lunes, 12 de noviembre de 2012

Lengua, cultura e intercambio

1. Las lenguas no tienen fronteras
Desde siempre la lengua ha sido un instrumento, no solo de comunicación, sino también de cohesión cultural de un pueblo; cada comunidad posee una lengua que contribuye a forjar, entre otras cosas, su identidad cultural y su unidad. Sin embargo, los diferentes avatares históricos pueden llegar a provocar que desaparezcan o queden relegadas algunas lenguas, a la vez que favorecen el auge y la expansión de otras. Normalmente se imponen aquellas lenguas que permiten mayores posibilidades de comunicación con otros pueblos, facilitan el desarrollo del comercio, la importación de estructuras políticas y el intercambio cultural.

2. Las lenguas francas
Concretamente, las lenguas que se extienden por territorios más o menos amplios y son empleadas por diferentes grupos para comunicarse entre sí son las denominadas lenguas francas. En el transcurso de la historia ha habido muchas lenguas francas; en el ámbito europeo, encontramos dos ejemplos que nos han llegado del mundo antiguo: la koiné helenística y el latín. La koiné helenística es una variante del griego que contenía características de los dialectos griegos más importantes, y fue la lengua del imperio de Alejandro Magno; precisamente es a este griego al que se tradujo del arameo la Biblia. El latín, por su parte, fue una lengua franca no solo de todo el Imperio Romano, sino también la lengua científica y de cultura del occidente europeo.
En la actualidad nos encontramos con una situación que es consecuencia de determinadas circunstancias históricas. Durante la era de expansión colonial, las diferentes potencias (España, Portugal, Francia, Inglaterra, Holanda...) difundieron sus lenguas por las distintas áreas geográficas de su influencia. En algunos casos, esto provocó la desaparición de lenguas vernáculas y el auge de las lenguas de los colonizadores, tal y como había ocurrido ya en Europa con la romanización. Estas últimas se han ido sucediendo en orden de importancia como lenguas de prestigio, culturales o francas; por ejemplo, en los siglos XVI y XVII, la lengua franca fue el castellano: España era la potencia más poderosa en ese período. Después, la hegemonía lingüística pasó alternativamente al inglés y al francés. Esta última prevalece en dos momentos concretos: durante el reinado de Luis XIV de Francia, el Rey Sol, cuando su corte fue un modelo para el resto de las monarquías, y, posteriormente, durante la Revolución Francesa (1789).
La declaración de independencia de los colonos ingleses asentados en Norteamérica supuso el nacimiento de una joven nación. La posterior consolidación de estos Estados Unidos de América y su progresivo desarrollo hasta llegar a ser la primera potencia mundial, sumado al importante papel desempeñado por Inglaterra como última potencia colonial y principal motor de la Revolución Industrial explican el predominio de la lengua inglesa en los siglos XIX y XX. Esta lengua tiene además a su favor su concisión, precisión semántica y unas estructuras sintácticas relativamente sencillas en los niveles más básicos de su aprendizaje, lo que también contribuye a su rápida y sólida expansión.

3. Las lenguas del futuro
Sin embargo, esta situación puede cambiar, ya que algunas lenguas tiene un número mayor de hablantes y un potencial aún por descubrir, como es el caso del chino. Aunque las estructuras políticas, económicas y sociales de países como China están empezando a actualizarse, todavía es pronto para aventurar lo que el futuro puede traer. Por otro lado, hay que tener en cuenta que en organismos internacionales como la ONU, los documentos se redactan siempre en tres lenguas: el inglés, por las razones ya comentadas; el francés, por haber sido lengua diplomática y de prestigio en el pasado y porque sus antiguas colonias todavía lo usan, y el español, por idénticas razones que el francés, además de por el constante aumento de su número de hablantes en todo el mundo (incluso en países anglófonos como Estados Unidos).
Un mayor número de hablantes del castellano, el empuje social de la población hispana en Estados Unidos y las posibilidades de mercado que ofrece Iberoamérica hacen que el español pueda llegar a convertirse en una de las lenguas francas en un futuro no muy lejano.

martes, 6 de noviembre de 2012

Una península maciza y elevada

De la variedad de unidades morfoestructurales que componen el relieve peninsular, así como de la disposición de éstas alrededor del Macizo Central Ibérico, se derivan una serie de caracteres morfológicos generales que van a influir muy directamente en las condiciones climáticas, naturaleza de los cursos de agua y aprovechamiento económico de los recursos:

1.- La elevada altitud media de la Península Ibérica
En la Península existen elevadas cadenas que superan los 3.000 m (Pirineos, Béticas); montañas interiores y circundantes con altitudes superiores a los 2.000 m (Sistema Central, Macizo Galaico, Cordillera Cantábrica y Sistema Ibérico); y montañas con altitudes medias, entre 1.500-2.000 m (Montes de Toledo, Sierra Morena, Montañas Vascas y Cordilleras Catalanas). Por otra parte el Macizo Central Ibérico, que ocupa una tercera parte de la superficie peninsular, presenta una altitud media de 600 m. De ello se deriva que nuestro país, y sobre todo por efecto de la gran unidad central, presenta una elevada altitud media (660 m), que le convierte en el segundo país europeo por su altitud, detrás de Suiza (1.340 m).
Así, más de la mitad del territorio español se halla por encima de los 600 m de altitud, la tercera parte tiene alturas superiores a los 800 m, y tan sólo una décima parte se halla por debajo de los 200 m. Pensemos que en Europa, en donde existen cadenas más robustas que las españolas (Mont Blanc, 4.810 m), las dos terceras partes del continente se encuentran por debajo de los 200 m.

2.- Equilibrio de llanuras y montañas
El que la Península presente una elevada altitud no significa que sea predominantemente montañosa. Se ha resaltado cómo en el Macizo Central Ibérico dominan los horizontes abiertos y las llanuras. Las cuencas sedimentarias castellanas ofrecen centenares de kilómetros de llanuras estructurales y campiñas; las penillanuras, a pesar de los relieves residuales, se extienden ampliamente por el oeste de Castilla-León, Extremadura, la Beira Alta y Beira do Mar y el Alentejo. Las depresiones exteriores (Guadalquivir, Ebro, Ribatejo, llanos valencianos) son dominios de formas planas. No obstante existen numerosas cadenas que, en conjunto, se extienden por más de la mitad del territorio peninsular. En la Península Ibérica, a diferencia de otras penínsulas mediterráneas, existe un equilibrio entre llanuras y montañas.


Llanuras de Valladolid

sábado, 3 de noviembre de 2012

Las primeras civilizaciones urbanas: Religión y cultura

1.- La religión
En Mesopotamia se adoraba a distintos dioses, en honor a los cuales se realizaban largas ceremonias. Los mesopotámicos pensaban que los dioses dominaban el mundo y que los seres humanos habían sido creados para servirles; creían también en la existencia de otra vida después de la muerte.
Combinaban las creencias religiosas con la magia, la brujería y la adivinación: los sacerdotes se encargaban de revelar lo que estaba oculto y predecir el futuro, así como de interpretar los mensajes de los dioses.


En el Imperio Antiguo se instauró el
 culto al dios Ra.
Los antiguos egipcios también eran politeístas, es decir, rendían culto a numerosos dioses. Asimismo, creían que cada uno de ellos tenía una función determinada: por ejemplo, Ra era el dios del Sol, señor del cielo y origen de la vida; Osiris era el dios de los muertos, y Thot era el inventor de la escritura y señor del tiempo.
Las imágenes de los dioses egipcios eran una mezcla de persona y animal con la que se expresaba su naturaleza sobrenatural. Por ejemplo, el dios Horus, protector de la monarquía, tenía cabeza de halcón y cuerpo de hombre, y Hathor, diosa del amor y la alegría, era una mujer con cuernos de vaca y el disco solar en la cabeza.


Diosa Hathor
Dios Horus





















Según los egipcios, existía otra vida después de la muerte, y el espíritu necesitaba el cuerpo para seguir existiendo en la otra vida. Para ellos se realizaba la momificación, cuya finalidad era conservar al muerto con la misma apariencia que tenía en vida.

2.- La cultura
En Mesopotamia eran muy numerosas las bibliotecas. En ellas se ordenaban y almacenaban las tablillas de barro, que contenían todos los conocimientos que se iban adquiriendo. Se han encontrado bibliotecas en templos y palacios e incluso en algunas viviendas.
Las obras más importantes de la literatura babilónica son la epopeya de La creación del mundo y El poema de Gilgamesh.
El Código de Hammurabi, la más famosa de las estelas mesopotámicas, es la primera gran recopilación de leyes de la Antigüedad. En ella se representa al rey recibiendo las leyes directamente del dios Sol y se explica cómo debía aplicarse la justicia bajo la ley del talión, según la cual el culpable debe sufrir un daño igual al que causó.
El Antiguo Egipto destaca por su enorme aportación cultural. Hasta nosotros han llegado numerosos textos escritos, la mayoría de ellos de carácter religioso (como el Libro de los muertos, del que existen diversas versiones), pero también obras literarias (la Historia de Sinuhé, por ejemplo) y tratados científicos y técnicos.
Los textos se escribían en papiros, aunque pueden leerse, igualmente, auténticos "libros de piedra" en las paredes de numerosos templos y tumbas, sobre todo en las pirámides de Gizeh.


En esta escena del Libro de los Muertos, se describe la entrada en la Sala de la Verdad Absoluta y el juicio del hombre en presencia de Osiris, mientras Thot toma nota en su paleta de escriba.

3.- La ciencia
Tanto los mesopotámicos como los egipcios dieron un gran impulso a las matemáticas (tenían un complicado sistema de pesos y medidas) y a la astronomía. Los egipcios elaboraron un calendario bastante exacto: el año constaba de tres estaciones (inundación, invierno y sequía) de cuatro meses cada una. Cada uno de los doce meses constaba de 30 días, con lo que sumaban un total de 360 días. A estos, los egipcios añadían otros 5 días fuera de mes y de estación.
En Mesopotamia se ampliaron los conocimientos de geografía; se han encontrado numerosos listados con nombres de regiones, países, ciudades, montañas, ríos, canales, etc., así como planos de ciudades y sus alrededores.
La medicina fue la ciencia en la que más destacaron los egipcios. Se sabe que practicaron la cirugía y que tenían gran conocimiento de fracturas de huesos y otras dolencias, como demuestran los numerosos y antiquísimos papiros en los que se recogen diversos tratamientos para enfermedades del oído, del estómago, del corazón, del hígado, etc.

4. El arte en Mesopotamia
La arquitectura se caracteriza por el uso de ladrillos de adobe (barro cocido o secado al sol) de pequeño tamaño, del arco de medio punto y de la bóveda (techo curvo entre dos muros o apoyado en varios pilares o arcos).


La Puerta de Ishtar (Babilonia, siglo VII a.C.),
 actualmente en el Museo de Pérgamo de Berlín, 
  era originalmente una de las puertas de
acceso al recinto amurallado de la ciudad.
Destaca el uso del arco de medio punto y el
revestimiento de azulejos.
El barro no podía quedar al descubierto, por ser un material muy pobre y porque se deshacía, lo que obligó a revestir las construcciones con materiales más ricos, como el mármol, el alabastro o el azulejo. Las paredes interiores también se decoraban con relieves y pinturas.
Los principales edificios eran los palacios y los templos, que tenían numerosas dependencias. Al lado se solía construir una torre escalonada de varios cuerpos de gran altura, llamado zigurat, en la que se encontraba el santuario del dios y que también era utilizada como observatorio astronómico.
Los mesopotámicos llegaron a tener un gran dominio del arte de la cerámica, con la que hacían vasijas, sellos cilíndricos y tablillas. También realizaron mosaicos vidriados (pequeñas planchas de arcilla recubiertas de un barniz vítreo que proporciona un aspecto brillante). Los más famosos son La estela de los buitres y El estandarte de Ur, hecho de lapislázuli y conchas.

5.- El arte en Egipto
La arquitectura egipcia se caracteriza por los siguientes rasgos:
  • El tamaño colosal de sus construcciones.
  • El uso de enormes sillares, que son bloques de piedra rectangulares utilizados para la construcción de muros.
  • Las construcciones adinteladas, un tipo de arquitectura realizada con soportes verticales sobre los que se coloca una pieza horizontal o dintel.
  • La utilización de la columna como elemento sustentante.
Las construcciones más importantes fueron las de carácter religioso, como los templos, y funerario, como las tumbas.

Templo de Luxor. Desde este patio sin techo y con
columnas se accedía a la parte cubierta del templo.
Los templos se dedicaban a los dioses, y aquí vivían los sacerdotes. En la entrada de los templos se construía una avenida de esfinges, enormes estatuas de piedra que representaban animales fabulosos con cuerpo de león y cabeza humana. Esta avenida conducía a un patio sin techo y con columnas. Desde el patio se accedía a una sala cubierta, también con columnas, hasta donde pasaban los fieles; al fondo estaba el santuario del dios, sólo permitido a los sacerdotes.

Avenida de las Esfinges, en el templo de Amón, en Luxor

Para los egipcios, que creían en la vida más allá de la muerte, la tumba era tan importante como el templo.
Las tumbas podían tener forma de pirámide, como las de Keops, Kefrén y Micerinos, construidas en el siglo XXVII a.C.; de pirámide truncada (cortada por el extremo superior), también llamadas mastabas; o de pirámide escalonada, como la del faraón Zoser, en Saqqqra. Dentro de las pirámides existen gran cantidad de salas y pasillos que tenían la finalidad de camuflar el camino que conducía a la cámara mortuoria del faraón, donde se escondían fabulosos tesoros. La construcción de las pirámides era dirigida por grandes arquitectos y en ellas trabajaban miles de esclavos.


Pirámide escalonada de Saqqara
Se calcula que, para construir la pirámide de Keops, se emplearon unos 6 millones de toneladas de piedra y trabajaron en torno a unos 100.000 hombres durante 20 años.

Pirámide de Keops
Se trata de una construcción gigantesca para albergar el sarcófago del faraón, situado en una cámara subterránea. Dispone de un complejo sistema de pasadizos que estaba destinado a desorientar a los posibles saqueadores.
Para mover los gigantescos sillares, se valían de un instrumento singular y abundante en Egipto: la arena.
Los egipcios también construyeron tumbas excavadas en la roca, como la de la zona conocida como el Valle de los Reyes.
Estas grandes tumbas estaban reservadas al faraón, su familia y los altos funcionarios. El resto de la población era enterrada bajo arena del desierto.
Tumba de Ramsés II en Abu Simbel,
Valle de los Reyes - Siglo XIII a.C.
Otras artes relevantes en la cultura egipcia son la escultura y la pintura. En ambos casos, las figuras humanas se presentan en posición estática, rígidas, sin movimiento y con rostros inexpresivos. Se realizaron para dar sensación de eternidad, lo que explica su gravedad e inmovilidad.
La escultura es diferente según represente al faraón o a nobles y funcionarios. Las esculturas del faraón y su familia son figuras idealizadas, eternamente jóvenes y de grandes proporciones, como la estatua sedente de Kefrén o la de Ramsés II. En cambio, las de los nobles y funcionarios son mucho más realistas, con una clara tendencia a la naturalidad, como se refleja en la escultura de El Alcalde, tallada en madera, y en otras figuras de escribas sentados en el suelo, con las piernas cruzadas y escribiendo sobre una tablilla.

El Alcalde,
Museo de El Cairo
(entre 2500 y 2350 a.C.)

Pinturas en la tumba de Nefertari,
 esposa de Ramsés II.
 Nefertari aparece acompañada
de Ra (dios del Sol) y de Horus (dios del Cielo).
La pintura servía para dar culto a los dioses, acompañar a los muertos o decorar el interior de los palacios, templos y pirámides. La figura humana se representa con las piernas y la cabeza de perfil y el torso de frente. Los colores son planos, sin volumen, y los temas muy variados, como escenas de guerra, de la vida cotidiana o maravillosas representaciones de animales. Las pinturas solían estar destinadas a las paredes de las salas mortuorias, pero también adornaban los papiros de carácter funerario.

Los egipcios también destacaron en orfebrería: realizaron diademas, collares, coronas y todo tipo de adornos de cobre, bronce, oro y plata.
También trabajaron la cerámica. Destacan las técnicas del barro cocido y la cerámica vidriada para vasijas, mosaicos y amuletos.

lunes, 29 de octubre de 2012

La Tierra: el planeta azul

Los satélites artificiales que giran alrededor de la Tierra permiten captar fotografías muy detalladas de nuestro planeta, de manera que no hay duda acerca de su forma y sus dimensiones.
La Tierra, vista desde el espacio, presenta un color azulado debido a la abundancia de oxígeno que hay en la atmósfera. También se distinguen los continentes, en tono marrón, y las masas de nubes, que aparecen como grandes manchas blanquecinas en movimiento.

1. Forma de la Tierra
La Tierra no es una esfera perfecta, pues está ligeramente achatada por los polos. A esta forma tan singular de nuestro planeta se la denomina geoide.
Si nuestro planeta se cortase por el Ecuador, quedaría dividido en dos hemisferios iguales:
  • El hemisferio Norte, denominado también hemisferio continental porque contiene las tierras de Asia, Europa, gran parte de África y casi la mitad de América: 39% de tierra y 61% de agua.
  • El hemisferio Sur, conocido como hemisferio marítimo porque en él predominan los grandes océanos: 19% de tierra y 81% de agua.
2. Dimensiones de la Tierra
Para rodear la Tierra por su parte más ancha o Ecuador, se necesitaría una cuerda de, aproximadamente, 40.077 kilómetros, lo que representa unas 40 veces la distancia entre París y Zaragoza.
La Tierra tiene un diámetro polar de 12.714 kilómetros, mientras que el diámetro ecuatorial es de 12.756 kilómetros. Esto demuestra que la forma esférica de la Tierra no es perfecta.
La superficie total de la Tierra es de 510.000.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente 1.000 veces la superficie de España.

viernes, 12 de octubre de 2012

La cultura y el arte en la España visigoda

En la España visigoda continuaron vigentes los elementos culturales de la época romana, que se superpusieron fácilmente a los de origen germánico. Pero la nota distintiva que caracteriza a las manifestaciones del espíritu del período visigótico fue su estrecha dependencia de los eclesiásticos, especialmente después de la conversión de Recaredo al catolicismo, que es cuando la cultura visigoda dio sus mejores frutos.

1. La cultura visigoda
El desarrollo de la cultura en la España visigoda tropezó con muchos obstáculos materiales, como la escasez y el alto precio de los pergaminos y la dificultad para conseguir manuscritos antiguos. Los eclesiásticos monopolizaban la enseñanza y la cultura, que se convertían así en armas de dominio ideológico. Las difíciles condiciones de la época y la ambigüedad hacia la cultura clásica (había una fuerte dependencia hacia ella pero al mismo tiempo era vista con recelo, pues en gran parte era una producción pagana), explican que la cultura visigoda fuera bastante pobre, sin ninguna originalidad. De clara inspiración cristiana, las obras de la España visigoda son ante todo de carácter religioso y de tono eminentemente erudito.
Estatua de San Isidoro,
en la escalinata de la Biblioteca Nacional
de España
Los principales focos de la cultura visigoda se localizan en torno a algunas sedes episcopales (Toledo, Sevilla, Zaragoza) o en las escuelas de los incipientes monasterios. Y la figura intelectual más destacada fue Isidoro de Sevilla (nacimiento probable en 556, muerte en 636). Formado en la escuela que creara su hermano Leandro, Isidoro alcanzó la dignidad de arzobispo de la sede hispalense. Jugó un papel muy destacado en la vida política del reino visigodo en el primer tercio del siglo VI, siendo uno de los primeros formuladores de la teoría política caracterizada por la estrecha fusión entre el poder temporal y el espiritual, aunque con predominio de este último. Su obra es de una enorme variedad, pues incluye desde crónicas de los acontecimientos de la época hasta escritos teológicos o epístolas de indiscutible calidad literaria. Pero su principal aportación fueron las Etimologías. En esta obra se ha visto una preocupación de Isidoro por salvar el legado cultural de la Antigüedad, aunque esta interpretación no es compartida por los modernos estudiosos del tema, que piensan que el arzobispo hispalense se inspiró ante todo en autores eclesiásticos, en su mayoría norteafricanos, y no propiamente en los clásicos. De todas formas, las Etimologías tienen un evidente carácter pedagógico y enciclopédico (se le ha llamado "la primera enciclopedia cristiana"). Las Etimologías ejercieron una influencia de primera magnitud en la Edad Media.

2. El arte visigodo
De los diversos pueblos germánicos que se asentaron en el Imperio Romano son los visigodos los que han legado un arte de más entidad. No obstante, los testimonios artísticos que se han conservado de la España visigoda son muy escasos. La mayoría de ellos datan del siglo VII y se localizan en un área muy reducida, por lo general dentro de la Meseta norte.


San Juan de Baños (Palencia), de planta basilical,
fue mandada construir por el rey Recesvinto en el siglo VII, se cree que fue consagrada  en el año 661.
Lo más interesante del arte visigodo es la arquitectura. Los edificios de la época visigoda, en consonancia con los caracteres dominantes de la economía de aquel tiempo, dan la sensación de un ruralismo aplastante, pues se trata de iglesias de pequeñas dimensiones, situadas en lugares alejados de las grandes urbes. Como elementos constructivos básicos hay que señalar el empleo de sillares y la utilización del arco de herradura, aunque con algunas variantes. Las iglesias son de planta cruciforme o basilical y en la cubierta se utilizan distintos tipos de bóvedas. Las principales iglesias visigodas son Santa Comba de Bande (Orense), San Pedro de la Nave (Zamora), Quintanilla de las Viñas (Burgos), San Juan de Baños (Palencia) y San Fructuoso de Montelios (Portugal).


Daniel en el foso de los leones
Capitel de San Pedro de la Nave (Zamora)
La escultura visigoda que ha llegado hasta nosotros es muy reducida. Se caracteriza por su tallado a bisel. Los motivos decorativos son elementales y en ellos resalta la tendencia a la estilización. Los principales ejemplos de la escultura visigoda son los capiteles historiados de San Pedro de la Nave, en los que se representa a Daniel en el foso de los leones, y los relieves de la iglesia de Quintanilla de las Viñas.




Corona de Recesvinto,
expuesta en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid)


Como todos los pueblos germánicos los visigodos destacaron por la riqueza de su orfebrería. Una espléndida muestra de esta actividad nos lo ofrece el conjunto de piezas que forman el tesoro de Guarrazar (Toledo), de una exuberancia ornamental sin igual y del que destacan las famosas coronas votivas.

domingo, 7 de octubre de 2012

La cultura. Concepto y base

Hay quien ve la diferencia entre antropólogos y sociólogos en que en tanto los primeros recurren, y de un modo bastante socorrido, a la constante explicación de la fenomenología social por medio de la cultura, el “gremio” de los sociólogos hace algo similar pero con respecto a la estructura.
Evans Pritchard participa de la opinión de que las diversas posiciones de las dos grandes escuelas, la de la Antropología Social en Gran Bretaña y la de la Antropología Cultural en los Estados Unidos, parten de que los primeros, siguiendo a Morgan, Spencer y Durkheim, pensaron que la finalidad de la Antropología Social sería la clasificación y el análisis funcional de las estructuras sociales, en tanto que para los segundos, partiendo de Tylor y de otros más orientados hacia la Etnología, concibieron su disciplina como la clasificación y el análisis de la cultura. De todas formas, la relación entre cultura y estructura social es de una íntima interacción.
Los patrones de lo bueno o de lo malo, como el de lo feo y el de lo bonito, o el de lo justo y lo injusto, son relativos de acuerdo con la cultura a la que se pertenece, etc. La importancia de cultura, por lo tanto, es innegable para poder conocer y valorar las actitudes de propios y ajenos.
La cultura fue definida por Linton, con la precisión y brevedad que le son características, como la herencia cultural. Todo hombre pertenece a una cultura y cada sociedad tiene sus propias y específicas peculiaridades culturales. Por lo tanto, se nos hace imposible y carente de sentido hablar de un hombre sin cultura, como es bastante difícil y arriesgado discurrir por el camino de intentar jerarquizar las culturas calificando a unas de superiores con relación a la inferioridad de otras. En cualquier caso, tenemos que tener siempre presente que cada uno de nosotros pertenece a una cultura y que las culturas ajenas serán vistas a través del patrón de la propia, y por lo tanto medidas y calificadas de un modo bastante subjetivo. ¿Podemos acaso decir que la cultura de los occidentales es superior a la de las llamadas sociedades primitivas, como los aborígenes australianos o los indios de la amazonia brasileña? Si lo juzgamos desde el punto de vista de la tecnología, no ha comparación posible entre ambos tipos de sociedades. ¿Pero podemos considerar igual que la superioridad técnica, la moral?
La cultura tiene su origen en la lucha que históricamente ha tenido que sostener el hombre como especie contra la naturaleza. Es el producto de esa misma oposición de la que surge la sociedad. Un instrumento gracias al cual los hombres han podido organizarse y evolucionar hasta la posición que en la actualidad ocupan. La cultura está ligada con la conducta humana, incluyendo en la conducta toda la carga que la psicología, y hasta la biología, le dan, y que aceptamos sin adentrarnos en discusiones.

En primer lugar queda claro que las satisfacciones de las necesidades orgánicas del hombre y de la raza representan una serie mínima de condiciones impuestas en cada cultura. Los problemas planteados por las necesidades nutritivas, reproductivas e higiénicas del hombre deben ser resueltos, y lo son, mediante la construcción de un nuevo ambiente artificial o secundario.
Un nivel cultural de vida significa, a su vez, que nuevas necesidades aparecen y nuevos imperativos o determinantes son impuestos a la conducta humana. Desde luego, la tradición cultural necesita ser transmitida de cada generación a la siguiente. Métodos y mecanismos de carácter educativo existen en toda cultura. El orden y la ley deben ser conservados, desde que la cooperación es la esencia de toda conquista cultural. En cada comunidad es menester que existan disposiciones para sancionar la costumbre y las normas éticas y legales. El sustrato material de la cultura requiere ser renovado y mantenido en condiciones de uso. En consecuencia, son indispensables algunas formas de organización económica aún en las culturas más primitivas.
Así pues, el hombre tiene, primero y ante todo, que satisfacer las necesidades de su organismo. Debe tomar las providencias y desarrollar actividades para alimentarse, guarecerse, vestirse y protegerse del frío, del viento y de la intemperie. Está forzado a defenderse, y a organizarse para tal defensa, contra los enemigos y peligros externos, ya sean físicos, animales o humanos. Todos estos problemas primarios son solucionados por los individuos con el uso de herramientas, mediante la organización en grupos cooperativos y también por el desarrollo del conocimiento y un sentido del valor y de la moral.
Así, aparecen otro tipo de necesidades, que son “las derivadas”, dentro de cada cultura. Esto significa que la cultura provee al hombre de aptitudes derivadas, capacidad y poder; lo que también significa que el enorme alcance de la acción humana sobre las innatas aptitudes del organismo, impone sobre el hombre una serie de “limitaciones”. Las “necesidades derivadas”, o “imperativos culturales”, son aquellos impuestos al hombre por su propia tendencia a extender su seguridad y su bienestar, aventurarse en las varias manifestaciones del movimiento, acrecentar la velocidad, preparar tanto máquinas de destrucción como de producción, etc. Malinowski, en su intento expositivo ofrece también las dos series siguientes de imperativos y concomitantes.

Imperativos / Concomitantes
1. El patrimonio cultural constituido por los utensilios y bienes de los consumidores, debe ser producido, mantenido y reemplazado por nueva producción. / 1. Economía.
2. La conducta humana en cuanto se refiere a la prescripción técnica, consetudinaria, legal o moral, debe ser codificada, regulada en acción y sanción. / 2. Control social.
3. El elemento humano gracias al cual se mantiene toda institución, debe ser renovado, formado, disciplinado y provisto del pleno conocimiento de la tradición del grupo. / 3. Educación.
4. Dentro de cada institución, la autoridad debe ser definida, equipada con poderes y dotada de los medios para la ejecución compulsiva de sus mandatos. / 4. Organización política.

Pinturas rupestres, que representan bueyes y pastores
(Argelia)
Los humanos han logrado su “historia” gracias a: 1º, la sustitución del instinto por el aprendizaje; 2º, el desarrollo de su poder de comunicación; y 3º, la posibilidad, mucho más inmediata en nuestros días, de poder fijar y conservar la comunicación, mediante la escritura, con la que en unos pocos años se ha podido pasar del hombre de las cavernas hasta la era de la desintegración del átomo y de los vuelos interespaciales. Sin embargo, Levi Strauss ha quitado importancia a la llamada “revolución de la escritura”, cargando la importancia sobre la “revolución neolítica”, muy anterior, en la que se seleccionaron semillas y realizaron descubrimientos que considera más importantes para la evolución de la sociedad que la escritura.
Los diversos medios de transmitir la cultura dan origen a la aparición de la primera clasificación de la cultura tal como se la plantean principalmente los etnógrafos. Culturas ágrafas, que son aquellas pertenecientes a las sociedades en que todavía no ha aparecido la escritura y en las que el único medio de transmisión es el de la tradición oral; y culturas dotadas de escritura. También hay que señalar que otro de los vehículos de transmisión de cultura, éste no totalmente autónomo, son las producciones emanantes de cada una de las culturas, o sea, los materiales que son legados a los nuevos integrantes de la sociedad por los antiguos. Los hombres se adaptan a ellos y las innovaciones tienen en la mayoría de los casos, como punto de partida, los instrumentos poseídos.

domingo, 30 de septiembre de 2012

La Torre de Babel

La lengua constituye el vehículo de comunicación por excelencia. Con ella, los individuos y los pueblos se han relacionado y han intercambiado conocimientos y experiencias. Pero, de forma paradógica, la enorme diversidad lingüística existente es también un factor de disgregación, diferenciación y caos. Uno de los principales símbolos históricos del caos lingüístico es la imagen de la Torre de Babel.
La osadía que supuso la construcción de una torre de dimensiones ciclópeas, para alcanzar las alturas divinas, fue castigada por Dios con su destrucción y la condena de los seres humanos a la incomunicación, al hacer hablar a cada uno de ellos una lengua diferente. "Descendamos, dice el Señor, y confundamos su lenguaje, de modo que no comprenda cada cual el de su prójimo" (Gn 11, 7-9).


 Restos arqueológicos de la ciudad de Ur 
La legendaria Babel del relato bíblico ha sido identificada por los arqueólogos con la Babilonia mesopotámica; en esta ciudad se levantaban distintos templos cuya estructura culminante, una monumental pirámide escalonada llamada zigurat, ha servido de fuente de inspiración para las posteriores representaciones de la Torre de Babel.






 Zigurat de Ur tras la restauración 
 Reconstrucción a partir de los estudios arqueológicos 


 Torre de Babel, de Athanasius Kircher  














A lo largo de la historia del arte se suceden las interpretaciones de la Torre de Babel. El jesuita alemán Athanasius Kircher (1602-1680) realizó esta fantástica reconstrucción en plena época barroca.
Kircher fue un erudito interesado por todo tipo de saberes, desde la egiptología y la óptica, a la lingüística.



Actualmente, el globo terráqueo que preside el edificio del Palacio de la Sociedad de Naciones en Ginebra es uno de los símbolos modernos más representativos de la nueva sociedad multilingüe, donde se dan encuentro pueblos y culturas diferentes, y en donde, a pesar de las diversidades idiomáticas, el interés común de todos sus participantes es el entenderse por encima de políticas y naciones.


 Sociedad de Naciones, Ginebra 

lunes, 24 de septiembre de 2012

Depresiones y montañas exteriores

1. Las depresiones exteriores
Al noreste del Macizo Central se desarrolla la depresión del Ebro; al sur, la del Guadalquivir; en el oeste, aunque con distinto significado, se extiende la del Sado-Tajo o Ribatejo; y en el este los llanos de Valencia al pie de una escalera de fallas de las sierras Ibérico-levantinas. Presentan caracteres comunes pero también diferencias que las singularizan:
Vista del Valle del Guadalquivir, desde las
almenas del castillo de Almodóvar del
Río (Córdoba)

  • Las depresiones subalpinas.- Son las del Ebro y Guadalquivir. Ambas tienen forma triangular aunque con la base contrapuesta en la orientación. Las dos se van formando al tiempo que se levantaban las cordilleras alpinas; el zócalo se hundió a gran profundidad entre el Macizo Central y las nuevas cordilleras, al producirse movimientos isostáticos de compensación. No obstante, existen diferencias entre ambas: la del Ebro ha sido colmatada por depósitos continentales detríticos, que cementados han dado origen a formaciones de conglomerados resistentes a la erosión; por el contrario, la depresión Bética fue colmada por materiales más finos, de origen marino (margas y arcillas), de ahí un relieve en lomas, menos pronunciado. Por último cabe señalar que la del Ebro está a mayor altitud (300-400 metros) y es más seca que la Bética (200 metros).
  •  La depresión del Sado-Tajo.- No es una depresión subalpina sino un basculamiento del Macizo Central. Es, por tanto, una fosa limitada por un escarpe de falla en su sector septentrional y por un basculamiento del Alentejo en el sector meridional y oriental. Colmatada en el Terciario por sedimentos marinos deleznables (arcillas y arenas) ha sido modelada en bajas colinas con altitud inferior a los 100 metros.
  • Los llanos de Valencia.- Limitada hacia el interior por las sierras Ibérico-levantinas en una escalera de fallas, es el resto de una antigua depresión, más extensa, hundida en el Mediterráneo. Recubierta de depósitos miocenos en el oeste y cuaternarios en el oriental, ofrece formas de erosión semejantes a las llanuras castellanas, a menos de 150 metros, con gran desarrollo de la llanura aluvial.
2. Las montañas exteriores
Están representadas por los Pirineos, las Montañas béticas y las Cordilleras costero-catalanas. Los dos primeras son cadenas típicamente alpinas; la Catalana tiene un significado distinto. Las alpinas se caracterizan por:
a) Son montañas jóvenes, formadas por la orogenia alpina y levantadas en conjunto a fines del Terciario. Alcanzan grandes altitudes, superiores a los 3.000 metros, y los desniveles son fuertes. Relieves bravíos y juveniles.
b) Son cadenas de fondo.
c) Son cordilleras con una estructura doble y compleja. En ellas se distingue una zona axial, y una zona de cadenas alpinas a ambos lados.

La Penibética de Málaga, cubierta de manchones de olivar.
Las montañas Costero-Catalanas no son cadenas alpinas. Son restos de un macizo antiguo (catalano-balear), con orientación noreste-sudoeste, rejuvenecido y fallado. Una fosa (Vallés-Penedés) interna, separa las dos alineaciones.

martes, 18 de septiembre de 2012

Las primeras civilizaciones urbanas: La sociedad

Las sociedades egipcia y mesopotámica se organizaban en torno a ciudades. Estas estaban constituidas por viviendas, palacios, templos, almacenes, tiendas de artesanos, etc.
Los principales edificios eran el palacio, donde vivían el rey o el faraón, según el caso, y el templo, que incluía, además del recinto sagrado, otras dependencias, como las viviendas de los sacerdotes, almacenes, archivo y escuelas.
Estas sociedades estaban rígidamente jerarquizadas. Vamos a ver, a continuación, cómo se estructuraban.

Mesopotamia

  • El rey era el señor absoluto y tenía en sus manos todos los poderes: político, militar y religioso; también era el legislador y el juez supremo, pero no era considerado un dios.
  • El grupo dirigente estaba formado por los sacerdotes, altos funcionarios (visires, gobernadores de provincias, mandos del Ejército, tesoreros...), escribas, jueces, así como por mercaderes y grandes propietarios que tenían un enorme poder y eran dueños de la mayor parte de las tierras.
  • El resto de las personas libres de Mesopotamia eran los campesinos, los ganaderos, los mercaderes, los artesanos y los obreros.
  • Los esclavos en Mesopotamia pertenecían a personas particulares, a los templos o al Estado.

En esta cara del Estandarte de Ur se puede apreciar la actividad de los diferentes grupos sociales en tiempos de paz: el rey con algunos servidores (arriba), y ganaderos, campesinos y mercaderes (centro y abajo).
El escriba sentado
(Museo del Louvre, París)
Tanto en Egipto como en Mesopotamia,
los escribas gozaban de gran consideración,
ya que muy pocos dominaban la escritura; la
 mayoría de ellos eran sacerdotes.

Egipto
  • El faraón era considerado rey y dios a la vez. Era el dueño de las tierras, las personas y el Estado. Se creía que el bienestar del país dependía de él y de sus relaciones con los dioses.
  • Por debajo del faraón se encontraban el visir y los altos funcionarios, como los nomarcas (que gobernaban en los provincias), los ministros, los sacerdotes (muy poderosos porque administraban las grandes riquezas del Estado), los altos cargos militares, los tesoreros y los escribas.
  • El resto de las personas libres en Egipto era el grupo formado por los soldados y los artistas, que gozaban de un nivel social superior al constituido por los artesanos (tejedores, orfebres, ceramistas...), los obreros, los campesinos y los extranjeros.
  • Los esclavos egipcios se empleaban para trabajar en las minas (de turquesas, de cobre, y otros minerales) y en tareas domésticas.
Las mujeres de estas civilizaciones eran consideradas inferiores a los hombres; sin embargo, en Egipto llegaron a gobernar reinas como Hatsepsut y Cleopatra.
Tanto en Mesopotamia como en Egipto se formó un poderoso ejército para defender las riquezas almacenadas y protegerse de otros pueblos. Utilizaban el carro de guerra tirado por caballos. La infantería (soldados a pie) era el tipo de tropa más numeroso; se protegían con escudos y llevaban lanzas, puñales, espadas y otras armas.