.
- Imperio Nuevo: Fue un período (1554-1074 a.C.) de gran prosperidad en el que las ciudades experimentaron un impresionante crecimiento. Durante esta etapa gobernaron faraones tan importantes como Tutankamón, Ramsés II y Ramsés III.
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| Máscara de Tutankamón Museo Egipcio de El Cairo |
- Bajo Imperio: Es un período (1075-31 a.C.) de decadencia. Egipto se disgregó en pequeños estados independientes y sufrió invasiones de diversos pueblos: asirios, babilonios, persas y griegos (conquista de Alejandro Magno en el 332 a.C.). Posteriormente, tras el fallecimiento de la reina Cleopatra, Egipto se convirtió en una provincia romana.
sábado, 14 de julio de 2012
Cultura, arte y religión en la España romana
La presencia de Roma en Hispania trajo como consecuencia la introducción de su cultura, sus creencias y prácticas religiosas y sus concepciones artísticas. El proceso unificador desarrollado por Roma en la cuenca del Mediterráneo, y que afectó también a las manifestaciones del espíritu, hizo de Hispania una pieza más del conjunto. Esta inserción de la península Ibérica en el contexto del Imperio Romano fue precisamente uno de los factores que facilitó la difusión en tierras hispanas del cristianismo.
1. La cultura hispanorromana
Hispania se incorporó plenamente a la cultura romana, especialmente aquellas regiones que, como la Bética y la Tarraconense, habían mantenido amplio contacto con los pueblos colonizadores. El latín se impuso como lengua de la administración pero también como vehículo de culturas. Las escuelas de Retórica transmitían a las minorías dirigentes de Hispania las formas de expresión vigentes en Roma. Numerosos hombres públicos que destacaron en Roma eran originarios de Hispania (incluso algunos de los más importantes emperadores, como Trajano).
Pronto estuvieron los hispanos en condiciones de contribuir al florecimiento de la cultura romana. Esta aportación fue particularmente destacada en el siglo I d.C., el siglo por excelencia de la cultura hispano-latina. Quizá el intelectual hispano más destacado fue cordobés Lucio Anneo Séneca, autor de una obra filosófica de carácter estoico preocupada ante todo por los problemas de la moral, y que ejerció en el futuro una enorme influencia. En el campo de la literatura hay que recordar a Quintiliano, maestro de retórica, a Marcial, autor de unos epigramas llenos de ingeniosidad y cinismo, y al historiador Lucano, el cual en su obra Farsalia ha dejado constancia de su realismo. En el terreno del pensamiento científico es imprescindible citar al agrónomo Columela, y al geógrafo Pomponio Mela.
2. El arte hispanorromano
El espíritu constructor de los romanos se plasmó en tierras hispanas en la erección de innumerables obras, muchas de las cuales se conservan aún en nuestros días. Son construcciones urbanas, destinadas a la satisfacción por los habitantes de las ciudades de sus necesidades materiales (de ahí los acueductos, puentes, etc.), o espirituales (teatros, templos, arcos conmemorativos, etc.). He aquí algunas de las muestras del rico legado arquitectónico dejado por Roma en Hispania:
1. La cultura hispanorromana
Hispania se incorporó plenamente a la cultura romana, especialmente aquellas regiones que, como la Bética y la Tarraconense, habían mantenido amplio contacto con los pueblos colonizadores. El latín se impuso como lengua de la administración pero también como vehículo de culturas. Las escuelas de Retórica transmitían a las minorías dirigentes de Hispania las formas de expresión vigentes en Roma. Numerosos hombres públicos que destacaron en Roma eran originarios de Hispania (incluso algunos de los más importantes emperadores, como Trajano).
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| Séneca |
2. El arte hispanorromano
El espíritu constructor de los romanos se plasmó en tierras hispanas en la erección de innumerables obras, muchas de las cuales se conservan aún en nuestros días. Son construcciones urbanas, destinadas a la satisfacción por los habitantes de las ciudades de sus necesidades materiales (de ahí los acueductos, puentes, etc.), o espirituales (teatros, templos, arcos conmemorativos, etc.). He aquí algunas de las muestras del rico legado arquitectónico dejado por Roma en Hispania:
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| Templo de Diana en Évora, Portugal |
- Templos (Évora, en Portugal, Vich, "Diana", de Mérida)
- Teatros (Mérida, Sagunto, Clunia)
- Anfiteatros (Mérida, Itálica)
- Acueductos (Segovia, "Los Milagros" de Mérida)
- Puentes (Alcántara)
- Arcos conmemorativos (Bará, Medinaceli)
- Sepulcros (la llamada "Torre de los Escipiones", en Tarragona)
- Murallas (Lugo)
Por lo que respecta a la escultura se han conservado diversas estatuas de divinidades y algunas de emperadores. Muy importantes son los mosaicos, que recogen escenas diversas, como las hazañas de Hércules en el de Liria (Valencia) o el sacrificio de Ifigenia, en un mosaico de Ampurias.
3. El cristianismo en España
La unificación impulsada en Hispania por Roma afectó también a la vida religiosa. Las creencias de los pueblos indígenas, aunque no fueron totalmente arrinconadas, se debilitaron profundamente ante la irrupción de la religión romana. No obstante lo que en realidad le interesaba a Roma era la difusión del culto imperial.
La gran novedad de la España romana, desde el punto de vista religioso, fue la introducción del cristianismo. Sin embargo se conoce bastante mal todo lo relacionado con la penetración de la nueva religión. La noticia de la llegada a Hispania del apóstol Santiago es fruto de una tradición bastante tardía. En cambio es probable la predicación en tierras hispanas de Pablo, que se situaría entre los años 64 y 66 d.C. Pero las referencias a la presencia en España de los siete varones apostólicos responden simplemente a una piadosa tradición.
La difusión de la doctrina cristiana en la península Ibérica debió de realizarse con lentitud, pues tropezó con dos importantes obstáculos: por una parte la pervivencia de costumbres paganas, especialmente entre los rústicos; por otra, la hostilidad de Roma. Desde el siglo III d.C. las persecuciones afectaron a los cristianos de Hispania, muchos de los cuales fueron condenados. Mas a pesar de todo, el cristianismo arraigó en Hispania. A principios del siglo IV, cuando el edicto de Milán permitió a la iglesia cristiana salir a la superficie, ya existía en Hispania una densa red de parroquias y diócesis, pues en el Concilio de Iliberis (Elvira, Granada), celebrado por entonces, se dieron cita 20 obispos.
El cristianismo, asentado sólidamente en Hispania en el siglo IV d.C., ganó en complejidad pero también en problemas. Pronto surgieron interpretaciones heréticas, por ejemplo la de Prisciliano, notable por su ascetismo riguroso. El poeta Prudencia es un ejemplo espléndido de lo primero. Del arte paleocristiano merecen cita los abundantes sarcófagos (así el de San Félix en Gerona o el de Santa Engracia en Zaragoza).
| Sarcófago de Santa Engracia Basílica de Santa Engracia, Zaragoza |
sábado, 7 de julio de 2012
Antropología: delimitación de conceptos
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| Angel Palerm (1917-1980) |
La Antropología Física
trata del hombre como organismo animal ocupándose primordialmente del origen de
las razas humanas y de la historia de su evolución. Juan Coma la define como “la
Ciencia que se dedica al estudio de variaciones humanas, estudio comparativo
del cuerpo humano y de sus funciones inseparables; o como el tratado de las
causas y caminos de la evolución humana, transmisión y clasificación, efectos y
tendencias en las diferencias funcionales y orgánicas; dedicándose como ciencia
no sólo a medir, clasificar y especular, sino también a crear los métodos y las
técnicas para ver si las teorías sostenidas son correctas o no”.
Siguiendo a Palerm, éste
divide la Antropología Física, en las diversas ramas siguientes:
1º Primatología; o sea el estudio
de los primates, tanto humanos como no.
2º Genética humana; como la
disciplina que se ocupa de los rasgos heredados de los individuos, estudio de genes,
grupos de sangre, mezclas sociales, etc.
3º La parte
dedicada a la investigación del crecimiento y desarrollo de los individuos y sus
relaciones con la nutrición, estatus, tecnología de los grupos humanos, etc.4º La antropometría, que estudia medidas y evolución del cuerpo humano.
5º La paleantropología,
dedicada al estudio de los restos humanos.
La segunda gran rama de la
Antropología corresponde a la Antropología Cultural, cuyo tema central,
de acuerdo con el criterio al que se acoge el autor que estamos siguiendo, es
el estudio de la evolución cultural y social de la humanidad, desde sus
orígenes más remotos hasta nuestros días, incluyendo el análisis de la
situación y de las tendencias existentes en la actualidad que están, en cierta
forma, prefigurando el desarrollo futuro, el curso y la dirección ulterior de
la evolución.
Las subdivisiones, en que de acuerdo con esta orientación, se ramifica este aspecto de la Antropología General, son las siguientes:
1º La Arqueología, como
disciplina dedicada –con métodos y técnicas especiales- a la reconstrucción de
las culturas desaparecidas y de sus procesos de desarrollo, mediante el estudio
de sus restos materiales.Las subdivisiones, en que de acuerdo con esta orientación, se ramifica este aspecto de la Antropología General, son las siguientes:
2º La Lingüística,
teóricamente interesada en los orígenes del lenguaje, en su desarrollo y su
estructura.
3º La Antropología Social,
cuya misión es el análisis y comparación de las relaciones entre las personas y
entre los grupos sociales.
4º La Etnografía, que tiene
como objeto la descripción de sociedades y culturas.
5º La Etnología, que es
considerada por Palerm, como la disciplina
teórica de la Antropología Socio-cultural.
Por
último, el tercer gran campo en que este autor divide a la Antropología es el
de la Antropología Aplicada o uso de los conocimientos antropológicos de
cualquiera de las ramas o subdivisiones anteriormente citadas. La utilización
de la Antropología ha sido aplicada en una gran cantidad de casos, que van
desde el uso de la Antropología Física a la Medicina, Asistencia Pública, o en
la Criminología, o las industrias del vestido y del calzado, hasta las funciones
ejercidas por los antropólogos sociales, en casos tan dispares como el
desarrollo de las sociedades; el mantenimiento del colonialismo; el espionaje y
la guerra psicológica; o la dietética.
La influencia de Levi-Strauss ha sido decisiva para superar estas
concepciones disciplinarias y ofrecer una teoría que ensamblara de un modo
armónico las disciplinas antes descritas. Así se conciben relacionadas, de un
modo escalonado, a la Etnografía, la Etnología y la Antropología.
La Etnografía exige
trabajo sobre el terreno y la observación directa. Se queda en el nivel de la
descripción y tiende a las reconstrucciones culturales.
La Etnología cumple una
segunda etapa y corresponde –en la versión que aceptamos de Levi-Strauss- a lo que en los países anglosajones
se considera Antropología Cultural o Antropología Social.
En la tercera etapa o
escalón nos encontramos con la Antropología sociocultural, que, sobre los
materiales y las descripciones recogidas por los etnógrafos y sobre las bases
construidas por los etnólogos, procura extraer conclusiones y tiende a la
obtención de propiedades generales características de toda vida en sociedad.
Usando las mismas palabras de Levi-Strauss:
“La Antropología tiende a un conocimiento global del hombre, ensamblando su
sujeto en toda su extensión histórica y geográfica, aspirando a un conocimiento
aplicable al conjunto del desarrollo humano desde los homínidos hasta las razas
modernas y tendente a conclusiones positivas o negativas, pero valederas para todas
las sociedades humanas desde la gran ciudad moderna hasta las más pequeñas
tribus de la milanesia”.
Así, por tanto, el antropólogo va ocupándose cada vez más del estudio de las
sociedades modernas, o al menos de determinadas áreas o aspectos de ellas.
Incluso con respecto a las sociedades primitivas, el interés está teniendo un
desplazamiento temático hacia aspectos más relacionados con el proceso de
cambio, que en estos grupos humanos está aconteciendo a un gran ritmo en la
actualidad. Los efectos del colonialismo, las luchas de liberación, la
adaptación de formas políticas nuevas, la aparición de nuevas subculturas, el
proceso de urbanización, la integración social, los procesos de desarrollo, las
consecuencias de la innovación, etc., son cada vez más el fin al que van
dirigidas las actividades de los antropólogos preocupados y ocupados aún por
esas poblaciones de los países subdesarrollados.
En esta orientación cabe
destacar la descollante aportación de Oscar Lewis,
quien ha llevado la Antropología a preocuparse del análisis de un fenómeno
sociológico tan importante, a la vez que extendido, como es el de la pobreza en
las áreas marginales de esa ficticia sociedad de la abundancia, con lo que no
solamente se ha enriquecido el campo de la actuación de los antropólogos, sino
que también aporta a cualquier profano el conocimiento de una realidad social
que forma una parte muy importante de la vida cotidiana de extensos sectores
tanto en las naciones desarrolladas, como en la subdesarrolladas.
Las sociedades
rurales, los estudios familiares, el análisis de cualquier subcultura, los
estudios de los sistemas de valores imperantes en una sociedad, los procesos de
cambio socio-cultural y la gran gama de aspectos prácticos ofrecidos como
realidades por la Antropología Aplicada, son otras tantas variantes que pueden
constituir un foco de interés para que el moderno antropólogo social participe
de esta nueva orientación.
La historia ha
querido que la Antropología comenzara interesándose en las sociedades llamadas
“salvajes” o primitivas aún cuando el foco de la atención ya actualmente no se
centre sobre estas sociedades.
El
estudio de los primitivos es necesario para corregir el excesivo etnocentrismo
que informa muchas veces las conclusiones de algunos científicos sociales. Así
se puede observar la existencia o no de la universalidad de determinadas
instituciones, como por ejemplo, el complejo de Edipo, cuya no aparición en los
mismos términos occidentales puso de manifiesto Malinowski
entre los trobiandeses. Igualmente se puede comparar las sociedades que poseen
características muy diferenciadas y apreciar en algunas de ellas que, con un
casi nulo desarrollo tecnológico, desconocen la guerra, como los esquimales, o
la mentira como algunas tribus amazónicas. Por último, el conocimiento de las
características y valores de otras sociedades sirve para integrar a éstas en
el proceso de cambio que está aconteciendo en la actualidad y también para que
el altivo hombre occidental reconozca las limitaciones y partes negativas que
tiene “La Humanidad” por él construida y ello puede servir al acercamiento para
la construcción de una futura sociedad más justa, quizá para esa soñada ilusión
de la consecución de ese ideal de “hombre del siglo XXI”.
lunes, 2 de julio de 2012
Clases de lenguas
Las lenguas del mundo son numerosísimas. En general, hay un acuerdo en establecer su número en torno a las 4.000. Pero lo cierto es que no resulta fácil saber con exactitud cuántas lenguas se hablan en el mundo.
Una de las cosas que más ha preocupado al ser humano es averiguar el origen del lenguaje. La mitología cuenta que su origen está en los dioses. Pero también es cierto que cada grupo humano tiene formas propias de comunicarse. Por eso el lenguaje es casi infinito. La Torre de Babel es una parábola acerca de la diversidad del lenguaje entre las personas y de la dificultad de entenderse.
1. Clasificación estructural
Para realizar un estudio de las diferentes lenguas, hay que observar su gramática, es decir, su funcionamiento. Estudiadas las lenguas según este método, se distinguen los siguientes tipos:
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| La Torre de Babel, de Pieter Brueghel (1563) Kunsthistorisches Museum (Viena) |
1. Clasificación estructural
Para realizar un estudio de las diferentes lenguas, hay que observar su gramática, es decir, su funcionamiento. Estudiadas las lenguas según este método, se distinguen los siguientes tipos:
- Lenguas monosilábicas: Las palabras son solamente raíces que nunca cambian. Una misma palabra puede ser verbo, adjetivo o nombre. Para formar una oración, se utiliza la yuxtaposición de palabras, que son invariables, de modo que una palabra tendrá una función u otra según el lugar que ocupe en la frase. Un ejemplo de lengua monosilábica es el chino.
- Lenguas aglutinantes: En las lenguas aglutinantes, el método para formar un texto consiste en juntar las palabras-raíz, una al lado de otra, pero sin fundirlas entre sí. Por la unión de unas raíces con otras se forma la palabra-frase. Son lenguas aglutinantes el finlandés, el japonés, el coreano, etc.
- Lenguas flexivas: Las lenguas flexivas son aquellas que tienen una parte fija (raíz) y otra variable (el morfema, o la terminación). Son lenguas flexivas todas las lenguas indoeuropeas.
2. Clasificación genética
Otra forma de estudiar las diferentes lenguas es clasificándolas por familias. Quienes así lo hacen opinan que las lenguas tienen un parecido entre sí, y que derivan de una misma lengua madre. Para averiguar la relación de parentesco que hay entre distintas lenguas, se utiliza el método comparativo, que consiste en comparar las semejanzas entre unas lenguas y otras. Este método trabaja con fonemas (unidad mínima de sonido) y monemas (unidad mínima dotada de significado). Su planteamiento básico consiste en el análisis de monemas emparentados en diferentes lenguas, es decir, el estudio de la diferencia o similitud que presentan.
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