lunes, 29 de octubre de 2012

La Tierra: el planeta azul

Los satélites artificiales que giran alrededor de la Tierra permiten captar fotografías muy detalladas de nuestro planeta, de manera que no hay duda acerca de su forma y sus dimensiones.
La Tierra, vista desde el espacio, presenta un color azulado debido a la abundancia de oxígeno que hay en la atmósfera. También se distinguen los continentes, en tono marrón, y las masas de nubes, que aparecen como grandes manchas blanquecinas en movimiento.

1. Forma de la Tierra
La Tierra no es una esfera perfecta, pues está ligeramente achatada por los polos. A esta forma tan singular de nuestro planeta se la denomina geoide.
Si nuestro planeta se cortase por el Ecuador, quedaría dividido en dos hemisferios iguales:
  • El hemisferio Norte, denominado también hemisferio continental porque contiene las tierras de Asia, Europa, gran parte de África y casi la mitad de América: 39% de tierra y 61% de agua.
  • El hemisferio Sur, conocido como hemisferio marítimo porque en él predominan los grandes océanos: 19% de tierra y 81% de agua.
2. Dimensiones de la Tierra
Para rodear la Tierra por su parte más ancha o Ecuador, se necesitaría una cuerda de, aproximadamente, 40.077 kilómetros, lo que representa unas 40 veces la distancia entre París y Zaragoza.
La Tierra tiene un diámetro polar de 12.714 kilómetros, mientras que el diámetro ecuatorial es de 12.756 kilómetros. Esto demuestra que la forma esférica de la Tierra no es perfecta.
La superficie total de la Tierra es de 510.000.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente 1.000 veces la superficie de España.

viernes, 12 de octubre de 2012

La cultura y el arte en la España visigoda

En la España visigoda continuaron vigentes los elementos culturales de la época romana, que se superpusieron fácilmente a los de origen germánico. Pero la nota distintiva que caracteriza a las manifestaciones del espíritu del período visigótico fue su estrecha dependencia de los eclesiásticos, especialmente después de la conversión de Recaredo al catolicismo, que es cuando la cultura visigoda dio sus mejores frutos.

1. La cultura visigoda
El desarrollo de la cultura en la España visigoda tropezó con muchos obstáculos materiales, como la escasez y el alto precio de los pergaminos y la dificultad para conseguir manuscritos antiguos. Los eclesiásticos monopolizaban la enseñanza y la cultura, que se convertían así en armas de dominio ideológico. Las difíciles condiciones de la época y la ambigüedad hacia la cultura clásica (había una fuerte dependencia hacia ella pero al mismo tiempo era vista con recelo, pues en gran parte era una producción pagana), explican que la cultura visigoda fuera bastante pobre, sin ninguna originalidad. De clara inspiración cristiana, las obras de la España visigoda son ante todo de carácter religioso y de tono eminentemente erudito.
Estatua de San Isidoro,
en la escalinata de la Biblioteca Nacional
de España
Los principales focos de la cultura visigoda se localizan en torno a algunas sedes episcopales (Toledo, Sevilla, Zaragoza) o en las escuelas de los incipientes monasterios. Y la figura intelectual más destacada fue Isidoro de Sevilla (nacimiento probable en 556, muerte en 636). Formado en la escuela que creara su hermano Leandro, Isidoro alcanzó la dignidad de arzobispo de la sede hispalense. Jugó un papel muy destacado en la vida política del reino visigodo en el primer tercio del siglo VI, siendo uno de los primeros formuladores de la teoría política caracterizada por la estrecha fusión entre el poder temporal y el espiritual, aunque con predominio de este último. Su obra es de una enorme variedad, pues incluye desde crónicas de los acontecimientos de la época hasta escritos teológicos o epístolas de indiscutible calidad literaria. Pero su principal aportación fueron las Etimologías. En esta obra se ha visto una preocupación de Isidoro por salvar el legado cultural de la Antigüedad, aunque esta interpretación no es compartida por los modernos estudiosos del tema, que piensan que el arzobispo hispalense se inspiró ante todo en autores eclesiásticos, en su mayoría norteafricanos, y no propiamente en los clásicos. De todas formas, las Etimologías tienen un evidente carácter pedagógico y enciclopédico (se le ha llamado "la primera enciclopedia cristiana"). Las Etimologías ejercieron una influencia de primera magnitud en la Edad Media.

2. El arte visigodo
De los diversos pueblos germánicos que se asentaron en el Imperio Romano son los visigodos los que han legado un arte de más entidad. No obstante, los testimonios artísticos que se han conservado de la España visigoda son muy escasos. La mayoría de ellos datan del siglo VII y se localizan en un área muy reducida, por lo general dentro de la Meseta norte.


San Juan de Baños (Palencia), de planta basilical,
fue mandada construir por el rey Recesvinto en el siglo VII, se cree que fue consagrada  en el año 661.
Lo más interesante del arte visigodo es la arquitectura. Los edificios de la época visigoda, en consonancia con los caracteres dominantes de la economía de aquel tiempo, dan la sensación de un ruralismo aplastante, pues se trata de iglesias de pequeñas dimensiones, situadas en lugares alejados de las grandes urbes. Como elementos constructivos básicos hay que señalar el empleo de sillares y la utilización del arco de herradura, aunque con algunas variantes. Las iglesias son de planta cruciforme o basilical y en la cubierta se utilizan distintos tipos de bóvedas. Las principales iglesias visigodas son Santa Comba de Bande (Orense), San Pedro de la Nave (Zamora), Quintanilla de las Viñas (Burgos), San Juan de Baños (Palencia) y San Fructuoso de Montelios (Portugal).


Daniel en el foso de los leones
Capitel de San Pedro de la Nave (Zamora)
La escultura visigoda que ha llegado hasta nosotros es muy reducida. Se caracteriza por su tallado a bisel. Los motivos decorativos son elementales y en ellos resalta la tendencia a la estilización. Los principales ejemplos de la escultura visigoda son los capiteles historiados de San Pedro de la Nave, en los que se representa a Daniel en el foso de los leones, y los relieves de la iglesia de Quintanilla de las Viñas.




Corona de Recesvinto,
expuesta en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid)


Como todos los pueblos germánicos los visigodos destacaron por la riqueza de su orfebrería. Una espléndida muestra de esta actividad nos lo ofrece el conjunto de piezas que forman el tesoro de Guarrazar (Toledo), de una exuberancia ornamental sin igual y del que destacan las famosas coronas votivas.

domingo, 7 de octubre de 2012

La cultura. Concepto y base

Hay quien ve la diferencia entre antropólogos y sociólogos en que en tanto los primeros recurren, y de un modo bastante socorrido, a la constante explicación de la fenomenología social por medio de la cultura, el “gremio” de los sociólogos hace algo similar pero con respecto a la estructura.
Evans Pritchard participa de la opinión de que las diversas posiciones de las dos grandes escuelas, la de la Antropología Social en Gran Bretaña y la de la Antropología Cultural en los Estados Unidos, parten de que los primeros, siguiendo a Morgan, Spencer y Durkheim, pensaron que la finalidad de la Antropología Social sería la clasificación y el análisis funcional de las estructuras sociales, en tanto que para los segundos, partiendo de Tylor y de otros más orientados hacia la Etnología, concibieron su disciplina como la clasificación y el análisis de la cultura. De todas formas, la relación entre cultura y estructura social es de una íntima interacción.
Los patrones de lo bueno o de lo malo, como el de lo feo y el de lo bonito, o el de lo justo y lo injusto, son relativos de acuerdo con la cultura a la que se pertenece, etc. La importancia de cultura, por lo tanto, es innegable para poder conocer y valorar las actitudes de propios y ajenos.
La cultura fue definida por Linton, con la precisión y brevedad que le son características, como la herencia cultural. Todo hombre pertenece a una cultura y cada sociedad tiene sus propias y específicas peculiaridades culturales. Por lo tanto, se nos hace imposible y carente de sentido hablar de un hombre sin cultura, como es bastante difícil y arriesgado discurrir por el camino de intentar jerarquizar las culturas calificando a unas de superiores con relación a la inferioridad de otras. En cualquier caso, tenemos que tener siempre presente que cada uno de nosotros pertenece a una cultura y que las culturas ajenas serán vistas a través del patrón de la propia, y por lo tanto medidas y calificadas de un modo bastante subjetivo. ¿Podemos acaso decir que la cultura de los occidentales es superior a la de las llamadas sociedades primitivas, como los aborígenes australianos o los indios de la amazonia brasileña? Si lo juzgamos desde el punto de vista de la tecnología, no ha comparación posible entre ambos tipos de sociedades. ¿Pero podemos considerar igual que la superioridad técnica, la moral?
La cultura tiene su origen en la lucha que históricamente ha tenido que sostener el hombre como especie contra la naturaleza. Es el producto de esa misma oposición de la que surge la sociedad. Un instrumento gracias al cual los hombres han podido organizarse y evolucionar hasta la posición que en la actualidad ocupan. La cultura está ligada con la conducta humana, incluyendo en la conducta toda la carga que la psicología, y hasta la biología, le dan, y que aceptamos sin adentrarnos en discusiones.

En primer lugar queda claro que las satisfacciones de las necesidades orgánicas del hombre y de la raza representan una serie mínima de condiciones impuestas en cada cultura. Los problemas planteados por las necesidades nutritivas, reproductivas e higiénicas del hombre deben ser resueltos, y lo son, mediante la construcción de un nuevo ambiente artificial o secundario.
Un nivel cultural de vida significa, a su vez, que nuevas necesidades aparecen y nuevos imperativos o determinantes son impuestos a la conducta humana. Desde luego, la tradición cultural necesita ser transmitida de cada generación a la siguiente. Métodos y mecanismos de carácter educativo existen en toda cultura. El orden y la ley deben ser conservados, desde que la cooperación es la esencia de toda conquista cultural. En cada comunidad es menester que existan disposiciones para sancionar la costumbre y las normas éticas y legales. El sustrato material de la cultura requiere ser renovado y mantenido en condiciones de uso. En consecuencia, son indispensables algunas formas de organización económica aún en las culturas más primitivas.
Así pues, el hombre tiene, primero y ante todo, que satisfacer las necesidades de su organismo. Debe tomar las providencias y desarrollar actividades para alimentarse, guarecerse, vestirse y protegerse del frío, del viento y de la intemperie. Está forzado a defenderse, y a organizarse para tal defensa, contra los enemigos y peligros externos, ya sean físicos, animales o humanos. Todos estos problemas primarios son solucionados por los individuos con el uso de herramientas, mediante la organización en grupos cooperativos y también por el desarrollo del conocimiento y un sentido del valor y de la moral.
Así, aparecen otro tipo de necesidades, que son “las derivadas”, dentro de cada cultura. Esto significa que la cultura provee al hombre de aptitudes derivadas, capacidad y poder; lo que también significa que el enorme alcance de la acción humana sobre las innatas aptitudes del organismo, impone sobre el hombre una serie de “limitaciones”. Las “necesidades derivadas”, o “imperativos culturales”, son aquellos impuestos al hombre por su propia tendencia a extender su seguridad y su bienestar, aventurarse en las varias manifestaciones del movimiento, acrecentar la velocidad, preparar tanto máquinas de destrucción como de producción, etc. Malinowski, en su intento expositivo ofrece también las dos series siguientes de imperativos y concomitantes.

Imperativos / Concomitantes
1. El patrimonio cultural constituido por los utensilios y bienes de los consumidores, debe ser producido, mantenido y reemplazado por nueva producción. / 1. Economía.
2. La conducta humana en cuanto se refiere a la prescripción técnica, consetudinaria, legal o moral, debe ser codificada, regulada en acción y sanción. / 2. Control social.
3. El elemento humano gracias al cual se mantiene toda institución, debe ser renovado, formado, disciplinado y provisto del pleno conocimiento de la tradición del grupo. / 3. Educación.
4. Dentro de cada institución, la autoridad debe ser definida, equipada con poderes y dotada de los medios para la ejecución compulsiva de sus mandatos. / 4. Organización política.

Pinturas rupestres, que representan bueyes y pastores
(Argelia)
Los humanos han logrado su “historia” gracias a: 1º, la sustitución del instinto por el aprendizaje; 2º, el desarrollo de su poder de comunicación; y 3º, la posibilidad, mucho más inmediata en nuestros días, de poder fijar y conservar la comunicación, mediante la escritura, con la que en unos pocos años se ha podido pasar del hombre de las cavernas hasta la era de la desintegración del átomo y de los vuelos interespaciales. Sin embargo, Levi Strauss ha quitado importancia a la llamada “revolución de la escritura”, cargando la importancia sobre la “revolución neolítica”, muy anterior, en la que se seleccionaron semillas y realizaron descubrimientos que considera más importantes para la evolución de la sociedad que la escritura.
Los diversos medios de transmitir la cultura dan origen a la aparición de la primera clasificación de la cultura tal como se la plantean principalmente los etnógrafos. Culturas ágrafas, que son aquellas pertenecientes a las sociedades en que todavía no ha aparecido la escritura y en las que el único medio de transmisión es el de la tradición oral; y culturas dotadas de escritura. También hay que señalar que otro de los vehículos de transmisión de cultura, éste no totalmente autónomo, son las producciones emanantes de cada una de las culturas, o sea, los materiales que son legados a los nuevos integrantes de la sociedad por los antiguos. Los hombres se adaptan a ellos y las innovaciones tienen en la mayoría de los casos, como punto de partida, los instrumentos poseídos.

domingo, 30 de septiembre de 2012

La Torre de Babel

La lengua constituye el vehículo de comunicación por excelencia. Con ella, los individuos y los pueblos se han relacionado y han intercambiado conocimientos y experiencias. Pero, de forma paradógica, la enorme diversidad lingüística existente es también un factor de disgregación, diferenciación y caos. Uno de los principales símbolos históricos del caos lingüístico es la imagen de la Torre de Babel.
La osadía que supuso la construcción de una torre de dimensiones ciclópeas, para alcanzar las alturas divinas, fue castigada por Dios con su destrucción y la condena de los seres humanos a la incomunicación, al hacer hablar a cada uno de ellos una lengua diferente. "Descendamos, dice el Señor, y confundamos su lenguaje, de modo que no comprenda cada cual el de su prójimo" (Gn 11, 7-9).


 Restos arqueológicos de la ciudad de Ur 
La legendaria Babel del relato bíblico ha sido identificada por los arqueólogos con la Babilonia mesopotámica; en esta ciudad se levantaban distintos templos cuya estructura culminante, una monumental pirámide escalonada llamada zigurat, ha servido de fuente de inspiración para las posteriores representaciones de la Torre de Babel.






 Zigurat de Ur tras la restauración 
 Reconstrucción a partir de los estudios arqueológicos 


 Torre de Babel, de Athanasius Kircher  














A lo largo de la historia del arte se suceden las interpretaciones de la Torre de Babel. El jesuita alemán Athanasius Kircher (1602-1680) realizó esta fantástica reconstrucción en plena época barroca.
Kircher fue un erudito interesado por todo tipo de saberes, desde la egiptología y la óptica, a la lingüística.



Actualmente, el globo terráqueo que preside el edificio del Palacio de la Sociedad de Naciones en Ginebra es uno de los símbolos modernos más representativos de la nueva sociedad multilingüe, donde se dan encuentro pueblos y culturas diferentes, y en donde, a pesar de las diversidades idiomáticas, el interés común de todos sus participantes es el entenderse por encima de políticas y naciones.


 Sociedad de Naciones, Ginebra 

lunes, 24 de septiembre de 2012

Depresiones y montañas exteriores

1. Las depresiones exteriores
Al noreste del Macizo Central se desarrolla la depresión del Ebro; al sur, la del Guadalquivir; en el oeste, aunque con distinto significado, se extiende la del Sado-Tajo o Ribatejo; y en el este los llanos de Valencia al pie de una escalera de fallas de las sierras Ibérico-levantinas. Presentan caracteres comunes pero también diferencias que las singularizan:
Vista del Valle del Guadalquivir, desde las
almenas del castillo de Almodóvar del
Río (Córdoba)

  • Las depresiones subalpinas.- Son las del Ebro y Guadalquivir. Ambas tienen forma triangular aunque con la base contrapuesta en la orientación. Las dos se van formando al tiempo que se levantaban las cordilleras alpinas; el zócalo se hundió a gran profundidad entre el Macizo Central y las nuevas cordilleras, al producirse movimientos isostáticos de compensación. No obstante, existen diferencias entre ambas: la del Ebro ha sido colmatada por depósitos continentales detríticos, que cementados han dado origen a formaciones de conglomerados resistentes a la erosión; por el contrario, la depresión Bética fue colmada por materiales más finos, de origen marino (margas y arcillas), de ahí un relieve en lomas, menos pronunciado. Por último cabe señalar que la del Ebro está a mayor altitud (300-400 metros) y es más seca que la Bética (200 metros).
  •  La depresión del Sado-Tajo.- No es una depresión subalpina sino un basculamiento del Macizo Central. Es, por tanto, una fosa limitada por un escarpe de falla en su sector septentrional y por un basculamiento del Alentejo en el sector meridional y oriental. Colmatada en el Terciario por sedimentos marinos deleznables (arcillas y arenas) ha sido modelada en bajas colinas con altitud inferior a los 100 metros.
  • Los llanos de Valencia.- Limitada hacia el interior por las sierras Ibérico-levantinas en una escalera de fallas, es el resto de una antigua depresión, más extensa, hundida en el Mediterráneo. Recubierta de depósitos miocenos en el oeste y cuaternarios en el oriental, ofrece formas de erosión semejantes a las llanuras castellanas, a menos de 150 metros, con gran desarrollo de la llanura aluvial.
2. Las montañas exteriores
Están representadas por los Pirineos, las Montañas béticas y las Cordilleras costero-catalanas. Los dos primeras son cadenas típicamente alpinas; la Catalana tiene un significado distinto. Las alpinas se caracterizan por:
a) Son montañas jóvenes, formadas por la orogenia alpina y levantadas en conjunto a fines del Terciario. Alcanzan grandes altitudes, superiores a los 3.000 metros, y los desniveles son fuertes. Relieves bravíos y juveniles.
b) Son cadenas de fondo.
c) Son cordilleras con una estructura doble y compleja. En ellas se distingue una zona axial, y una zona de cadenas alpinas a ambos lados.

La Penibética de Málaga, cubierta de manchones de olivar.
Las montañas Costero-Catalanas no son cadenas alpinas. Son restos de un macizo antiguo (catalano-balear), con orientación noreste-sudoeste, rejuvenecido y fallado. Una fosa (Vallés-Penedés) interna, separa las dos alineaciones.

martes, 18 de septiembre de 2012

Las primeras civilizaciones urbanas: La sociedad

Las sociedades egipcia y mesopotámica se organizaban en torno a ciudades. Estas estaban constituidas por viviendas, palacios, templos, almacenes, tiendas de artesanos, etc.
Los principales edificios eran el palacio, donde vivían el rey o el faraón, según el caso, y el templo, que incluía, además del recinto sagrado, otras dependencias, como las viviendas de los sacerdotes, almacenes, archivo y escuelas.
Estas sociedades estaban rígidamente jerarquizadas. Vamos a ver, a continuación, cómo se estructuraban.

Mesopotamia

  • El rey era el señor absoluto y tenía en sus manos todos los poderes: político, militar y religioso; también era el legislador y el juez supremo, pero no era considerado un dios.
  • El grupo dirigente estaba formado por los sacerdotes, altos funcionarios (visires, gobernadores de provincias, mandos del Ejército, tesoreros...), escribas, jueces, así como por mercaderes y grandes propietarios que tenían un enorme poder y eran dueños de la mayor parte de las tierras.
  • El resto de las personas libres de Mesopotamia eran los campesinos, los ganaderos, los mercaderes, los artesanos y los obreros.
  • Los esclavos en Mesopotamia pertenecían a personas particulares, a los templos o al Estado.

En esta cara del Estandarte de Ur se puede apreciar la actividad de los diferentes grupos sociales en tiempos de paz: el rey con algunos servidores (arriba), y ganaderos, campesinos y mercaderes (centro y abajo).
El escriba sentado
(Museo del Louvre, París)
Tanto en Egipto como en Mesopotamia,
los escribas gozaban de gran consideración,
ya que muy pocos dominaban la escritura; la
 mayoría de ellos eran sacerdotes.

Egipto
  • El faraón era considerado rey y dios a la vez. Era el dueño de las tierras, las personas y el Estado. Se creía que el bienestar del país dependía de él y de sus relaciones con los dioses.
  • Por debajo del faraón se encontraban el visir y los altos funcionarios, como los nomarcas (que gobernaban en los provincias), los ministros, los sacerdotes (muy poderosos porque administraban las grandes riquezas del Estado), los altos cargos militares, los tesoreros y los escribas.
  • El resto de las personas libres en Egipto era el grupo formado por los soldados y los artistas, que gozaban de un nivel social superior al constituido por los artesanos (tejedores, orfebres, ceramistas...), los obreros, los campesinos y los extranjeros.
  • Los esclavos egipcios se empleaban para trabajar en las minas (de turquesas, de cobre, y otros minerales) y en tareas domésticas.
Las mujeres de estas civilizaciones eran consideradas inferiores a los hombres; sin embargo, en Egipto llegaron a gobernar reinas como Hatsepsut y Cleopatra.
Tanto en Mesopotamia como en Egipto se formó un poderoso ejército para defender las riquezas almacenadas y protegerse de otros pueblos. Utilizaban el carro de guerra tirado por caballos. La infantería (soldados a pie) era el tipo de tropa más numeroso; se protegían con escudos y llevaban lanzas, puñales, espadas y otras armas.

martes, 11 de septiembre de 2012

Sociedad y política en la España visigoda

La España visigoda ha sido definida como "prefeudal". Ello quiere decir que, tanto desde el punto de vista económico y social como desde el político, se acentuaron aquellos rasgos que habían hecho su aparición en el Bajo Imperio y que algún tiempo después fueron característicos de la Europa feudal. El ruralismo creciente, el papel del colonato en el trabajo del campo, la tendencia al autoconsumo, el desarrollo de los lazos de dependencia personal y el dominio del poder político por las clases altas de la sociedad, son algunos de los elementos específicos de la España visigoda que justifican el que se considere a dicha época, como un período de transición hacia el feudalismo.

1. Aspectos demográficos
La aportación demográfica de los pueblos germanos a Hispania fue muy escasa. Los suevos, al parecer, se fundieron tempranamente con los romanos. En cuanto a los visigodos, los cálculos más acertados hablan de unos 80 a 100.000 establecidos en la Península, número muy reducido si lo comparamos con la población hispanorromana, de cuatro millones de habitantes por lo menos.
Gracias a la toponimia y a los descubrimientos arqueológicos se ha podido reconstruir el hábitat de los visigodos en Hispania. La zona básica de su asentamiento fue la meseta central, y muy especialmente el centro de la cuenca del Duero. Ello se explica porque buscaban regiones de escasa densidad de población y de débil urbanización.

2. Economía y sociedad
Las características apuntadas en la economía del Bajo Imperio se acentuaron en época visigoda: predominio de las actividades agrícola-ganaderas, concentración de la propiedad de la tierra en manos de la aristocracia y de la Iglesia, sustitución del trabajo de los esclavos por el de los colonos, papel irrelevante de las ciudades y del comercio.
Los germanos aportaron algunos cultivos nuevos, como la alcachofa y la espinaca, pero en general se adaptaron a la tradición agraria romana. En la España visigoda fue característica la "villa" o gran explotación, dividida en reserva y mansos y trabajada fundamentalmente por colonos. La explotación de las minas entró en declive. La circulación monetaria era muy escasa y el comercio muy reducido destacando sólo el de productos de lujo para las clases dominantes, traídos de la cuenca del Mediterráneo por mercaderes de carácter internacional.
En principio existía una división muy acusada entre los hispanorromanos y los visigodos, acentuada por la diversidad de normas jurídicas de cada grupo de población. Pero paulatinamente esas diferencias se fueron borrando, llegándose a una fusión que obedecía ante todo a razones estrictamente sociales. Por un lado se hallaban los potentados, miembros de la nobleza hispanorromana y de la aristocracia goda, grandes propietarios de tierras. Por otra parte estaban los humildes, sector integrado básicamente por los pequeños propietarios libres, grupo en decadencia, y la amplia masa de colonos. Las duras condiciones de vida en el medio rural propiciaron la aparición de revueltas campesinas, a veces confundidas con movimientos heréticos, como el priscilisnismo, que pervivió hasta el siglo VIII.
La debilidad del poder público contribuyó a que se desarrollaran los lazos de dependencia personal. Los colonos estaban adscritos a los grandes propietarios, que acaparaban en sus manos atribuciones de tipo público. Los nobles tenían también sus propios encomendados, los bucelarios, a los que concedían tierras a cambio de un servicio de armas. Los reyes, por su parte, contaban igualmente con su clientela personal, los gardingos.

3. Instituciones políticas
Al frente del estado visigodo se hallaba el monarca, jefe supremo de la comunidad. No obstante, aunque las atribuciones del rey eran muy amplias, su monarquía no tenía el carácter absoluto y patrimonial de otras monarquías germánicas. Por otra parte, la monarquía visigoda nunca perdió su carácter electivo recayendo la designación de los reyes en los magnates y los prelados.
Miniatura del Códice Albeldense, que representa al rey Ramiro, 
con el obispo Lucrecio y dos clérigos.

Para el ejercicio de sus funciones el rey contaba con la ayuda del Aula Regia, organismo integrado por miembros de la alta nobleza que daba consejos al monarca. Un papel fundamental en la vida política del reino visigodo lo desempeñaron los Concilios eclesiásticos, reunidos en la capital, Toledo. En realidad eran asambleas de carácter eclesiástico, pero su campo de actuación fue mucho más amplio. Los concilios los convocaba el monarca, el cual enviaba un mensaje. En los Concilios de Toledo se trató, entre otros asuntos, el de las normas para la elección de los monarcas, de la aprobación de los destronamientos, de la condena de los rebeldes y de la persecución de los judíos.
Los visigodos aceptaron la antigua división provincial romana, colocando a su frente a "duces", aunque también crearon circunscripciones nuevas, encomendadas a "comites". En cambio, entraron en decadencia, hasta casi su total extinción, las instituciones municipales.

lunes, 3 de septiembre de 2012

El carácter científico de la Antropología

La vocación científica de la Sociología, Antropología y cualquier otra “ciencia” social es evidente, y buena prueba de ello es el calificativo de Ciencia Social que sus creadores han impuesto al conjunto de las disciplinas objeto de su interés. Pero no es menos evidente el cúmulo de dificultades y escollos que hay que superar para poder otorgarles el grado de científicas en todo su valor.
En lo que respecta a la Antropología Social, una primera dificultad para considerarla materia científica con pleno derecho, ha sido la situación a la que se han limitado los antropólogos, que se han visto convertidos en meros recolectores de cacharros y costumbres. En el mejor de los casos calificaremos todo ello como materia del etnógrafo y de la Etnografía, pero no de la Antropología. A esos niveles de simple recolección no podemos atribuirles el estar haciendo ciencia, aun cuando podamos encontrarnos con que son unos insustituibles y, por tanto, necesarios ayudantes para conseguir ulteriores generalizaciones, con lo que, si no lo hemos conseguido, sí, al menos, nos hemos acercado mucho a los niveles auténticamente científicos.

 Bronislaw Malinowski con nativos de la isla Trobriand 
Las ciencias sociales se encuentran con un gran inconveniente, que es el derivado de la materia de su estudio: la sociedad. La situación en la que se hallan los investigadores sociales, que por un lado, estudian a la sociedad, y, por otro, son ellos mismos miembros de algún grupo social, supone una dificultad para poder obtener conclusiones objetivas. Si la sociedad objeto de su interés es la misma a la que pertenecen, se encuentran mediatizados por sus propias ideas políticas, filosóficas o religiosas, su “neutralidad” será difícil de conseguir. Pero, si por el contrario (como en el caso en el que frecuentemente se hallan los antropólogos), sus investigaciones van referidas a sociedades y culturas diferentes, las dificultades aparecen cuando tienen que opinar respecto a investigaciones y costumbres extrañas a los valores imperantes en su sociedad.
Los inconvenientes que con respecto a la falta de madurez poseen las ciencias sociales se ven aumentados para el caso de la Antropología Social, quien además ha visto desarrollarse más rápidamente a sus disciplinas hermanas en tanto que a ella se le había relegado, durante mucho tiempo, al estudio exclusivo de algo que, para la tiranía ejercida por la sociedad industrial, ha tenido una importancia que, en el mejor de los casos, era calificada como marginal, o puramente académica, como ha sido todo lo relacionado con las sociedades primitivas.
Otra manera de enfocar este mismo inconveniente para considerar inmersos en el área de la Ciencia a las diversas especialidades dedicadas al estudio de la sociedad, es la dificultad de verificar, y mucho más de experimentar. La sociedad está compuesta por humanos y solamente por esta circunstancia muchos experimentos, de necesidad innegable, y cuya realización sería fácilmente posible si se tratase de otros seres, al venir referidos a humanos, suelen presentar problemas éticos incluso en su simple planteamiento. Aquello que para el caso de las ciencias físicas puede ser llevado a cabo en el reducido marco de los laboratorios, en el caso de las ciencias sociales podría llegar incluso a suponer querer cambiar la Historia.
Se argumenta que el simple hecho de investigar sobre un determinado colectivo introduce modificaciones sobre él, y que de este modo la investigación altera lo investigado.
Si bien es cierto que la experimentación, tal como aparece en otras ciencias, no es posible en el caso de las Ciencias Sociales, no es exacto el que se carezca totalmente de medios para probar las hipótesis formuladas. Entre los medios para este fin ocupa un lugar destacado el llamado método comparativo, consistente en realizar comparaciones sistemáticas entre sociedades o colectivos de personas y ver a través de ellas qué rasgos o complejos culturales, u otros fenómenos, aparecen en muchos casos, o por el contrario difieren, para conseguir, de este modo, la verificación de ciertas hipótesis o la consecución de generalizaciones significativas.
De todo lo anterior obtenemos unas consecuencias similares a las expuestas por Bottomore, quien, refiriéndose exclusivamente a la Sociología –aunque nosotros lo extendemos a la Antropología Social-, dice que la disciplina es científica en sus métodos y en sus intenciones. Y estamos de acuerdo con otra buena parte de autores respecto a que se cuenta con grandes limitaciones y dificultades, principalmente en cuanto se refiere a la verificación, demostración y comprobación; fallos que se están paliando según avanzamos en el transcurso del tiempo y en la realización de investigaciones con las que adquirimos experiencia y a la par escalamos posiciones en la escala de consideración científica.

martes, 28 de agosto de 2012

Las lenguas no indoeuropeas

El origen del euskera se remonta a una época anterior a la llegada de los romanos a la Península Ibérica. Es también anterior a las lenguas indoeuropeas, y quizá tenga alguna relación con las lenguas caucásicas. Es, por tanto, la única lengua superviviente entre las que se hablaban en el suroeste europeo antes de las invasiones indoeuropeas y, desde luego, la única de origen prerromano entre las que se hablan en la Península Ibérica. La romanización ejerció también, aunque de manera más difusa que en otras regiones peninsulares, cierta influencia, y así el euskera terminó incorporando términos procedentes del latín. A su vez, de manera inversa, ciertas lenguas derivadas del latín adoptaron también algunas voces vascas, por ejemplo, izquierda, mus u órdago.
El euskera constituye un interesante ejemplo de supervivencia entre las lenguas actuales, y ha logrado mantenerse vivo a pesar de los muchos obstáculos encontrados a lo largo de su historia, sobre todo debido a la enorme presión que sobre él han ejercido sus dos vecinos, el castellano y el francés.


Datos del año 2010
El número actual de euskaldunes (personas que hablan euskera) es difícil de establecer, pero en cualquier caso se localizan mayoritariamente en el actual País Vasco, en los departamentos vascofranceses y en la Comunidad Foral de Navarra. Existen igualmente comunidades vascoparlantes en otros países, debido a la emigración.

En Europa, pero ya fuera de la Península Ibérica, encontramos otras lenguas que no pertenecen al tronco común de las lenguas indoeuropeas, como el estón, el húngaro, el finlandés y el turco.