sábado, 7 de julio de 2012

Antropología: delimitación de conceptos

Angel Palerm (1917-1980)
El profesor hispano-mexicano Angel Palerm considera a la Antropología como la ciencia de la evolución del hombre, de la sociedad y de la cultura, y estima que las ramificaciones de la Antropología pueden ser agrupadas en tres ramas principales que a su vez se dividirían en un conjunto de especialidades: La Antropología Física, la Antropología Cultural y Social; y por último, la Antropología Aplicada.
La Antropología Física trata del hombre como organismo animal ocupándose primordialmente del origen de las razas humanas y de la historia de su evolución. Juan Coma la define como “la Ciencia que se dedica al estudio de variaciones humanas, estudio comparativo del cuerpo humano y de sus funciones inseparables; o como el tratado de las causas y caminos de la evolución humana, transmisión y clasificación, efectos y tendencias en las diferencias funcionales y orgánicas; dedicándose como ciencia no sólo a medir, clasificar y especular, sino también a crear los métodos y las técnicas para ver si las teorías sostenidas son correctas o no”.
Siguiendo a Palerm, éste divide la Antropología Física, en las diversas ramas siguientes:
1º Primatología; o sea el estudio de los primates, tanto humanos como no.
2º Genética humana; como la disciplina que se ocupa de los rasgos heredados de los individuos, estudio de genes, grupos de sangre, mezclas sociales, etc.
3º La parte dedicada a la investigación del crecimiento y desarrollo de los individuos y sus relaciones con la nutrición, estatus, tecnología de los grupos humanos, etc.
4º La antropometría, que estudia medidas y evolución del cuerpo humano.
5º La paleantropología, dedicada al estudio de los restos humanos.
La segunda gran rama de la Antropología corresponde a la Antropología Cultural, cuyo tema central, de acuerdo con el criterio al que se acoge el autor que estamos siguiendo, es el estudio de la evolución cultural y social de la humanidad, desde sus orígenes más remotos hasta nuestros días, incluyendo el análisis de la situación y de las tendencias existentes en la actualidad que están, en cierta forma, prefigurando el desarrollo futuro, el curso y la dirección ulterior de la evolución.


Las subdivisiones, en que de acuerdo con esta orientación, se ramifica este aspecto de la Antropología General, son las siguientes:
1º La Arqueología, como disciplina dedicada –con métodos y técnicas especiales- a la reconstrucción de las culturas desaparecidas y de sus procesos de desarrollo, mediante el estudio de sus restos materiales.
2º La Lingüística, teóricamente interesada en los orígenes del lenguaje, en su desarrollo y su estructura.
3º La Antropología Social, cuya misión es el análisis y comparación de las relaciones entre las personas y entre los grupos sociales.
4º La Etnografía, que tiene como objeto la descripción de sociedades y culturas.
5º La Etnología, que es considerada por Palerm, como la disciplina teórica de la Antropología Socio-cultural.
Por último, el tercer gran campo en que este autor divide a la Antropología es el de la Antropología Aplicada o uso de los conocimientos antropológicos de cualquiera de las ramas o subdivisiones anteriormente citadas. La utilización de la Antropología ha sido aplicada en una gran cantidad de casos, que van desde el uso de la Antropología Física a la Medicina, Asistencia Pública, o en la Criminología, o las industrias del vestido y del calzado, hasta las funciones ejercidas por los antropólogos sociales, en casos tan dispares como el desarrollo de las sociedades; el mantenimiento del colonialismo; el espionaje y la guerra psicológica; o la dietética.


La influencia de Levi-Strauss ha sido decisiva para superar estas concepciones disciplinarias y ofrecer una teoría que ensamblara de un modo armónico las disciplinas antes descritas. Así se conciben relacionadas, de un modo escalonado, a la Etnografía, la Etnología y la Antropología.
La Etnografía exige trabajo sobre el terreno y la observación directa. Se queda en el nivel de la descripción y tiende a las reconstrucciones culturales.
La Etnología cumple una segunda etapa y corresponde –en la versión que aceptamos de Levi-Strauss- a lo que en los países anglosajones se considera Antropología Cultural o Antropología Social.
En la tercera etapa o escalón nos encontramos con la Antropología sociocultural, que, sobre los materiales y las descripciones recogidas por los etnógrafos y sobre las bases construidas por los etnólogos, procura extraer conclusiones y tiende a la obtención de propiedades generales características de toda vida en sociedad. Usando las mismas palabras de Levi-Strauss: “La Antropología tiende a un conocimiento global del hombre, ensamblando su sujeto en toda su extensión histórica y geográfica, aspirando a un conocimiento aplicable al conjunto del desarrollo humano desde los homínidos hasta las razas modernas y tendente a conclusiones positivas o negativas, pero valederas para todas las sociedades humanas desde la gran ciudad moderna hasta las más pequeñas tribus de la milanesia”.
Así, por tanto, el antropólogo va ocupándose cada vez más del estudio de las sociedades modernas, o al menos de determinadas áreas o aspectos de ellas. Incluso con respecto a las sociedades primitivas, el interés está teniendo un desplazamiento temático hacia aspectos más relacionados con el proceso de cambio, que en estos grupos humanos está aconteciendo a un gran ritmo en la actualidad. Los efectos del colonialismo, las luchas de liberación, la adaptación de formas políticas nuevas, la aparición de nuevas subculturas, el proceso de urbanización, la integración social, los procesos de desarrollo, las consecuencias de la innovación, etc., son cada vez más el fin al que van dirigidas las actividades de los antropólogos preocupados y ocupados aún por esas poblaciones de los países subdesarrollados.


En esta orientación cabe destacar la descollante aportación de Oscar Lewis, quien ha llevado la Antropología a preocuparse del análisis de un fenómeno sociológico tan importante, a la vez que extendido, como es el de la pobreza en las áreas marginales de esa ficticia sociedad de la abundancia, con lo que no solamente se ha enriquecido el campo de la actuación de los antropólogos, sino que también aporta a cualquier profano el conocimiento de una realidad social que forma una parte muy importante de la vida cotidiana de extensos sectores tanto en las naciones desarrolladas, como en la subdesarrolladas.
Las sociedades rurales, los estudios familiares, el análisis de cualquier subcultura, los estudios de los sistemas de valores imperantes en una sociedad, los procesos de cambio socio-cultural y la gran gama de aspectos prácticos ofrecidos como realidades por la Antropología Aplicada, son otras tantas variantes que pueden constituir un foco de interés para que el moderno antropólogo social participe de esta nueva orientación.
La historia ha querido que la Antropología comenzara interesándose en las sociedades llamadas “salvajes” o primitivas aún cuando el foco de la atención ya actualmente no se centre sobre estas sociedades.
El estudio de los primitivos es necesario para corregir el excesivo etnocentrismo que informa muchas veces las conclusiones de algunos científicos sociales. Así se puede observar la existencia o no de la universalidad de determinadas instituciones, como por ejemplo, el complejo de Edipo, cuya no aparición en los mismos términos occidentales puso de manifiesto Malinowski entre los trobiandeses. Igualmente se puede comparar las sociedades que poseen características muy diferenciadas y apreciar en algunas de ellas que, con un casi nulo desarrollo tecnológico, desconocen la guerra, como los esquimales, o la mentira como algunas tribus amazónicas. Por último, el conocimiento de las características y valores de otras sociedades sirve para integrar a éstas en el proceso de cambio que está aconteciendo en la actualidad y también para que el altivo hombre occidental reconozca las limitaciones y partes negativas que tiene “La Humanidad” por él construida y ello puede servir al acercamiento para la construcción de una futura sociedad más justa, quizá para esa soñada ilusión de la consecución de ese ideal de “hombre del siglo XXI”.

lunes, 2 de julio de 2012

Clases de lenguas

Las lenguas del mundo son numerosísimas. En general, hay un acuerdo en establecer su número en torno a las 4.000. Pero lo cierto es que no resulta fácil saber con exactitud cuántas lenguas se hablan en el mundo.


La Torre de Babel, de Pieter Brueghel (1563)
Kunsthistorisches Museum (Viena)
Una de las cosas que más ha preocupado al ser humano es averiguar el origen del lenguaje. La mitología cuenta que su origen está en los dioses. Pero también es cierto que cada grupo humano tiene formas propias de comunicarse. Por eso el lenguaje es casi infinito. La Torre de Babel es una parábola acerca de la diversidad del lenguaje entre las personas y de la dificultad de entenderse.


1. Clasificación estructural
Para realizar un estudio de las diferentes lenguas, hay que observar su gramática, es decir, su funcionamiento. Estudiadas las lenguas según este método, se distinguen los siguientes tipos:

  • Lenguas monosilábicas: Las palabras son solamente raíces que nunca cambian. Una misma palabra puede ser verbo, adjetivo o nombre. Para formar una oración, se utiliza la yuxtaposición de palabras, que son invariables, de modo que una palabra tendrá una función u otra según el lugar que ocupe en la frase. Un ejemplo de lengua monosilábica es el chino.
  • Lenguas aglutinantes: En las lenguas aglutinantes, el método para formar un texto consiste en juntar las palabras-raíz, una al lado de otra, pero sin fundirlas entre sí. Por la unión de unas raíces con otras se forma la palabra-frase. Son lenguas aglutinantes el finlandés, el japonés, el coreano, etc.
  • Lenguas flexivas: Las lenguas flexivas son aquellas que tienen una parte fija (raíz) y otra variable (el morfema, o la terminación). Son lenguas flexivas todas las lenguas indoeuropeas.
2. Clasificación genética
Otra forma de estudiar las diferentes lenguas es clasificándolas por familias. Quienes así lo hacen opinan que las lenguas tienen un parecido entre sí, y que derivan de una misma lengua madre. Para averiguar la relación de parentesco que hay entre distintas lenguas, se utiliza el método comparativo, que consiste en comparar las semejanzas entre unas lenguas y otras. Este método trabaja con fonemas (unidad mínima de sonido) y monemas (unidad mínima dotada de significado). Su planteamiento básico consiste en el análisis de monemas emparentados en diferentes lenguas, es decir, el estudio de la diferencia o similitud que presentan.

lunes, 25 de junio de 2012

La Tierra, un punto en el Universo

1. La Tierra en el Universo
Vía Láctea
La Tierra es un planeta del Sistema Solar. El Sol es una estrella de una galaxia llamada Vía Láctea que, a su vez, es una de las miles de galaxias que existen en el Universo.
Las galaxias son grupos de miles o millones de estrellas, gas y polvo que giran en el espacio. Según su forma, se clasifican en tres grupos: elípticas, espirales e irregulares.
En el Universo hay cientos de miles de millones de galaxias, que forman grupos unas con otras. La Vía Láctea pertenece a un grupo de más de veinte galaxias, que constituye el llamado Grupo Local. De este conjunto de galaxias, la más cercana a nosotros es Andrómeda, que se encuentra a 2 300 000 años luz. El año luz es la distancia que recorre la luz en un año a la velocidad de 300 000 kms por segundo.
La Vía Láctea la forman más de 100 000 millones de estrellas y tiene un diámetro aproximado de 110 000 años luz.
La Vía Láctea tiene forma de espiral. Presenta una gran concentración de estrellas en el centro o núcleo, del cual salen una especie de "brazos" a su alrededor. En uno de estos brazos se encuentra la Tierra.


2. La Tierra en el Sistema Solar
El Sistema Solar está formado por una estrella central, el Sol, y numerosos cuerpos que se encuentran a su alrededor ligados por la gravedad: planetas, planetas enanos, satélites y otros cuerpos menores (cometas y asteroides).
En el Sistema Solar se distinguen ocho planetas. Los planetas son astros que giran alrededor del Sol y no tienen luz propia. Algunos planetas cuentan con satélites: astros que giran alrededor de los planetas.
Planetas y satélites tienen dos movimientos: giran sobre sí mismos (movimiento de rotación) y también alrededor del Sol (movimiento de traslación), siguiendo trayectorias llamadas órbitas.
Los planetas giran alrededor del Sol siguiendo una órbita casi circular (elíptica). Según su distancia respecto al Sol, los planetas se dividen en dos grupos separados entre sí por un cinturón de asteroides, cuerpos rocosos de pequeño tamaño:
  • Los planetas interiores (Mercurio, Venus, la Tierra y Marte) son los más cercanos al Sol, tienen una composición rocosa y poseen pocos satélites.
  • Los planetas exteriores (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) están más alejados del Sol, son gaseosos y tienen más satélites.
Los planetas enanos son una nueva categoría de planetas establecida por los astrónomos en el año 2006. Se diferencian de los planetas principales en que su órbita alrededor del Sol no es muy precisa.
En el Sistema Solar se distinguen cinco planetas enanos: Ceres, que se encuentra entre Marte y Júpiter, y Plutón, Haumea, Makemake y Eris, que están situados más allá de Neptuno y reciben el nombre de plutoides.

martes, 19 de junio de 2012

Las primeras civilizaciones urbanas: Mesopotamia

1. El medio natural
Mesopotamia (en lengua griega significa tierra entre ríos) fue una civilización agrícola que se desarrolló en una región localizada en torno a dos ríos: el Tigris y el Éufrates.
Su situación, cerrada al norte y al este por los montes Tauro y Zagros, y abierta al sur y al oeste al golfo Pérsico y al desierto de Siria, hizo de la zona un lugar de paso en el que, debido a la fertilidad de sus tierras, se asentaron numerosos pueblos y se levantaron ciudades amuralladas e independientes que a veces se integraron en distintos imperios.
La zona norte, montañosa y cuna del Tigris y el Éufrates, recibe el nombre de Alta Mesopotamia, mientras que la zona sur, formada por terrenos pantanosos, se denomina Baja Mesopotamia.
Asimismo, según los pueblos que predominaron en las distintas regiones, es posible hacer otra división de Mesopotamia:

  • Sumer: Al sur, en la confluencia de los ríos.
  • Acad: Al norte, entre los valles de los dos ríos.
  • Asiria: Más al norte, en plena montaña.
2. La historia
En la historia de Mesopotamia podemos señalar las siguientes etapas, marcadas por los pueblos que dominaron la zona:
  • Sumerios y acadios: Durante esta etapa (3500-1800 a.C.) destacaron los sumerios, pueblo pacífico y de cultura avanzada. Construyeron canales y pozos para controlar las crecidas de los ríos, se organizaron en ciudades-estado e inventaron la escritura. El predominio sumerio finalizó cuando Sargón I, rey de Acad, organizó un ejército y conquistó Sumer. Posteriormente, otro monarca, Gudea, unificó bajo su mandato a sumerios y acadios, unificación que mantuvieron sus sucesores.
  • Asirios y babilonios: Durante esta etapa (1800-600 a.C.), Hammurabi volvió a unir bajo su autoridad las tierras de Mesopotamia, estableció la capital en Babilonia y creó el Primer Imperio Babilónico, que alcanzó una gran extensión. Posteriormente, hubo un predominio asirio en el cual destacó el rey Asurnasirpal II, que fue famoso por la gran crueldad que mostraba hacia sus enemigos. Hacia el año 625 a.C., Babilonia recuperó la hegemonía e instauró el Imperio Neobabilónico, cuyo rey más destacado fue Nabuconodosor II, que derrotó a los egipcios y dominó Siria.
  • Persas y griegos: En el año 539 a.C., el rey persa Ciro II convirtió Mesopotamia en una provincia más de su imperio. En el 331 a.C., los persas fueron a su vez sometidos por los griegos bajo el mandato de Alejandro Magno.

lunes, 11 de junio de 2012

La organización de Hispania: provincias, municipios

Los romanos, desde que se instalaron en la península Ibérica, introdujeron los elementos organizativos imprescindibles para la administración de los territorios conquistados en Hispania. Para ello efectuaron una división en provincias, que con el tiempo sufriría numerosos cambios, y alentaron la vida urbana. No obstante, la incorporación plena de Hispania y de sus habitantes a las instituciones políticas y a las normas jurídicas romanas se desarrolló a lo largo de un proceso muy lento. Un importante paso adelante se produjo cuando el emperador Vespasiano (siglo I d.C.) concedió el derecho latino a todas las ciudades de Hispania. Aunque se trataba de un derecho de ciudadanía incompleto permitió que todas las ciudades peninsulares se organizaran de acuerdo con la constitución romana. Pero la definitiva equiparación de los habitantes de Hispania con los de Roma no se produjo hasta tiempos del emperador Caracalla. Éste, en el año 212 d.C., concedió la ciudadanía romana a todos los súbditos del Imperio.


1. La administración provincial
Al igual que en las restantes regiones que incorporaba a su dominio, Roma introdujo en Hispania la administración provincial. A fines del siglo II a.C., Hispania fue dividida en dos provincias, la Citerior, que correspondía la zona noreste de la Península, hasta Cartagena, y la Ulterior, con el sur de Hispania. Esas provincias se fueron extendiendo hacia el interior a medida que progresaba la conquista militar.
En tiempos de Augusto se procedió a una reforma importante. La Hispania Citerior, denominada Tarraconense, con capital en Tarraco, debido a que tenía zonas no suficientemente pacificadas, fue colocada bajo la dirección política del emperador, que la gobernaba por medio de un propretor. La antigua Hispania Ulterior fue dividida en dos provincias, Lusitania, con capital en Emerita Augusta, también regida por un propretor, y Bética, capital en Corduba, puesta bajo el mando del Senado, que la gobernaba a través de un procónsul. A su vez, las provincias estaban divididas en conventus, circunscripciones más reducidas, con funciones judiciales y administrativas. Los gobernadores de las provincias, que en tiempos de la República habían actuado sin el más mínimo control, fueron estrechamente vigilados a raíz del establecimiento del Imperio, con el fin de evitar abusos.
En el Bajo Imperio hubo nuevas modificaciones en la organización provincial de Hispania. Los conventus desaparecieron. En tiempos del emperador Caracalla se desgajó el noroeste de la provincia Tarraconense para formar una nueva provincia, Gallaecia. Más tarde, a fines del siglo III d.C., el emperador Diocleciano dividió a Hispania en seis provincias: Bética, Lusitania, Gallaecia, Cartaginense, Tarraconense y Mauritania Tingitana (el norte de África). Por último, a fines del siglo IV, las Islas Baleares pasaron a constituir una nueva provincia, Baleares Insular o Baleárica.


2. El régimen municipal
La ciudad era un elemento clave en la vida romana. Ahora bien, existía una gran diversidad de tipos de ciudades, no sólo por su origen, sino también por su condición jurídica con respecto al poder central. En principio se establecía una neta distinción entre ciudades indígenas y ciudades romanas. De acuerdo con la relación particular que mantenían con Roma se distinguían varias clases entre las ciudades indígenas: estipendiarias (sujetas al pago de un tributo), libres, federadas, etc. Por su parte, los romanos fundaron en Hispania ciudades. Eran las colonias. Una vez elegido el lugar en donde la colonia iba a establecerse, una comisión trazaba las dos calles principales (cardo maximus, de norte a sur, y decumanus maximus, de este a oeste) que se cruzaban en el foro o plaza principal, y señalaba mediante un surco el perímetro de la ciudad. Colonias célebres fueron, entre otras, Emerita Augusta (Mérida), Caesar Augusta (Zaragoza), Barcino (Barcelona) y Bracara Augusta (Braga).
El modelo específico de organización de la ciudad de Roma se fue extendiendo a todo el territorio peninsular, primero a las ciudades propiamente romanas, pero más tarde también a las indígenas. Es el denominado régimen municipal. Las instituciones de gobierno de los municipios romanos eran el consejo y los magistrados. El consejo o curia estaba integrado por los decuriones. En cuanto a los magistrados destacaban los duoviri, los ediles y otros de menor rango. Eran elegidos por los comicios, funcionaban colegiadamente (dos en cada magistratura) y desempeñaban su cargo durante un año. Los cargos de gobierno eran detentados por los grupos sociales dominantes de las ciudades, que constituían auténticas oligarquías municipales. No obstante, en el Bajo Imperio la obligatoriedad de los curiales o miembros de la curia de responder al pago de los tributos y la adscripción a sus cargos fue desastrosa para ese grupo social y paralelamente para las ciudades.

martes, 5 de junio de 2012

La piedra Rosetta

1. Un gran descubrimiento
El conocimiento de Egipto es uno de los capítulos más brillantes de la arqueología, además de uno de los más recientes. La Edad Media identificaba el país de los faraones con una colonia romana o un asentamiento cristiano. El Renacimiento pensaba que la civilización había empezado con Grecia. Incluso en el Siglo de las Luces no se conocía de Egipto nada más que las pirámides.
La egiptología (esto es, el estudio de la civilización egipcia) es fruto del imperialismo napoleónico. Cuando en 1798 Napoleón preparó una expedición a Egipto, llevó un gran número de peones e ingenieros para explorar el terreno, y de paso llevó también a algunos científicos eruditos, porque pensó que quizá le serían útiles para entender mejor la historia de aquel país. Y, en efecto, estos fueron los hombres que descubrieron al mundo los templos de Luxor y Karnak. Y estos mismos hombres, diez años después, presentaron a la Academia Francesa una Descripción de Egipto que abrió las puertas al estudio científico de una civilización antigua y olvidada.
Sin embargo, durante muchos años, los estudiosos fueron incapaces de leer las inscripciones que aparecían en los monumentos, hasta que ocurrió un hecho de especial importancia: uno de los hombres de Napoleón encontró una piedra de basalto negro cerca de Rosetta, ciudad situada a unos 50 kilómetros de Alejandría. Era una piedra rota, de forma irregular, que medía 114 cms. de alto y 72 cms. de ancho. Esta piedra pasó luego a poder de los ingleses, que la conservan y exponen actualmente en el Museo Británico de Londres.
Las inscripciones de la piedra Rosetta, grabadas por los sacerdotes escribas de Menfis, reflejaban unas concesiones hechas al pueblo por el rey Ptolomeo V Epífanes, en el siglo III a.C., para conmemorar el noveno aniversario de su ascensión al trono. La piedra reproducía el mismo texto en tres escrituras diferentes: jeroglífica egipcia, demótica (una forma de escritura derivada de la jeroglífica hierática y usada para las situaciones comunes, es decir, las no oficiales o que se referían a hechos sagrados) y griego. Gracias a esta última lengua, cuyo significado sí se conocía, fue posible descifrar en su totalidad las otras dos.


2. Thomas Young y François Champollion
El inglés Thomas Young y el francés François Champollion dedicaron muchos años a descifrar el contenido de esos jeroglíficos. Algunos de ellos estaban escritos dentro de un cartucho (conjunto de signos pictográficos reunidos en el interior de un óvalo que se empleaba para escribir los nombres de los personajes de la realeza). Fueron dos de los cartuchos utilizados en esta muestra de escritura jeroglífica los que les permitieron descifrar la totalidad del texto.
Cartucho egipcio
La escritura jeroglífica, que da la impresión de ser pictográfica, contiene en realidad tres tipos de símbolos diferentes que, combinados, representan la palabra: los símbolos ideográficos, que representan palabras o nociones del mundo real; los fonogramas, que se emplean para indicar pares consonantes o consonantes aisladas; y los símbolos determinativos, que carecen de valor fonético e indican el significado que tiene la palabra, evitando que se confunda con otro significado diferente pero que se escribe igual.
Thomas Young observó que la primera figura del primer cartucho aparecía también en el segundo. Lo mismo ocurría con la cuarta figura del primer cartucho. De este modo, y con mucha paciencia, llegó a relacionar los diferentes signos que aparecían en las letras. Y llegó a la conclusión de que un cartucho contenía el nombre del rey Ptolomeo y que el otro contenía el nombre de la reina Cleopatra. Comparando la orientación en la que estaban dibujados los caracteres de los pájaros y otros animales, descubrió también en qué dirección debían leerse los jeroglíficos.
Después de veinte años de estudio, Champollion consiguió descifrar todo el texto de la piedra Rosetta, traduciendo buena parte del sistema de escritura egipcio. Su labor amplió el conocimiento sobre el sentido y funcionamiento de la escritura, por tratarse de un tipo que incorporaba signos puramente pictográficos con otros de tipo fonético, y que parecía ocupar un lugar de transición entre los pictogramas y los sistemas silábicos posteriores.

lunes, 28 de mayo de 2012

Formación de las grandes unidades estructurales

La Península Ibérica se ha formado por adición y soldadura de distintas unidades morfoestructurales a lo largo de una atormentada historia geológica.


1. La importancia de la orogénesis herciniana y alpina
A lo largo de la era Primaria se formaron más de las dos terceras partes del solar peninsular. Los relieves más antiguos, difíciles de precisar, pertenecen a la era Arcaica y a los movimientos caledonianos. Sin embargo es en la segunda mitad del Primario, con los movimientos hercinianos, cuando emergen las más robustas unidades. A fines de la era Primaria estas cadenas han sido erosionadas por distintos sistemas morfogenéticos. En superficie sólo afloran las raíces endurecidas del plegamiento constituidas por rocas cristalinas. En definitiva, las antiguas cadenas arrasadas han sido convertidas en macizos. El más extenso es el Macizo Central Ibérico basculado hacia el Este; de menor extensión, pero de naturaleza similar, el Macizo del Ebro, el Catalano-balear y el Bético-rifeño. Entre ellos existen canales, más o menos profundos, en donde se acumulan espesores variados de sedimentos continentales o marinos.
Durante el Secundario no existe orogénesis. Es una era de calmas. Tan sólo movimientos epirogénicos de gran radio afectan a los zócalos. Los bordes sufren transgresiones y regresiones marinas que son las responsables del variado espesor de los sedimentos y de los cambios de facies. La orogénesis alpina configura definitivamente la Península. Los empujes proceden del Este y afectan a los antiguos macizos paleozoicos al tiempo que son los responsables del nacimiento de nuevas unidades. El macizo del Ebro y el Bético-rifeño se hunden dando origen a la depresión del Ebro y al estrecho de Gibraltar. El Catalano-balear aflora en parte, formando las Cordilleras Catalanas. El Macizo Central se levanta en conjunto y bascula hacia el Oeste; sus bordes se fracturan con hundimiento de dovelas (valle del Guadalquivir; Beira do Mar), o con orlas marginales (Macizo Asturiano, Picos de Europa), o bien con los bordes en los que la cobertera se pliega (Sistema Ibérico; orla mesozoica portuguesa, montañas del Algarve); y en su interior se levantan unas unidades (Sistema Central), al tiempo que se hunden dos grandes cuencas, las dos Castillas.
Al tiempo que se producen estos accidentes tectónicos se rellenan dos fosos periféricos (valles del Ebro y Guadalquivir) y se levantan los robustos arcos alpinos de los Pirineos y las montañas Béticos, que experimentan los últimos empujes verticales a finales del Terciario. A partir de este período, el edificio peninsular experimenta pocas modificaciones: algunas fallas responsables de las rías gallegas y movimientos eustáticos que afectan a las costas.


2. La variedad litológica
Como consecuencia de la evolución geológica experimentada por la Península se aprecian en ella tres dominios litológicos claramente definidos:
a) La Iberia silícea corresponde a los macizos paleozoicos cuyos materiales afloran en superficie. Son rocas cristalinas de origen variado (metamórficas, plutónicas, volcánicas) y muy endurecidas; constituyen el zócalo primario. Se extienden por la mitad occidental de las Península: penillanuras de Galicia, o de Castilla la Vieja, Extremadura, parte de Portugal; montañas interiores (Sistema Central, Montes de Toledo, Montes Galaico-Leoneses); montañas circundantes (Sierra Morena, Macizo Asturiano, Sierras de Gralheira y Caramulo en Portugal); y en las zonas axiles de las cadenas alpinas (Pirineos y Penibética).
b) La Iberia caliza se extiende por el este de la Península y forma una enorme "Z" invertida. Son materiales predominantemente calcáreos (calizas, margas, yesos), de origen continental o marino, depositados en mares poco profundos, próximos a los macizos, o bien en el fondo de los geosinclinales alpinos. Predominan en los Pirineos, Montañas Vascas, sector oriental de las Cantábricas, Sistema Ibérico, Sistema Bético, Montañas del Algarve y de la Extremadura portuguesa.
c) La Iberia arcillosa corresponde a las depresiones. Las cuencas sedimentarias de las dos Castillas recibieron potentes espesores de arcillas, arenas y areniscas, yesos, margas y calizas, depositados en estratos horizontales o en disposición monoclinal, procedentes de los relieves periféricos a la cuenca o del Sistema Central y Montes de Toledo. Las depresiones subalpinas (Ebro, Guadalquivir) y la del Sado-Tajo, recibieron numerosos materiales sinorogénicos y postorogénicos de origen continental (molasas) y de origen marino (calizas).

viernes, 18 de mayo de 2012

Las primeras civilizaciones urbanas

Hace unos 6000 años a.C., algunos pueblos se asentaron a orillas de grandes ríos. Estos experimentaban cada año crecidas que inundaban los valles y depositaban luego en ellos, cuando el caudal volvía a disminuir, un limo que fertilizaba la tierra; de este modo, se obtenían grandes cosechas a ambos lados de los ríos.
Este hecho motivó el aumento de la población y una serie de cambios económicos y sociales que hicieron que, poco a poco, las pequeñas comunidades agrícolas se fueran desarrollando y dieran paso a las primeras civilizaciones urbanas.
Así surgieron dos grandes civilizaciones: la mesopotámica, en torno a los ríos Tigris y Éufrates, y la egipcia, alrededor del Nilo.


1. Cambios económicos y sociales
Los grandes excedentes agrícolas que se producían favorecieron la aparición del comercio para intercambiar los productos sobrantes por otras que escaseaban en la zona. Esto hizo necesaria la creación de un sistema de comunicaciones a través de ríos y canales y de una red de caminos.
Puesto que no todas las personas tenían que dedicarse a la producción directa de alimentos, surgieron nuevos oficios como la alfarería, la cantería y la orfebrería, entre otros, y con ellos, diversos grupos sociales, ya que, con el tiempo, cada oficio adquirió un determinado rango en la escala social.


2. Cambios políticos
Código de Hammurabi, primera
recopilación de leyes de la Antigüedad.
Hammurabi, rey de Mesopotamia,
vivió entre los años 1728 y 1630 a.C.
Los pequeños poblados agrícolas crecieron y se transformaron en ciudades. Estas estaban constituidas por diversos elementos urbanos: viviendas, palacios, templos, almacenes, tiendas, etc.
La necesidad de organizar la ciudad, de administrar y almacenar las riquezas, de construir canales, etc., provocó el nacimiento de la administración del Estado. Así, reyes y sacerdotes fijaban las normas de convivencia (leyes) y ejercían la función de gobierno.
Los gobernantes exigían el pago de impuestos a los campesinos por cultivar la tierra y a los artesanos y comerciantes por desempeñar su oficio. Estos impuestos eran, a veces, excesivos, con lo que el caudillo o rey, así como los funcionarios dirigentes, acumulaban una gran riqueza que era utilizada para asegurarse el poder. Con ella se construyeron también grandes monumentos que engrandecían las ciudades y se formaron enormes ejércitos. De este modo, algunas ciudades se hicieron muy poderosas y pudieron extender su dominio sobre otros territorios cercanos.


3. La aparición de la escritura
La escritura nació en Mesopotamia y en Egipto casi al mismo tiempo (alrededor del 3000 a.C.), debido a las necesidades de la administración y el comercio. Es este un acontecimiento de extraordinaria importancia, pues marca el comienzo de la historia.
En Mesopotamia se escribía sobre arcilla blanda y húmeda, que luego se dejaba secar al sol o se cocía en un horno. Tanto el instrumento empleado como los trazos que se grababan tenían forma de cuña; por eso, esta escritura se conoce como cuneiforme.
En Egipto, se solía escribir sobre papiros o piedra. La escritura, que recibe el nombre de jeroglífica, se plasmaba en signos que eran dibujos esquemáticos de elementos de la vida cotidiana, de la fauna y de la flora.
Con la escritura surgió también la escuela y la ciencia, pues ahora era posible la acumulación y la transmisión del saber, dependientes hasta ese momento solo de la tradición oral. Además, numerosos papiros y tablillas empezaron a guardarse en las primeras bibliotecas de la historia.

domingo, 13 de mayo de 2012

Economía y sociedad de la España romana

El establecimiento del dominio político de Roma en Hispania trajo como consecuencia la implantación de las formas económicas y sociales romanas, que se impusieron netamente sobre las propias de los indígenas. No obstante a lo largo de todo el período de dominio romano hubo importantes modificaciones. La crisis iniciada en el siglo III d.C., que precipitó la desintegración del mundo romano y la aparición de nuevas formas de organización social, tuvo también su manifestación en la península Ibérica.


1. Economía de la España romana
Hispania era, en el conjunto del mundo romano, esencialmente un país proveedor de materias primas, que en su mayor parte eran exportadas hacia Italia. La Península tenía abundantes fuentes de riqueza. En cuanto a los productos agrícolas destacaban los cereales (el trigo, importante en la Bética, aunque apenas conocido en la Meseta; la cebada, famosa en la zona de Cartagena), el olivo (básico en la Bética, región exportadora, pero también en el valle del Ebro y en general en toda la zona al sur del Guadarrama), la vid (Bética y Tarraconense), el lino (cultivado en la costa mediterránea y en el noroeste), el esparto (sureste), las bellotas, etc. Por lo que respecta a la ganadería había ovejas en la cuenca del Duero, ovejas y vacas en el valle del Guadalquivir y caballos en la Meseta y Lusitania. Del bosque se sacaba la cochinilla, esencial para el teñido de los paños.
La explotación minera tenía para Roma una importancia primordial. Se obtenía en la Península: oro (en Sierra Morena, pero sobre todo en el noroeste), plata (Cartagena), cobre (Río Tinto), plomo (Cartagena), estaño (noroeste) y cinabrio (Almadén). También suministró Hispania numerosos esclavos, especialmente a través de las guerras de conquista.


La producción de objetos manufacturados no jugó un papel muy destacado en la España romana. No obstante cabe recordar la fabricación de tejidos de lana en Levante y de armas de hierro en el Ebro y en Toledo. El comercio se basaba en la moneda (el denario de plata). El vino y el aceite se dirigían hacia el interior y el norte. Las exportaciones eran de productos agrícolas y de metales, y las importaciones de productos de lujo, para las clases dominantes, y objetos manufacturados. Roma realizó en Hispania un importante trabajo en los caminos, abriendo nuevas vías y erigiendo por doquier puentes. Así, Hispania llegó a contar con un amplio cinturón de vías, de gran importancia comercial y militar. Recordemos la vía Augusta, que recorría toda la costa mediterránea, o la de la Plata, que unía Asturica Augusta (Astorga) con Extremadura y el suroeste de Andalucía.
La economía romana tenía como rasgos básicos el papel decisivo de las ciudades y la utilización en gran escala del trabajo de los esclavos, tanto en los latifundios como en las minas. Pero a partir del siglo III d.C., las ciudades entraron en decadencia. Paralelamente retrocedía la importancia de los esclavos, que eran sustituidos por colonos. El comercio decrecía y la moneda era cada día menos utilizada. Prácticamente, todo se encaminaba hacia una economía de tipo natural.


2. La sociedad hispanorromana
Desde el punto de vista jurídico, en la sociedad hispanorromana había dos grandes grupos: los libres y los esclavos. Dentro de los libres había enormes diferencias de unos sectores a otros. En cabeza se encontraba el orden senatorial. Los hispanos que pertenecían a este sector, originarios del sur y del noreste, estaban preocupados ante todo de sus relaciones con Roma. A continuación se hallaba el orden ecuestre o de los caballeros, al cual accedieron en ocasiones miembros de las aristocracias indígenas. Los decuriones, sector integrado por descendientes de los colonos romanos o por las aristocracias de los pueblos prerromanos, eran las oligarquías municipales. En cuanto a la plebe, el sector más numeroso de los libres, podía ser urbana (en su mayoría artesanos, agrupados en "collegia") o rústica. Un grupo intermedio entre los libres y los esclavos era el de los libertos, antiguos esclavos a los que se había dado la libertad.
Durante el Alto Imperio, dejando aparte a los escasos miembros del orden senatorial, apenas interesados por las cuestiones locales, los grupos sociales dominantes en tierras hispánicas habían sido los caballeros y los decuriones. Había abundantes libres, pero sobre todo numerosos esclavos. Pero en el Bajo Imperio, la crisis de las ciudades supuso el declive de los decuriones. Hubo también una disminución del número de esclavos, cuyas condiciones de vida, por otra parte, se asemejaban cada día más a las de los libres pobres. La estratificación social se acentuó, estableciéndose una diferencia muy acusada entre los honestiores, básicamente los grandes propietarios, y los humiliores, la plebe. Esta situación creó las condiciones propicias para la aparición de revueltas campesinas, protagonizadas por esclavos y colonos (los bagaudas, por ejemplo) y que aceleraron la descomposición del mundo romano.