sábado, 30 de mayo de 2020

La visualización histórica de los contenidos pedagógicos

Sobre los aspectos interdisciplinarios de la investigación histórico-pedagógica se podía abrir un largo capítulo. Pero aquí nos limitaremos a algunas observaciones de fondo, y la primera es que sin bibliotecas, sin archivos, sin institutos de pedagogía organizados en este sentido es materialmente imposible cualquier tipo de investigación.
Aprovechando las aportaciones de filósofos y estudiosos de la literatura, los pedagogos no se han preocupado mucho de catalogar los textos, de realizar ediciones críticas, de solicitar ediciones nacionales. La estrecha relación entre investigación histórico-filosófica e histórico-pedagógica ha condicionado ulteriormente el campo de investigación y la asunción de la documentación, dejando fuera áreas extremadamente interesante y significativas.

Bajo este aspecto hay que subrayar el intenso interés de Ferrière en constituir un archivo que documentase los orígenes, los desarrollos, los debates, los congresos, las convenciones sobre el movimiento de las escuelas nuevas y de las escuelas activas; documentación que, justo porque abraza sectores y experiencias no constreñidos en el ámbito puramente pedagógico, ofrece la posibilidad de recoger nexos y relaciones que se verifican en cada caso al producirse los fenómenos educativos y la investigación pedagógica.
Por tanto, la primera instancia es la de actualizar técnicas, materiales, instrumentos, que permitirán la documentación, la cosecha, el registro, la elaboración, la interpretación de los "objetos" pedagógicos indispensables o por lo menos suficientes para proceder a una visualización histórica. El planteamiento científico de la investigación corre aquí a la par con las elecciones de política general y cultural, en el sentido de que archivos, institutos, locales, herramientas y personal especializado requieren una programación científica, técnica, pero también precisas elecciones culturales. Estado, regiones, provincias, ayuntamientos, entidades, institutos escolásticos y universitarios no pueden proceder de forma informal y menos permitir que un patrimonio bibliográfico sea abandonado, mortificado, no archivado. Se necesita una obra de coligación para que se unifiquen los criterios de descubrimiento, de organización, de archivo del material, posiblemente con la institución de un organismo nacional de investigación histórico-pedagógica con funciones de estímulo, de orientación y con la responsabilidad precisa de constituir una banca de datos con la memorización de los extremos de los documentos referentes a problemas, cuestiones, autores, corrientes, períodos históricos, textos, revistas y publicaciones y fuentes que se refieren a la investigación histórico-pedagógica. Dados los distintos sectores en los cuales se realiza la investigación pedagógica es además útil que sean atraídos todos los tipos de escuela y de organización educativa, escolástica, de forma que el material no se disperse. La realización de un mecanismo bibliográfico según un códice nacional e internacional permitiría una mayor racionalización de investigación y de documentación.
Por poco que uno se adentre en la investigación histórico-pedagógica sabe cuánto cuesta la puesta a punto de una bibliografía actualizada; se trata, entonces, de repasar anualidades de revistas, catálogos de bibliotecas y si no es suficiente el mecanismo bibliográfico que cada estudioso se construye y tiene actualizado, por lo menos se dispondría del material más necesario.
La formación del personal especializado en este sector permitiría obviar muchos inconvenientes y límites. Basta entrar en cualquier biblioteca civil, universitaria y también nacional, y buscar en el catálogo de materias bajo las voces pedagogía, historia de la pedagogía, educación, escuela, niño, adolescente... para llevarse grandes sorpresas. Es la nuestra una disciplina todavía no asimilada, ya que parece reducirse a una ciencia normativa cuya incidencia en los fenómenos históricos ha sido captada solamente en estas últimas décadas.

lunes, 11 de mayo de 2020

"La República" de Platón: Ideales educativos

1.- De la educación de los “guardianes” 

Platón, enfrentándose con el principio democrático del servicio militar obligatorio para todos los ciudadanos, tal como regía en los estados griegos, y consecuente con su tesis de que cada cual debe ejercer sólo su propio oficio, preconiza la existencia de un estamento de guerreros profesionales, los “guardianes”.

“Puesto que es preciso escoger igualmente por jefes a los mejores guardadores del Estado, escogeremos los que tienen en más alto grado las cualidades de excelentes guardadores.” La República, Libro III

Platón destaca con mayor vigor la importancia de una rigurosa selección para el mejor éxito del propósito educativo. En el caso de los “guardianes”, esta selección no se supedita a un procedimiento especial y complicado. Se deja más bien a cargo de vista pedagógico. Las aptitudes físicas del buen “guardián” son la agudeza de las percepciones de los sentidos, la presteza en apurar lo percibido y la energía en la lucha para lograr su objetivo.

“Para esto es preciso que, además de la prudencia y la energía necesaria, tengan mucho celo por el bien público.” La República, Libro III

El alma del “guardián” debe de estar consagrada a la defensa de los intereses del Estado, y ha de tener dos características principales: dulzura para con los suyos y con sus colegas de oficio y combatividad frente a los enemigos.

“Escojamos […] aquellos que, previo un duro examen, nos parezca que, después de haber pasado toda su vida consagrados a procurar el bien público, nunca han perjudicado los intereses del Estado. […] Una buena educación les es necesaria, especialmente en un punto muy importante que consiste en que tengan dulzura tanto los unos respecto a los otros, como respecto de todos aquellos cuya defensa les está encomendada.” La República, Libro III

Así mismo, los “guardianes” no deben poseer más de lo absolutamente necesario. Están privados de todo objeto como propio: no tienen casa, ni tierras, ni objetos de valor. De la misma forma, han de vivir en comunidad, deben compartir el alimento y la vivienda. Éste es el único método de conservación del Estado. Desde el momento en que un hombre entre en posesión de bienes, se convertirá en enemigo ambicioso para la ciudad, y la república de esta forma caería en la ruina.

“He aquí las razones que me han obligado a formar este reglamento sobre la habitación y las posesiones de nuestros guardianes.” La República, Libro III


2.- De la educación de la mujer y del niño

El intento de poner al individuo permanentemente al servicio del Estado, tiene que conducir necesariamente a una serie de conflictos con la vida familiar. La comunidad de mujeres y niños se limita por tanto a la clase de los “guardianes”, que se hallan al servicio directo del Estado, y no se hace extensiva a la masa de la población trabajadora.

Platón coloca en primer lugar el problema de la educación de las esposas de los “guardianes”. Éstas no deben ser sólo mujeres, sino contribuir también con los hombres a su función de “guardianes”. Platón cree en la capacidad de la mujer para cooperar creadoramente en la vida de la comunidad, pero no busca esta cooperación en la familia. No comparte la opinión dominante en el país según la cual la mujer se halla destinada por naturaleza exclusivamente a parir y criar hijos y a regentar la casa. Es cierto que reconoce que la mujer en general es más débil que el hombre, pero no cree que esto sea obstáculo para compartir las funciones y los deberes de la profesión de “guardián”.

“¿Creemos que las perras deben vigilar como los perros guardando el rebaño, ir a la caza con ellos, y hacerlo todo en común, o bien que deben permanecer en casa, como si, ocupadas en parir y alimentar perrillos, fuesen incapaces de hacer otra cosa […]?” La República, Libro V

Por tanto, la mujer deberá ser educada en la música y en la gimnasia, al igual que el hombre, y deberá formarse para la guerra lo mismo que él.

La aplicación de este programa no es sólo conveniente para la naturaleza de la mujer, sino que además fortalece la unidad del Estado, al establecer una unidad completa entre la cultura del hombre y la de la mujer.

3.- De la educación de los guerreros

Al esbozar las primeras características sobre la educación de los hijos, consistente en infundir desde pequeños en ellos el miedo a la muerte y acostumbrarlos también a las impresiones de la guerra, comienza Platón directamente a hablar de la educación destinada a los guerreros y a exponer su ética de la guerra.

Platón tiende a hacer confluir en el sistema educativo de su estamento de guerrero las dos corrientes de la educación tradicional: la gimnasia y la música.

“¿Qué educación conviene darles? Es difícil a mi juicio darles otra mejor que la que está en práctica entre nosotros, y que consiste en formar el cuerpo mediante la gimnasia y el alma mediante la música.” La República, Libro II

Para Platón, la habilidad en el manejo de las armas no es el problema primordial, sino formar una contextura espiritual de la persona en su conjunto. Lo decisivo de la formación musical es la interiorización del hombre. La finalidad perseguida por Platón no es la pericia técnica, sino el endurecimiento espiritual por el contacto directo con la guerra.

4.- De la educación de los regentes

Los regentes, llamados a velar por la conservación del espíritu de la verdadera educación en el Estado perfecto, necesitan recibir una cultura especial. La meta de su formación es producir la armonía del alma, estructurar y vigilar la educación, y debe ser, por tanto, una formación filosófica. El filósofo puede ser regente y educador al mismo tiempo.

“A tales hombres, perfeccionados por la educación filosófica y por la experiencia, y sólo a ellos, deberás confiar el gobierno del Estado.” La República, Libro VI

Platón exige para el regente un carácter inamovible y firme, que debe ir aparejado a las dotes espirituales más altas y requiere, además, el control del más exacto de los conocimientos. No debe sentir miedo ante las dificultades del Estado.

La educación consiste en tomar las almas adecuada para ayudarlas a ver la verdad, enfocando la visión interior hacia la luz de la verdad. Para ello, el método más adecuado lo constituye el estudio de las matemáticas, y luego de la dialéctica. La instrucción matemática obedecía al hecho de que se trataba de una etapa preliminar necesaria para la ejercitación de la mente en el pensamiento abstracto. Los cinco últimos años de preparación formal se dedicaban al ejercicio del pensamiento puro, en el que el espíritu busca la verdad con independencia de todo objeto sensible. El ámbito así investigado por el espíritu constituye el nivel superior de lo inteligible; el proceso, por otra parte, es dialéctico. En realidad este ámbito sólo es accesible por medio del ejercicio del pensamiento puro.

5.- Del valor educativo de la música y de la poesía

En todas las cosas, y especialmente en la educación, tienen gran importancia los comienzos, pues la educación arranca de la fase más temprana y más tierna en la evolución del hombre. En esta edad es más fácil moldear a éste y adquiere para siempre el sello o el tipo que se le imprime.

“Todo depende del comienzo, sobre todo tratándose de los niños, porque en esta edad su alma, aún tierna, recibe fácilmente todas las impresiones que se quieran.” La República, Libro II

Platón exige que se comience con la formación del alma, es decir, por la música. Ésta no abarca sólo lo referente al tono y al ritmo, sino también la palabra hablada, el logos.

Platón no se limita a censurar ocasionalmente la influencia negativa de la poesía sobre el pensamiento del pueblo, sino que asume en La República el papel de un renovador de todo el sistema de la paideia griega. La poesía y la música habían sido consideradas siempre como las bases de la formación del espíritu y englobaban también la educación religiosa y moral. Platón ve en esta concepción de la poesía algo tan evidente, que no intenta explicar su esencia ni referir su definición. Reputa la poesía como un medio importante de cultura y como expresión de una verdad superior, pero esto le obliga, a su vez, a modificar o suprimir en ella con todo rigor cuanto sea incompatible con el criterio filosófico.

El choque más violento de Platón con la poesía se produce en lo tocante al concepto de la divinidad y de su acción. Una de las características de la antigua poesía griega, desde Homero hasta la tragedia ética, consiste en creer que el destino del hombre se halla supeditado a la acción de los dioses.

“Conjuremos a Homero y a los demás poetas a que no lleven a mal que borremos de sus obras estos pasajes y otros semejantes. No es porque no sean muy poéticos y que no halaguen agradablemente el oído público; pero cuanto más bellos son, tanto son más peligrosos para los niños y para los hombres que, destinados a ser libres, deben preferir la muerte a la servidumbre.” La República, Libro III

El conflicto entre este punto de vista religioso y la idea ética de la responsabilidad del hombre actuante se mantiene latente a lo largo de toda la obra de los griegos. El mundo de la areté en el que Platón construye su nuevo orden se funda en la premisa de la autodeterminación moral del propio yo sobre la base del conocimiento del bien. La concepción del mundo de los poetas griegos no es en realidad, según Platón, el destino impuesto por los dioses: si la divinidad fuese tal que enredase al hombre en las redes de la culpa, viviríamos todos en un mundo en que la paideia carecería de toda razón de ser.

La empresa de educar al hombre sólo puede tener una justificación platónica y armonizarse con la ley del universo si tiene como fondo una imagen totalmente nueva del mundo, de un verdadero cosmos tal como lo concibe Platón, gobernado por un principio bueno que le trace una finalidad.

6.- Del valor educativo de la gimnasia

Platón erige al lado de la música, como la otra mitad de la paideia, la gimnasia. Aunque su verdadero interés versa sobre la educación musical, el fortalecimiento físico tiene una gran importancia para la cultura de los guardianes, por lo que ésta debe de practicarse desde la infancia. El hecho de Platón de considerar la música anterior a la gimnasia no obedece a una relación temporal, sino a que, si un cuerpo apto físicamente no es capaz de ayudar al alma para que se perfeccione, un espíritu escogido puede, por el contrario, ayudar al cuerpo a perfeccionarse. Platón entiende que lo primero es formar espiritualmente al hombre en su plenitud, encomendándole luego el cuidado de velar individualmente por su cuerpo.

La finalidad de la gimnasia, por la que deben medirse en detalle los ejercicios y los esfuerzos físicos, no es alcanzar la fuerza corporal de un atleta, sino desarrollar el ánimo del guerrero. No es cierto que la gimnasia tenga exclusivamente por misión educar el cuerpo y la música formar exclusivamente el alma, sino que ambos educan primordialmente el alma. Quien se someta a los esfuerzos de la gimnasia únicamente, cultiva con exceso la dureza y el salvajismo del hombre, y una educación musical excesiva hace al hombre demasiado delicado y blando.

7. Vigencia actual

El método de exposición de las ideas de Platón, la dialéctica, el diálogo continuado, invita siempre a continuar la temática y ramificarla hacia nuevos temas. En La República, se parte de la justicia, y tras una ingeniosa argumentación, Platón alcanza a explicar todo su idealismo pedagógico y todas sus doctrinas educativas.

Es quizás por estos temas ilimitados por lo que Platón influye posteriormente en la filosofía romana y en el cristianismo primitivo. Sus ideas sobre la divinidad y sobre un estado inmortal del alma se desarrollan posteriormente en el cristianismo antiguo, para introducirse más tarde, ya totalmente asimiladas, en la Edad Media. San Agustín escribió Ciudad de Dios basándose en La República de Platón. Con el Renacimiento de la cultura clásica, Platón resurgió, pero ya vinculado a la tradición escolar cristiana. A medida que la cultura moderna tendía hacia el racionalismo y el positivismo científico, la influencia de Platón fue reduciéndose más y más a los movimientos teleológicos y pedagógicos.

Platón es considerado como reformador de la paideia de su tiempo. En el momento de decadencia del sistema educativo democrático, su Estado ideal transforma ciertas premisas del estado democrático, a pesar de continuar con viejas tradiciones educativas, como son la música, la poesía y la gimnasia. Y al mismo tiempo, en otros aspectos, Platón puede considerarse un reaccionario, que vuelve a valorar algunas ideas de la educación espartana, sobre todo en la formación de los “guardianes” y de los guerreros.

sábado, 25 de abril de 2020

La cosmogonía

1. Introducción
Una de las partes fundamentales en la mitología la constituye la cosmogonía, que intenta explicar cómo surgió el mundo y cómo nacieron los dioses, es decir, nos cuenta la evolución desde el Caos, que significa "vacío", al Cosmos, que representa el "orden" y simboliza todo lo existente.
La cosmogonía griega nos presenta un relato en el que se suceden tres mundos, cada uno de ellos simbolizado por el dios más poderoso en ese momento.
En el origen, solo existía el Caos. De él fueron engendrados el infierno y la noche, que alumbraron a Eros, dios del amor. Y fue Eros precisamente quien engendró la luz y el día, que son las fuerzas que llegaron a vencer y dominar al Caos.

2. La primera generación de dioses
Una vez el orden se había impuesto en el vacío, surgieron de forma espontánea la Tierra y el Cielo, representados en los dioses Gea y Urano, que constituyen el primer mundo creado en ese trayecto hacia el orden definitivo. De la unión de Gea y Urano nacieron los hecatónquiros, con cien brazos cada uno; tres cíclopes, que cuentan con un solo ojo en medio de la frente, y seis titanes, fuertes y poderosos. 
Gea y Urano representan las dos fuerzas más primitivas en el origen mítico del Universo. Gea simboliza la morada de los dioses, ya que, en la religión griega, éstos habitan en la Tierra o dentro de ella. Por esta razón, los dioses griegos están tan cerca de los humanos.
La fortaleza de los titanes provocaba recelo y temor a su padre Urano, quien temía que le quitaran el poder y ocuparan su lugar. Así que, para protegerse de ellos, según nacían les obligaba a vivir en las entrañas de su madre, Gea.
Escandalizada y aterrada ante semejante acción, Gea pidió ayuda a sus hijos para que vengaran la malvada acción de su padre. Cronos, uno de los titanes, prometió ayudarla.
Cogió una guadaña y con ella cortó el miembro viril de su padre. El trozo seccionado cayó al suelo, derramando sangre, con la que Gea fue fecundada. Nacieron así los gigantes, las furias vengadoras que persiguen a los criminales y las ninfas. Todos los personajes nacidos de la sangre de Urano simbolizan la muerte violenta, la venganza sangrienta y la soberbia guerrera.
Cronos tiró el miembro viril al mar, y de la espuma que se formó nació Afrodita, diosa del amor y del placer. Con su nacimiento termina la primera generación de dioses.

El nacimiento de Afrodita es recreado en este relieve con una gran tensión, y a su vez, con sensualidad (siglo V a.C.)
3. La segunda generación de dioses
Cronos sucedió a su padre Urano y se unió a su hermana Rea. Así nació la segunda generación de dioses. Como Cronos había aprendido la lección de su padre, supo que él también sería destruido por sus propios hijos; así que los devoró según iban naciendo.
Pero ocurrió que Rea, a punto de dar a luz a Zeus, su hijo más pequeño, se fue a la isla de Creta para parirlo a escondidas. Recién nacido Zeus, su madre lo entregó a las ninfas para que lo alimentasen con la leche de la cabra Amaltea.
Entonces Rea, para que Cronos siguiera devorando al próximo hijo, le dio una piedra envuelta en un paño, y se la tragó como si fuese su hijo recién nacido.

 La venganza de Zeus  
Zeus decidió vengarse de su padre Cronos. Le dio un brebaje que le obligó a vomitar, en primer lugar, la piedra que le había dado su madre Rea y, después, los cinco hijos que se había tragado y que aún seguían vivos en su estómago: Deméter, Hades, Hera, Hestia y Poseidón.
Salidos ya del estómago de su padre, estos cinco hermanos de Zeus le ayudaron a luchar contra Cronos y los hermanos de éste, los titanes. El mayor de ellos, Atlas, recibió como castilo, por su apoyo a Cronos, sostener el cielo sobre sus hombros; de ahí viene nuestra vértebra llamada atlas, igual que se le llama atlas al libro que contiene los mapas de todo el mundo.


Atlas sostiene el cielo sobre sus hombros. Tejados de la Biblioteca Nacional de Austria (Viena)
Zeus y sus hermanos vencieron a los titanes. Pero luego empezó la lucha por el poder entre ellos. Todos querían dominar el mundo. Este pasaje de la mitología no pretende describir tanto una lucha por la conquista del poder como representar la pelea como sustitución de la armonía, la violencia como elemento presente en nuestros actos. Recordemos que las furias y los gigantes nacen de un acto cruento, la sangre derramada sobre Gea.
Los dioses masculinos decidieron repartirse el mundo: Hades se convirtió en rey de los infiernos; Poseidón, en rey de los mares; y Zeus, en rey de todos los dioses del Olimpo. El Olimpo era la residencia de los dioses, el monte más alto de Grecia y el punto de encuentro entre la Tierra y el Cielo.   

jueves, 23 de abril de 2020

La teoría pedagógica de Platón: Política y educación


Las relaciones entre educación y política representan uno de los aspectos más importantes de la paideia platónica. Para aclarar dichas relaciones, La República caracteriza las distintas formas de gobierno.
La República comienza tratando de esclarecer la naturaleza de la justicia. Pero muy pronto la aguda dialéctica de Sócrates conduce al terreno político la discusión. Desde este instante, el tema único de la justicia se discutirá en dos planos, el individual y el político. El recurso de Sócrates consiste en abordar antes el tema en su contexto político y ayudarse luego de las claridades aquí obtenidas para iluminar el plano personal.

Hemos comenzado a examinar las costumbres del Estado antes de pasar a las de los individuos porque hemos creído que este método era más claro; mas ahora, ¿qué será más conveniente, que continuemos de la misma forma y que después de haber considerado el gobierno, pasemos en seguida al hombre que se le parece? La República, Libro VIII

Pero este plano individual acabará prevaleciendo sobre el político, y de esta forma, aunque La República parezca una obra política, es ante todo pedagógica. El individuo se construye un Estado a su imagen y semejanza, y el Estado, a su vez, proporciona al individuo la paideia que conviene a su estilo, la única que puede darle. Acentúa Platón pues la importancia del hombre y reivindica la responsabilidad individual.
El Estado es el medio de transmisión de la moral a los ciudadanos; Platón admite que los ciudadanos pueden influir sobre el Estado, pero otorga siempre mucha mayor importancia a éste que a los individuos. Su estructura y funcionamiento son vitales para todos los asuntos humanos; por otra parte, el Estado debe tomar en consideración las diferencias de aptitudes y de intereses de los hombres. El Estado ideal es aquel en que los hombres deben actuar conjunta y armoniosamente, de acuerdo con sus respectivas dotes naturales. Cada individuo debiera formarse y tener una ocupación que estuviera en consonancia con sus capacidades y con su función social.

Cada individuo sólo debe de aplicarse a una cosa, aquella para la que ha nacido, a fin de que cada particular, ajustándose a la profesión que le conviene, sea uno. La República, Libro IV

Para la conservación del Estado es necesario que exista siempre en él un guía que posea la mejor educación y el arte de gobernar.

Una ciencia […] sobre el Estado todo y sobre su gobierno […] es lo que tiene por objeto la conservación del Estado, y reside en aquellos magistrados que están encargados de su guarda. La República, Libro IV

Platón no se interesa por el Estado como un problema técnico o psicológico, sino que lo aborda simplemente como marco y como fondo de un sistema perfecto de educación. Los fines a que el Estado ideal aspira no son el poder, la prosperidad económica ni la acumulación ilimitada de riquezas; su ambición de riqueza y de poder termina allí donde estos bienes materiales dejan de servir al postulado de la unidad social interior. Para Platón, el verdadero problema es el de la paideia. Ésta es, a su modo de ver, la solución de todos los problemas insolubles. Una buena educación es la condición en la que se basa el Estado ideal de Platón.

En un Estado todo depende de los principios. Si ha comenzado bien, va siempre agrandando como el círculo. Una buena educación forma un buen carácter. La República, Libro IV

Su regente es el producto supremo de la educación, y la misión que se le asigna es la de ser el educador supremo de toda la ciudad.

Los que hayan de estar a la cabeza de nuestro Estado vigilarán especialmente para que la educación se mantenga pura. La República, Libro IV

Sólo por medio de la educación, de la formación del hombre, es posible alcanzar la finalidad perseguida por el legislador, y cuando aquélla es verdaderamente eficaz, huelgan las leyes. Para Platón, toda la estructura del Estado descansa sobre la verdadera educación o, mejor dicho, se identifica con ella. De ser cierta esta conclusión, resultaría que al alcanzar la meta de la verdadera educación habremos realizado también la verdadera justicia.
La justicia consiste en la conformación interior del alma con arreglo a la cual cada una de sus partes hace lo que le corresponde y el hombre es capaz de dominarse y enlazar en una unidad la variedad contradictoria de sus fuerzas interiores. La justicia es la salud del alma, siempre y cuando concibamos ésta como el valor moral de la personalidad. Así como la salud es el bien supremo del cuerpo, la justicia es el bien supremo del alma. La vida sin justicia no es digna de ser vivida, lo mismo que no merece la pena de vivirse una vida sin salud física.

La virtud […] es, si puedo decirlo así, la salud, la belleza, la buena disposición del alma; el vicio, por el contrario, es la enfermedad, la deformidad y la flaqueza. La República, Libro IV

Sin embargo, cualquier estado real es una degeneración. El estado ideal es el único en que tiene realidad la justicia absoluta. Los demás no pueden constituir más que otras tantas desviaciones de la norma, apartados de ella de muchísimas formas. Platón reduce esta casi infinita variedad a cuatro tipos fundamentales, que vienen a ser otras tantas enfermedades del Estado.
El desorden inicial es, según Platón, el de los hombres que perdieron la armonía o salud del alma. Pero al desorden personal le sucede el desorden político. De entre los estados enfermos, Platón critica el estado espartano con gran objetividad, y lo designa con la palabra “timocracia” (o timarquía). La paideia de Esparta inculca fuertes deberes y austeridades, educa para la guerra y para el servicio a la comunidad, pero no forma auténticos músicos, porque descuida la cultura del ánimo. Sus hombres carecen de convicciones arraigadas o las tienen muy débiles; por eso, cuando les falta la vigilancia de sus conciudadanos sucumben a las pasiones. Del hombre entregado, sin íntima cultura espiritual, al servicio de la comunidad, como el espartano, nacerá un hijo menos justo, dominado por la ambición.

En la timarquía, los ciudadanos, de ambiciosos e intrigantes que eran, concluyen por hacerse avaros y codiciosos. Reservan todos sus elogios y toda su admiración para los ricos; los empleos son para ellos solos, y basta ser pobre para verse despreciado. La República, Libro VIII

El segundo tipo de gobierno es el oligárquico.

- ¿Qué entiendes tú por oligarquía?
- Entiendo una forma de gobierno donde el censo decide de la condición de cada ciudadano; donde los ricos, por consiguiente, ejercen el mando sin que los pobres participen de él. La República, Libro VIII

Los ciudadanos se precipitaban cada vez más por el camino de las riquezas, por lo que mientras aumenta el aprecio de éstas, disminuye el de las virtudes. El hombre oligárquico se dibuja en La República como industrioso, ahorrador, sin atenciones a las necesidades más elevadas de su ser, con aspiraciones de zángano y actitudes de mendigo o malhechor; con apariencias honradas, pero siempre cuidadoso de las formas externas y de su buena reputación.

Se le parece por el espíritu de ahorro y por la industria; no concede a la naturaleza más que la satisfacción de los deseos necesarios; se priva de todo otro gasto, y domina todos los demás deseos considerándolos como insensatos. La República, Libro VIII

Platón desnuda a este hombre eficaz y correcto y denuncia su falso equilibrio, descubriendo su falta de afán a educarse:

Sin duda que este hombre apenas si ha pensado en instruirse. La República, Libro VIII

La democracia nace cuando los pobres oprimidos toman conciencia de su fuerza y de lo fácil que les sería acabar con un orden establecido sobre la injusticia. El nuevo régimen, instaurado generalmente por la fuerza de la revolución, erige la libertad en norma suprema. La justicia se ve desterrada por la tolerancia, y la libertad viene a ser el consentimiento de muchas cosas que debieran estar prohibidas.

Todo el mundo es libre en este Estado; en él se respira la libertad y se ve libre de toda traba; cada uno es dueño de hacer lo que más le agrada. La República, Libro VIII

La vida del ciudadano demócrata se desliza imprevisiblemente, libre y feliz, tan variada de ocupaciones e intereses diversos.
Mas de la extrema libertad sólo puede seguirse la extrema esclavitud. Es el caso del tipo de hombre tiránico. El hombre se hace tiránico cuando, ya sea por imposición de su constitución natural, ya por defecto de una depravada educación, o bien por las dos cosas, cae indefenso bajo la tiranía del desorden o se somete al imperio del deseo.
Tras estas conclusiones, Platón plantea las características de un Estado ideal, fruto de una paideia regida por la justicia. Pero este Estado está apartado de la órbita puramente terrenal; la ruta hacia ese Estado perfecto, hacia esa ciudad armónica, se rige por la norma divina.

Quizá hay en el cielo un modelo para los que quieren consultarle y arreglar por él la conducta de su alma. Por lo demás, poco importa que tal estado exista o haya de existir algún día; lo cierto es que el sabio no consentirá jamás gobernar otro que no sea éste. La República, Libro IX