El análisis funcional de la cultura se infiere desde el concepto de la serie vital, esto es, de la relación entre el impulso, su consumación fisiológica y el estado de satisfacción orgánica.
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Diagrama de la serie instrumental |
El análisis funcional de la cultura se infiere desde el concepto de la serie vital, esto es, de la relación entre el impulso, su consumación fisiológica y el estado de satisfacción orgánica.
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1. La presión atmosférica
El aire, como cualquier otro elementos, pesa. El peso o fuerza que ejerce el aire sobre la superficie terrestre se denomina presión atmosférica. La presión atmosférica depende de la altitud (a mayor altura menor presión), de la temperatura del aire y de fuertes corrientes de aire que circulan alrededor de la Tierra a unos 15.000 metros de altura, conocidas como corrientes jet.
El contenido de la educación es en todos los pueblos antiguos aproximadamente el mismo y es, al mismo tiempo, moral y práctico. Tal fue también entre los griegos. Reviste en parte la forma de mandamientos: honra a los dioses, honra a tu padre y a tu madre, respeta a los extranjeros; en parte, consiste en una serie de preceptos sobre la moralidad externa y en reglas de prudencia para la vida, transmitidas oralmente a través de los siglos; en parte, en la comunicación de conocimientos y habilidades profesionales, cuyo conjunto designaron los griegos con la palabra techné. Los preceptos elementales de la recta conducta respecto a los dioses, los padres y los extraños, fueron incorporados más tarde a las leyes escritas de los estados sin que se distinguiera en ellas de un modo fundamental entre la moral y el derecho. El rico tesoro de la tradición oral popular, mezclado con primitivas reglas de conducta y preceptos de prudencia, llegó por primera vez a la luz en la poesía rural de Hesíodo.
1. El pensamiento griego idealizador y típico
Así como hay razas y culturas caracterizadas por un número muy limitado de humanos prototipos, seguidos por una masa dócil, a la cultura griega la caracteriza, en cambio, una increíble superabundancia de personalidades prototípicas, a cuyo lado se mueve inquieta una masa exigua e indócil. Un inagotable taller de proyección de modelos, y no una fábrica en serie, fue Grecia, genial como cultura y, por ello mismo, política y socialmente bastante menos consistente.
1. El descubrimiento del hombre
Nuestro pensamiento de hombres occidentales y europeos hunde sus raíces en Grecia y las formas propias de aquel pensar primigenio del hombre sobre el cosmos externo y sobre su mundo interior han valido como los moldes únicos, universales, de lo que llamamos nuestro pensar.
Porque en el hombre homérico vemos lo que de dimensión humana universal posee. Así pudiera parecernos, como si, en lo esencial, ese hombre homérico fuera ya el hombre griego, diferente en pequeñas cosas, pero fundamentalmente idéntico al hombre trágico del siglo V a.C. o al hombre platónico, cuando la verdad es que las diferencias son enormes. La estricta verdad es que el hombre homérico no es aún hombre, esto es, no se ha descubierto todavía a sí mismo como hombre, ni sabe aún de su espíritu.
Se conoce con el nombre de Hespérides a las descendientes de Héspero, «el lucero vespertino», por lo que su nombre viene a significar «las Occidentales». En la mitología griega aparecen sobre todo como cuidadoras del famoso Jardín de las Hespérides, relacionado con uno de los trabajo de Hércules.
El jardín viene a ser un símbolo del paraíso terrenal, de los estados espirituales que corresponden a las estancias paradisíacas. En el Génesis, el paraíso terrenal era un jardín en donde vivía Adán. Los egipcios apreciaban también los jardines, que dibujaban en los muros de los palacios. Los persas y árabes sienten auténtica pasión por los jardines, como puede verse en los cuentos de Las mil y una noches. También los cuentos europeos utilizan frecuentemente el tema del jardín, aunque con un sentido más simbólico y místico.
En la época helenística, la educación deja de ser materia de iniciativa privada y se convierte en objeto de reglamentación oficial. La educación es ya, en casi todas partes, objeto de preocupación de las ciudades. La educación se convierte en una institución estatal.
De todas las instituciones educativas, la más oficial es la efebía. La efebía es un sistema obligatorio de formación cívica, aunque sobre todo militar, del soldado-ciudadano. Los jóvenes alistados cumplían dos años de servicio: el primero, en los cuarteles del Pireo, donde recibían instrucción física y militar; el segundo, en maniobras del servicio de campaña, en una guarnición de los puestos fronterizos fortificados. Pero esta condición militar no es exclusiva: el efebía del siglo IV constituye también una especie de preparación moral y religiosa para el ejercicio pleno de los derechos y deberes del ciudadano. Desde el siglo II a.C., aparece, paralelamente a la educación física, una verdadera enseñanza intelectual que trata de proporcionar a los efebos por lo menos ciertos estudios de literatura y filosofía.