sábado, 16 de noviembre de 2013

Caracteres esenciales de la educación

1º) La educación sólo acaece en el hombre
La educación toma como punto de partida al individuo, al ser psico-vital, y concluye en la persona, o sea, en el ser cultural, portador de valores espirituales. La educación, como proceso de formación humana, representa el tránsito de la esfera natural hasta el reino objetivo de los valores. La educación está, pues, directamente relacionada con la actividad espiritual. Por consiguiente, es un proceso exclusivamente humano.

2°) Toda educación supone una finalidad, un estado individual o social que se quiere alcanzar, distinto del que el individuo tiene por naturaleza
El proceso educativo supone siempre un ideal de perfección, de elevación, de mejoramiento. Siempre supone un estado que se quiere alcanzar y que es distinto del que se tiene originariamente.

3º) La educación es un proceso dinámico
La educación es un proceso dinámico. Este proceso significa el paso de un estado a otro. El proceso implica una modificación, una transformación que afecta a la total integridad del ser, y supone un perfeccionamiento continuo.No obstante, el sujeto de la educación se mantiene en su identidad a través del proceso. No pierde su individualidad.

4°) El proceso de la educación se cumple a través de todas las edades de la vida
El proceso educativo se realiza ininterrumpidamente en todas las etapas de la vida humana, a través de las cuales se va plasmando y definiendo su personalidad.No obstante, las etapas de la vida humana son las que condicionan la estructuración y el ritmo del proceso de la educación. Los períodos de mayor plasticidad, de mayor educabilidad, son la infancia y la adolescencia. Cuando el hombre llega a su madurez, esto es, cuando posee las aptitudes necesarias para su función en la vida y ha definido su conducta frente a ella, acepta en menor grado la influencia ajena. No obstante, aunque más débilmente, ésta siempre persiste. Por otra parte, el proceso formativo, que nunca se interrumpe, es continuado como un esfuerzo de autoeducación.

5°) La educación implica una transformación duradera
La educación supone un cambio duradero, una verdadera transformación interior del sujeto.

6º) Toda educación auténtica supone la intervención consciente y creadora del sujeto que se educa
La educación supone siempre la labor creadora y consciente del sujeto mismo que se educa. No existe educación auténtica, mientras no haya una decisión voluntaria y libre por parte del educando.Si el educando no participa activa y libremente en la tarea de su formación interior, mediante la intervención consciente de su voluntad, la educación podrá significar un sistema de hábitos, una acumulación de conocimientos aprendidos memorísticamente, una cultura muerta, un adiestramiento. Pero no será una auténtica educación.

7°) El fenómeno educativo se produce bajo el estímulo del medio socio-cultural con el que se relaciona el sujeto de la educación
El hombre vive y actúa en un mundo del cual no puede prescindir. Ahora bien, si las fuerzas originarias de su naturaleza coinciden o armonizan con ese mundo, éste lo estimulará de forma positiva, favoreciendo el libre desenvolvimiento de esas fuerzas. De lo contrario, sólo suscitará su resistencia a ajustarse al medio y su esfuerzo por rebelarse; o bien, obtendrá su adaptación pasiva, que implicará no una educación auténtica sino una especie de socialización extrínseca.

 CONCEPTO GENERAL DE EDUCACIÓN 

La educación es el proceso interior de formación del hombre realizado por la acción consciente y creadora del sujeto que se educa y bajo la influencia exterior o el estimulo del medio sociocultural con el que se relaciona. La acción educadora surge como consecuencia de la conexión del sujeto con el mundo sociocultural.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

La educación

El esfuerzo continuo y sistemático por reflexionar e intentar dar soluciones al eterno problema de la educación, constituye el ser y el sentido del saber pedagógico. Ningún hombre puede permanecer indiferente o extraño frente a él. Porque es su existencia misma, como ser individual y como ser social, la que aparece comprometida en sus planteamientos y en sus soluciones.
La palabra educación ha tenido diversas interpretaciones de acuerdo con las ideas filosóficas, religiosas, sociales, políticas y culturales que han imperado a través de los tiempos.

 LA EDUCACIÓN COMO HECHO CONCRETO 

La educación es una realidad permanente en la vida individual y social. Atañe al hombre en su totalidad biopsíquica y espiritual y en su bipolar dimensión de individuo y miembro de la comunidad. La educación no es un simple accidente circunstancial en nuestra experiencia. Es una realidad que afecta al hombre en su total integridad.
La realidad de la educación supone una experiencia permanente, directa e inmediata. Constantemente nos modificamos y transformamos, asimilamos conocimientos, corregimos defectos, adquirimos hábitos y modos de obrar, somos influidos en nuestro modo de ser y de actuar, y todos somos un estímulo educador sobre otros individuos que se relacionan con nosotros. Todos somos educandos y educadores a la vez.
La educación implica un proceso universal y permanente. La historia de la civilización nos revela que la educación es un hecho que se ha producido en todas las épocas y en todos los pueblos, como función esencial de la vida en comunidad. La sociedad moldea al individuo según sus normas y ordenaciones, de conformidad con sus creencias, sus costumbres y sus maneras de proceder.
La socialización se lleva a cabo mediante un lento y permanente proceso de impregnación, resultado de la convivencia con las generaciones adultas.
En las comunidades primitivas, al igual que en aquellas de cultura desarrollada, se observa el mismo esfuerzo, más o menos consciente, de transmitir a las generaciones jóvenes su bagaje cultural. La influencia inintencional y espontánea de la comunidad sobre las nuevas generaciones entra ya en el concepto de educación.

 LA NECESIDAD DE LA EDUCACIÓN 

El acto educativo es inherente y necesario a la naturaleza humana. La inferioridad de sus recursos y medios físicos de defensa y la lentitud de su proceso de maduración le hacen imprescindible la protección ajena durante mayor tiempo que a cualquiera de los otros seres vivos. La madurez espiritual que caracteriza al hombre formado no se logra si se deja al ser joven abandonado al azar. Sin la educación, el ser humano no adquiriría el lenguaje, los hábitos, las ideas y los sentimientos que pertenecen a la vida cultural.
Pero la educación no es sólo una función necesaria para la vida del individuo. Es también una función ineludible de la vida de la comunidad. La sociedad humana, para poder subsistir y progresar indefinidamente, necesita propagarse espiritualmente mediante la educación de las nuevas generaciones.

 ETIMOLOGÍA DEL VOCABLO Y SUS DOS SENTIDOS 

Educación toma su sentido del verbo latino educare, que significa alimentar, nutrir, instruir, hacer crecer.Pero al mismo tiempo tiene un sentido opuesto si deriva del verbo ex-ducere, que significa extraer, hacer salir.
La educación es, al mismo tiempo, un proceso de desarrollo de las posibilidades que están latentes en el individuo y de incorporación de elementos del medio histórico-social-cultural.

martes, 5 de noviembre de 2013

La península italiana en el siglo VIII a.C.

Roma nació con una misión, la cumplió y con ella acabó. Esa misión fue la de reunir las civilizaciones que la habían precedido (la griega, la oriental, la egipcia, la cartaginesa), fusionándolas y difundiéndolas por toda Europa y por la cuenca del Mediterráneo. Señaló los caminos para su circulación, creó ejércitos para defenderlas, un formidable complejo de leyes para garantizar su desarrollo dentro de un orden, y una lengua para hacerlas universales.
Indro Montanelli, Historia de Roma (adaptado)

Roma, ciudad que durante varios siglos dominó a la mayor parte de los pueblos ribereños del Mediterráneo, está situada a orillas del río Tíber, en el centro de la península italiana.
Esta península se localiza en la zona central del Mediterráneo. Su relieve es predominantemente montañoso: la cordillera de los Alpes, al norte, y los montes Apeninos, que la recorren de norte a sur. La única gran llanura es la del río Po. Junto a esta península existen islas, como Sicilia, Córcega y Cerdeña.
En el siglo VIII a.C., época en la que se funda la ciudad de Roma, la península italiana estaba habitada por diversos pueblos:
  • Etruscos: Ocupaban la zona situada entre los ríos Tíber y Arno.
  • Latinos: Estaban asentados en el Lacio, región del centro de la península.
  • Griegos: Habían creado colonias en el sur de la península y en Sicilia, territorios que se conocían como Magna Grecia.

sábado, 26 de octubre de 2013

El gran avance del siglo XIII

En el siglo XIII la reconquista cristiana conoció un progreso espectacular. En un período de unos 40 años fueron incorporados a los reinos cristianos alrededor de 140.000 km2. Pero antes fue preciso vencer la resistencia ofrecida por los almohades. En 1179 los reyes de Castilla y de Aragón se habían puesto de acuerdo (tratado de Cazorla) para repartirse las tierras de Al-Andalus que pensaban conquistar en los próximos años. Pero de momento estos proyectos quedaron olvidados por la llegada a la Península de los almohades, que vencieron el de forma aplastante a Alfonso VIII de Castilla en Alarcos (1195). No obstante el panorama cambió radicalmente cuando se organizó una cruzada contra los almohades. La victoria cristiana de las Navas de Tolosa (1212) no sólo significó el hundimiento del imperio almohade, sino también la apertura del portillo que cerraba el acceso a las feraces tierras de Andalucía. A mediados del siglo XIII habían pasado a manos cristianas Valencia, las Baleares, Extremadura, Murcia y Andalucía Bética, tierras extensas y ricas, densamente pobladas por musulmanes.

1. La expansión catalano-aragonesa: Valencia y las Baleares
La ofensiva catalano-aragonesa fue conducida por el monarca Jaime I. El primer paso se orientó hacia las islas Baleares. Teniendo como punto de apoyo la incipiente marina catalana, Jaime I conquistó Mallorca con relativa facilidad (1229-1230). La población musulmana, que había resistido tenazmente, prácticamente desapareció de la isla, procediéndose a repoblarla con gentes venidas de Cataluña. En general el sistema de reparto de las tierras permitió la creación de medias y pequeñas propiedades. Las restantes islas fueron incorporadas en años sucesivos a la Corona de Aragón.


Pintura mural en el Palacio Real de Barcelona que representa la conquista de Mallorca
La conquista del reino de Valencia fue muy laboriosa. La capital cayó en poder cristiano en el año 1238. El sistema de repoblación puesto en práctica varió mucho de unas zonas a otras. En el norte, en la zona montañosa de Castellón, prácticamente abandonada por los islamitas, las Órdenes militares del Temple y del Hospital recibieron extensas donaciones. Valencia y su huerta (la población musulmana había sido desalojada de la capital) fueron repartidas entre los repobladores, originarios del sur de Aragón y del sur de Cataluña. En la zona meridional del reino de Valencia, por el contrario, permaneció una abundante población musulmana, aunque después de la rebelión de 1248 muchos islamitas abandonaron el territorio, lo que obligó a intensificar la búsqueda de pobladores cristianos.


Representación del rey Fernando III de Castilla y León
2. La expansión castellano-leonesa: Extremadura, Andalucía Bética y Murcia
Los reyes de Castilla y de León, primero de forma independiente y desde 1230 definitivamente unidos, dirigieron la reconquista y la repoblación de Extremadura, Andalucía Bética y Murcia. Alfonso IX de León incorporó Cáceres (1227) y Badajoz (1230). Pero la obra más importante fue llevada a cabo por Fernando III, el monarca unificador de Castilla y León. A él se debe la conquista del valle del Guadalquivir: Córdoba cayó en 1236, Jaén en 1246 y Sevilla, después de un prolongado cerco terrestre y naval, en 1248. Simultáneamente fue incorporada Murcia (1243) por su hijo el príncipe Alfonso. Éste, una vez rey (Alfonso X), completaba la conquista de Andalucía Bética con la toma de Cádiz (1262).
La actitud hacia la población musulmana dependió en buena medida de su resistencia a la expansión militar de los cristianos. En general, los islamitas fueron obligados a abandonar los núcleos urbanos, aceptándose en cambio su presencia en los campos, excepto en el reino de Jaén. Inmediatamente se procedió a efectuar un repartimiento de las tierras ganadas. La alta nobleza, las Órdenes militares y la Iglesia recibieron extensos donadíos, particularmente en Extremadura y en la región meridional de Andalucía, limítrofe con el reino granadino. Al mismo tiempo se organizaron poderosos concejos en torno a las ciudades, repartiéndose sus casas y las tierras de sus términos en función de la condición social de los repobladores, pues los caballeros recibían un heredamiento superior al de los peones. Los repobladores de Andalucía procedían esencialmente de la meseta Norte.
En el reino de Murcia permaneció después de la conquista cristiana una gran parte de sus antiguos habitantes musulmanes. Los repobladores procedían tanto del reino castellano-leonés como de la Corona de Aragón. En las ciudades surgieron fuertes concejos (Murcia constituye un buen ejemplo). En la zona sur los nobles y las Órdenes militares se instalaron sólidamente.
En 1264 la población mudéjar, tanto de los campos andaluces como de Murcia, se sublevó. Una vez sofocada la revuelta, parte de los mudéjares se vieron forzados a emigrar hacia Granada o al norte de África. Esta situación agravó las condiciones de explotación de las tierras recién incorporadas al dominio cristiano.


En el siglo XIII la reconquista cristiana prácticamente concluyó, si exceptuamos el reino nazarita de Granada. Los tres grandes protagonistas de este avance militar fueron Castilla-León, Portugal y Aragón-Cataluña. En el mapa puede observarse el territorio que reconquistó y consecuentemente repobló, cada uno de los citados reinos.


lunes, 14 de octubre de 2013

Los procesos de cambio y la antropología en la práctica

El resultado de la dominación por parte de las sociedades industriales de los pueblos sobre los que ha ido organizando y acrecentando su crecimiento y predominio ha revestido innumerables facetas y muy diversas son las consecuencias de lo que, usando la terminología específica de la Antropología, hemos denominado choque cultural. La desaparición de las culturas y hasta el aniquilamiento físico de algunas sociedades se puede considerar como “favorable” si la comparamos con algunas de las situaciones en las que han quedado los restos de algunas de estas sociedades dominadas, en las que se dan hasta manifestaciones de lo que podríamos definir como un “paulatino suicidio inconsciente colectivo.” La desesperación les ha llevado a una desgana de vivir, que se ha manifestado en un abandono total de sus labores; o sea, a prescindir de esa lucha del hombre contra la naturaleza cuya consecuencia es, como sabemos, la desaparición de la sociedad y de la cultura. No faltan tampoco ejemplos en los que, como entre algunos indios de Norteamérica o tribus del Pacífico, la extinción ha venido dada por una sensible disminución de la natalidad.
El choque con la civilización es tan fuerte entre esas sociedades, que ni el mundo de sus categorías mentales ni su repertorio cultural pueden interpretar coherentemente la llegada de los blancos con todo su bagaje material. Lo tienen que poner en la misma dimensión que muchos otros fenómenos de la naturaleza, que para ellos sólo tienen explicación si lo trasladan e interpretan como fuerzas sobrenaturales que son entroncados con su correspondiente tradición cultural. Viene a ser lo mismo que cuando los indígenas asignan a un volcán la categoría de un Dios, o a un terremoto el castigo divino o a un modo de expresar algún designio sobrenatural.

La incidencia del impacto colonial sobre un sinfín de culturas ha constituido uno de los principales campos de estudio para los antropólogos, como también para aquellos que ven este mismo fenómeno desde la perspectiva de la Sociología Política y de la Sociología del Subdesarrollo. Sin embargo, hay que reconocer que el antropólogo no sólo ha visto las consecuencias del colonialismo, sino que también ha participado mucho en los avatares sufridos por esta peculiar e importante modalidad de las relaciones intersociales.
Por su parte, las potencias colonialistas vieron la favorable importancia que podía tener el conocer la cultura y la estructura de las poblaciones por ellos administradas y la facilidad de llegar a ese conocimiento mediante las técnicas y los resortes propios de los especialistas en el estudio de las sociedades.
En cualquier caso, no hay que tomar de un modo excesivamente crítico la actitud de los antropólogos al servicio de las administraciones de colonias, ni tampoco reseñar los aspectos negativos que ellos pudieran tener. También les cabe el mérito de haber definido en numerosas ocasiones la política correcta a seguir con las sociedades aborígenes, el haber salvado culturas y sobre todo, el haber creado una cierta conciencia, hasta en el interior de las propias administraciones coloniales, de que la “supremacía del hombre blanco” dejaba bastante que desear y podían encontrarse en las culturas autóctonas rasgos complejos cuya validez, en su contexto, era muy superior a las ventajas aportadas por la “civilización”.
Hoy se llega a hablar de la existencia de una nueva rama de la Antropología: la Antropología Industrial.
Esteva Fabregat resalta también algunas de las consecuencias que se manifiestan en los individuos por el hecho de verse afectados por este nuevo tipo de relaciones sociales.
“La personalidad social que se genera es de carácter neurótico donde se contradicen los niveles de apetencia y las capacidades relativas de satisfacerlos. En su cualidad más notable, el sistema de cultura industrial consiste en haber creado módulos aparentemente abiertos, a través del concepto de oportunidad, a la movilidad social. La dinámica del sistema consiste en que permite desarrollar ideas constantes, una de las cuales se inserta en el individuo bajo la forma de una lucha por el status, lucha o deseo idealmente necesario al objetivo de una continuidad expansiva: la del mercado. Así se estimula un tipo de personalidad materialmente productiva, pero neurotizada por su misma dinámica de ambiciones personales, ambiciones amenazadas en su logro por apetencias semejantes puestas en acción por otros individuos dentro del sistema”.
Por otro lado, hoy ya se puede decir que incluso se abren nuevos cauces para la Antropología, como una perspectiva de un conjunto de disciplinas que ya no piensan que su objeto sea sólo el de interpretar la sociedad, sino también de transformarla. Las ideas ya no son pues, simples copias de las cosas, sino fuerzas que se realizan en el mundo. La intervención humana en la realidad social es acción y ciencia a la vez, ya que permite al mismo tiempo modificar el mundo y, al transformarlo, conocerlo.

lunes, 7 de octubre de 2013

La democracia

Uno de los más grandes logros políticos alcanzados en la Grecia clásica fue la democracia, un sistema original de gobierno que funcionaría en Atenas, en su época de mayor esplendor, y que elevaría la justicia y la igualdad ante la ley a la categoría de virtudes máximas.

La más famosa declaración de los ideales atenienses
Nuestro sistema político no compite con instituciones que tienen vigencia en otros lugares. Nosotros no copiamos a nuestros vecinos, sino que tratamos de ser un ejemplo. Nuestra administración favorece a la mayoría, y no a la minoría: es por ello que la llamamos democracia. Nuestras leyes ofrecen una justicia equitativa a todos los hombres por igual, en sus querellas privadas, pero esto no significa que sean pasados por alto los derechos del mérito. Cuando un ciudadano se distingue por su valía, entonces se le prefiere para las tareas públicas, no a manera de privilegio, sino de reconocimiento de sus virtudes, y en ningún caso constituye obstáculo la pobreza. La libertad de que gozamos abarca también la vida corriente; no recelamos los unos de los otros, y no nos entrometemos en los actos de nuestro vecino, dejándole que siga su propia senda. Pero esta libertad no significa que quedemos al margen de la leyes. A todos se nos ha enseñado a respetar a los magistrados y a las leyes y a no olvidar nunca que debemos proteger a los débiles. Y también se nos enseña a observar aquellas leyes no escritas cuya sanción sólo reside en el sentimiento universal de lo que es justo.
Tucídides, historiador y militar griego
460-¿396? a.C.
Nuestra ciudad tiene las puertas abiertas al mundo; jamás expulsamos a un extranjero. Somos libres de vivir a nuestro antojo y, no obstante, siempre estamos dispuestos a enfrentar cualquier peligro. Amamos la belleza sin dejarnos llevar por las fantasías, y si bien tratamos de perfeccionar nuestro intelecto, esto no debilita nuestra voluntad. Admitir la propia pobreza no tiene entre nosotros nada de vergonzoso; lo que sí consideramos vergonzoso es no hacer ningún esfuerzo por evitarla. El ciudadano ateniense no descuida los negocios públicos para atender sus asuntos privados. No consideramos inofensivos, sino inútiles, a aquellos que no se interesan por el Estado; y si bien sólo unos pocos puedan dar origen a una política, todos nosotros somos capaces de juzgarla. No consideramos la discusión como un obstáculo colocado en el camino de la acción política, sino como un preliminar indispensable para actuar prudentemente. Creemos que la felicidad es el fruto de la libertad, y la libertad, el del valor, y no nos amedrentamos ante el peligro de la guerra. Resumiendo: sostengo que Atenas es la Escuela de la Hélade y que todo individuo ateniense alcanza en su madurez una feliz versatilidad, una excelente disposición para las emergencias y una gran confianza en sí mismo.
Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso (adaptado)

El alegato de los demócratas
Tal vez se afirme que una democracia no es sabia ni justa, que los que tienen dinero son los más adecuados para gobernar. Pero yo digo, en primer lugar, que el demos incluye a todo el estado; oligarquía, en cambio, sólo a una parte; que los ricos son los mejores guardianes del dinero; los sabios, los mejores consejeros; pero la multitud, una vez informada, juzga mejor; y que todas esas virtudes participan en igual medida en una democracia. Una oligarquía, en cambio, da a la multitud su parte de riesgo y toma para sí no la parte mayor, sino todos los beneficios. Esto es lo que buscan los poderosos y los jóvenes entre vosotros, pero en una gran ciudad nunca podrán obtenerlo.
TucídidesHistoria de la guerra del Peloponeso (adaptado)

Pericles y la democracia
Busto en mármol de Pericles.
Copia romana (430 d.C.)
Pericles consolidó el dominio del pueblo soberano de Atenas creando por primera vez en la historia de Occidente una democracia. Por supuesto, la democracia de Pericles no ha de equipararse a la democracia moderna, porque las diferencias, tanto internas como externas son demasiado grandes. La democracia moderna es una democracia indirecta; sin duda, el poder proviene en ella del pueblo, que manifiesta su voluntad por medio del voto, pero el gobierno lo ejerce el Consejo de Ministros bajo el control del Parlamento elegido por el pueblo. En Atenas, en cambio, lo mismo que en otros estados griegos, la soberanía se encarna en la ekklesía, la Asamblea popular. Tenían derecho a formar parte de la Asamblea todos los varones, siempre que estuvieran en posesión de los derechos ciudadanos y fueran mayores de edad. Los ciudadanos presentes eran invitados por medio de un heraldo a tomar la palabra sobre los puntos que figuraban en el orden del día. Por lo regular, sin embargo, los oradores eran los individuos que habían hecho de la política la actitud de su vida, esto es, los demagogos, como se les solía llamar con cierto sentido despectivo: para estos la asamblea constituía la arena en donde desplegaban su oratoria.
H. Bengtson, El mundo mediterráneo en la Edad Antigua (adaptado)

Pericles y la guerra del Peloponeso
Se adelantaron primero a hablar otros muchos, cuyas opiniones estaban divididas, diciendo ya que la guerra era necesaria, ya que el decreto no fuera obstáculo para la paz, sino que lo derogasen; hasta que, adelantándose Pericles les aconsejó lo que sigue: "Continúo ateniéndome siempre a la misma opinión de no ceder ante los peloponesios, ¡oh, atenienses! Hay que convencerse de que la guerra es necesaria y de que los mayores peligros resultan para las ciudades y los individuos, los mayores honores. Nuestros padres, por ejemplo, hicieron frente a los persas y llevaron nuestra prosperidad al estado presente; y no debemos quedar detrás de ellos, sino defendernos por todos los medios de nuestros enemigos y procurar entregar esta prosperidad a nuestros descendientes no disminuida."
Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso (adaptado)

domingo, 22 de septiembre de 2013

El diálogo como forma de filosofar

SÓCRATES.- Porque es que es impresionante, Fedro, lo que pasa con la escritura, y por tanto se parece a la pintura. En efecto, sus vástagos están ante nosotros como si tuvieran vida; pero si se les pregunta algo, responden con el más altivo de los silencios. Lo mismo pasa con las palabras. Podrías llegar a creer como si lo que dicen fueran pensándolo; pero si alguien pregunta, queriendo aprender de lo que dicen, apuntan siempre y únicamente a una y la misma cosa; pero, eso sí, con que una vez algo haya sido puesto por escrito, las palabras ruedan por doquier, igual entre los entendidos que como entre aquellos a los que no les importa en absoluto, sin saber distinguir a quiénes conviene hablar y a quiénes no...
FEDRO.- Muy exacto es todo lo que has dicho.
SÓCRATES.- Entonces ¿qué? ¿Podemos dirigir los ojos hacia otro tipo de discurso, hermano legítimo de éste y ver cómo nace y cuánto mejor y más fuerte se desarrolla?
FEDRO.- ¿A cuál te refieres y cómo dices que nace?
SÓCRATES.- Me refiero a aquel que se escribe con ciencia en el alma del que aprende; capaz de defenderse a sí mismo y sabiendo con quién hablar y ante quiénes callarse.
FEDRO.- ¿Te refieres a ese discurso lleno de vida y de alma que tiene el que sabe y del que el escrito se podría decir que es el reflejo?


Platón, siguiendo a su maestro Sócrates, expresó sus pensamientos mediante el diálogo, pues opinaba que mientras los escritos y los discursos no nos permiten esclarecer las dudas y las aporías (dificultades) que en ellos se contienen, el diálogo, por el contrario, es una forma viva de filosofar que reproduce el dramatismo y el vigor de la dialéctica; el diálogo, mediante preguntas y respuestas, aclaraciones y refutaciones, matizando ciertas opiniones y rechazando otras, va conduciendo la investigación hasta el descubrimiento de la verdad; el diálogo, pues, constituye una especie de certamen intelectual que por medio de la discusión en común pone de manifiesto el esfuerzo lento y fatigoso del proceso científico.
En general, la mayoría de los diálogos de Platón comienzan enfocando una cuestión, un determinado tema o asunto; a continuación, se desarrolla un proceso negativo o refutación, mediante el cual se rechazan las opiniones falsas, esto es, se eliminan los errores y, por último, tiene lugar el proceso mayéutico, que se dirige al descubrimiento de la verdad.
Casi todos los personajes que Platón hace intervenir en sus diálogos son reales, aunque frecuentemente se recurre a situaciones anacrónicas al colocar unos en relación con otros, es decir, a muchos interlocutores se les sitúa en tiempos distintos a los que en realidad existieron. El protagonista principal es Sócrates, que, mediante una ingenuidad fingida (ironía socrática), va refutando las posiciones de sus interlocutores, frecuentemente de los sofistas, los "profesionales" de la enseñanza, que, a los ojos de Platón, no hacen sino confundir a la juventud con sus sofismas.
En la actualidad se atribuyen a Platón 42 diálogos; pero, por otra parte, este número es dudoso y, por otra, resulta muy difícil establecer la secuencia cronológica correcta entre ellos; de manera general, siguiendo a los tratadistas principales, podemos diferenciar cuatro periodos, a saber:

 a)  - Primeros diálogos o diálogos socráticos: En ellos se contienen de modo predominante preocupaciones éticas, entre éstos destacan Apología de Sócrates, Critón, Protágoras, Cármides y Eutrifón.
 b)  - Época de transición: Primeros diálogos de la Academia; continúan las cuestiones éticas, pero cobran también intensidad los problemas políticos, así como los temas relacionados con la preexistencia e inmortalidad del alma humana. Podemos considerar como los más importantes de este periodo Gorgias, Menón, Crátilo, Menéxeno ...
 c)  - Época de madurez o diálogos doctrinales: En éstos formuló la doctrina de las ideas como fundamento de las teorías éticas y políticas; destacan El banquete, Fedón, La República y Fedro.
 d)  - Diálogos de vejez o diálogos críticos: En ellos Platón sometió a revisión sus propias ideas anteriores; podemos señalar como los más importantes Teeteto, Parménides, Sofista, Político, Filebo, Timeo y Leyes.

sábado, 14 de septiembre de 2013

La complejidad climática de la Península Ibérica

Del variado tipo de masas y frentes que afectan a la Península, y de su peculiar configuración fisiográfica y situación entre mares de características distintas, se desprende la complejidad climática de ésta. Existe una Iberia húmeda y una Iberia seca. Y en ésta última, la diversidad de situaciones hídricas, pero sobre todo térmicas, obligan a diferenciar el dominio de varios subconjuntos.

1. La Iberia húmeda
Comprende el litoral cantábrico y atlántico. Las características fundamentales que le definen como un conjunto biogeográfico son: no existe a lo largo del año ningún mes seco (menos de 30 mm); las precipitaciones son superiores a los 800 mm e inclusive 1.000 mm; el número de días de lluvia asciende a más de 150 y la humedad y nubosidad abundante. Elevadas precipitaciones y regularmente distribuidas dotan a este conjunto de una fuerte personalidad en una península mediterránea.
La moderación de las temperaturas es otra de sus características. La influencia marina y las borrascas estivales explican que en verano no se superen los 20º de media, aunque las masas tropicales, sobre todo las continentales, puedan elevar el termómetro hasta los 38º (Bilbao). El invierno es suave, con precipitaciones a veces níveas, y alguna helada.
El litoral portugués presenta características semejantes. Las únicas diferencias estriban en precipitaciones menores (500-750 mm) y en la existencia de meses secos (dos en el norte, tres en Lisboa). También las temperaturas son más elevadas.

Paisajes de Cantabria
2. La España interior
Se caracteriza, fundamentalmente, por los fuertes contrastes térmicos determinados por la existencia de un invierno riguroso y largo y de un verano continentalizado. Las precipitaciones, equinocciales, oscilan entre 300 y 500 mm; existe un mínimo estival muy acentuado con tres o cuatro meses secos. Dentro de este conjunto existen matices lo suficientemente importantes a tener en cuenta en el aprovechamiento agrícola. Así se pueden diferenciar:

a) Castilla - León: Con inviernos rigurosos en los que las temperaturas medias oscilan entre 2º y 4º (enero), pero donde son posibles hasta -18º. Invierno, por otra parte, largo ya que la mitad del año tiene temperaturas inferiores a los 10º y tres meses inferiores a 5º. Las situaciones anticiclónicas con cielos cubiertos, o de un azul claro y despejado, o nieblas persistentes, son los tiempos invernales.
b) Castilla - La Mancha: El rasgo diferenciador son los calurosos veranos. Bajo la influencia del anticiclón de las Azores, a menos altitud que Castilla-León, continentalizada, y sin la influencia de los frentes fríos estivales, presenta unos veranos en los que el termómetro alcanza de media los 23º-26º (julio); la temperatura se eleva a 38º por el día y puede alcanzar hasta los 52º (Mora de Toledo). La diferencia con los andaluces es que es un verano más corto, de dos o tres meses.
c) La depresión del Ebro: Se distingue por una aridez más acentuada. Las precipitaciones oscilan entre 300 y 400 mm y el número de meses secos alcanza los 8 o los 9 (Lérida, Zaragoza).

El pino piñonero abunda en el sur y el este de la
península, ya que se adapta muy bien a las
condiciones de aridez estival mediterránea.
3. La España del Sur y Levantina
Se distingue por el caluroso, seco y prolongado verano. A latitudes meridionales y bajo la influencia del Mediterráneo, las temperaturas medias oscilan entre 23º y 28º. Son veranos, por otra parte secos, con más de tres e incluso cinco meses con precipitaciones inferiores a 30 mm (en julio y agosto se reciben menos de 5 mm). Existen también diferencias dentro del conjunto que obligan a hacer una triple distinción:

a) La España del Sur: Presenta un verano largo (seis meses con más de 20º) en que las temperaturas medias ascienden hasta 26º pero en el que las máximas alcanzan los 38º y los 55º, en la sombra, en la sartén andaluza (Écija, Sevilla, Córdoba). En la costa, los rigores son menos acusados por influencia del mar. Los inviernos son templados y húmedos; más de las tres cuartas partes de las precipitaciones se reciben en el semestre de otoño-invierno.
b) El Levante: Desde Barcelona hasta el cabo de La Nao, se diferencia del conjunto anterior en que el verano es menos riguroso y en que las precipitaciones son menores y con distinto régimen: los índices no superan los 500 mm y son lluvias equinocciales, sobre todo de otoño; la aridez aumenta hacia el sur (dos meses secos en Cataluña; siete en el Levante valenciano y murciano).
c) El Sureste árido: Destaca no sólo por el escaso índice de precipitaciones, sino porque éstas se reciben en muy pocos aguaceros; son lluvias torrenciales. Por ello los meses secos son superiores a nueve y el número de días de lluvia, inferior a 50. Las situaciones térmicas son similares a las levantinas o andaluzas.


sábado, 7 de septiembre de 2013

La herencia cultural

Además de la herencia biológica el ser humano pasa a otros miembros de la especie una herencia cultural. La herencia cultural se basa en la transmisión de información a través de un proceso -la enseñanza, entendida en sentido amplio- que es independiente del parentesco biológico. La cultura significa en este caso todo lo que la humanidad conoce o hace como resultado de haberlo aprendido de otros seres humanos. El mecanismo de transmisión no son las células sexuales, sino la comunicación directa, oral o gesticular y cualesquiera medios de comunicación. La cultura le permite al ser humano acumular y transmitir sus experiencias a través de las generaciones, algo que es imposible a los demás animales.
La adaptación de una especie a su ambiente es el proceso principal que mueve y dirige la evolución biológica. La adaptación ocurre debido a la selección natural, es decir, debido a la reproducción diferencial de las variantes genéticas existentes en la especie. En el ser humano, y sólo en él, la adaptación al ambiente se puede llevar a cabo también por medio de la cultura. La cultura es, de hecho, un método de adaptación considerablemente más eficaz que el mecanismo biológico por dos razones principales: por ser más rápido y por ser más poderoso. Una mutación genética favorable surgida en un individuo humano necesita de gran número de generaciones para poder ser transmitida a una porción considerable de la especie. Por el contrario, un descubrimiento científico o técnico puede ser transmitido a toda la humanidad en una generación o menos. El poder superior de la adaptación cultural aparece cuando se considera que durante los últimos milenios la humanidad ha adaptado el ambiente a sus genes mucho más frecuentemente que sus genes al ambiente. El descubrimiento del fuego y el uso del vestido y refugio han permitido al ser humano extenderse por toda la Tierra sin necesidad de mutaciones que le adaptaran.

El profesor Francisco José Ayala
en una conferencia celebrada
en Valencia con
motivo del Año Darwin.
 
¿Continúa actuando la selección sobre la humanidad actual? La selección natural es simplemente la reproducción diferencial de variantes alternativas. Por tanto, actuará sobre la humanidad si los portadores de ciertas constituciones genéticas tienen mayor probabilidad de dejar más descendencia que los portadores de otros genotipos. Es posible que la selección natural disminuya de intensidad en el futuro, pero no desaparecerá del todo. Los cambios culturales -como el desarrollo de la agricultura, la migración del campo a la ciudad y de país a país, la contaminación ambiental y otros muchos- crean nuevas presiones de selección.
¿Cuál es el futuro biológico de la humanidad? La evolución biológica está guiada por la selección natural. La selección natural no tiene objetivos, pero el hombre sí los tiene. La humanidad es la única especie biológica consciente de su evolución y tiene, además, el poder de moldearla de acuerdo con sus propios intereses. La dirección de su evolución constituye una cuestión ética de gran importancia para la humanidad actual.

Francisco J. Ayala: La naturaleza inacabada (1994), adaptado