Las características de los ríos españoles derivan de las condiciones morfológicas y climáticas. Los bajos módulos y la irregularidad de los regímenes son las notas más destacadas.
1. La organización de la red
Es consecuencia de la disposición de las grandes unidades morfoestructurales. La inclinación del Macizo Central y la depresión Bética hacia el oeste, y la disposición de las montañas circundantes, nos explican que todos los grandes ríos ibéricos, excepto el Ebro, desagüen en la vertiente atlántica. La red presenta una disposición paralela: los grandes ríos discurren entre las alineaciones orográficas dispuestas oeste-este (Cantábrica, Sistema Central, Montes de Toledo, Sierra Morena, montañas Béticas); e igualmente lo hacen los de corto recorrido que nacen en la Cordillera Cantábrica o en las montañas Penibéticas. La particular disposición de la red explica que sean ríos de mediana longitud (Tajo, 1.006 kms.), inferior a la de los europeos (Danubio, 2.800 kms., Rhin, 1.300 kms.).
2. El carácter torrencial de buena parte de la red
La proximidad al literal de alineaciones montañosas que culminan por encima de los 2.000 ms. (Cantábrica, Pirineos, Levantinas) y los desniveles que existen entre las distintas unidades estructurales, han determinado un encajamiento de la red hidrográfica. Los cursos se han encajado en materiales duros y blandos. En los primeros han formado estrechos congostos u hoces (la de Buelna, por el Besaya; las de Valdeón y Caín, del Cares; el Tajo de Ronda) y en los segundos, depresiones con fuertes pendientes. Los ríos cantábricos y pirenaicos presentan desniveles muy acusados (Sella, 35'4 ms. por mil de recorrido; Noguera de Tor, 122) al igual que los penibéticos (Genil, 8'3). Los grandes ríos de llanura los presenta en sus fuentes e incluso en bajo valle (Duero, Tajo). Esto les impide la navegación (sólo el Guadalquivir hasta Sevilla).
3. La pobreza del caudal
El caudal absoluto depende de la extensión de la cuenca y de las condiciones climáticas. Los ríos españoles, exceptuando algunos mayores (Ebro, Duero, Guadalquivir), tienen cuencas reducidas. La mayoría de ellos, excepto los cantábricos y parte de la cuenca de los atlánticos, recorren territorios con escasas precipitaciones y aridez estival más o menos acusada. Por ello el caudal es poco voluminoso. Los ríos atlánticos aumentan el caudal a medida que se alejan de las fuentes, al recibir aforos cada vez más importantes y atravesar parte de la Iberia húmeda en los bajos valles (Duero, 6'5 m3/seg. en Vinuesa; 165 en Toro y 594 en Bitetos, Portugal). Compensan las pérdidas por evaporación y filtraciones con los aportes. No así los levantinos que disminuyen el caudal hacia su desembocadura (Guadalentín, 1'07 m3/seg. en Puentes, 0'12 en Totana y 0'04 en Requena) por efecto de la evaporación, filtraciones y sangrías para riego.
El caudal de los mayores ríos españoles (Ebro, 614 m3/seg. en Tortosa; Duero, 594 m3/seg. en Bitetos; Tajo, 355 m3/seg. en Vila Velha de Rodaõ) es muy inferior al de los ríos europeos (Ródano en Beaucaire, 1.712 m3; Danubio en Ceatal Ismail, 6.520 m3). Por otra parte, el caudal relativo es elevado en los ríos cantábricos (Miño, 19'39 litros por km2) por recibir abundantes precipitaciones y suaves temperaturas, pero desciende muy notablemente en las grandes arterias y más aún en los mediterráneos (Ebro, 6'5 litros por km2; Duero, 5'4; Guadalquivir, 4). El caudal relativo es menor que el de los ríos europeos (7'7 el Danubio; 17'9 el Ródano; 21 el Po).
4. La irregularidad de los ríos españoles
Es la característica más acusada. Puede ser interanual o entre los distintos meses de un mismo año. Se debe al tipo de alimentación, fundamentalmente pluvial, que refleja las condiciones climáticas de irregularidad y aridez de buena parte de la Península. La mayor parte de los cursos españoles presentan un régimen pluvial; tan solo algunos ríos de montaña, o los grandes en sus cabeceras, completan la alimentación con aforos níveos.
Los ríos cantábricos, por discurrir por un dominio climático de regular distribución de las precipitaciones, ofrecen oscilaciones de caudal poco acusadas (entre 2 y 5). Los atlánticos, las grandes arterias, tienen su origen en áreas húmedas, discurren por llanuras secas y reciben afluentes de dominios húmedos; tienen pérdidas y estiajes mucho más acusados y las variaciones de módulo interanual son considerables (entre 5 y 15). Los mediterráneos, de alimentación pluvial, acusan las irregularidades de los climas mediterráneos con amplias oscilaciones interanuales de módulos (entre 5 e infinito) y muy acusado estiaje. Son cursos de carácter espasmódico con repentino aumento de caudal en otoño y con cauces secos durante una parte del año (ramblas). Así, si en el Miño las aguas altas (primavera) superan tres veces las más bajas (verano), y si en el Guadalquivir y Ebro son 15 veces superiores en las respectivas localidades de Alcalá del Río y Zaragoza, los mediterráneos alcanzan oscilaciones mucho más acusadas.
lunes, 25 de noviembre de 2013
domingo, 24 de noviembre de 2013
Educación sistemática y no sistemática
El fenómeno educativo es anterior a la teoría y a la técnica pedagógicas. Toda sociedad humana, para poder subsistir y renovarse indefinidamente, necesita propagar a las nuevas generaciones todo su acerbo cultural. Hasta en las agrupaciones más rudimentarias, observamos que la comunidad ejerce en todo momento una acción educadora sobre las nuevas generaciones, aunque esta acción constituya una influencia meramente espontánea y no sistemática. El joven se va iniciando en las ocupaciones destinadas a satisfacer las necesidades elementales de la vida, según el grupo social al que pertenezca, por un simple proceso de imitación espontánea, en su mayor parte no intencionada.
Cuando el hombre adquiere conciencia clara de la importancia del proceso mediante el cual las nuevas generaciones son incorporadas a las formas de vida de la comunidad, surge, sobre esa educación espontánea, una acción educadora metódica y sistemática, que se ejerce voluntariamente sobre las jóvenes generaciones, de acuerdo con determinadas normas y con sujeción a planes previamente establecidos.
La actividad educativa sistemática no excluye nunca la educación espontánea de la comunidad. Aun en los pueblos más civilizados, la base de toda la educación formal está constituida por la educación espontánea que resulta de las múltiples influencias que la sociedad entera ejerce en todo momento sobre el individuo. La función educativa metódica y sistemática sólo complementa y perfecciona la acción difusa de la familia y del medio social.
La acción educadora no sistemática, como influencia espontánea, difusa, se lleva a cabo en la familia y en la sociedad, y la acción educadora sistemática, como influencia planeada, intencionada, se realiza especialmente en la escuela, con objetivos definidos, con normas y reglas previamente determinadas, con contenidos seleccionados, e impartida por personas especializadas.
La acción educadora no sistemática no es selectiva: transmite sin discriminación alguna contenidos buenos y malos, convenientes e inconvenientes, verdaderos y falsos. La acción educadora sistemática es selectiva e intencionada: transmite sólo aquellos contenidos positivos y valiosos adaptados a las características y necesidades de los educandos.
Cuando el hombre adquiere conciencia clara de la importancia del proceso mediante el cual las nuevas generaciones son incorporadas a las formas de vida de la comunidad, surge, sobre esa educación espontánea, una acción educadora metódica y sistemática, que se ejerce voluntariamente sobre las jóvenes generaciones, de acuerdo con determinadas normas y con sujeción a planes previamente establecidos.
La actividad educativa sistemática no excluye nunca la educación espontánea de la comunidad. Aun en los pueblos más civilizados, la base de toda la educación formal está constituida por la educación espontánea que resulta de las múltiples influencias que la sociedad entera ejerce en todo momento sobre el individuo. La función educativa metódica y sistemática sólo complementa y perfecciona la acción difusa de la familia y del medio social.
La acción educadora no sistemática, como influencia espontánea, difusa, se lleva a cabo en la familia y en la sociedad, y la acción educadora sistemática, como influencia planeada, intencionada, se realiza especialmente en la escuela, con objetivos definidos, con normas y reglas previamente determinadas, con contenidos seleccionados, e impartida por personas especializadas.
La acción educadora no sistemática no es selectiva: transmite sin discriminación alguna contenidos buenos y malos, convenientes e inconvenientes, verdaderos y falsos. La acción educadora sistemática es selectiva e intencionada: transmite sólo aquellos contenidos positivos y valiosos adaptados a las características y necesidades de los educandos.
domingo, 17 de noviembre de 2013
La madre vaca
Para explicar pautas culturales diferentes tenemos que empezar suponiendo que la vida humana no es simplemente azarosa o caprichosa. Los diferentes estilos de vida tienen en realidad causas definidas y fácilmente inteligibles. Las costumbres más raras se hallan fundadas en condiciones, necesidades y actividades ordinarias, triviales, podríamos decir "vulgares".
Los hindúes veneran a las vacas porque son el símbolo de todo lo que está vivo. Al igual que María es para los cristianos la madre de Dios, la vaca es para los hindúes la madre de la vida. Así, no hay mayor sacrilegio para un hindú que matar una vaca. Ni siquiera el homicidio tiene ese significado simbólico de profanación indecible que evoca el sacrificio de las vacas.
Según muchos expertos, el culto a las vacas es la causa número uno de la pobreza y el hambre en la India. Afirman que el culto a las vacas merma la eficiencia de la agricultura, porque los animales inútiles no aportan ni leche ni carne, a la vez que compiten por las tierras cultivadas y los artículos alimenticios con animales útiles y seres humanos hambrientos.
Para agravar la cuestión, el amor a las vacas no estimula el amor al hombre. Puesto que los musulmanes desprecian la carne de cerdo pero comen la carne de vaca, muchos hindúes les consideran asesinos de vacas.
El amor a las vacas parece absurdo, incluso suicida, a los observadores occidentales familiarizados con las modernas técnicas industriales de la agricultura y la ganadería. El experto en eficiencia anhela coger a todos estos animales inútiles y darles un destino adecuado. Y sin embargo descubrimos ciertas incoherencias en la condena del amor a las vacas. Cuando nos paramos a investigar si existe una explicación práctica para la vaca sagrada, nos encontramos con un dato curioso: en la India hay demasiadas vacas, pero muy pocos bueyes.
Los bueyes y el macho del búfalo de agua son la fuente principal de tracción para arar los campos en la India. El agricultor indio que no puede reemplazar su buey enfermo o muerto se encuentra poco más o menos en la misma situación que un agricultor americano que no puede sustituir ni reparar su tractor averiado. Pero hay una diferencia importante: los tractores se fabrican en factorías, pero los bueyes nacen de las vacas. Un agricultor que posee una vaca posee una factoría para producir bueyes. Con o sin amor a las vacas, ésta es una buena razón para tener poco interés en vender su vaca al matadero.
La boñiga de vaca cumple por lo menos otra función importante. Mezclada con agua, se convierte en una pasta utilizada como material para recubrir el suelo del hogar. Untada sobre el suelo de tierra y dejándola endurecer hasta que se convierte en una superficie lisa, impide la formación de polvo y puede limpiarse con una escoba.
Dado que los excrementos del ganado vacuno tienen tantas propiedades útiles, se recoge con cuidado hasta el último residuo de boñiga. En las aldeas, la gente poco importante se encarga de la tarea de seguir por todas partes a la vaca familiar y de llevar a casa su producto petroquímico diario. En las ciudades, las castas de los barrenderos monopolizan la boñiga depositada por animales extraviados y se ganan la vida vendiéndola a las amas de casa.
En épocas de sequía y escasez, los agricultores están muy tentados a matar o vender su ganado vacuno. Los que sucumben a esta tentación firman su propia sentencia de muerte, aun cuando sobrevivan a la sequía, puesto que cuando vengan las lluvias no podrán arar sus campos. El sacrificio masivo del ganado vacuno bajo presión del hambre constituye una amenaza mucho mayor al bienestar colectivo. Parece probable que el sentido de sacrificio indecible que comporta el sacrificio de vacas, esté arraigado en la contradicción intolerable entre necesidades inmediatas y condiciones de supervivencia a largo plazo.
Por si fuera poco, el valor calórico de lo que ha comido un animal siempre es mucho mayor que el valor calórico de su cuerpo. Esto significa que hay más calorías disponibles per cápita cuando la población humana consume directamente el alimento de las plantas que cuando lo utiliza para alimentar a animales domesticados.
Puesto que la ingestión de calorías per cápita en la India ya está por debajo de los requisitos mínimos diarios, la orientación de las tierras cultivadas hacia la producción de carne sólo provocaría una elevación en los precios de los artículos alimenticios y un nuevo deterioro en el nivel de las familias pobres.
En la India existen castas de rango inferior cuyos miembros tienen derecho a disponer de los cuerpos del ganado vacuno muerto. El hecho de que los intocables coman carne se ajusta perfectamente a las condiciones prácticas. Las castas que comen carne suelen ser también las que trabajan el cuero, puesto que tienen derecho a disponer de la piel de las vacas muertas. Así, pese al amor a las vacas, la India ha logrado desarrollar una enorme industria artesanal del cuero. De este modo, se sigue explotando con fines humanos a animales aparentemente inútiles, incluso después de muertos.
Muchos expertos suponen que el hombre y la vaca se encuentran enzarzados en una competición mortal por la tierra y los cultivos alimenticios. Esto podría ser verdad si los agricultores indios adoptaran el modelo agrícola americano y dieran de comer a sus animales alimentos cultivados. Pero la verdad cruda sobre la vaca sagrada consiste en que es un infatigable devorador de desperdicios. Sólo una parte insignificante del alimento consumido por la vaca corriente proviene de pastos y cultivos reservados para su uso.
¿Qué hacen estos animales en los mercados, en los prados, a lo largo de las carreteras y de las vías de ferrocarril y en las laderas estériles? Pues, ¡qué hacen si no es comer cualquier brizna de hierba, rastrojos y desperdicios, que no pueden ser consumidos directamente por los seres humanos, y convertirlos en leche y otros productos útiles! Probablemente menos del 20 por 100 de lo que consume el ganado vacuno consiste en sustancias comestibles por el hombre; y la mayor parte de este porcentaje se destina a alimentar a bueyes y búfalos de agua que trabajan en el campo, en vez de a las vacas viejas y estériles.
Todas esas interpretaciones de prácticas hindúes despilfarradoras y antieconómicas ignoran la realidad: un alto grado de economización que supera las pautas de ahorro y economía occidentales cristianas.
El amor a las vacas es un elemento activo en un orden material y cultural complejo y bien articulado. El amor a las vacas activa la capacidad latente de los seres humanos para mantenerse en un ecosistema con bajo consumo de energía, en el que hay poco margen para el despilfarro o la indolencia.
El nivel de vida superior que poseen las naciones industrializadas no es consecuencia de una mayor eficiencia productiva, sino de un aumento muy fuerte en la cantidad de energía disponible por persona. En 1970 Estados Unidos consumió el equivalente energético a 12 toneladas de carbón por habitante, mientras que la cifra correspondiente a la India era la quinta parte de una tonelada por habitante. La forma en que se consumió esta energía implica que cada persona despilfarra mucha más energía en Estados Unidos que en la India. Los automóviles y los aviones son más veloces que las carretas de bueyes, pero no utilizan la energía con mayor eficiencia. De hecho el calor y el humo inútiles provocados durante un sólo día de embotellamiento de tráfico en Estados Unidos despilfarran mucha más energía que todas las vacas de la India durante todo el año. La comparación es incluso menos favorable si consideramos el hecho de que los automóviles parados están quemando reservas insustituibles de petróleo para cuya acumulación la Tierra ha requerido decenas de millones de años. Si desean ver una verdadera vaca sagrada, salgan a la calle y observen el automóvil de la familia.
Los hindúes veneran a las vacas porque son el símbolo de todo lo que está vivo. Al igual que María es para los cristianos la madre de Dios, la vaca es para los hindúes la madre de la vida. Así, no hay mayor sacrilegio para un hindú que matar una vaca. Ni siquiera el homicidio tiene ese significado simbólico de profanación indecible que evoca el sacrificio de las vacas.
Según muchos expertos, el culto a las vacas es la causa número uno de la pobreza y el hambre en la India. Afirman que el culto a las vacas merma la eficiencia de la agricultura, porque los animales inútiles no aportan ni leche ni carne, a la vez que compiten por las tierras cultivadas y los artículos alimenticios con animales útiles y seres humanos hambrientos.
Para agravar la cuestión, el amor a las vacas no estimula el amor al hombre. Puesto que los musulmanes desprecian la carne de cerdo pero comen la carne de vaca, muchos hindúes les consideran asesinos de vacas.
El amor a las vacas parece absurdo, incluso suicida, a los observadores occidentales familiarizados con las modernas técnicas industriales de la agricultura y la ganadería. El experto en eficiencia anhela coger a todos estos animales inútiles y darles un destino adecuado. Y sin embargo descubrimos ciertas incoherencias en la condena del amor a las vacas. Cuando nos paramos a investigar si existe una explicación práctica para la vaca sagrada, nos encontramos con un dato curioso: en la India hay demasiadas vacas, pero muy pocos bueyes.
Los bueyes y el macho del búfalo de agua son la fuente principal de tracción para arar los campos en la India. El agricultor indio que no puede reemplazar su buey enfermo o muerto se encuentra poco más o menos en la misma situación que un agricultor americano que no puede sustituir ni reparar su tractor averiado. Pero hay una diferencia importante: los tractores se fabrican en factorías, pero los bueyes nacen de las vacas. Un agricultor que posee una vaca posee una factoría para producir bueyes. Con o sin amor a las vacas, ésta es una buena razón para tener poco interés en vender su vaca al matadero.
También empezamos a vislumbrar por qué los agricultores indios podrían estar dispuestos a tolerar vacas que sólo producen 500 libras de leche al año. Si la principal función económica de la vaca cebú es criar animales de tracción, entonces no hay ninguna razón para compararla con los especializados animales americanos cuya función primordial es producir leche. Sin embargo, la leche que producen las vacas cebú cumple un cometido importante en la satisfacción de las necesidades nutritivas de muchas familias pobres. Incluso pequeñas cantidades de productos lácteos pueden mejorar la salud de personas que se ven obligadas a subsistir al borde de la inanición.
Cuando los agricultores indios quieren un animal principalmente para obtener leche recurren a la hembra del búfalo de agua, que tiene períodos de secreción de leche más largos y una producción de grasa de mantequilla mayor que la del ganado cebú. El búfalo de agua es también un animal superior para arar en arrozales anegados. Pero los bueyes tienen más variedad de usos y los agricultores los prefieren para la agricultura en tierras de secano y para el transporte por carretera. Sobre todo, las razas cebú son extraordinariamente resistentes y pueden sobrevivir a las largas sequías que periódicamente asolan diferentes partes de la India.
Al igual que otros países subdesarrollados, la India no puede construir factorías que compitan con las instalaciones de los países industrializados, ni pagar grandes cantidades de productos industriales importados. El ganado vacuno de la India excreta anualmente cerca de 700 millones de toneladas de estiércol recuperable. Aproximadamente la mitad de este total se utiliza como fertilizante, mientras que la mayor parte del resto se emplea como combustible para cocinar.Dado que los excrementos del ganado vacuno tienen tantas propiedades útiles, se recoge con cuidado hasta el último residuo de boñiga. En las aldeas, la gente poco importante se encarga de la tarea de seguir por todas partes a la vaca familiar y de llevar a casa su producto petroquímico diario. En las ciudades, las castas de los barrenderos monopolizan la boñiga depositada por animales extraviados y se ganan la vida vendiéndola a las amas de casa.
En épocas de sequía y escasez, los agricultores están muy tentados a matar o vender su ganado vacuno. Los que sucumben a esta tentación firman su propia sentencia de muerte, aun cuando sobrevivan a la sequía, puesto que cuando vengan las lluvias no podrán arar sus campos. El sacrificio masivo del ganado vacuno bajo presión del hambre constituye una amenaza mucho mayor al bienestar colectivo. Parece probable que el sentido de sacrificio indecible que comporta el sacrificio de vacas, esté arraigado en la contradicción intolerable entre necesidades inmediatas y condiciones de supervivencia a largo plazo.
Por si fuera poco, el valor calórico de lo que ha comido un animal siempre es mucho mayor que el valor calórico de su cuerpo. Esto significa que hay más calorías disponibles per cápita cuando la población humana consume directamente el alimento de las plantas que cuando lo utiliza para alimentar a animales domesticados.
Puesto que la ingestión de calorías per cápita en la India ya está por debajo de los requisitos mínimos diarios, la orientación de las tierras cultivadas hacia la producción de carne sólo provocaría una elevación en los precios de los artículos alimenticios y un nuevo deterioro en el nivel de las familias pobres.
En la India existen castas de rango inferior cuyos miembros tienen derecho a disponer de los cuerpos del ganado vacuno muerto. El hecho de que los intocables coman carne se ajusta perfectamente a las condiciones prácticas. Las castas que comen carne suelen ser también las que trabajan el cuero, puesto que tienen derecho a disponer de la piel de las vacas muertas. Así, pese al amor a las vacas, la India ha logrado desarrollar una enorme industria artesanal del cuero. De este modo, se sigue explotando con fines humanos a animales aparentemente inútiles, incluso después de muertos.
Muchos expertos suponen que el hombre y la vaca se encuentran enzarzados en una competición mortal por la tierra y los cultivos alimenticios. Esto podría ser verdad si los agricultores indios adoptaran el modelo agrícola americano y dieran de comer a sus animales alimentos cultivados. Pero la verdad cruda sobre la vaca sagrada consiste en que es un infatigable devorador de desperdicios. Sólo una parte insignificante del alimento consumido por la vaca corriente proviene de pastos y cultivos reservados para su uso.
¿Qué hacen estos animales en los mercados, en los prados, a lo largo de las carreteras y de las vías de ferrocarril y en las laderas estériles? Pues, ¡qué hacen si no es comer cualquier brizna de hierba, rastrojos y desperdicios, que no pueden ser consumidos directamente por los seres humanos, y convertirlos en leche y otros productos útiles! Probablemente menos del 20 por 100 de lo que consume el ganado vacuno consiste en sustancias comestibles por el hombre; y la mayor parte de este porcentaje se destina a alimentar a bueyes y búfalos de agua que trabajan en el campo, en vez de a las vacas viejas y estériles.
Todas esas interpretaciones de prácticas hindúes despilfarradoras y antieconómicas ignoran la realidad: un alto grado de economización que supera las pautas de ahorro y economía occidentales cristianas.
El amor a las vacas es un elemento activo en un orden material y cultural complejo y bien articulado. El amor a las vacas activa la capacidad latente de los seres humanos para mantenerse en un ecosistema con bajo consumo de energía, en el que hay poco margen para el despilfarro o la indolencia.
El nivel de vida superior que poseen las naciones industrializadas no es consecuencia de una mayor eficiencia productiva, sino de un aumento muy fuerte en la cantidad de energía disponible por persona. En 1970 Estados Unidos consumió el equivalente energético a 12 toneladas de carbón por habitante, mientras que la cifra correspondiente a la India era la quinta parte de una tonelada por habitante. La forma en que se consumió esta energía implica que cada persona despilfarra mucha más energía en Estados Unidos que en la India. Los automóviles y los aviones son más veloces que las carretas de bueyes, pero no utilizan la energía con mayor eficiencia. De hecho el calor y el humo inútiles provocados durante un sólo día de embotellamiento de tráfico en Estados Unidos despilfarran mucha más energía que todas las vacas de la India durante todo el año. La comparación es incluso menos favorable si consideramos el hecho de que los automóviles parados están quemando reservas insustituibles de petróleo para cuya acumulación la Tierra ha requerido decenas de millones de años. Si desean ver una verdadera vaca sagrada, salgan a la calle y observen el automóvil de la familia.
sábado, 16 de noviembre de 2013
Caracteres esenciales de la educación
1º) La educación sólo acaece en el hombre
La educación toma como punto de partida al individuo, al ser psico-vital, y concluye en la persona, o sea, en el ser cultural, portador de valores espirituales. La educación, como proceso de formación humana, representa el tránsito de la esfera natural hasta el reino objetivo de los valores. La educación está, pues, directamente relacionada con la actividad espiritual. Por consiguiente, es un proceso exclusivamente humano.
2°) Toda educación supone una finalidad, un estado individual o social que se quiere alcanzar, distinto del que el individuo tiene por naturaleza
El proceso educativo supone siempre un ideal de perfección, de elevación, de mejoramiento. Siempre supone un estado que se quiere alcanzar y que es distinto del que se tiene originariamente.
3º) La educación es un proceso dinámico
La educación es un proceso dinámico. Este proceso significa el paso de un estado a otro. El proceso implica una modificación, una transformación que afecta a la total integridad del ser, y supone un perfeccionamiento continuo.No obstante, el sujeto de la educación se mantiene en su identidad a través del proceso. No pierde su individualidad.
4°) El proceso de la educación se cumple a través de todas las edades de la vida
El proceso educativo se realiza ininterrumpidamente en todas las etapas de la vida humana, a través de las cuales se va plasmando y definiendo su personalidad.No obstante, las etapas de la vida humana son las que condicionan la estructuración y el ritmo del proceso de la educación. Los períodos de mayor plasticidad, de mayor educabilidad, son la infancia y la adolescencia. Cuando el hombre llega a su madurez, esto es, cuando posee las aptitudes necesarias para su función en la vida y ha definido su conducta frente a ella, acepta en menor grado la influencia ajena. No obstante, aunque más débilmente, ésta siempre persiste. Por otra parte, el proceso formativo, que nunca se interrumpe, es continuado como un esfuerzo de autoeducación.
5°) La educación implica una transformación duradera
La educación supone un cambio duradero, una verdadera transformación interior del sujeto.
6º) Toda educación auténtica supone la intervención consciente y creadora del sujeto que se educa
La educación supone siempre la labor creadora y consciente del sujeto mismo que se educa. No existe educación auténtica, mientras no haya una decisión voluntaria y libre por parte del educando.Si el educando no participa activa y libremente en la tarea de su formación interior, mediante la intervención consciente de su voluntad, la educación podrá significar un sistema de hábitos, una acumulación de conocimientos aprendidos memorísticamente, una cultura muerta, un adiestramiento. Pero no será una auténtica educación.
7°) El fenómeno educativo se produce bajo el estímulo del medio socio-cultural con el que se relaciona el sujeto de la educación
El hombre vive y actúa en un mundo del cual no puede prescindir. Ahora bien, si las fuerzas originarias de su naturaleza coinciden o armonizan con ese mundo, éste lo estimulará de forma positiva, favoreciendo el libre desenvolvimiento de esas fuerzas. De lo contrario, sólo suscitará su resistencia a ajustarse al medio y su esfuerzo por rebelarse; o bien, obtendrá su adaptación pasiva, que implicará no una educación auténtica sino una especie de socialización extrínseca.
CONCEPTO GENERAL DE EDUCACIÓN
La educación es el proceso interior de formación del hombre realizado por la acción consciente y creadora del sujeto que se educa y bajo la influencia exterior o el estimulo del medio sociocultural con el que se relaciona. La acción educadora surge como consecuencia de la conexión del sujeto con el mundo sociocultural.
2°) Toda educación supone una finalidad, un estado individual o social que se quiere alcanzar, distinto del que el individuo tiene por naturaleza
El proceso educativo supone siempre un ideal de perfección, de elevación, de mejoramiento. Siempre supone un estado que se quiere alcanzar y que es distinto del que se tiene originariamente.
3º) La educación es un proceso dinámico
La educación es un proceso dinámico. Este proceso significa el paso de un estado a otro. El proceso implica una modificación, una transformación que afecta a la total integridad del ser, y supone un perfeccionamiento continuo.No obstante, el sujeto de la educación se mantiene en su identidad a través del proceso. No pierde su individualidad.
4°) El proceso de la educación se cumple a través de todas las edades de la vida
El proceso educativo se realiza ininterrumpidamente en todas las etapas de la vida humana, a través de las cuales se va plasmando y definiendo su personalidad.No obstante, las etapas de la vida humana son las que condicionan la estructuración y el ritmo del proceso de la educación. Los períodos de mayor plasticidad, de mayor educabilidad, son la infancia y la adolescencia. Cuando el hombre llega a su madurez, esto es, cuando posee las aptitudes necesarias para su función en la vida y ha definido su conducta frente a ella, acepta en menor grado la influencia ajena. No obstante, aunque más débilmente, ésta siempre persiste. Por otra parte, el proceso formativo, que nunca se interrumpe, es continuado como un esfuerzo de autoeducación.
5°) La educación implica una transformación duradera
La educación supone un cambio duradero, una verdadera transformación interior del sujeto.
6º) Toda educación auténtica supone la intervención consciente y creadora del sujeto que se educa
La educación supone siempre la labor creadora y consciente del sujeto mismo que se educa. No existe educación auténtica, mientras no haya una decisión voluntaria y libre por parte del educando.Si el educando no participa activa y libremente en la tarea de su formación interior, mediante la intervención consciente de su voluntad, la educación podrá significar un sistema de hábitos, una acumulación de conocimientos aprendidos memorísticamente, una cultura muerta, un adiestramiento. Pero no será una auténtica educación.
7°) El fenómeno educativo se produce bajo el estímulo del medio socio-cultural con el que se relaciona el sujeto de la educación
El hombre vive y actúa en un mundo del cual no puede prescindir. Ahora bien, si las fuerzas originarias de su naturaleza coinciden o armonizan con ese mundo, éste lo estimulará de forma positiva, favoreciendo el libre desenvolvimiento de esas fuerzas. De lo contrario, sólo suscitará su resistencia a ajustarse al medio y su esfuerzo por rebelarse; o bien, obtendrá su adaptación pasiva, que implicará no una educación auténtica sino una especie de socialización extrínseca.
CONCEPTO GENERAL DE EDUCACIÓN
La educación es el proceso interior de formación del hombre realizado por la acción consciente y creadora del sujeto que se educa y bajo la influencia exterior o el estimulo del medio sociocultural con el que se relaciona. La acción educadora surge como consecuencia de la conexión del sujeto con el mundo sociocultural.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
La educación
El esfuerzo continuo y sistemático por reflexionar e intentar dar soluciones al eterno problema de la educación, constituye el ser y el sentido del saber pedagógico. Ningún hombre puede permanecer indiferente o extraño frente a él. Porque es su existencia misma, como ser individual y como ser social, la que aparece comprometida en sus planteamientos y en sus soluciones.
La palabra educación ha tenido diversas interpretaciones de acuerdo con las ideas filosóficas, religiosas, sociales, políticas y culturales que han imperado a través de los tiempos.
LA EDUCACIÓN COMO HECHO CONCRETO
La educación es una realidad permanente en la vida individual y social. Atañe al hombre en su totalidad biopsíquica y espiritual y en su bipolar dimensión de individuo y miembro de la comunidad. La educación no es un simple accidente circunstancial en nuestra experiencia. Es una realidad que afecta al hombre en su total integridad.
La realidad de la educación supone una experiencia permanente, directa e inmediata. Constantemente nos modificamos y transformamos, asimilamos conocimientos, corregimos defectos, adquirimos hábitos y modos de obrar, somos influidos en nuestro modo de ser y de actuar, y todos somos un estímulo educador sobre otros individuos que se relacionan con nosotros. Todos somos educandos y educadores a la vez.
La educación implica un proceso universal y permanente. La historia de la civilización nos revela que la educación es un hecho que se ha producido en todas las épocas y en todos los pueblos, como función esencial de la vida en comunidad. La sociedad moldea al individuo según sus normas y ordenaciones, de conformidad con sus creencias, sus costumbres y sus maneras de proceder.
La socialización se lleva a cabo mediante un lento y permanente proceso de impregnación, resultado de la convivencia con las generaciones adultas.
En las comunidades primitivas, al igual que en aquellas de cultura desarrollada, se observa el mismo esfuerzo, más o menos consciente, de transmitir a las generaciones jóvenes su bagaje cultural. La influencia inintencional y espontánea de la comunidad sobre las nuevas generaciones entra ya en el concepto de educación.
LA NECESIDAD DE LA EDUCACIÓN
El acto educativo es inherente y necesario a la naturaleza humana. La inferioridad de sus recursos y medios físicos de defensa y la lentitud de su proceso de maduración le hacen imprescindible la protección ajena durante mayor tiempo que a cualquiera de los otros seres vivos. La madurez espiritual que caracteriza al hombre formado no se logra si se deja al ser joven abandonado al azar. Sin la educación, el ser humano no adquiriría el lenguaje, los hábitos, las ideas y los sentimientos que pertenecen a la vida cultural.
Pero la educación no es sólo una función necesaria para la vida del individuo. Es también una función ineludible de la vida de la comunidad. La sociedad humana, para poder subsistir y progresar indefinidamente, necesita propagarse espiritualmente mediante la educación de las nuevas generaciones.
ETIMOLOGÍA DEL VOCABLO Y SUS DOS SENTIDOS
Educación toma su sentido del verbo latino educare, que significa alimentar, nutrir, instruir, hacer crecer.Pero al mismo tiempo tiene un sentido opuesto si deriva del verbo ex-ducere, que significa extraer, hacer salir.
La educación es, al mismo tiempo, un proceso de desarrollo de las posibilidades que están latentes en el individuo y de incorporación de elementos del medio histórico-social-cultural.
La palabra educación ha tenido diversas interpretaciones de acuerdo con las ideas filosóficas, religiosas, sociales, políticas y culturales que han imperado a través de los tiempos.
LA EDUCACIÓN COMO HECHO CONCRETO
La educación es una realidad permanente en la vida individual y social. Atañe al hombre en su totalidad biopsíquica y espiritual y en su bipolar dimensión de individuo y miembro de la comunidad. La educación no es un simple accidente circunstancial en nuestra experiencia. Es una realidad que afecta al hombre en su total integridad.
La realidad de la educación supone una experiencia permanente, directa e inmediata. Constantemente nos modificamos y transformamos, asimilamos conocimientos, corregimos defectos, adquirimos hábitos y modos de obrar, somos influidos en nuestro modo de ser y de actuar, y todos somos un estímulo educador sobre otros individuos que se relacionan con nosotros. Todos somos educandos y educadores a la vez.
La educación implica un proceso universal y permanente. La historia de la civilización nos revela que la educación es un hecho que se ha producido en todas las épocas y en todos los pueblos, como función esencial de la vida en comunidad. La sociedad moldea al individuo según sus normas y ordenaciones, de conformidad con sus creencias, sus costumbres y sus maneras de proceder.
En las comunidades primitivas, al igual que en aquellas de cultura desarrollada, se observa el mismo esfuerzo, más o menos consciente, de transmitir a las generaciones jóvenes su bagaje cultural. La influencia inintencional y espontánea de la comunidad sobre las nuevas generaciones entra ya en el concepto de educación.
LA NECESIDAD DE LA EDUCACIÓN
El acto educativo es inherente y necesario a la naturaleza humana. La inferioridad de sus recursos y medios físicos de defensa y la lentitud de su proceso de maduración le hacen imprescindible la protección ajena durante mayor tiempo que a cualquiera de los otros seres vivos. La madurez espiritual que caracteriza al hombre formado no se logra si se deja al ser joven abandonado al azar. Sin la educación, el ser humano no adquiriría el lenguaje, los hábitos, las ideas y los sentimientos que pertenecen a la vida cultural.
Pero la educación no es sólo una función necesaria para la vida del individuo. Es también una función ineludible de la vida de la comunidad. La sociedad humana, para poder subsistir y progresar indefinidamente, necesita propagarse espiritualmente mediante la educación de las nuevas generaciones.
ETIMOLOGÍA DEL VOCABLO Y SUS DOS SENTIDOS
Educación toma su sentido del verbo latino educare, que significa alimentar, nutrir, instruir, hacer crecer.Pero al mismo tiempo tiene un sentido opuesto si deriva del verbo ex-ducere, que significa extraer, hacer salir.
La educación es, al mismo tiempo, un proceso de desarrollo de las posibilidades que están latentes en el individuo y de incorporación de elementos del medio histórico-social-cultural.
martes, 5 de noviembre de 2013
La península italiana en el siglo VIII a.C.
Roma nació con una misión, la cumplió y con ella acabó. Esa misión fue la de reunir las civilizaciones que la habían precedido (la griega, la oriental, la egipcia, la cartaginesa), fusionándolas y difundiéndolas por toda Europa y por la cuenca del Mediterráneo. Señaló los caminos para su circulación, creó ejércitos para defenderlas, un formidable complejo de leyes para garantizar su desarrollo dentro de un orden, y una lengua para hacerlas universales.
Indro Montanelli, Historia de Roma (adaptado)
Roma, ciudad que durante varios siglos dominó a la mayor parte de los pueblos ribereños del Mediterráneo, está situada a orillas del río Tíber, en el centro de la península italiana.
Esta península se localiza en la zona central del Mediterráneo. Su relieve es predominantemente montañoso: la cordillera de los Alpes, al norte, y los montes Apeninos, que la recorren de norte a sur. La única gran llanura es la del río Po. Junto a esta península existen islas, como Sicilia, Córcega y Cerdeña.
En el siglo VIII a.C., época en la que se funda la ciudad de Roma, la península italiana estaba habitada por diversos pueblos:
- Etruscos: Ocupaban la zona situada entre los ríos Tíber y Arno.
- Latinos: Estaban asentados en el Lacio, región del centro de la península.
- Griegos: Habían creado colonias en el sur de la península y en Sicilia, territorios que se conocían como Magna Grecia.
sábado, 26 de octubre de 2013
El gran avance del siglo XIII
En el siglo XIII la reconquista cristiana conoció un progreso espectacular. En un período de unos 40 años fueron incorporados a los reinos cristianos alrededor de 140.000 km2. Pero antes fue preciso vencer la resistencia ofrecida por los almohades. En 1179 los reyes de Castilla y de Aragón se habían puesto de acuerdo (tratado de Cazorla) para repartirse las tierras de Al-Andalus que pensaban conquistar en los próximos años. Pero de momento estos proyectos quedaron olvidados por la llegada a la Península de los almohades, que vencieron el de forma aplastante a Alfonso VIII de Castilla en Alarcos (1195). No obstante el panorama cambió radicalmente cuando se organizó una cruzada contra los almohades. La victoria cristiana de las Navas de Tolosa (1212) no sólo significó el hundimiento del imperio almohade, sino también la apertura del portillo que cerraba el acceso a las feraces tierras de Andalucía. A mediados del siglo XIII habían pasado a manos cristianas Valencia, las Baleares, Extremadura, Murcia y Andalucía Bética, tierras extensas y ricas, densamente pobladas por musulmanes.
1. La expansión catalano-aragonesa: Valencia y las Baleares
La ofensiva catalano-aragonesa fue conducida por el monarca Jaime I. El primer paso se orientó hacia las islas Baleares. Teniendo como punto de apoyo la incipiente marina catalana, Jaime I conquistó Mallorca con relativa facilidad (1229-1230). La población musulmana, que había resistido tenazmente, prácticamente desapareció de la isla, procediéndose a repoblarla con gentes venidas de Cataluña. En general el sistema de reparto de las tierras permitió la creación de medias y pequeñas propiedades. Las restantes islas fueron incorporadas en años sucesivos a la Corona de Aragón.
La conquista del reino de Valencia fue muy laboriosa. La capital cayó en poder cristiano en el año 1238. El sistema de repoblación puesto en práctica varió mucho de unas zonas a otras. En el norte, en la zona montañosa de Castellón, prácticamente abandonada por los islamitas, las Órdenes militares del Temple y del Hospital recibieron extensas donaciones. Valencia y su huerta (la población musulmana había sido desalojada de la capital) fueron repartidas entre los repobladores, originarios del sur de Aragón y del sur de Cataluña. En la zona meridional del reino de Valencia, por el contrario, permaneció una abundante población musulmana, aunque después de la rebelión de 1248 muchos islamitas abandonaron el territorio, lo que obligó a intensificar la búsqueda de pobladores cristianos.
2. La expansión castellano-leonesa: Extremadura, Andalucía Bética y Murcia
Los reyes de Castilla y de León, primero de forma independiente y desde 1230 definitivamente unidos, dirigieron la reconquista y la repoblación de Extremadura, Andalucía Bética y Murcia. Alfonso IX de León incorporó Cáceres (1227) y Badajoz (1230). Pero la obra más importante fue llevada a cabo por Fernando III, el monarca unificador de Castilla y León. A él se debe la conquista del valle del Guadalquivir: Córdoba cayó en 1236, Jaén en 1246 y Sevilla, después de un prolongado cerco terrestre y naval, en 1248. Simultáneamente fue incorporada Murcia (1243) por su hijo el príncipe Alfonso. Éste, una vez rey (Alfonso X), completaba la conquista de Andalucía Bética con la toma de Cádiz (1262).
La actitud hacia la población musulmana dependió en buena medida de su resistencia a la expansión militar de los cristianos. En general, los islamitas fueron obligados a abandonar los núcleos urbanos, aceptándose en cambio su presencia en los campos, excepto en el reino de Jaén. Inmediatamente se procedió a efectuar un repartimiento de las tierras ganadas. La alta nobleza, las Órdenes militares y la Iglesia recibieron extensos donadíos, particularmente en Extremadura y en la región meridional de Andalucía, limítrofe con el reino granadino. Al mismo tiempo se organizaron poderosos concejos en torno a las ciudades, repartiéndose sus casas y las tierras de sus términos en función de la condición social de los repobladores, pues los caballeros recibían un heredamiento superior al de los peones. Los repobladores de Andalucía procedían esencialmente de la meseta Norte.
En el reino de Murcia permaneció después de la conquista cristiana una gran parte de sus antiguos habitantes musulmanes. Los repobladores procedían tanto del reino castellano-leonés como de la Corona de Aragón. En las ciudades surgieron fuertes concejos (Murcia constituye un buen ejemplo). En la zona sur los nobles y las Órdenes militares se instalaron sólidamente.
En 1264 la población mudéjar, tanto de los campos andaluces como de Murcia, se sublevó. Una vez sofocada la revuelta, parte de los mudéjares se vieron forzados a emigrar hacia Granada o al norte de África. Esta situación agravó las condiciones de explotación de las tierras recién incorporadas al dominio cristiano.
1. La expansión catalano-aragonesa: Valencia y las Baleares
La ofensiva catalano-aragonesa fue conducida por el monarca Jaime I. El primer paso se orientó hacia las islas Baleares. Teniendo como punto de apoyo la incipiente marina catalana, Jaime I conquistó Mallorca con relativa facilidad (1229-1230). La población musulmana, que había resistido tenazmente, prácticamente desapareció de la isla, procediéndose a repoblarla con gentes venidas de Cataluña. En general el sistema de reparto de las tierras permitió la creación de medias y pequeñas propiedades. Las restantes islas fueron incorporadas en años sucesivos a la Corona de Aragón.
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| Pintura mural en el Palacio Real de Barcelona que representa la conquista de Mallorca |
| Representación del rey Fernando III de Castilla y León |
Los reyes de Castilla y de León, primero de forma independiente y desde 1230 definitivamente unidos, dirigieron la reconquista y la repoblación de Extremadura, Andalucía Bética y Murcia. Alfonso IX de León incorporó Cáceres (1227) y Badajoz (1230). Pero la obra más importante fue llevada a cabo por Fernando III, el monarca unificador de Castilla y León. A él se debe la conquista del valle del Guadalquivir: Córdoba cayó en 1236, Jaén en 1246 y Sevilla, después de un prolongado cerco terrestre y naval, en 1248. Simultáneamente fue incorporada Murcia (1243) por su hijo el príncipe Alfonso. Éste, una vez rey (Alfonso X), completaba la conquista de Andalucía Bética con la toma de Cádiz (1262).
La actitud hacia la población musulmana dependió en buena medida de su resistencia a la expansión militar de los cristianos. En general, los islamitas fueron obligados a abandonar los núcleos urbanos, aceptándose en cambio su presencia en los campos, excepto en el reino de Jaén. Inmediatamente se procedió a efectuar un repartimiento de las tierras ganadas. La alta nobleza, las Órdenes militares y la Iglesia recibieron extensos donadíos, particularmente en Extremadura y en la región meridional de Andalucía, limítrofe con el reino granadino. Al mismo tiempo se organizaron poderosos concejos en torno a las ciudades, repartiéndose sus casas y las tierras de sus términos en función de la condición social de los repobladores, pues los caballeros recibían un heredamiento superior al de los peones. Los repobladores de Andalucía procedían esencialmente de la meseta Norte.
En el reino de Murcia permaneció después de la conquista cristiana una gran parte de sus antiguos habitantes musulmanes. Los repobladores procedían tanto del reino castellano-leonés como de la Corona de Aragón. En las ciudades surgieron fuertes concejos (Murcia constituye un buen ejemplo). En la zona sur los nobles y las Órdenes militares se instalaron sólidamente.
En 1264 la población mudéjar, tanto de los campos andaluces como de Murcia, se sublevó. Una vez sofocada la revuelta, parte de los mudéjares se vieron forzados a emigrar hacia Granada o al norte de África. Esta situación agravó las condiciones de explotación de las tierras recién incorporadas al dominio cristiano.
lunes, 14 de octubre de 2013
Los procesos de cambio y la antropología en la práctica
El
resultado de la dominación por parte de las sociedades industriales de los
pueblos sobre los que ha ido organizando y acrecentando su crecimiento y
predominio ha revestido innumerables facetas y muy diversas son las
consecuencias de lo que, usando la terminología específica de la Antropología,
hemos denominado choque cultural. La
desaparición de las culturas y hasta el aniquilamiento físico de algunas
sociedades se puede considerar como “favorable” si la comparamos con algunas de
las situaciones en las que han quedado los restos de algunas de estas
sociedades dominadas, en las que se dan hasta manifestaciones de lo que
podríamos definir como un “paulatino suicidio inconsciente colectivo.” La desesperación
les ha llevado a una desgana de vivir, que se ha manifestado en un abandono
total de sus labores; o sea, a prescindir de esa lucha del hombre contra la
naturaleza cuya consecuencia es, como sabemos, la desaparición de la sociedad y
de la cultura. No faltan tampoco ejemplos en los que, como entre algunos indios
de Norteamérica o tribus del Pacífico, la extinción ha venido dada por una
sensible disminución de la natalidad.
El choque con la civilización es tan fuerte entre esas sociedades, que ni el
mundo de sus categorías mentales ni su repertorio cultural pueden interpretar
coherentemente la llegada de los blancos con todo su bagaje material. Lo tienen
que poner en la misma dimensión que muchos otros fenómenos de la naturaleza,
que para ellos sólo tienen explicación si lo trasladan e interpretan como
fuerzas sobrenaturales que son entroncados con su correspondiente tradición
cultural. Viene a ser lo mismo que cuando los indígenas asignan a un volcán la
categoría de un Dios, o a un terremoto el castigo divino o a un modo de
expresar algún designio sobrenatural.
La incidencia del impacto colonial sobre un sinfín de culturas ha constituido
uno de los principales campos de estudio para los antropólogos, como también
para aquellos que ven este mismo fenómeno desde la perspectiva de la Sociología
Política y de la Sociología del Subdesarrollo. Sin embargo, hay que reconocer
que el antropólogo no sólo ha visto las consecuencias del colonialismo, sino
que también ha participado mucho en los avatares sufridos por esta peculiar e
importante modalidad de las relaciones intersociales.
Por su parte, las potencias colonialistas vieron la favorable importancia que
podía tener el conocer la cultura y la estructura de las poblaciones por ellos
administradas y la facilidad de llegar a ese conocimiento mediante las técnicas
y los resortes propios de los especialistas en el estudio de las sociedades.
En cualquier caso, no hay que tomar de un modo excesivamente crítico la actitud
de los antropólogos al servicio de las administraciones de colonias, ni tampoco
reseñar los aspectos negativos que ellos pudieran tener. También les cabe el
mérito de haber definido en numerosas ocasiones la política correcta a seguir
con las sociedades aborígenes, el haber salvado culturas y sobre todo, el haber
creado una cierta conciencia, hasta en el interior de las propias
administraciones coloniales, de que la “supremacía del hombre blanco” dejaba
bastante que desear y podían encontrarse en las culturas autóctonas rasgos complejos cuya validez, en su contexto, era muy superior a las ventajas
aportadas por la “civilización”.
Hoy se llega a hablar de la existencia de una nueva rama de la Antropología: la
Antropología Industrial.
Esteva
Fabregat resalta también algunas de las consecuencias que se
manifiestan en los individuos por el hecho de verse afectados por este nuevo
tipo de relaciones sociales.
“La
personalidad social que se genera es de carácter neurótico donde se contradicen
los niveles de apetencia y las capacidades relativas de satisfacerlos. En su
cualidad más notable, el sistema de cultura industrial consiste en haber creado
módulos aparentemente abiertos, a través del concepto de oportunidad, a la
movilidad social. La dinámica del sistema consiste en que permite desarrollar
ideas constantes, una de las cuales se inserta en el individuo bajo la forma de
una lucha por el status, lucha o deseo idealmente necesario al objetivo de una
continuidad expansiva: la del mercado. Así se estimula un tipo de personalidad
materialmente productiva, pero neurotizada por su misma dinámica de ambiciones
personales, ambiciones amenazadas en su logro por apetencias semejantes puestas
en acción por otros individuos dentro del sistema”.
Por otro lado, hoy ya se puede decir que incluso se abren nuevos cauces para la
Antropología, como una perspectiva de un conjunto de disciplinas que ya no
piensan que su objeto sea sólo el de interpretar la sociedad, sino también de
transformarla. Las ideas ya no son pues, simples copias de las cosas, sino
fuerzas que se realizan en el mundo. La intervención humana en la realidad
social es acción y ciencia a la vez, ya que permite al mismo tiempo modificar
el mundo y, al transformarlo, conocerlo.
lunes, 7 de octubre de 2013
La democracia
Uno de los más grandes logros políticos alcanzados en la Grecia clásica fue la democracia, un sistema original de gobierno que funcionaría en Atenas, en su época de mayor esplendor, y que elevaría la justicia y la igualdad ante la ley a la categoría de virtudes máximas.
La más famosa declaración de los ideales atenienses
Nuestro sistema político no compite con instituciones que tienen vigencia en otros lugares. Nosotros no copiamos a nuestros vecinos, sino que tratamos de ser un ejemplo. Nuestra administración favorece a la mayoría, y no a la minoría: es por ello que la llamamos democracia. Nuestras leyes ofrecen una justicia equitativa a todos los hombres por igual, en sus querellas privadas, pero esto no significa que sean pasados por alto los derechos del mérito. Cuando un ciudadano se distingue por su valía, entonces se le prefiere para las tareas públicas, no a manera de privilegio, sino de reconocimiento de sus virtudes, y en ningún caso constituye obstáculo la pobreza. La libertad de que gozamos abarca también la vida corriente; no recelamos los unos de los otros, y no nos entrometemos en los actos de nuestro vecino, dejándole que siga su propia senda. Pero esta libertad no significa que quedemos al margen de la leyes. A todos se nos ha enseñado a respetar a los magistrados y a las leyes y a no olvidar nunca que debemos proteger a los débiles. Y también se nos enseña a observar aquellas leyes no escritas cuya sanción sólo reside en el sentimiento universal de lo que es justo.
Nuestra ciudad tiene las puertas abiertas al mundo; jamás expulsamos a un extranjero. Somos libres de vivir a nuestro antojo y, no obstante, siempre estamos dispuestos a enfrentar cualquier peligro. Amamos la belleza sin dejarnos llevar por las fantasías, y si bien tratamos de perfeccionar nuestro intelecto, esto no debilita nuestra voluntad. Admitir la propia pobreza no tiene entre nosotros nada de vergonzoso; lo que sí consideramos vergonzoso es no hacer ningún esfuerzo por evitarla. El ciudadano ateniense no descuida los negocios públicos para atender sus asuntos privados. No consideramos inofensivos, sino inútiles, a aquellos que no se interesan por el Estado; y si bien sólo unos pocos puedan dar origen a una política, todos nosotros somos capaces de juzgarla. No consideramos la discusión como un obstáculo colocado en el camino de la acción política, sino como un preliminar indispensable para actuar prudentemente. Creemos que la felicidad es el fruto de la libertad, y la libertad, el del valor, y no nos amedrentamos ante el peligro de la guerra. Resumiendo: sostengo que Atenas es la Escuela de la Hélade y que todo individuo ateniense alcanza en su madurez una feliz versatilidad, una excelente disposición para las emergencias y una gran confianza en sí mismo.
La más famosa declaración de los ideales atenienses
Nuestro sistema político no compite con instituciones que tienen vigencia en otros lugares. Nosotros no copiamos a nuestros vecinos, sino que tratamos de ser un ejemplo. Nuestra administración favorece a la mayoría, y no a la minoría: es por ello que la llamamos democracia. Nuestras leyes ofrecen una justicia equitativa a todos los hombres por igual, en sus querellas privadas, pero esto no significa que sean pasados por alto los derechos del mérito. Cuando un ciudadano se distingue por su valía, entonces se le prefiere para las tareas públicas, no a manera de privilegio, sino de reconocimiento de sus virtudes, y en ningún caso constituye obstáculo la pobreza. La libertad de que gozamos abarca también la vida corriente; no recelamos los unos de los otros, y no nos entrometemos en los actos de nuestro vecino, dejándole que siga su propia senda. Pero esta libertad no significa que quedemos al margen de la leyes. A todos se nos ha enseñado a respetar a los magistrados y a las leyes y a no olvidar nunca que debemos proteger a los débiles. Y también se nos enseña a observar aquellas leyes no escritas cuya sanción sólo reside en el sentimiento universal de lo que es justo.
| Tucídides, historiador y militar griego 460-¿396? a.C. |
Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso (adaptado)
El alegato de los demócratas
Tal vez se afirme que una democracia no es sabia ni justa, que los que tienen dinero son los más adecuados para gobernar. Pero yo digo, en primer lugar, que el demos incluye a todo el estado; oligarquía, en cambio, sólo a una parte; que los ricos son los mejores guardianes del dinero; los sabios, los mejores consejeros; pero la multitud, una vez informada, juzga mejor; y que todas esas virtudes participan en igual medida en una democracia. Una oligarquía, en cambio, da a la multitud su parte de riesgo y toma para sí no la parte mayor, sino todos los beneficios. Esto es lo que buscan los poderosos y los jóvenes entre vosotros, pero en una gran ciudad nunca podrán obtenerlo.
Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso (adaptado)
Pericles y la democracia
Pericles consolidó el dominio del pueblo soberano de Atenas creando por primera vez en la historia de Occidente una democracia. Por supuesto, la democracia de Pericles no ha de equipararse a la democracia moderna, porque las diferencias, tanto internas como externas son demasiado grandes. La democracia moderna es una democracia indirecta; sin duda, el poder proviene en ella del pueblo, que manifiesta su voluntad por medio del voto, pero el gobierno lo ejerce el Consejo de Ministros bajo el control del Parlamento elegido por el pueblo. En Atenas, en cambio, lo mismo que en otros estados griegos, la soberanía se encarna en la ekklesía, la Asamblea popular. Tenían derecho a formar parte de la Asamblea todos los varones, siempre que estuvieran en posesión de los derechos ciudadanos y fueran mayores de edad. Los ciudadanos presentes eran invitados por medio de un heraldo a tomar la palabra sobre los puntos que figuraban en el orden del día. Por lo regular, sin embargo, los oradores eran los individuos que habían hecho de la política la actitud de su vida, esto es, los demagogos, como se les solía llamar con cierto sentido despectivo: para estos la asamblea constituía la arena en donde desplegaban su oratoria.
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| Busto en mármol de Pericles. Copia romana (430 d.C.) |
H. Bengtson, El mundo mediterráneo en la Edad Antigua (adaptado)
Pericles y la guerra del Peloponeso
Se adelantaron primero a hablar otros muchos, cuyas opiniones estaban divididas, diciendo ya que la guerra era necesaria, ya que el decreto no fuera obstáculo para la paz, sino que lo derogasen; hasta que, adelantándose Pericles les aconsejó lo que sigue: "Continúo ateniéndome siempre a la misma opinión de no ceder ante los peloponesios, ¡oh, atenienses! Hay que convencerse de que la guerra es necesaria y de que los mayores peligros resultan para las ciudades y los individuos, los mayores honores. Nuestros padres, por ejemplo, hicieron frente a los persas y llevaron nuestra prosperidad al estado presente; y no debemos quedar detrás de ellos, sino defendernos por todos los medios de nuestros enemigos y procurar entregar esta prosperidad a nuestros descendientes no disminuida."
Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso (adaptado)
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