domingo, 6 de abril de 2014

Adolescencia: la crisis necesaria

Presentamos a continuación un interesante dossier sobre adolescencia elaborado por Isabel Menéndez Benabente, psicóloga con una larga trayectoria en formación con padres, docentes y adolescentes en situaciones de conflicto.



 
En este trabajo reflexionaremos sobre algo que nos interesa a todos, absolutamente a todos, bien porque lo hemos pasado, o lo estamos sufriendo, o tenemos recuerdos afortunadamente lejanos, pero lo que está claro es que como padres nos ha tocado o nos tocará alguna crisis adolescente... Nosotros como adultos la hemos ya pasado, algunos hace mucho, pero ¿la recordamos todavía? ¿O se nos ha olvidado totalmente, hasta el punto de no comprender qué pasa con nuestros hijos adolescentes? ¿Creemos realmente que son totalmente diferentes a los adolescentes que fuimos nosotros, no nos damos cuenta de que pueden sentir igual, y que sólo han cambiado las circunstancias? Empezaré leyendo una carta de una madre que creo es muy significativa, estoy segura de que muchos de ustedes se van a sentir muy identificados:

"Empiezo a pensar que esto no tiene solución. La conducta de mi hijo es incomprensible. Y lo triste es que siempre ha sido un niño feliz, pero ahora... Todo esto me hace sentirme muy mal, pienso que no he sabido educar bien a mi hijo, y ya no sé qué hacer, lo he probado todo y creo que no tiene solución. Nos sentimos fracasados como padres y esto nos causa tristeza y desesperación. Nuestros hijos han sido siempre lo más importante, nuestra vida ha girado siempre en torno a ellos, les hemos dado de todo, hemos intentado hablar, pero es imposible, nos sentimos incapaces de comprenderlo".

Esto podría haberlo dicho cualquiera de los padres de un chico o una chica de los 13 a los 18 ó 19 años. Porque también es verdad, que la adolescencia como tal, cada vez se alarga más y nuestros hijos pueden convertirse en los eternos adolescentes...
Pero esta crisis no sólo afecta a los propios hijos... La adolescencia está considerada como una de las etapas de mayor estrés para los padres. Los hijos atraviesan un momento difícil, en el que la rebeldía, el inconformismo, la crisis de identidad, multiplican los conflictos. La preocupación de los padres por el futuro de sus hijos, su educación, la influencia de sus amigos, que no tomen alcohol, ni drogas ni hagan mal uso del sexo, se añade al propio conflicto generacional...
¿Es necesaria la crisis de adolescencia para un desarrollo normal? ¿Cuándo debemos alertamos? ¿Es normal lo que le pasa a mi hijo?
La adolescencia es una época que sólo se recuerda feliz cuando se ha pasado y estamos en plena madurez, e incluso puede añorarse simplemente porque la hemos olvidado... No hay que olvidar que etimológicamente, adolescencia quiere decir padecimiento. Encontrarse a sí mismo de nuevo es la difícil tarea en la que está inmerso todo adolescente. Jean Jacques Rousseau, el filósofo francés, decía que " la adolescencia era como un parto, en el primero nace un niño y en el segundo, en éste, un hombre o una mujer". Y yo añado que como todo parto, conlleva sufrimiento por ambas partes, inseguridad y miedo, pero que todo resulta más fácil si tenemos más información, y podremos llegar con las técnicas adecuadas al " parto sin dolor". Por eso, el hecho de conocer qué es lo normal y qué no lo es, establecer un diagnóstico precoz de cualquier anormalidad en dicho parto, puede sernos muy útil... El estar preparados, relajados para ese momento, informados, puede ser la clave para que ese paso difícil para todos, de la niñez a la edad adulta, sea lo menos traumático posible...
Por ello es imprescindible saber cuáles son las características normales de esta crisis de adolescente que tiene unos síntomas comunes, como vamos a ver a continuación: Empezaremos hablando desde el punto de vista fisiológico, que es lo que caracteriza a la adolescencia. Hablamos de cambios físicos que el niño va a experimentar y para los que debemos ya haberles informado, para que no les coja desprevenidos. Cuando hablamos de la adolescencia desde el punto de vista exclusivamente físico, hablamos de pubertad. Se puede dividir en dos estadios:
• Prepubertad: Comienza con la aparición de los caracteres sexuales secundarios, como vello pubiano y en axilas, aumento de las mamas, etc....
• Pubertad propiamente dicha, que comienza en el chico con el cambio de voz, la primera eyaculación y en la chica con la primera regla o menarquia.
Los límites de edad entre los que nos manejamos, varían mucho. La media de aparición de la pubertad es de 13 años para la chica, y 14 para el chico... Estos límites varían mucho y pueden considerarse como límites extremos de los 10 a los 15 años la aparición de la menarquia en la chica, y entre los 11 y 17 para los chicos...
Pero, ¿cuánto dura la pubertad? Pues también aquí existen diferencias entre ambos sexos. En las chicas el proceso de madurez se completa mucho antes. Por esto ustedes notan esa increíble diferencia entre un chico y una chica de 15 años. Mientras que la primera ya nos está volviendo locos, el segundo es aún nuestro niño, sin problemas, como siempre.
Además de estos cambios fisiológicos que son conocidos y aceptados por la mayoría de los padres por poca que sea su información, se producen otros cambios psicológicos, que son considerados como normales, pero que cogen desprevenidos a muchos padres que consultan a profesionales porque su hijo no es el mismo de hace un año, y tienen miedo de que le suceda algo malo. Los cambios son lo suficientemente importantes como para que los reconozcamos sin problemas:
• Crisis de oposición, en cuanto a la necesidad que tienen de autoafirmarse, de formar un yo diferente al de sus padres a los que han estado estrechamente unidos hasta ahora, con necesidad de autonomía, de independencia intelectual y emocional. Por eso nuestro niño, deja de ser nuestro, para ser de los demás, especialmente de los amigos.
• Desarreglo emotivo: a veces con la sensibilidad a flor de piel y otras en las que parece carecer de sentimientos. Es por eso que un día nuestra hija nos sorprende con un abrazo y otro día rechaza cualquier muestra de cariño. Un día sin motivo aparente se despierta dando gruñidos, simplemente porque sus hormonas posiblemente le estén jugando una mala pasada.
• Imaginación desbordada: Sueñan, y esto no es más que un mecanismo de defensa ante un mundo para el que no están preparados. Es un modo de transformar la realidad, pueden imaginar un porvenir, como modelos, o futbolistas de élite, o campeones de surf, actores, etc. Ellos pueden cambiar el mundo, hacerlo mejor.
• Narcisismo: Se reconoce al adolescente cuando a dedicarle muchas horas al espejo. Le concede una importancia extrema a su físico: puede lamentarse por un grano en la nariz, obsesionarse por la ropa, por estar gordos o delgados... quieren estar constantemente perfectos aunque su visión de la estética no tenga nada que ver con la nuestra.
• Crisis de originalidad, que presenta dos aspectos:
 a)  Individual: como afirmación del yo, con gusto por la soledad, el secreto, las excentricidades en el vestir, o en su forma de hablar o de pensar. Necesita reformar, transformar el mundo, ser distinto y especial.
 b)  Social: aquí está la rebelión juvenil, rebelión en cuanto a los sistemas de valores de los adultos y las ideas recibidas. Achacan al adulto sobretodo su falta de comprensión y el hecho de que atenta contra su independencia. Hay una necesidad clara de participación, la uniformidad en lenguaje y en vestimenta de los adolescentes, no es más que la necesidad de afecto, de ser considerado, aprobado por el propio grupo, y que a veces lo viven de una forma obsesiva. 
Veamos ahora qué sentimientos reales acompañan a estas manifestaciones, y que son consecuencia directa de las crisis que está atravesando:



• Sentimiento de inseguridad: sufre a causa de sus propios cambios físicos que no siempre van parejos con su crecimiento emocional, puesto que la pubertad, es decir, la madurez física, siempre precede a la psíquica, con lo que a veces se encuentran con un cuerpo de adulto, que no corresponde a su mente, y por lo tanto no se reconocen, y desarrollan una fuerte falta de confianza en si mismos.
• Sentimientos de angustia: puesto que existe una frustración continua. Por una parte le pedimos que actúe como un adulto (en sociedad, con responsabilidad) y por otra se le trata como un niño, se le prohíbe vestir de una u otra forma, o se reglamentan sus salidas nocturnas, etc. Esta angustia es la manifestación de la tensión que el chico soporta y que se manifiesta por:
 a)  Agresividad: como respuesta a dicha frustración, la agresividad es un mecanismo habitual. La cólera del adolescente ante nuestra negativa a sus exigencias, la irritabilidad, la propensión a la violencia, que de momento les supone una bajada de tensión pero que por supuesto es sólo momentánea, las malas contestaciones, los portazos, las reacciones desmedidas en las peleas con los hermanos, etc., son claros ejemplos.
 b)  Miedo al ridículo: que como sabemos se encuentra exageradamente presente. Es un sentimiento social de vergüenza, atravesar un sitio con mucha gente, ir con ropa poco apropiada para el grupo, etc..., y que puede tener manifestaciones físicas: taquicardia, trastornos gastrointestinales, etc....
 c)  Angustia expresada de modo indirecto: el miedo al examen (quedarse en blanco), timidez extrema, miedo a desagradar, reacción de rechazo cuando se le dan muestras de cariño, tanto en público como en privado...
 d)  Sentimientos de depresión: por la necesidad de estar solo, de melancolía y tristeza que pueden alternar con estados de verdadera euforia...
Bien, estas características entran dentro de la normalidad de un chico o una chica adolescente, pero por supuesto, dentro de unos límites. La angustia, la depresión, la irritabilidad, el ir contra las normas, puede volverse patológico cuando es exagerado, cuando vemos que el adolescente está sufriendo mucho o hace sufrir a los demás, cuando vemos que se altera toda su vida y que esos sentimientos le condicionan absolutamente, que de alguna forma le alejan en exceso de la realidad.



 PSICOPATOLOGÍA DEL ADOLESCENTE  
Estaríamos hablando de crisis complicadas. Estaríamos hablando de patologías que por su extensión paso simplemente a enumerar y a realizar una pequeña descripción:
• Patología de las conductas centradas en el cuerpo. Estaríamos hablando en casos extremos de anorexia y bulimia, perturbaciones, alteraciones de las conductas alimentarias, obesidad etc... Conductas fóbicas con respecto a una parte del cuerpo, con una preocupación obsesiva sobre la silueta, sobre los caracteres sexuales, tamaño del pene, de los pechos, el acné, etc. 
• Inhibición intelectual, es decir, freno de sus capacidades intelectuales. Puede considerarse hasta normal, un bajón en las notas a partir de 2º ESO, y durante todo el bachillerato. Siempre que sea algo momentáneo, no excesivamente preocupante, es considerado como normal, y los psicólogos lo hemos llamado inflexión escolar, que es superada sin problemas por el adolescente, a medida que se va equilibrando. Sin embargo existen casos en los que el cambio es brutal, el fracaso total, y existe un cambio radical en su rendimiento. En estos casos suele haber una etiología, es decir, unas causas, más profundas y que pueden indicar desde una depresión, hasta un estado de ansiedad o angustia extremo.
• Trastornos de ansiedad: Estados de ansiedad, fobias escolares o sociales, ataques de pánico, que a veces y dada que la sintomatología es muy diferente, no se reconocen a primera vista.
• Depresión. En este punto voy a detenerme un poco, por la incidencia de este trastorno en la adolescencia española, en los últimos años. La depresión va aumentando, en una proporción muy alta con respecto a estudios anteriores. Las características diagnósticas son las siguientes:
• Tristeza y desaliento. Llanto frecuente.
• Aburrimiento. Apatía ante todo, ante el estudio y ante las cosas que antes le gustaban.
• Cansancio. Sensación constante de fatiga psíquica y física.
• Trastorno del sueño y del apetito. Pueden adelgazar o por el contrario comer continuamente aunque en depresión es más frecuente lo primero.
• Sentimientos de inferioridad. Baja autoestima, se sienten menos que los demás, creen que todos se dan cuenta de sus problemas y limitaciones.
• Dificultad para mantener relaciones sociales. Empiezan a salir poco, hasta que se quedan todo el fin de semana en casa, habitualmente sin hacer nada. En los adolescentes esta depresión puede no manifestarse como en un adulto, sino con equivalentes que enmascaran dicho trastorno.
EQUIVALENTES DEPRESIVOS EN LA ADOLESCENCIA 
 1.  Trastorno del comportamiento (desobediencia total, faltar a clase, fugas).
 2.  Problemas escolares graves habiéndose descartado problemas intelectuales, de aprendizaje o de mecánica de estudio.
 3.  Tendencia a adicciones, drogas, alcohol.
 4.  Conducta sexual anárquica.
 5.  Delincuencia.
 6.  Quejas psicosomáticas.
 7.  Trastornos del apetito y del sueño.
Estamos por supuesto hablando de situaciones extremas, pero que se dan y a veces no somos capaces de detectar a tiempo. Hablaríamos de crisis complicadas, que se salen de la norma. Parémonos a evaluar el porqué de las conductas adictivas en los jóvenes.
Las estadísticas tampoco incitan a los padres a estar muy tranquilos. Según el instituto de la juventud, de los dos millones de estudiantes de enseñanza media, 25.000 pueden ser considerados alcohólicos y 70.000 están en riesgo de serio. Según este mismo informe la primera borrachera se suele tener hacia los 13'7 años de edad. El consumo se centra en los fines de semana. El 76% de los jóvenes entre 14 y 18 consume alcohol.
En cuanto al consumo de cannabis, ha aumentado progresivamente hasta encontramos con un consumo habitual de casi un 20%. El consumo de las drogas de diseño también sigue creciendo.
¿Por qué hay mayor riesgo de consumo en la adolescencia? Todos nos movemos por un complejo sistema de recompensa neurológico. El de recompensa en el cerebro del adolescente no se desarrolla completamente y por lo tanto responde tan rápidamente como el del adulto. Además esto explica por qué los adolescentes desarrollan un comportamiento de riesgo como el uso de alcohol y drogas: ofrecen una fuerte recompensa con poco esfuerzo. Diversos estudios nos ratifican por tanto algo que ya sabíamos: los adolescentes buscan la recompensa de una forma muy distinta a la de los adultos y evidentemente también a la de los niños. Es por tanto importante señalar que los cerebros todavía se están desarrollando, y no son sólo adultos pequeños. Los adolescentes rara vez consideran a largo plazo. Su sentido del futuro se procesa de forma diferente al de los adultos. Trabajan mucho mejor con consecuencias a corto plazo. Es por esto que necesitan una recompensa inmediata, por eso las metas deben ser a corto plazo y por eso las conductas adictivas son mucho más frecuentes a estas edades.
Por otra parte es un tiempo de mucho tumulto, los sentimientos influyen en la percepción del mundo. Los adolescentes son curiosos y quieren experimentar. Se sienten abrumados por los cambios de humor y los hormonales y el alcohol les ayuda a cambiar su estado de ánimo. Ese sufrimiento del que hablamos y que forma parte del momento evolutivo, se mitiga a veces con el alcohol, que es una droga que, como el cannabis, modifica el estado de ánimo, y por tanto su consumo está relacionado con las respuestas psicológicas positivas que produce... ¿Por qué consumen nuestros hijos?
- Se encuentran mejor. Consiguen que desaparezcan las dificultades diarias o parezcan más pequeñas y superables.
- Se pueden relacionar mejor con los demás. Ligan mejor.
- Se desinhiben, pierden el miedo al ridículo, se vuelven más locuaces, menos tímidos, más espontáneos. Surge más fácilmente el sentido del humor. Les importa menos la opinión de los demás.
- Porque no saben decir no. Tienen miedo a ser rechazados.
Todo esto hace que sea una grave tentación para los jóvenes que desean superar sus problemas de relación personal, su timidez o inhibición... Según Rojas Marcos, el alcohol es una salida para muchas depresiones solapadas, para muchas deficiencias en autoestima, fobias sociales, etc., opinión en la que estoy de acuerdo al 100%. Sin embargo es un hecho que acaba produciendo a largo plazo una mayor depresión.
Las motivaciones habituales para consumir son:
- Para olvidar el estrés y el fracaso escolar. Es realmente una de las motivaciones más frecuentes. Es la pescadilla que se muerde la cola.
- Para descansar y hacer unas risas.
- Para escapar de una familia que presiona o que pasa.
- Para no sentirse diferente. y ser parte del grupo.
- O bien poder seguir la marcha de sus amigos, que sería el caso del consumo de las famosas pastillas.

 EDUCAR AL ADOLESCENTE 
Hablemos ahora de nosotros. De los padres. ¿Qué hacer ante un hijo adolescente? ¿Debo ser autoritario, amigo? ¿Debo consentir, prohibir...?
Los padres deberán " formarse" para afrontar esta etapa evolutiva. Deberán seguir las pautas de educación adecuadas para controlar y evitar el conflicto. Es importante que lean mucho sobre adolescencia. Lea libros sobre la adolescencia. Piense en su adolescencia. Espere cambios de humor en el hijo que normalmente es muy alegre y prepárese para más conflictos en el futuro que surgirán a medida que su hijo encuentre su lugar como persona. Los padres que saben lo que les espera pueden enfrentarse mejor a ello. Y cuanto más informados estén los padres, menor será el dolor.
Es muy difícil conseguir en estos años una buena relación... Yo diría que es utópico, pero siempre podremos paliar un poco las consecuencias de la crisis en nuestra comunicación con ellos... Es evidente que con unos padres autoritarios que toman ellos las decisiones unilateralmente, los hijos serán incapaces de hacer nada porque siempre tendrán miedo, y si la rigidez ha sido mucha, lo más probable es que la crisis de oposición del chico o la chica sea mucho más grave. No olvidemos que el temor y el miedo nunca han sido formativos. Debemos enriquecer su personalidad, no anularla.
Aquellos que son superprotectores tampoco favorecen a los adolescentes que serán chicos tímidos, inseguros, incapaces de tomar decisiones, con un exceso de control paterno afectivo, que no es más que una forma de chantaje emocional: "¿te vas a ir?, ¿me dejas sola?, yo que siempre me sacrifiqué...".
El otro tipo de padres permisivos o muy permisivos, igualitarios, hacen que casi no se distinga quién es quién. En realidad suelen ser padres inmaduros, que no asumen la responsabilidad de la educación, son despreocupados, negligentes, o con pocos recursos educativos... Padres que por propia comodidad o por temor a ser impopulares ante sus hijos, mantienen actitudes de concesión constante. Ceden ante cualquier petición de los hijos. Esto es sin duda muy perjudicial, pues los niños crecerán sin patrones adecuados de conducta, no podrán identificarse con un modelo paterno, puesto que son colegas, y no podrán enfrentarse al mundo con la responsabilidad y la formación adecuadas porque sus padres no la han tenido.
¿Cuál sería pues el tipo de padres que pueden educar sanamente a sus hijos? ¿Qué postura es la adecuada para un buen desarrollo psicológico, emocional e intelectual del adolescente?
Padres moderadamente autoritarios:
• No se debe mandar hoy una cosa y mañana otra, con contradicciones porque evidentemente nos hará perder credibilidad.
• Cuando se toma una decisión hay que mantenerla. Previamente hay que razonarla, pero una vez tomada debemos mantenerla aunque cueste trabajo o sacrificio...
• No se puede exigir a los hijos lo que no somos capaces de hacer. Mantener una congruencia de vida, no podemos pedir orden si somos un desastre....
• Se debe mantener el control. No dejarse llevar siempre por la ira, el enfado, puesto que nos puede llevar a dar órdenes que luego tendremos que corregir.
• Ser tolerantes con las pequeñas cosas (la ropa, el tatuaje, el pendiente...) y poder exigir en las fundamentales.
• Mostrar interés por todas sus acciones. No exigir, dar órdenes y desaparecer de la escena, leer el periódico o marcharse de casa, desatendiéndose del hijo.
• Disponer de muchísima paciencia. No debemos olvidar que ellos tratarán de imponer sus criterios y aprovecharse de nuestras debilidades. Debemos ser perseverantes, no claudicando nunca, y cuando nos veamos desbordados pedir ayuda a un profesional que nos oriente.
• Valorar todo lo bueno, lo responsable que sea, aunque sea mínimamente, pues así será estimulado, procurando estar siempre para ver también lo que ha hecho bien, aunque sea su deber (como estudiar o recoger su habitación), puesto que en esta crisis al adolescente esto supone un esfuerzo.
• Forman hijos con confianza en sí mismos, con altos niveles de autoestima e independencia. Valoran la autonomía. 
• Refuerzan la conducta disciplinada. Saben decir no.
• Dan los consejos adecuados, pero no imponiendo siempre su criterio.
• Son padres, no amigos, pero no son inaccesibles.
• Mantienen una comunicación amplia y pueden detectar problemas.


RECETAS PARA EDUCAR A UN ADOLESCENTE 
Los tres ingredientes principales y básicos son empatía, sentido común y sobre todo mucho, mucho amor: ponerse siempre en el lugar de su hijo, llegar a sentir como siente él, quererle sin condiciones...
Otros ingredientes:
Toneladas de información: Informe a su adolescente y manténgase informado. La adolescencia es a menudo una época para experimentar y a veces esto incluye comportamientos arriesgados. No eluda los temas relacionados con el sexo, las drogas, el alcohol y el tabaco; conversar con su hijo abiertamente sobre estos temas antes de que se vea expuesto a ellos aumenta las probabilidades de que su hijo actúe de forma responsable cuando llegue el momento.
Kilos de respeto a su privacidad: Para algunos padres esto es algo muy difícil. Creen que todo lo que hacen sus hijos es asunto suyo. Si existen señales de alerta que indican que puede haber problemas, usted se podría ver obligado a invadir la privacidad de su hijo hasta que llegue al fondo del problema, pero de lo contrario, manténgase al margen. Respete su espacio. El dormitorio de un adolescente y sus llamadas telefónicas, mensajes, emails, deben ser algo privado y no hay necesidad de compartir con los padres todas sus ideas o actividades.
Kilos de supervisión, pero sin tercer grado: Todos los niños, adolescentes o no, requieren supervisión de los padres y usted tiene derecho a saber dónde estará su hijo y qué hace. Pero no espere que le dé todos los detalles ni que lo invite a ir con él/ella. Establezca la costumbre de que explique con quién sale y dónde podríamos buscarle en caso de necesidad.
Respetar su intimidad y sus silencios, sin intentar hacerle hablar de algo que no quiera. No presionarlo y mantenerse receptivos para que el joven sepa que puede contar con el apoyo de los padres.
Mucha cantidad de escucha activa: Escuchar con atención lo que quieren explicarnos o preguntar. Cuando hable con él, concéntrese en lo que dice. Hágale alguna pregunta sobre lo que explica para demostrar que realmente se quiere enterar bien. Y sobretodo nunca diga "ahora no tengo tiempo". Hablar también de lo que les interesa a ellos. Dar tiempo para abordar los temas que nos interesan a nosotros.
Una pizca de establecer de antemano reglas apropiadas: Sepa ceder y ser flexible. Si su hora de llegada no es la que él quiere, trate de negociar. Si se porta bien, el aumentar la hora de llegada puede ser un premio. Tenemos que fijar normas y límites pero a través del diálogo para que nuestros hijos acepten y asuman compromisos. Tenga previstas las sanciones.
Crítica + elogios: En primer lugar, la crítica y la corrección debe combinarse con el uso frecuente de elogios. Es decir, debes ser capaz de ver también lo que tu hijo hace bien y decírselo. Por muy desastre que te parezca tu hijo, seguro que tiene también valores positivos que debes esforzarte en reconocer. Además es necesario corregir con mucho cariño. Por tanto la crítica debe ser serena y ponderada, sin precipitaciones y sin apasionamiento; cuidadosa, sin ironía, sin sarcasmo, como se corrige a un amigo.
Otro poco de... 
• Tomarlos en serio, no tratarlos como seres inferiores que explican cosas de las que estamos de vuelta. 
• No sermonear... No aprovechar cualquier ocasión para soltarles "el mismo rollo".
• No hacer comparaciones. Es importante evitar, tanto cuando les hagamos propuestas como cuando los censuremos, ponernos a nosotros mismos como modelos ("A tu edad yo...") o poner como ejemplo a otras personas ("Mira tu hermano como..."). Es injusto, ofensivo y un camino seguro para conseguir su animadversión. En todo caso compáralo con él mismo ("Seguro que lo conseguirás, como cuando hiciste...'').
No se olvide de:
• Libertad según responsabilidad. A mayor responsabilidad, mayor autonomía, y ante faltas de responsabilidad, restricciones de autonomía. Si le engaña o falta a sus compromisos, no le grite ni le riña. Explíquele con toda la calma de que sea capaz, que ha faltado a nuestra confianza, por lo cual tendrá menos autonomía hasta que demuestre que es digno de confianza.
• Explique siempre por qué. Siempre que pida a su hijo que haga algo, explique por qué se lo pide. No use expresiones como "porque lo digo yo" o "porque sí". 
• No dude siempre. Deje que se explique. Dar crédito a lo que dice salvo cuando tenga evidencia de lo contrario.
Espolvoree con... 
• El perdón, cuando sea necesario. Usted puede perdonar y también pedir perdón, eso no le hace más pequeño ante sus ojos sino más grande.
• Tiempo, para él, para los dos. Él debe ser lo más importante. Compartan alguna actividad (acompañarle a partidos, o actividades extraescolares, ver la Fórmula 1, escuchar música, ir de compras, etc., meterse un poco en su mundo).
• Compartir alguna preocupación personal con su hijo, pidiéndole su opinión (temas al alcance de su nivel madurativo: problemas de trabajo, de salud... puede facilitar la comunicación entre ambos).
Y el toque final para conseguir un buen resultado: Asegurarle nuestra cercanía y afecto incondicional, independientemente de sus logros y comportamiento. El adolescente también necesita sentirse seguro y querido por sí mismo. No dé por supuesto que su hijo lo sabe. Se puede expresar también físicamente cuánto le quiere, con abrazos o besos, independientemente de la edad que tenga. Especialmente: Quiérale... digáselo y demuéstreselo...
Recuerde que eso es lo único importante para que su hijo sea una persona feliz... y recuerde que ése tiene que ser nuestro objetivo como padres... ¡¡¡No lo olvide nunca!!!

 EN RESUMEN 
En fin, educar es por tanto ayudarles fomentando su independencia, su libertad, enriqueciéndolos sin anularlos, estando al lado, y no encima.
Con esta información sólo querría que quedara bien claro que la adolescencia es esa edad en la que todos juramos que seríamos distintos a nuestros padres, para acabar con el tiempo pareciéndonos y acercándonos absolutamente a ellos. Esa edad en la que ustedes se reconocerán en estas frases:
• Miente respecto al colegio.
• Deja la habitación como una pocilga.
• Quiere volver tarde.
• Tiene una actitud agresiva. Incluso amenaza o insulta.
• No hace más que ver la tele.
• No ayuda en casa.
• Siempre quiere estar solo.
• Sé que bebe o fuma.
• Está siempre en bares y discotecas.
• Exige continuamente cosas caras, de marca y tiene rabietas si no lo consigue...
• Quiere vestirse de la forma más rara del mundo.
• Está apático, parece no importarle nada.
Todos estos problemas, siempre que no se desborden como ya hemos visto, forman parte de su evolución, de su crisis de oposición, que como toda crisis es madurativa y cuya ausencia es patológica. Es decir, es básica le rebelión contra la familia, puesto que ésta tiene que ser negada para que el adolescente llegue a la madurez real, por ello una hiperautoridad paterna que aplasta sistemáticamente todo intento de afirmación del adolescente o por el contrario la superprotección y el exceso de permisividad hacen que el adolescente no sepa a qué atenerse y pueda por tanto complicarse su crisis hasta hacerse patológica y necesaria de tratamiento.
Para que esto no suceda es imponente tener grandes dosis de amor, de paciencia, de comprensión y de recuerdos... Quizás es por esto por lo que los padres no suelen comprender a sus hijos en esta edad, no se acuerdan. Por mi profesión trato continuamente con ellos y he descubierto que me encantan. Creo que lo importante es volver la vista atrás... y recordar... No, no está tan lejos. Sólo hay que recordar las riñas con los padres por la hora de llegada, las amenazas de cortar el teléfono, que en la actualidad puede ser desconectarlos de internet, los suspensos, los novios, las copas de más, la responsabilidad de menos, el egoísmo de creer que el mundo era nuestro y que todo debería estar a nuestra disposición...
Volver la vista atrás y recordarnos a nosotros mismos cómo nos sentíamos, la incertidumbre ante el fututo, el no saber bien quiénes éramos, el cuestionar todos los valores de nuestros padres... Es sólo un ejercicio de memoria... no queda tan lejos... sólo hay que intentarlo.

sábado, 5 de abril de 2014

La sociedad romana

La sociedad romana estaba formada por personas libres y esclavos. Los primeros se dividían en patricios y plebeyos.

 #  Patricios. Eran la nobleza y constituían una minoría de la población. Poseían casi la totalidad de los derechos y privilegios políticos y económicos y podían ejercer cargos públicos.
 #  Plebeyos. Constituían la mayor parte de la población. Poseían ciertos derechos, pero no intervenían en el gobierno. Durante la República, los plebeyos se enfrentaron con los patricios para conseguir los mismos derechos políticos que éstos y lograron crear una magistratura encargada de defender sus intereses: el Tribuno de la plebe. Posteriormente, alcanzaron la igualdad de derechos civiles y políticos.
 #  Esclavos. No eran considerados personas y no poseían ningún derecho. Podían comprarse y venderse como si fueran una mercancía; eran una propiedad más de sus dueños. Los esclavos constituían la mano de obra de las actividades económicas en Roma; trabajaban en la agricultura, las minas, la artesanía, las tareas domésticas, etc., sin cobrar nada a cambio. A la esclavitud se llegaba por caer prisionero en una guerra, endeudarse o ser hijo de esclavos. Los esclavos podían ser liberados por sus amos y se convertían entonces en libertos (personas libres), aunque mantenían la relación con sus antiguos dueños.

Estatua de Espartaco
en el Museo del Louvre
El esclavo más famoso de Roma fue Espartaco, un gladiador de la ciudad de Capua (Italia).
Maltratado por su dueño, se sublevó junto con doscientos gladiadores en el año 73 a.C.; se les unió un auténtico ejército de diez mil esclavos fugitivos. Al frente de sus hombres, derrotó en varias ocasiones durante dos años a los soldados romanos que le perseguían. Finalmente, fue vencido y ejecutado cuando intentaba huir a Sicilia.

 Las mujeres en Roma 
Las mujeres romanas estaban supeditadas a su marido o padre. No tenían derecho al voto, aunque podían poseer bienes. Sus tareas consistían en organizar la casa, tejer e hilar. Si no eran ricas, trabajaban, además, fuera del hogar.

miércoles, 2 de abril de 2014

Relaciones personales en la educación

En nuestros días la educación está amenazada por el debilitamiento de las relaciones interpersonales. Se proponen a menudo diversas vías de mejora de la calidad de las instituciones educativas, pero pocas veces se apuesta por fortalecer el tejido relacional y comunicativo de las mismas. Toda comunidad está integrada por personas que mantienen relaciones entre sí. La trama relacional familiar, primero, y la escolar, años más tarde, posibilitan la formación de la personalidad. Puede incluso afirmarse que sin esta comunicación esencial la persona no superaría la mera individualidad. Pronto se advierte la trascendencia de las relaciones, porque sin ellas, sin comunidad, no habría educación ni vida personal.
En el seno de un centro escolar las relaciones constituyen una intrincada malla en la que, además de profesores y alumnos, se descubre a los demás miembros de la comunidad educativa: padres, técnicos, etc. Cabe incluso preguntarse por las relaciones interinstitucionales, así como por las relaciones que el centro escolar mantiene con empresas, con entidades culturales y sociales de diversa índole, etc. La complejidad de la cuestión nos obliga a delimitar nuestro análisis, que versará sobre las interacciones profesor-alumno; alumno-alumno; profesor-profesor y profesor-director.


1. Relaciones entre profesores y alumnos
La vida en el aula acontece gracias a la comunicación. La clase es lugar de encuentro interhumano por excelencia en las instituciones educativas. El proceso formativo depende en gran medida del tipo de comunicación que se establezca entre los distintos agentes, de ahí que la reflexión sobre las relaciones personales, consustanciales al hecho educativo, sea totalmente necesaria. Las relaciones humanas posibilitan que la persona se desarrolle como tal. El vínculo que se establece entre el profesor y los alumnos tiene gran trascendencia en todo el discurrir educativo. El docente, por ejemplo, asume un papel capital, pues puede apoyar u obstaculizar el despliegue de la personalidad del escolar. Las actitudes que adopte el educador hacia el educando pueden fluctuar entre dos extremos: la estimulación o la inhibición. La primera posición corresponde al profesor genuino, empático, acogedor y abierto, dispuesto a favorecer el progreso personal del alumno. La segunda postura, propia del antieducador, suele estar presidida por la pasividad o el autoritarismo y genera estancamiento o retroceso.
Ya es habitual distinguir tres estilos arquetípicos en el profesorado. De una parte, nos topamos con el docente autoritario o dominante que se encarga sobre todo de controlar. Impulsa un tipo de relación asimétrica y vertical en la que apenas hay diálogo con los alumnos. Se trata de una suerte de "profesor-policía", en la que el maestro ordena y el alumno obedece. De otra, cabe hablar de un profesor democrático y dialogante que facilita la participación de los alumnos. Este estilo se caracteriza por tener en cuenta al escolar, hasta el punto de que entre profesor y alumno se establece una relación de cooperación. Cierra la serie el profesor indiferente, una modalidad de docente que casi no influye en el grupo, que carece de organización y que es incapaz de crear una estructura de aprendizaje. Este tipo de docente permanece en una situación de pasividad e irresponsabilidad. El contacto que tiene con los alumnos es mínimo.
Los estilos descritos dependen de numerosas variables (tarea, número de alumnos, características de los participantes, etc.). Es incluso posible que no se den de forma pura y que cada docente, según las circunstancias, varíe. Cada estilo contribuye a generar un ambiente específico. A este respecto, procede recordar que el estilo psicopedagógico abierto, dialogante, empático y cordial centrado en el desarrollo de la personalidad del educando es claramente superior e impulsa la creación de un clima escolar adecuado. Todo docente debe adoptar una actitud acogedora y comprensiva favorecedora de la comunicación, lo que no ha de ser óbice para que en situaciones especiales asuma un papel preponderantemente directivo.
Así pues, el estilo -autoritario, democrático o pasivo- que el profesor adopte respecto a los escolares influirá decisivamente en su comportamiento. El educador abierto y dialogante, participativo y convivencial, propugnado por la educación personalizada es claramente mejor, ya que contribuye a que el alumno se implique en el proceso de enseñanza-aprendizaje, fomenta la comunicación y el bienestar en el aula y, en definitiva, favorece la formación integral del alumno. No sería exacto, sin embargo, atribuir toda la responsabilidad del clima en el aula al profesor. Por más que el docente lleve la "voz cantante" en el proceso de construcción del ambiente escolar, también hay que considerar el impacto que sobre el mismo ejercen las características de los alumnos.
Cuando la interacción entre el profesor y los alumnos es sincera, fluida y cálida, el educando se siente seguro, confiado y libre. El establecimiento de un clima cordial en el aula y en el centro es condición sine qua non del desarrollo cognitivo y emocional del educando. La dicotomía que en ocasiones se establece entre proceso de enseñanza-aprendizaje, de una parte, y relación personal, de otra, no hace sino reflejar un profundo desenfoque de la realidad, porque toda la vida en el aula es fluencia interpersonal. Es cierto que nos hallamos ante una relación condicionada profesionalmente, y en esto difiere sustancialmente del trato espontáneo o libre de programaciones, pero no por ello ha de difuminarse el papel atribuido a la comunicación interhumana en la clase.
Las relaciones personales en la educación influyen en el trabajo académico y a la inversa. En el aula se genera un entramado de relaciones harto complejo que no permite establecer una división diáfana entre lo que son interacciones de unos alumnos con otros o de los profesores con los escolares. De lo que no hay duda es de que el profesor, en cuanto facilitador, puede y debe estimular el desarrollo social e intelectual. Este aprendizaje bifronte es más rápido y eficaz en el seno de los grupos, siempre que no se asfixie la singularidad del sujeto y su proyección en el trabajo autónomo. El dinamismo inherente a todo grupo humano invita asimismo a optar por una distribución flexible del alumnado, de suerte que todos los escolares se beneficien de las distintas situaciones generadas en función de las tareas y de los objetivos.

2. Las relaciones entre alumnos
Las relaciones entre alumnos están condicionadas por el estilo docente. Con todo, las claves para la comprensión de las relaciones interhumanas en el grupo-clase se pueden distribuir en tres áreas interrelacionaclas:
Psicológica.- Se refiere a la forma de ser de cada alumno. Las relaciones humanas entre escolares dependen de la personalidad de cada uno. Por más que haya una identidad grupal permanecen las diferencias individuales. El entramado relacional es complejo y su comprensión exige conocer, en un primer momento, la personalidad de cada educando. Algunos aspectos de la psicología individual con valor para la comprensión de las relaciones en el aula son: introversión / extraversión, estabilidad emocional, apertura, afabilidad, responsabilidad, capacidad intelectual, motivaciones, actitudes y valores, aficiones, intereses, etc. No se olvide tampoco el impacto de la etapa evolutiva en que el escolar se encuentra, así como su estado biológico.
Social.- En el seno del grupo-clase, además de la huella individual, reflejo de la personalidad, hay una impronta colectiva, proyección de lo que puede llamarse "espíritu grupal", expresión que enfatiza el carácter de totalidad de la clase y que resulta incomprensible si se equipara a yuxtaposición de escolares. Aunque hay algunas investigaciones sobre la cuestión, es todavía mucho lo que queda hasta esclarecer suficientemente este fenómeno que, sin embargo, tiene un gran valor para el conocimiento de los escolares, para anticipar el rumbo que de modo conjunto adopten, así como para calibrar el clima social.
Pedagógica.- En las relaciones en el aula influye el estilo profesoral, la agrupación de los alumnos, los objetivos, las actividades que se realizan, la metodología, la disciplina, el discurso educativo, etc. Las relaciones están condicionadas por la concepción pedagógica y su proyección práctica en la vida de las aulas. Que la "teoría educativa" docente e institucional influye en las interacciones humanas es algo que se aprecia con nitidez en numerosos aspectos; pensemos, por ejemplo, en la incidencia que tiene en las relaciones entre escolares la estructura de enseñanza-aprendizaje (cooperativa, competitiva o individualista) que se promueva en el aula.
El grupo-clase es una modalidad de psicogrupo en el que han de tenerse en cuenta leyes de naturaleza psicológica, social y pedagógica. La atención a estos procesos permite descubrir el marchamo del sujeto, del grupo y del estilo educativo en las relaciones personales. La desconsideración de alguno de los elementos del trinomio con demasiada frecuencia lleva a desvirtuar el análisis sobre el discurrir relacional en el aula.
Más allá de los condicionantes de las relaciones entre alumnos, en la práctica éstas se manifiestan a lo largo de un continuo cuyos extremos corresponden a la cooperación/cordialidad (relaciones positivas) y a la competitividad/hostilidad (relaciones negativas). Es posible incluso que en el seno de un mismo grupo de alumnos haya relaciones "buenas" y "malas" entre diferentes escolares o que, en virtud del dinamismo interno, el signo de las relaciones varíe con el tiempo. La complejidad de las relaciones humanas torna imposible una explicación plenamente satisfactoria o un pronóstico acerca del rumbo que adopten las interacciones, pero si basamos nuestra observación en los tres aspectos citados, estilo docente, "carácter grupal" y personalidad, el conocimiento de la fluencia intragrupal mejora sustancialmente. Así como la relación de ayuda entre alumnos es a menudo el resultado de una mediación democrática por parte del profesor, el conflicto es fruto amargo de un liderazgo docente autoritario en un terreno psicogrupal de rivalidad en el que se activa con facilidad la hostilidad individual.
Hay abundante bibliografía psicopedagógica que da cuenta de los beneficios de la cooperación entre alumnos. La colaboración entre escolares contribuye a la mejora del clima social del aula. A diferencia de situaciones de aprendizaje de tipo individualista o competitivo, el ambiente cooperativo se caracteriza por la cohesión grupal, esto es, por los lazos interpersonales positivos. Prestar y recibir ayuda equivale a enriquecerse personalmente. La cooperación en la educación es hacer algo por uno mismo y por los demás, al tiempo que se estrechan los vínculos entre compañeros. Los beneficios de la cooperación entre alumnos se dejan sentir en varios frentes: aumento y fortalecimiento de los lazos interpersonales, reducción de los conflictos intra e intergrupales y mejora del rendimiento académico.

3. Las relaciones entre profesores
Aunque se escribe poco acerca de las relaciones entre docentes no cabe duda de que se trata de una faceta de crucial importancia para la comprensión de la vida de los centros educativos. Para empezar, es necesario que los profesores construyan una comunidad educativa, posible únicamente sobre la base del respeto, la confianza y aun el afecto mutuo. En los centros educativos de todos los niveles ha de haber una estructura docente relacional que se traduzca en sentimiento de pertenencia a un equipo y en un proyecto educativo compartido. Hay que evitar, eso sí, caer en corporativismo y en individualismo, desviaciones del quehacer docente que se dan con cierta frecuencia. 
Se comprueba, por otra parte, que en un buen número de centros de todos los niveles hay tensión y rivalidad entre los profesores. Estas deterioradas relaciones se traducen en un pésimo ambiente escolar que no favorece en absoluto la tarea profunda y humana de educar, e incrementa el malestar de los propios docentes, hasta desembocar incluso en enfermedades de graves consecuencias. A veces se producen alianzas mal entendidas reforzadas no tanto por el aprecio que se tienen los integrantes de la misma cuanto por lo que les separa de terceros. El término "mobbing", por ejemplo, designa el creciente hostigamiento psicológico en las organizaciones laborales, incluidas las educativas. La persecución al compañero, jefe o subordinado puede adquirir tal cariz que con razón se habla de "terrorismo laboral". El centro de trabajo se convierte así en un infierno para la persona que lo sufre. Esta situación nada tiene que ver con los roces o conflictos inherentes a las relaciones humanas en contextos escolares; se trata, por el contrario, de un proceso hostil de suma gravedad desencadenado frecuentemente por la envidia o los celos profesionales y encaminado a perjudicar y aun a destruir al trabajador.
Es cierto que hay instituciones educativas modélicas donde lo que predomina es la armonía entre profesores, pero no es raro encontrarse con centros donde hay numerosos problemas de relación. Entre las variables que mejor explican la discomunicación docente hay que citar: el conflicto de poder, la inmadurez, la formación profesional insuficiente, la sobrecarga de tareas, etc. Estos factores a menudo operan entrelazadamente, lo que hace muy difícil identificar el origen de las malas relaciones. Con carácter general, proponemos algunas vías que pueden favorecer las buenas relaciones entre profesores:
— Voluntad de entendimiento.- Si no hay disposición para la comprensión del otro, difícilmente se puede llegar a la relación personal. Todo profesor debe adoptar una actitud abierta, acogedora y empática hacia los demás miembros de la institución.
— Respeto.- El término se toma del latín respectus 'consideración, atención'. Equivale a mirar al otro con deferencia, esto es, moderada y cortésmente. El respeto constituye una ley fundamental de toda interacción y su quebranto atenta contra la convivencia.
— Lugares para el encuentro.- En los centros es positiva la existencia de salas o dependencias donde los profesores puedan conversar, descansar y compartir experiencias de modo informal.
— Modificación del papel del líder.- No se trata de imponer las tareas que han de realizarse sino de buscar la asunción responsable y voluntaria de las mismas. El líder (coordinador, director...) ha de ser sobre todo un facilitador, un dinamizador hospitalario de verdadero talante democrático.
— Búsqueda de la participación.- Hay que favorecer el diálogo para que los profesores tomen conciencia de que deben involucrarse en las cuestiones educativas. 
Bien se advierte que las relaciones personales entre profesores son necesarias para que el centro educativo y cada uno de sus miembros crezcan. No hay posibilidad de desarrollar un proyecto formativo sólido si los conflictos constituyen la nota dominante de la vida académica.

4. El estilo de dirección y su proyección en las relaciones
El líder oficial en un centro educativo es el director y su estilo de conducción de la institución puede ser más o menos autoritario o democrático. Descartamos la dirección anárquica por tratarse de una contradicción en su propia esencia. En la práctica esta modalidad desemboca en el caos y en el desconcierto. En cuanto a la jefatura de índole autocrática se caracteriza por la "gestión del imperativo", esto es, la que se basa en el mandato y en la toma de decisiones unilaterales. No hay un perfil único de director autoritario, pero a menudo adopta la forma de un "pequeño dictador" cuya gestión se atiene al esquema de la concentración de poder, la rigidez, el orden, el dogmatismo y aun el temor. La vida del centro se asemeja sobre todo a la de un cuartel. En este régimen militarista las relaciones humanas entre los miembros de la institución se van tiñendo de frustración y agresividad. Aun cuando el rendimiento pueda acrecentarse en momentos puntuales, el costo personal es muy alto.
El liderazgo democrático se basa en los procedimientos parlamentarios y consultivos. Esta modalidad de conducción promueve la cooperación y la amistad entre las personas que constituyen la comunidad educativa. Los miembros de la institución son más autónomos y están más motivados y satisfechos. Metafóricamente se puede afirmar que frente a la tonalidad gris del centro de tipo castrense aquí predomina la policromía. En una comunidad educativa personalizada la dirección es de naturaleza democrática, lo que supone que el líder conversa y consulta, busca el compromiso de todos, distribuye la responsabilidad y cultiva la autonomía personal. Cuando el liderazgo se ejerce democráticamente hay preocupación tanto por las personas como por las tareas. Aunque a veces se ha sostenido que ambas orientaciones (humana y productiva) son incompatibles, la experiencia demuestra que no es así y de hecho aumentan los programas de formación de directivos en los que se contemplan ambas vertientes. El líder democrático favorece la implicación de todos los miembros de la comunidad, no sólo de los educadores, también de los educandos. Se interesa por los problemas, necesidades y aspiraciones de las personas que constituyen la institución. Tiene expectativas realistas y positivas sobre el rendimiento. Este tipo de director incentiva la creatividad y la motivación, al tiempo que facilita y coordina la actividad de profesores.
El estilo de dirección democrática en gran medida se caracteriza por el fomento de la independencia en un marco de la comunidad. Si el jefe autoritario dicta las normas y los demás se limitan a cumplirlas, el líder democrático favorece la autonomía en un ambiente de cohesión y colegiación. Este tipo de conducción facilita que las personas se impliquen en el proyecto del centro, es decir, que lo elaboren y lo asimilen. En la vida académica regida democráticamente adquiere un papel central la asunción de responsabilidades por parte de todos los miembros de la comunidad. Este ambiente, impregnado de compromiso, es muy apropiado para la realización personal. Permite, por ejemplo, que los alumnos conquisten gradualmente su autonomía a compás de su crecimiento o que los profesores cooperen entre sí sin perder su iniciativa ni su libertad de cátedra. El estilo de dirección democrática es, en definitiva, el que más promueve las relaciones personales en la comunidad educativa, así como el espíritu de trabajo responsable.

5. Conclusiones
Queda claro, pues, que la institución escolar debe hacer lo posible por promover y mejorar las relaciones interpersonales. La altura de la educación depende sobre todo de la calidad de las relaciones personales que se establezcan en las instituciones. Cabe afirmar que los centros educativos con sólido tejido relacional poseen mayor potencial formativo, por estar sus interacciones impregnadas de comprensión, racionalidad y afecto, lo que constituye la plataforma más apropiada para el óptimo despliegue de la personalidad. En la actualidad, sin embargo, nos topamos con varios escollos, entre los que sobresalen dos. Por un lado, el escaso compromiso institucional con los procesos comunicativos y, por otro, la deficiente preparación para las tareas de planificación y gestión de centros escolares, que a veces se traduce en actuaciones arbitrarias o represivas.
Frente a estos obstáculos se puede propugnar una educación atenta a las relaciones personales, sin perder de vista la vertiente técnica. La pedagogía del encuentro constituye la única vía posible para alcanzar una educación genuina. En toda comunidad educativa, independientemente del nivel, hay que hacer todo lo posible por potenciar y fortalecer las relaciones que se establecen entre sus miembros. Al abrigo de la comunicación interpersonal germinan las ideas y enseñanzas en la institución escolar que, de otro modo, resultarían infecundas. La escuela que no se compromete en la construcción de una sólida urdimbre relacional pone en peligro el desarrollo de sus miembros.

domingo, 30 de marzo de 2014

La estructura social en los reinos cristianos

Los reinos cristianos tenían una estructura social de tipo feudal. Un reducido grupo de personas, los señores feudales, gracias a sus propiedades territoriales y a la fusión del poder económico con prerrogativas jurídicas y políticas, ejercía su dominio sobre el resto de la sociedad, integrada esencialmente por el campesinado, el cual trabajaba la tierra y sostenía a la clase dominante mediante las rentas que entregaba (en forma de censos, productos, trabajo gratuito, cantidades diversas por derechos señoriales, diezmos a la iglesia, etc.). Ésta era la realidad profunda, pero en apariencia la sociedad medieval estaba dividida en tres órdenes, cada uno de los cuales tenía una función social específica: los clérigos, los caballeros y los campesinos.
La expansión económica posterior al siglo XI dio lugar al nacimiento de una nueva clase social, la burguesía, compuesta por artesanos y mercaderes. Pero esta burguesía, aunque luchó contra los señores feudales para obtener ciertos derechos, estaba supeditada a los intereses de la aristocracia rural.

1. Los grupos dominantes
La aristocracia rural estaba integrada por la nobleza laica y los grandes dignatarios de la Iglesia, todos ellos dueños de extensas propiedades y dotados de poder político y de jurisdicción sobre las poblaciones de sus dominios. En el reino castellano-leonés la nobleza conoció un ascenso impresionante a partir del siglo XI. El escalón más alto lo formaban los ricos hombres. En la Corona de Aragón destacaba en la cumbre un reducido grupo de linajes, los magnates o barones.
Por debajo de éstos había otras capas de nobleza media y pequeña. Aunque poseían derechos propios del estamento nobiliario, estos grupos en general se hallaban a mucha distancia de los grandes en cuanto a preminencia social y a poder efectivo. En Castilla, la nobleza de segunda fila iba desde los infanzones hasta los simples hidalgos, e incluso los caballeros villanos, grupo intermedio entre el estamento nobiliario y el popular. En Aragón se hallaban en este nivel los caballeros y los hombres de paratge.

2. Los campesinos
Esta miniatura del Beato de Burgo de Osma
representa la sociedad agraria de la época,
que tiene en el trigo y la vid los principales
cultivos.

Los campesinos constituían la fuerza fundamental de aquella sociedad. En su conjunto, el campesinado era un sector social dominado, aunque en su seno hubiera una gran variedad de situaciones. Había campesinos propietarios de sus predios, si bien este sector tendía a retroceder ante la presión de las grandes propiedades. No obstante, la mayor parte de los campesinos trabajaban tierras sobre las que no tenían la plena propiedad, sino sólo el usufructo. Debían entregar al señor rentas diversas y con frecuencia tenían que trabajar gratuitamente en la reserva (las llamadas sernas). Algunos grupos campesinos estaban sujetos a servidumbre personal. Por otra parte, desde el siglo XIII, hay abundantes jornaleros del campo.
Si hacemos un análisis por regiones observamos en Castilla y León un retroceso de la libertad personal, aunque subsistían los hombres de behetría, labriegos que tenían la facultad de poder elegir a su señor. En Cataluña había notables diferencias entre los payeses del norte del país, la Cataluña Vieja, y los del sur, la Cataluña Nueva gozando de mayores libertades estos últimos. En Aragón fue empeorando la condición de los vasallos del señorío. En cambio, en las zonas de repoblación reciente (Mallorca es un buen ejemplo) eran muy numerosos los pequeños propietarios.

3. La burguesía
El desarrollo de la artesanía y el comercio dio lugar al nacimiento de una nueva clase social, de perfiles todavía poco concretos, la burguesía, que tendía a distanciarse del campesinado, pero que buscaba al mismo tiempo arrancar de los señores feudales algunas libertades personales o económicas. En el primer tercio del siglo XII la burguesía incipiente protagonizó algunas revueltas antiseñoriales. Fueron famosas las que tuvieron por escenario el Camino de Santiago: Sahagún, contra el abad del monasterio de la localidad; la ciudad del Apóstol, contra el arzobispo Diego Gelmírez.
En Cataluña, la burguesía alcanzó un importante desarrollo, aunque pronto se diversificó, entre una minoría dirigente de gran poder económico y social, el patriarcado, y la masa de artesanos y pequeños mercaderes. En el reino castellano-leonés la burguesía tuvo una actividad muy reducida, no consiguiendo ser hegemónica más que en unas pocas ciudades. En general, la mayoría de las ciudades castellano-leonesas eran auténticos centros rurales en los que las funciones dirigentes eran desempeñadas por caballeros locales.

Judería de Córdoba
4. Las minorías
En el seno de la comunidad cristiana vivían además los mudéjares y los judíos. Los mudéjares eran los musulmanes que se encontraban bajo el dominio político de los cristianos. Formaron grupos muy compactos en el valle del Ebro y el sur del reino de Valencia. Su principal actividad era el cultivo de los campos. Los judíos solían vivir en ciudades, agrupados en sus barrios propios (las aljamas) y dedicados a actividades muy específicas (comercio del dinero, ejercicio de la medicina, artesanos, etc.). En estos siglos mantuvieron en conjunto buenas relaciones con los cristianos, pero el recelo que existía entre ambas comunidades era muy grande.

sábado, 22 de marzo de 2014

Las dos tendencias antinómicas de la educación: individualismo y sociologismo

Individuo y sociedad constituyen los dos términos que han dado lugar a una de las más pertinaces antinomias que aparecen en la historia de la pedagogía: educación individual versus educación social. Estamos en presencia de dos exigencias simultáneas que no se excluyen y cuya armonía es siempre difícil. Por lo general, prepondera uno de ellos a expensas del otro.

 La dirección individualista 
Su propagador fue el escritor ruso Tolstoy (1828-1910), a partir del naturalismo individualista de Rousseau, quien pregona la supresión de todo método, de toda coacción, de toda disciplina heterónoma, exaltando a límites extremos la libertad y la individualidad del alumno.
Ciertamente la personalidad del educando debe constituir el centro de toda educación auténtica. El ser debe devenir todo lo que es en potencia y llegar hasta el límite de sus posibilidades. Pero ello no significa que la individualidad sea el valor supremo y único de la vida.

 La dirección social 
Dentro de la pedagogía social pueden señalarse varias orientaciones (Natorp, Durkheim, Dewey, Mannheim...), pero todas parten del postulado de que la educación sólo es posible dentro de la sociedad.

Paul Natorp
La pedagogía social-democrática e idealista de Natorp
Natorp (1854-1924), pedagogo representante del neokantismo alemán, publicó en 1898 su Pedagogía Social, que influyó extraordinariamente en el campo pedagógico. La educación para Natorp es superación de la mera individualidad biológica. Es el tránsito del ser al deber ser, de lo biológico a lo humano. Para conquistar la formación humana, el individuo ha de salir de sí mismo, de su microcosmos, y acatar la presión de los bienes culturales, de las realidades objetivas de la comunidad.
Sostiene Natorp que la formación del hombre es formación para la comunidad: no se trata de educar para situación política determinada sino de educar para la humanidad, esto es, de lograr la formación del individuo elevándolo al máximo posible de humanidad. Ante el derecho a una formación humana general, desaparecen las diferencias de clases, partidos o confesiones. La escuela, por tanto, ha de ser única, nacional y democrática.

John Dewey
La pedagogía social-democrática y pragmática de Dewey
Dewey (1859-1952) es uno de los representantes más significativos de la pedagogía contemporánea norteamericana y uno de los principales impulsores de la pedagogía activa. Para este pedagogo, la educación significa la suma total de procesos por los cuales una comunidad o grupo social, pequeño o grande, transmite sus poderes y sus objetivos adquiridos, a fin de asegurar su propia existencia y su crecimiento continuo.
Dewey considera que el individuo es siempre un ser social. La sociedad no es sino una reunión orgánica de individuos. Si elimináramos del educando el factor social nos quedaríamos con una abstracción; de igual manera, si elimináramos de la sociedad el factor individual, nos quedaríamos con una masa sin vida.
Dewey define a la educación como una continua reconstrucción de la experiencia. Dada la importancia de la acción, toda tarea educativa debe estar fundamentada en la experiencia. El credo pedagógico de Dewey tiene como base un activismo experimental. Considera que las nuevas generaciones no reciben de las generaciones adultas sus experiencias de forma pasiva, sino que realizan una continua reconstrucción de las mismas. La educación es un continuo enriquecimiento de las experiencias presentes. Por eso, la educación formal impartida por la escuela, tiene que seleccionar aquellas experiencias actuales que puedan enlazarse de manera fructífera con experiencias venideras.
La escuela debe desarrollar todas las experiencias físicas y espirituales del individuo teniendo en cuenta su destino social. La escuela ya no puede ser considerada como un recinto en el cual se adquieren conocimientos referidos a una utilidad remota en la vida, sino que ella pasa a convertirse en una forma auténtica de vida activa en sociedad, esto es, en una comunidad en miniatura, con talleres y laboratorios donde se realicen ocupaciones activas que sean fiel reflejo de la vida social.
Otro principio que alienta a toda la pedagogía de Dewey es el ideal democrático. Una sociedad es democrática si posibilita a todos igualdad de oportunidades en la adquisición de los bienes culturales

La pedagogía sociológica de Durkheim
Émile Durkheim
Durkheim (1858-1917), sociólogo y pedagogo de la escuela activista francesa de la segunda mitad del siglo XIX, piensa que la educación es la acción ejercida por las generaciones adultas sobre las que todavía no están maduras para la vida social. Tiene por objeto suscitar y desarrollar en el niño cierto número de estados físicos, intelectuales y morales, que de él exigen la sociedad política en su conjunto y el medio especial a que está particularmente destinado. El objetivo esencial de la educación es la socialización metódica de las jóvenes generaciones. El individuo no tiene valor sin su integración en la sociedad.

Los nuevos enfoques de la pedagogía social en Mannheim
La educación debe ser una alianza entre el individuo y la sociedad, entre el desarrollo individual y el desarrollo cultural de la comunidad.

Karl Mannheim
1893 - 1947
Mannheim, sociólogo formado en Budapest y Berlín, emigró a Inglaterra durante el nazismo y fue profesor en la Universidad de Londres hasta su muerte en 1947. Pone de relieve su profunda preocupación por caracterizar los desajustes y la desintegración del ser individual en la sociedad durante una época de crisis. Frente a una sociedad de masas, inevitablemente planificada, plantea la necesidad de resguardar la iniciativa y la libertad del hombre como individuo. Así, se hace necesaria una nueva conciencia en el ámbito educativo que, al mismo tiempo que acentúe la comprensión para lo social, garantice la autonomía y la libertad individuales. La socialización del hombre no debe anular nunca el proceso de individualización. Muy importante es, a este respecto, el papel que le cabe a la educación para estimular la formación de la personalidad democrática, de conducta integrada en la situación social.

viernes, 21 de marzo de 2014

La educación en la Grecia antigua

 Atenas 
La educación era privada. No existían las escuelas públicas. Aunque Platón defendía la necesidad de la escuela pública, los griegos pensaban que daba mejor resultado una enseñanza competitiva y no dirigida por el Estado.
Los niños iban a la escuela desde los seis hasta los dieciséis años, acompañados de su pedagogo, que en griego significa "el que acompaña al niño".
Aprendían ortografía, música y gimnasia. La ortografía consistía en el aprendizaje y correcto dominio de la lengua griega.
La música era muy importante para la formación del individuo. Pero el concepto de "música" para los griegos no era solo lo que entendemos hoy, sino que abarcaba todo lo referente a la palabra. Por eso tenían tanta importancia los cuentos. A este respecto, Platón decía que, curiosamente, la educación de los niños se basaba no en la verdad, sino en la mentira, porque en el fondo los cuentos son mentiras, fantasías y leyendas. Esas mentiras en forma de cuento son fundamentales para educar la imaginación de un niño.
La gimnasia comprendía diferentes disciplinas deportivas: lucha, carrera, salto, lanzamiento de disco y de jabalina. Todos estos ejercicios se hacían desnudos; y eso es lo que significa en griego la palabra gimnós. El lugar donde se realizaban los ejercicios gimnásticos se llamaba palestra; y así se sigue llamando actualmente el gimnasio en italiano. No era considerado educado el joven que no supiera pelear, usar el arco y nadar. Todavía hoy en Italia se sigue llamando ignorante al que no sabe escribir ni nadar.
A los dieciocho años, los jóvenes estaban ya preparados para la vida militar: ésta era la segunda etapa de la vida del hombre griego. Pasaba de niño a joven soldado o efebo. A partir de ese momento, el soldado era entrenado durante dos años para ser un buen ciudadano y un buen patriota. Vivía en comunidad con otros soldados y continuaba su formación intelectual con la lectura y la música.

 Esparta 
Esta ciudad educaba a sus hombres como soldados para la guerra, lo que hizo de Esparta la primera potencia militar de Grecia. Los espartanos no valoraban las artes tanto como los atenienses, porque no las consideraban útiles para la guerra. El diálogo y el debate característicos de Atenas eran sustituidos por una cadena de mando jerarquizada. El ideal espartano era el ideal del patriota guerrero. Para ello era fundamental la aptitud física, es decir, no tener ningún defecto ni malformación. Los recién nacidos que superaban esta prueba de "perfección" vivían con sus padres hasta los siete años; los que no la superaban, eran abandonados en el monte Táigeto para morir.



El niño espartano dejaba su familia a los siete años de edad y se iba a vivir a un cuartel, con niños de su misma edad, en donde lo más importante era el ejercicio físico, que ayudaba a alcanzar los cuatro valores fundamentales de un militar: la prudencia, la templanza, la fortaleza y la valentía. Hasta los doce años recibía un entrenamiento deportivo, soportando ejercicios físicos muy duros. Su régimen alimentario era pobre, iba vestido con una simple túnica y se acostaba sobre juncos, sin taparse. A los 19 años llegaba a soldado, y a los 24 era combatiente de primera línea. A los 30 recibía el derecho a participar en la Asamblea, y ya podía casarse.
Desde su infancia, los espartanos se acostumbraban a la vida colectiva de los cuarteles, entre cuyas paredes habrían de permanecer hasta los treinta años comiendo, descansando y durmiendo juntos.
La mujer espartana recibía una educación parecida a la del hombre. Desde su infancia, las niñas se preparaban para ser esposas y madres, siempre al servicio del Estado. Recibían una educación gimnástica que les permitía soportar mejor sus futuros embarazos, con lo cual se formaban fuertes y orgullosas de sí mismas, convencidas de que eran ellas las que hacían fuerte y valiente al hombre.
Las relaciones entre hombres y mujeres sólo se hacían públicas cuando la mujer estaba embarazada. Un hombre podía incluso prestar su mujer a otro hombre para tener hijos de ella, lo que revela una organización brutal y exclusivamente en función del ejército y del Estado.
En una ocasión, Gorgona, esposa del rey Leónidas, contestó así: "Nosotras podemos dar órdenes a los hombres, porque nosotras los parimos".
Las madres despedían así a sus hijos: "Vuelve con el escudo, o sobre el escudo", victoriosos portando su escudo, o muertos, con el cadáver encima de él. Abandonar el escudo era signo de cobardía y deshonra.