lunes, 15 de julio de 2013

El arte griego

Las características principales del arte griego son la armonía, la proporción y la belleza.

1. La arquitectura
La arquitectura es adintelada (los arcos, en su parte interna, tienen forma de línea recta) y utiliza como elemento sustentante la columna. Los sillares (bloques de piedra empleados en la construcción) son muy homogéneos, y el material utilizado es el mármol blanco, que luego se pintaba, aunque los colores se han perdido.
Los edificios principales son los templos. El estilo de un edificio viene dado por el tipo de columnas; así, tenemos el estilo dórico, el jónico y el corintio.
Los templos más famosos están en la Acrópolis de Atenas y son el Partenón, el Erecteion y el templo de Atenea Niké (Atenea victoriosa).
Los griegos también construyeron tumbas o sepulcros lujosos (mausoleo de Halicarnaso), teatros donde se hacían representaciones, estadios donde se celebraban carreras de carros y ejercicios gimnásticos, hipódromos para las carreras de caballos, gimnasios (lugares donde se realizaban ejercicios físicos) y palestras (escuelas de lucha) con baños, calles con columnatas y soportales destinados al paseo de los ciudadanos, puertas de ciudades, etc.
Realizaron, además, importantes obras urbanísticas (barrios) y numerosas obras públicas, como canalizaciones de aguas, entre otras.


El Partenón
Esta obra maestra fue mandada construir, entre 447 y 432 a.C.,
por Pericles en honor de la diosa Atenea.
2. La escultura
La escultura griega tiene como protagonista al ser humano, representado con cierta dosis de idealismo. La belleza, la proporción y el movimiento son sus principales características.

Época arcaica
Las figuras, hechas de piedra caliza, se caracterizan por su rigidez. Todas ellas presentan unos rostros con ojos muy grandes y con una forzada expresión de la boca (sonrisa arcaica). Los peinados tenían motivos geométricos.
Los kuroi (estatuas de muchachos de la época arcaica) son bellos ejemplos de la escultura griega.


Kuros de Anavyssos o de Creso
Encontrado en Anavyssos (Ática, Grecia) sobre la tumba de un joven guerreo caído llamado Creso. Está fechada en torno al 540 - 515 a.C. No se sabe si los kuroi son una representación de la persona específica que conmemora o son representaciones arquetípicas y simbólicas del ideal guerrero masculino. Se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
Época clásica
El Doríforo de Policleto

Representa el cuerpo humano con toda su belleza y perfección, por lo general desnudo (las esculturas femeninas se llaman venus); se pretende dotas a las figuras de movimiento y expresividad. Los materiales más utilizados eran el bronce y el mármol. Los principales escultores del siglo V a.C. fueron Mirón, Fidias y Policleto, y los del IV a.C., Lisipo, Escopas y Praxíteles.
El Doríforo de Policleto es una de las obras más reconocidas. Muestra a un joven en actitud de marcha llevando originalmente una lanza sobre el hombro. Tiene una leve sonrisa y la cabeza está girada levemente. Aunque está realizada para verla de frente, no tiene la simetría de las esculturas de épocas anteriores. No obstante, mantiene rasgos de la época arcaica, fundamentalmente en las líneas de la cintura  y caderas, excesivamente marcadas, y en los músculos planos del pecho. El original se realizó en bronce, entre los años 45o y 445 a.C., y se han conservado diversas copias de época romana en mármol.

Época helenística
Frente a las posturas serenas y los rostros tranquilos de la época clásica, las obras de este periodo pretenden mostrar los sentimientos, el esfuerzo, el dolor y la deformidad, así como escenas de la vida cotidiana. La representación de la figura humana en su juventud es sustituida por la de niños, viejos o animales, todos ellos en posturas forzadas, trágicas o majestuosas. Obras cumbre de esta época son, entre otras, la Victoria de Samotracia y Laocoonte y sus hijos.


Laocoonte y sus hijos (siglo II o siglo I a.C.)
Museos Vaticanos de Roma
3. Otras manifestaciones artísticas
De la pintura griega tenemos escasas muestras; en cambio, de la cerámica, que alcanzó un gran desarrollo artístico, han llegado hasta nosotros miles de piezas, decoradas con figuras negras y rojas. Gracias a las escenas dibujadas en las vasijas, hemos obtenido valiosa información para conocer la vida y costumbres de los griegos.

jueves, 11 de julio de 2013

Vida material y espiritual de los núcleos cristianos

Frente al mundo musulmán español, con una economía floreciente, ciudades prósperas y una cultura refinada, los pequeños núcleos cristianos del norte ofrecían un panorama francamente pobre. La economía era precaria, la cultura de un nivel muy bajo y las manifestaciones artísticas rústicas y elementales.

1. Economía, sociedad e instituciones políticas de la España cristiana
En la España cristiana, durante los siglos VIII al X, desde Galicia hasta Cataluña, predominó una economía de base agraria y de carácter prácticamente autárquico. El comercio se limitaba a lo indispensable, efectuándose muchas veces a base de trueque por la escasez de moneda. Ciudades apenas existían, si exceptuamos a León, Pamplona y Barcelona.
La sociedad evolucionaba hacia una estructura típicamente feudal, con dos clases bien diferenciadas, los nobles y los campesinos. No obstante, la sociedad de los núcleos cristianos del norte ofrecía algunos rasgos originales, debido por una parte a la persistencia de ciertos elementos propios de los pueblos que iniciaron la reconquista y por otra a la aparición de una capa de pequeños propietarios, consecuencia de la repoblación. La clase dominante era la nobleza, a su vez diferenciada en varios estratos: milites, infanzones o simples caballeros. Entre los nobles comenzaban a desarrollarse los lazos de dependencia personal característicos del feudalismo. Un grupo peculiar lo componían los caballeros villanos, gentes de extracción popular elevadas al rango de la caballería. En cuanto a las clases campesinas había notables diferencias entre los propietarios libres, grupo que tendía a desaparecer, los colonos, cada vez más abundantes (collazos en el reino asturleonés, payeses en Cataluña) y los siervos.
La organización política de estos núcleos era muy rudimentaria. El más avanzado era el reino asturleonés. Los monarcas, que en el siglo X emplearon el título imperial, se rodeaban de un "Palatium" integrado por sus más directos vasallos. El territorio estaba dividido en condados. Los situados al este del reino, en un proceso similar al de otros principados feudales de la época, buscaron la independencia, formando el núcleo denominado Castilla.

2. La cultura de la España cristiana
La vida del espíritu de la España cristiana fue muy pobre. Las escasas actividades culturales de la época se desarrollaron en los monasterios. La vida monacal había cobrado, a partir del siglo IX, un notable auge, especialmente debido al impulso de los mozárabes que emigraban desde Al-Andalus. Cabe citar, entre otros destacados monasterios que surgieron en la época, el de Samos en Galicia, Sahagún en León, S. Pedro de Cardeña en Castilla, S. Salvador de Leire en Navarra, S. Juan de la Peña en Aragón y Sª Mª de Ripoll en Cataluña. En ellos se conservaba la tradición visigoda, se cultivaba el latín (las masas populares, por el contrario, hablaban en una lengua romance, diferente de unas regiones a otras) y se copiaban manuscritos.
El foco más destacado de la actividad cultural en tierras cristianas fue el monasterio de Sª Mª de Ripoll. Allí existía en el siglo X un célebre escriptorio. Pero la fama de Ripoll obedecía a la recopilación que allí se había hecho de diversas obras científicas de origen árabe. Ripoll fue un eslabón fundamental entre la ciencia transmitida por los árabes y el mundo cristiano.

3. Arte asturiano y arte mozárabe
Interior de Santa María del Naranco
Mandada edificar como residencia por Ramiro I, su
construcción finaliza en el año 842 y se transformó en iglesia
en el siglo XII.
El arte de los núcleos cristianos, en comparación con la magnificencia en las edificaciones cordobesas de la época, es modesto, pero no exento de interés.
El arte asturiano, desarrollado básicamente a los largo del siglo IX, es de carácter rústico. La arquitectura tiene como notas distintivas la mampostería, las columnas de fuste estriado, los arcos de medio punto peraltrados y, rasgo fundamental, la bóveda de cañón, solución que anticipa al Románico. Sus principales identificaciones datan de mediados del siglo IX, del reinado de Ramiro I, y se localizan a pocos kilómetros de la ciudad de Oviedo: el supuesto palacio de Santa María del Naranco y las pequeñas iglesias de Santa Cristina de Lena y San Miguel de Lillo.


San Miguel de Lillo
Ramiro I mandó construir esta pequeña iglesia en el año 842, a poca distancia del palacio de Santa María del Naranco.
Cruz de los Ángeles
Catedral de Oviedo
Tuvo gran importancia en tierras astures el arte industrial, derivado del visigodo y del que son buenos ejemplos las Cruces de los Ángeles y de la Victoria.
El contacto de la tradición visigoda con la influencia musulmana dio lugar al nacimiento del llamado arte mozárabe, cuya actividad básica se desarrollo en el siglo X y que floreció tanto en Al-Andalus como en la España cristiana, aunque fundamentalmente en esta última. Típico del arte mozárabe es el arco de herradura. Tanto en el aparejo como en la cubierta de los edificios adoptaron gran variedad de soluciones. Iglesias destacadas de este estilo son las de San Miguel de Celanova (Orense), San Miguel de Escalada (León), San Cebrián de Mazote (Valladolid) y San Baudilio de Berlanga (Soria), de gran originalidad esta última por su pilar central.


En tierras mesetarias floreció en el siglo X el arte mozárabe, que recogía elementos de origen musulmán como el arco de herradura. De gran originalidad es la Iglesia de San Baudilio de Berlanga (Soria), construida a finales del siglo XI, y presenta este singular pilar central.
Cataluña vivió, en cierto modo, al margen de estas corrientes. San Miguel de Tarrasa, iglesia del siglo IX, denota la persistencia de la tradición visigoda. San Quirce de Pedret, ejemplar característico del mozárabe catalán, demuestra la importancia de los contactos con Europa. En el siglo X alcanzó un gran desarrollo en tierras hispanas la miniatura. Los textos más variados (Biblias, Comentarios al Apocalipsis...) se ilustran con unas pinturas ingenuas pero de una gran expresividad.

miércoles, 3 de julio de 2013

La cultura en sentido dinámico

Sincronía y diacronía son dos términos de frecuente utilización en el lenguaje de los antropólogos modernos, correspondiendo a un enfoque que centra su interés en el estudio de la estructura y funciones de la sociedad, para el primer caso, y los procesos de cambio para el segundo.
Todas las sociedades, incluso aquellos pueblos denominados primitivos y que falsamente se han conceptuado como estáticos y hasta sin historia, han evolucionado en algún grado por pequeño que sea e, igualmente, se han visto sometidos a alguna influencia de otras sociedades; el aislamiento total en la práctica tampoco existe.
En la historia de la antropología han aparecido diversas corrientes básicas que han intentado explicar el proceso de cambio y las causas y mecanismos por los que éstos tienen lugar. En un orden cronológico, el evolucionismo, ya en el siglo XIX, ofreció teorías al efecto muy importantes para la época, pero que a la luz de los niveles actuales de conocimiento se nos presentan como imprecisas y plagadas de inexactitud. A este respecto, uno de los conceptos más manipulados por los evolucionistas del siglo XIX ha sido el paralelismo cultural.
De acuerdo con el paralelismo cultural, sociedades distintas y hasta alejadas, pero que atraviesan por situaciones similares, tendrán producciones culturales semejantes. El fallo de esta teoría no está en que no sea cierta, sino en que fue utilizada abusivamente por los primeros antropólogos para dar una explicación automática, rígida y unilateral de la evolución de las sociedades.
Sin embargo, las diversas culturas desperdigadas a todo lo largo y ancho de la geografía mundial dan una buena cantidad de ejemplos en los que se manifiesta el paralelismo. La Antropología puede ofrecer muchos ejemplos de rasgos culturales cuya aparición es fruto indudable del paralelismo cultural.
Pero la aparición, en varios lugares o sociedades diferentes y sin conexión alguna, de un mismo fenómeno o rasgo cultural no sólo se debe al paralelismo cultural, sino que puede ser efecto de lo que los antropólogos denominan convergencia, consistente en el desarrollo de características similares en unos rasgos que los configuran externamente como iguales o muy cercanos a los aparecidos en otra sociedad, pero derivando ambos de circunstancias culturales diferentes e, incluso, teniendo una utilización marcadamente distinta.
El uso excesivo del paralelismo cultural por los evolucionistas tuvo como consecuencia el que surgiera una escuela que reaccionó radicalmente en la concepción del cambio cultural: el difusionismo.
Según esta escuela, la dinámica de la cultura provenía principalmente de préstamos y legados de rasgos o complejos culturales transmitidos por el contacto de unas sociedades con otras. El extremismo de las posiciones de los difusionistas fue aún mayor que en el caso de los evolucionistas que les antecedieron.
El error de los difusionistas es el de querer hacer del préstamo y del contacto de culturas el único instrumento del cambio cultural, lo mismo que sucedió con respecto al paralelismo cultural en el caso de los evolucionistas del siglo XIX. No obstante, es evidente que tanto el préstamo como el paralelismo son factores del metabolismo cultural, no dándose la exclusividad de ninguno de estos factores. En unas sociedades y en determinados momentos históricos predominará uno de ellos; en tanto que en otros lugares o circunstancias será el otro el principal determinante del cambio. En lo que respecta al difusionismo tampoco puede ser ni ridiculizado ni descartado, pues son variadas e importantes las aportaciones que muchos de sus representantes han hecho para el desarrollo de la Antropología, y sobre todo para ciencias tan afines como la Paleoantropología, Arqueología e Historia.
En la sociedad industrial el papel de la difusión es quizás más importante que en cualquier otra sociedad o momento histórico anterior. La influencia, ya obsesiva, de los medios de comunicación social; la constante movilidad espacial, y el peso de los intercambios, han hecho que la cultura de los países más avanzados tecnológicamente y aquellos que denominamos civilizados esté integrada por un vasto conjunto de legados de múltiples culturas.
Dentro de la secuencia de acción-reacción que se manifiesta en las diversas escuelas de la teoría socioantropológica, el funcionalismo viene a representar la reacción frente a las tesis sostenidas por no sólo los difusionistas e historicistas, sino también por los evolucionistas. Para el funcionalismo, el centro principal de su interés es el de la integración de las diversas partes que forman una sociedad o de los elementos de una cultura. Según el propio Malinowski, esta escuela pretende explicar los hechos antropológicos a todos los niveles de desarrollo, por la función que desempeñan dentro del sistema integral de la cultura; por la manera en que se relacionan recíprocamente dentro de sus respectivos sistemas y por la manera en que este sistema está relacionado con su escenario físico. Por lo tanto, para los participantes de esta orientación teórica, los estudios de difusión tienen poca o ninguna importancia. Las reconstrucciones históricas en particular, y la dimensión temporal en general, son aspectos que no entran en la perspectiva del funcionalismo.

Para los funcionalistas, el objeto científico del investigador es el de explicar el funcionamiento de la sociedad considerándola una totalidad de partes interdependientes e interrelacionadas, y analizar las relaciones existentes entre las diversas partes entre sí, lo mismo que la de cada una de las partes con el todo. El centro del interés de los funcionalistas es la contribución al orden social y las consecuencias que ello entraña para la sociedad, sus grupos y sus instituciones. Integración, ajuste, equilibrio, siempre referido a un sistema social específico, son los términos que se repiten como una constante en todas las conclusiones de los trabajos de los integrantes de las filas del funcionalismo. Incluso la supervivencia de un rasgo como legado del pasado es negada por esta escuela, que afirma que si continúa manifestándose en la actualidad es debido a que sigue cumpliendo alguna función. En las culturas todo es funcional.
Por último, y sin que se pretenda ser exhaustivo en la exposición del enfoque del proceso de cambio y de la evolución de la sociedad, es necesario mencionar a los marxistas, olvidados durante un largo paréntesis, pero cuyo enfoque va cobrando cada vez una importancia mayor en la moderna antropología. La cultura tal como se entiende en Antropología Social, y no en su concepción vulgar, se encuentra en buena parte dentro de lo que en el esquema marxista es la superestructura, y en menor medida también en la infraestructura o modo de producción imperante en una sociedad. La dependencia de la primera por la segunda hace que el cambio quede determinado por los factores económicos pero no de un modo total y absoluto sino de modo sólo predominante, pues se admite secundariamente la posibilidad de que sea afectado por un amplio haz de influencias. Pero lo que quizás es la mayor aportación del marxismo a la Antropología es el préstamo de su método de análisis de la sociedad a cualquier proceso de cambio, que nunca pierde de vista las relaciones de producción y distribución en estrecha relación con la estructura social. El esquema de análisis marxista se está aplicando actualmente hasta en el estudio de las llamadas sociedades primitivas, a las que también se las ha denominado sociedades “preclasistas”.
Otra manera de enfocar la problemática de la cultura en su sentido dinámico o del cambio socio-cultural, si es que preferimos llamarle de esa forma, es a través de la incidencia que en él tienen dos fenómenos de gran trascendencia en el metabolismo social como son el descubrimiento y la invención, a los que se debe en buena parte el contenido de cada respectiva cultura.
Por descubrimiento se entiende todo aquello que aumenta el conocimiento de nuestro bagaje cultural y la invención es un paso más en el descubrimiento; viene a suponer la aplicación de los conocimientos a los nuevos elementos activos que se desarrollan dentro del marco de una cultura y sociedad determinada. La invención implica una dosis de racionalidad, la comprensión del valor del descubrimiento y una proyección pragmática en la utilidad que de él se hace.
El surgimiento de invenciones sólo es posible dentro de ciertos límites que marcan un haz de posibilidades en la cultura de un pueblo. Dentro de un grupo social con una cultura del tipo como la compartida por los aborígenes australianos o los bosquimanos es absolutamente imposible que nadie, aunque estuviera dotado del coeficiente intelectual más alto que pueda darse en la tierra, fuera capaz de producir un tratado de lógica matemática o inventar la máquina de vapor.

El elemento que promueve el surgimiento de descubrimientos y mucho más de las invenciones, es la necesidad social. El que un grupo necesite, bien de un modo manifiesto o latente, de la aparición de un nuevo elemento dentro de su cultura facilita el que éste surja, y que cuando aparezca se incorpore rápidamente a la cultura. En la historia de la Humanidad se han dado muchas ocasiones en las que, habiéndose producido invenciones, éstas han estado relegadas durante mucho tiempo o, incluso, han desaparecido a causa de la inexistencia de una auténtica necesidad social, o porque las peculiaridades de la estructura social hicieran inaplicable la utilidad del invento.
Es interesante la teoría, sostenida por Ralph Linton, de que es frecuente que el inventor corresponda a una persona atípica dentro de su grupo social. Se da esta situación de atipicidad porque siente las insuficiencias de su cultura y él está dispuesto a alterar el modo de vida y la normativa de su grupo. Es por lo tanto una figura similar a la señalada por Malinowski, cuando resalta el papel de innovador o precursor que tiene el transgresor. Pero en cualquier caso, hay que tener en cuenta que el inventor, como en el sentido más general el transgresor, es un producto de su propia sociedad y cultura. El cambio es un valor deseado y la propia sociedad prepara a grupos selectos para que vayan creando y acelerando el proceso de cambio.
Por muy importante que sea la influencia de invención y de los inventores, ya se ha dicho que el cambio no se da solamente por un solo tipo de factores, ni de un modo definido. Junto con las modificaciones que se originan en una cultura de modo endógeno, están las que tienen lugar exógenamente; los contactos y las asimilaciones de valores ajenos son un elemento de primordial valor en la evolución de las sociedades. El éxito de muchos pueblos y la constitución de civilizaciones se ha debido en buena parte a este poder de asimilación y de apropiación de lo ajeno.
Choque cultural es el término que utilizan los antropólogos sociales para designar el proceso en el cual entran en contacto dos o más sociedades con culturas diferentes. El choque cultural, a pesar de que puede mover a resonancias violentas, no sólo se produce por guerras o conflictos, sino que puede tener lugar de un modo pacífico y continuado hasta el punto de que los propios afectados sean inconscientes de ello; tal es el caso de la influencia que en la actualidad tiene el consumo, los medios de comunicación de masas, o la acción mimética ejercida por el turismo.
Los resultados del choque cultural pueden revestir diferentes formas como consecuencia del diverso proceso histórico en el que tienen lugar los contactos, las especiales características de las estructuras de los grupos sociales y la clase e intensidad de las relaciones. En tres tipos principales se pueden agrupar estos resultados: en los fenómenos de amalgamación, acomodación y asimilación.
La amalgamación tiene lugar cuando, como resultado de la acción de los contactos, las sociedades interrelacionadas llegan a adoptar una cultura común similar, formada con rasgos y complejos de rasgos pertenecientes a las culturas particulares de cada sociedad.
En la acomodación todas las culturas forman parte de las otras con las que entran en contacto, pero conservando su fisonomía particular. Se pueden encontrar muchos ejemplos de acomodación en los pueblos sometidos a una influencia colonial que no ha sido lo suficientemente fuerte para acabar con todas las particularidades del pueblo dominado e imponer las del dominador con una transformación de ésta.
La asimilación acontece cuando una cultura se convierte en parte de otra que la absorbe paulatinamente. En el proceso histórico de la conquista y colonización se pueden apreciar numerosos casos de fenómenos de asimilación.
Dentro de los resultados del choque de culturas, y tanto en la acomodación como en la amalgamación o en la asimilación, puede aparecer el curioso y frecuente fenómeno constituido por el sincretismo. Con este término, que forma parte del vocabulario específico de los antropólogos, se designa la reinterpretación por una cultura de los rasgos o complejos legados por otra. Es la adscripción de antiguos significados a una situación diferente. En el sincretismo, del que se encuentran numerosas manifestaciones en los aspectos religiosos, una nueva forma suele servir de inconsciente camuflaje a instituciones que se antojan ya desaparecidas. También puede ocurrir que nuevos valores modifiquen el significado de instituciones anteriores.
Tomamos en cuenta la transculturación, como las consecuencias del resultado del choque cultural cuando se dan las siguientes características: 1º) afecta a grupos enteros o a su mayor parte; 2º) tiende a la formación de una nueva cultura; y 3º) esta nueva cultura que se origina aparece con una clara tendencia totalizadora sustituyendo a la que pudiera existir anteriormente. Un notable ejemplo de transculturación lo tenemos en las sociedades conquistadas por los españoles en América.

Por otro lado, la aculturación se realiza principalmente a nivel individual; puede proceder de diversas culturas, y tiene un carácter parcial. Tal es el caso de la influencia que ha ejercido el turismo masivo sobre algunos lugares de la costa española o del Norte de México. También es el caso de las modificaciones culturales creadas por la televisión u otros medios de comunicación de masas.
En cualquier caso, el resultado del choque cultural viene dado por una gran variedad de factores. Aquí, como en el caso de los cambios con origen interno, como sucede con las invenciones, las características de la estructura social de los grupos humanos que entran en contacto tiene mucha importancia, e igualmente también importa lo que más adelante denominaremos necesidad social.
Por ejemplo, es interesante resaltar el hecho de que como ningún individuo participa totalmente de todo el conjunto de aspectos de la cultura de su sociedad, los resultados del contacto entre varias culturas vendrán dado por el tipo de los sujetos a través de los cuales se llevan a efecto. Si el contacto es comercial, serán los productos comerciales y las prácticas mercantiles las que se transmitan o modifiquen; si el vehículo de transculturación son los ejércitos, sería normal que las prácticas de la soldadesca sea lo que se transmita, como serán los materiales e instituciones genéricamente consideradas masculinas, si son hombres los que entran en contacto, o femeninas si son mujeres.

En los procesos de cambios culturales no todo es acumulativo o mutante, también puede ocurrir lo contrario, o sea que se produzca un retroceso, que una cultura pierda u olvide rasgos que hasta ese momento pertenecían a su patrimonio. Cuando se produce una situación de esta índole se dice que ha acontecido una deculturación.

sábado, 29 de junio de 2013

Historia de Grecia: De la época oscura al período clásico

1. La época oscura
Está comprendida entre los siglos XI y VIII a.C. Ya al inicio de este período, el pueblo dorio estaba instalado en amplias áreas de Grecia, donde fundaron varios reinos, entre los que destaca Esparta.
Se trata de una época de enorme confusión e inestabilidad, de profundos cambios. Entre estos últimos destacan la utilización del hierro, que pone fin a la Edad del Bronce; la producción de la primera cerámica con motivos geométricos, la adopción del alfabeto fenicio y la consolidación de una novedosa estructura sociopolítica: la polis.

La polis
La polis es una ciudad-estado, es decir, se trata de un núcleo urbano con un territorio extramuros más o menos extenso. Eran entidades completamente independientes, con un sistema de gobierno monárquico dirigido por el propietario más poderoso de la ciudad.
Cada una de las polis contaba con sus leyes propias, sistemas de pesos y medidas particulares, monedas diferentes y dioses protectores propios.
Esta amalgama de tan diferentes elementos constituía la patria del hombre y la mujer griegos.

2. La época arcaica
Cerámica geométrica de época
arcaica (760 a.C.)

Museo Nacional de Atenas

Durante este período, que se extiende desde el siglo VIII al V a.C., los griegos conformaron una comunidad cultural frente a los pueblos vecinos. Compartían todos una misma lengua, una misma religión y unos juegos comunes. Todo ello los distinguía de los otros pueblos, a quienes los griegos llamaban "bárbaros", es decir, "no griegos".
En esta época arcaica, la clase social predominante era una minoría de privilegiados por nacimiento y por fortuna, que poseían las tierras y la autoridad, conformando un régimen oligárquico (del griego, oligos, "pocos"; arjé, "poder"). Esta situación política, junto con la creciente presión demográfica en los centros urbanos, forzó las numerosas colonizaciones que se produjeron en todo el Mediterráneo.
Esta colonización favoreció la economía, con lo cual los más necesitados mejoraron sus condiciones de vida. La favorable situación económica impulsó una reivindicación de derechos políticos que mejoraran también su situación social.
En esta época, un reducido grupo de grandes propietarios controlaba toda la riqueza agrícola y ganadera. Por debajo de estos propietarios estaban los artesanos, hombres libres que ejercían profesiones como carpintero, herrero, etc.
En un estrato inferior estaban los extranjeros, que trabajaban como peones a cambio de un salario mínimo. Estos últimos carecían por completo de derechos políticos.
Y por debajo de los extranjeros estaban los esclavos, que eran considerados "cosas" y no personas. Los esclavos eran simple mercancía; podían ser vendidos como un objeto.
El desarrollo de la vida urbana acentuó las divisiones entre ricos y pobres, y la sociedad se fue organizando en grupos. Surgieron las revueltas sociales, en las que los grupos más desfavorecidos exigieron derechos políticos. Si bien se trató de un fenómeno generalizado en todas las polis griegas, fue en Atenas donde estas revueltas alcanzaron un mayor desarrollo.

Atenas
Acrópolis de Atenas
Al principio de esta época, el poder estaba en manos de los magistrados y del Consejo (llamado Areópago), cuyos miembros pertenecían a las más altas clases sociales. Los cargos eran anuales.
Muy pronto, el pueblo se quejó de cómo funcionaba la justicia en manos de los nobles, ya que estos la administraban según leyes no escritas que en la mayoría de los casos resultaban injustas. Por eso pidieron un código de leyes escritas. Y esa fue la tarea de Dracón, quien elaboró un código tan severo, que se decía que estaba escrito "con sangre", pero que seguía favoreciendo a los nobles (de ahí procede la expresión "condiciones draconianas" o "contrato dacroniano"). El pueblo seguía en desventaja frente a los ciudadanos más poderosos, y eso les llevó a pedir una nueva reforma de las leyes. Solón fue el hombre encargado de modificar el código de Dracón.

La reforma de Solón
Su idea de justicia era un concepto de solidaridad entre el ciudadano y la ciudad: una justicia impuesta por medio de leyes, que combinase los derechos de todos y basada en una moderación que impidiera tanto la excesiva riqueza como la pobreza. Solón fue nombrado arconte (así se llamaba a los magistrados) para que hiciese de mediador entre los nobles y el pueblo. Su primera acción fue anular las querellas judiciales que estaban en marcha y proclamar la amnistía para los exiliados políticos. A continuación, llevó a cabo una gran reforma política y social: dividió a los ciudadanos en cuatro clases según sus riquezas; prohibió que los deudores fueran vendidos como esclavos; limitó la potestad paterna sobre los hijos, impidiendo que el padre pudiese matar a su hijo como castigo; orientó a todo el pueblo hacia el trabajo e hizo de la mendicidad un delito castigado con multa; privó de pensión alimentaria al padre que no hubiera hecho aprender un oficio a su hijo; estableció leyes para desarrollar la agricultura y favorecer la situación económica de los pequeños propietarios; creó una moneda nacional, e hizo jurar a los magistrados y a todos los ciudadanos la aceptación de las leyes. Este juramento fue también obligatorio para los atenienses que llegaban a la mayoría de edad.

Continuadores de Solón
Después de retirarse Solón, las clases sociales se organizaron en partidos políticos para poder defender mejor sus intereses.
Debemos tener en cuenta que los nobles y ricos eran todavía los que más poder tenían, ya que eran los únicos que podían acceder al cargo de magistrado. El descontento de las clases sociales más desfavorecidas crecía, lo que provocó la toma del poder de Pisístrato, quien se convirtió rápidamente en principal dirigente de los sectores populares. Favoreció a los pobres y solucionó los problemas de abuso que ejercían los nobles. Instituyó la tiranía como forma de gobierno unipersonal y, durante los diecinueve años que permaneció en el poder, continuó la obra realizada por Solón: procuró trabajo en el campo a los parados; creó magistrados para inspeccionar las explotaciones agrícolas; promovió grandes obras públicas en las ciudades; creó un banco para los campesinos, y desarrolló el comercio y la agricultura.
Durante el mandato de Pisístrato, Atenas tuvo paz y prosperidad económica, lo cual despejó el camino hacia la democracia.
Las bondades de la tiranía de Pisístrato desaparecieron con su sucesor, que cerró el ciclo de la tiranía y abrió definitivamente el camino hacia la democracia, uno de los mayores logros de la sociedad griega.
El tan deseado orden social solo pudo encontrarse por medio de la justicia, una justicia igual para todos. La justicia representaba para los griegos lo contrario del desorden y de la violencia. Lo extraordinario de ese momento es que se consiguió establecer una diferencia entre el concepto de tiranía y el concepto de justicia: la tiranía imponía obediencia mediante duras penas y castigos. En cambio, la justicia ponía orden; pero, para conseguirlo, lo importante era que cada uno fuese libre.
Y he aquí el gran paso que dio Grecia: sentir la necesidad de unos derechos iguales para todos bajo una constitución legal. Así nació el concepto de ley como "alma" de la ciudad. Una ciudad funciona si tiene sus propias leyes. Y estas leyes deben ser respetadas por todos los ciudadanos: en parte, porque en ellas se trata a todos de igual forma, no hay distinciones por nacimiento o fortuna, pero también porque las leyes no responden al capricho del legislador, ya que éste las redacta por inspiración de los dioses (la ley, por tanto, era de naturaleza divina).
La constitución legal supuso una limitación del poder de los magistrados, que permitía proteger a los ciudadanos.

3. La época clásica
Clístenes
Este período de la historia griega se confunde con la propia historia de la ciudad de Atenas, pues su preponderancia y brillo oscurecieron al resto de las polis griegas. Dos nombres sobresalen en esta época: Clístenes y Pericles.
Clístenes fue quien impulsó la verdadera democracia en Atenas. Aportó los siguientes cambios: instituyó la isonomía, según la cual todos los ciudadanos eran iguales ante la ley, no importa cuál fuera su origen; se introdujo la ley del ostracismo, por la cual el ciudadano que fuera considerado una amenaza para el Estado podía ser desterrado durante diez años. El objetivo de esta última ley era evitar un posible regreso del tirano Pisístrato. El pueblo deliberaba anualmente acerca de si era oportuno poner en práctica este procedimiento legal. En caso afirmativo, se celebraba una asamblea general, en la que cada ciudadano inscribía, en un tejo de barro (que en griego se llama óstrakon), el nombre de aquel a quien fuese preciso expulsar por el bien público. Si se conseguían reunir 6.000 votos contra un mismo ciudadano, éste debía abandonar Atenas, camino del exilio, durante diez años.
Clístenes impuso también el servicio militar obligatorio y reformó el órgano de gobierno, constituyendo un Consejo de 500 miembros (50 de cada una de las diez tribus), elegidos entre los ciudadanos de más de 30 años. El Consejo preparaba todos los asuntos, que serían aprobados por una Asamblea popular. La Asamblea, a su vez, elegía a los magistrados.

Pericles
Es el máximo representante de la consolidación de la democracia ateniense. En primer lugar, Pericles anuló el poder del Areópago, que estaba compuesto por los más poderosos ciudadanos y que representaba un reducto del poder oligárquico. También separó los poderes legislativo (Asamblea) y ejecutivo (magistrados).
Apuntaló el sistema con dos reformas esenciales. Por una parte, blindó el Código legislativo: protegió las leyes frente a posibles reformas por parte de quienes quisieran cambiarlas a la ligera. No quería que las leyes fuesen modificadas demasiado rápido. Con ello protegía la constitución democrática. Por otra, decidió que todos los que ocuparan un cargo público recibieran un pago por ello, con lo que garantizaba una participación real, al permitir a los pobres el acceso a los cargos públicos.

Primacía de Atenas
Atenas constituyó una confederación marítima con varias ciudades del mar Egeo. Su objetivo era librarse de la presión que ejercían los persas sobre los griegos, amenazados por el rey Darío, que aspiraba a dominar los territorios europeos de Grecia y extender con ellos su vasto imperio.
En su primer enfrentamiento, en la Primera Guerra Médica, el ejército persa fue derrotado por los atenienses en Maratón.
En la Segunda Guerra Médica, Jerjes, sucesor de Darío, formó un gran ejército para conquistar Grecia. Los persas derrotaron -por tierra- a las tropas espartanas en las Termópilas y se apoderaron de Atenas. Pero la batalla siguió en el mar, y la flota griega venció a los persas en la batalla de Salamina.
Los leones de la isla de Delos
simbolizan la resistencia de los
griegos frente a los persas
en las guerras médicas.
Atenas aprovechó la hegemonía alcanzada gracias a su victoria sobre los persas para imponer su poder. Utilizó la confederación marítima que había establecido con otras ciudades griegas (conocida como Liga de Delos) para imponer un verdadero control sobre ellas. La hegemonía ateniense despertó la hostilidad de Esparta, que terminaría enfrentándose junto a las otras ciudades de la Liga -que habían sido relegadas a un segundo plano- contra Atenas. Este conflicto condujo a la guerra del Peloponeso, en la que se enfrentaron los dos bloques griegos, y fue la guerra más sangrienta que padecieron los helenos.
Esparta salió victoriosa, y los griegos volvieron a tener gobiernos oligárquicos. 

viernes, 14 de junio de 2013

El método socrático

Sócrates afirmaba el carácter innato del conocimiento: según él, los seres humanos poseen ideas innatas de las que, sin embargo, no son conscientes, no se dan cuenta; por consiguiente, para investigar la verdad debemos examinar los contenidos que se encuentran en nosotros, en nuestra alma, como indicaba la inscripción de Delfos, el principio de la sabiduría radica en el conocimiento de uno mismo: "Conócete a ti mismo".
El método adecuado para llevar a cabo esta tarea consiste en un proceso inductivo que por medio del diálogo (método dialéctico), partiendo de los conocimientos aparentes, de las opiniones ingenuas y comunes, y de los prejuicios cotidianos logra descubrir la verdad. En este proceso podemos distinguir dos momentos: un primer momento negativo o refutación y otro positivo o mayéutica.

La refutación consiste en hacer ver a nuestros interlocutores que los conocimientos que creían ciertos e indudables no son tales. Sócrates salía al ágora y allí interrogaba al artista, al maestro, al general y sirviéndose de ciertas preguntas atinadas les hacía cobrar conciencia de su ignorancia. La refutación, pues, ponía de manifiesto que aquellas opiniones que parecían ciertas e indubitables eran problemáticas, falsas o carecían de fundamento. De este modo, conducía al interlocutor a una situación sin salida aparente en la que todos los conocimientos se tornaban problemáticos: "Sólo sé que no sé nada" (ironía socrática). En este punto, comenzaba el segundo momento, la mayéutica, que consistía en que, una vez eliminadas las falsas opiniones, los propios interlocutores pudieran encontrar en sí mismos la verdad.


Sócrates
(470-399 a.C.)
Sócrates, que era hijo de un escultor y de una comadrona, comparaba su oficio con el de sus progenitores: de la misma manera que su padre no "construía" estatuas, sino que ante un bloque de mármol se limitaba a eliminar las partes sobrantes hasta permitir que surgiera la figura que previamente existía en el interior, y de idéntico modo a su madre que ayudaba a dar a luz los niños concebidos con anterioridad por otras mujeres, pero ella no los concebía; así, él tampoco enseñaba nada, sino que se limitaba a orientar a sus discípulos para ellos hallaran las verdades que, con anterioridad, residían en sí mismos, en su interior, en su alma (innatismo); esto es, en opinión de este pensador el auténtico conocimiento consiste en traer a la consciencia los contenidos -las ideas- que previamente se encuentran en el alma de modo inconsciente.

1. El conocimiento universal
El método socrático, pues, consiste en un proceso inductivo en virtud del cual de la pluralidad accedemos a la unidad, de los conocimientos poco rigurosos y siempre dudosos o falsos al conocimiento intelectual, es decir, al conocimiento universal. Mediante la refutación se eliminan los prejuicios, los saberes parciales, las apariencias y gracias a la mayéutica se alcanza el concepto universal, que expresa la esencia inmanente a todas las cosas de una misma especie, lo que hace que las cosas sean lo que son. Por ejemplo, examinando muchas cosas bellas podemos llegar a determinar la esencia de la belleza; analizando varios comportamientos justos, la esencia de la justicia, etc.
Pero entre todos los conceptos universales o a través de todas las esencias, los que más interesan a Sócrates son los morales, esto es, aquéllos mediante los cuales podemos ordenar nuestra conducta y averiguar nuestras obligaciones y nuestros deberes. Se trata, pues, de conocer el bien, la virtud, la justicia, etc., para ser buenos, virtuosos y justos.

2. El intelectualismo moral socrático
Según este filósofo, desde el punto de vista moral, el bien y la virtud proporcionan la auténtica felicidad. Consecuentemente, si la virtud y el bien otorgan la auténtica felicidad nadie obrará mal intencionadamente, pues nadie querrá ser infeliz o desgraciado.
De este modo, Sócrates concluyó en un intelectualismo moral, según el cual se identifica el bien con el saber y el mal con la ignorancia: el sabio es bueno y el malo es ignorante, basta saber qué es el bien y la virtud para ser buenos y virtuosos o, expresado de otro modo, nadie se equivoca queriendo, por tanto, quien obra mal es porque no sabe.
Las consecuencias sociales de esta postura saltan a la vista: eduquemos, ilustremos a las personas y las haremos buenas; fuera las cárceles y los castigos, pues en el fondo nadie es culpable sino ignorante. Por otra parte, desde estos principios se puede entender mejor la pasión con que Sócrates se entregó a su misión de procurar educar a sus convecinos atenienses.
Desde la óptica de nuestro tiempo, no obstante, parece dudoso que se pueda mantener la ecuación: sabiduría = bondad = felicidad, pues la Historia nos ha mostrado que no siempre el saber se utilizó de manera correcta, sólo hay que recordar los horrores nazis o estalinistas para reconocer que allí no faltaba sabiduría, sino, al contrario, es evidente que una cosa es conocer lo que debemos hacer y otra, distinta, hacerlo; pues junto a las facultades intelectivas, los seres humanos poseen también determinadas pasiones, ciertos egoísmos y algunas tendencias instintivas, etc., que pueden desviarles de su camino moral. Ahora bien, a pesar de lo analizado y, aunque no sea suficiente saber para obrar bien, resulta evidente que debemos esforzarnos, de modo primario, en conocer lo que debemos hacer, pues sólo así podremos hacerlo.

domingo, 26 de mayo de 2013

Las distintas condiciones de humedad de la Península Ibérica

La Península, por su situación, es mediterránea. No obstante existe una Iberia húmeda que la dota de gran personalidad.

1. La Iberia húmeda
Se extiende por el norte de Portugal, el noroeste de la Península, costa cantábrica, Pirineos y algunas montañas interiores. Se caracteriza por no tener ningún mes seco (menos de 30mm); por un elevado número de días con precipitaciones (150-175); por índices elevados (más de 800 mm); y por la distribución regular de las precipitaciones (Gijón en verano recibe el 17% de las precipitaciones; Sevilla sólo el 2,5%).
Se explica el régimen y el elevado índice por la dinámica atmosférica y por la disposición del relieve: el Frente Polar afecta a este dominio incluso en verano; las cordilleras, por otra parte, son pantallas de condensación. Al sur existen estaciones, con uno o dos meses secos, semihúmedas.



2. La Iberia de veranos secos
En ella podemos distinguir tres subconjuntos:
a) Dominio de precipitaciones equinocciales separadas por dos mínimos. Comprende las dos Castillas, el sector central del Sistema Ibérico y el Valle del Ebro. En este dominio las precipitaciones se reciben en otoño y sobre todo en primavera. El verano (tres meses) y el invierno (dos meses) constituyen dos mínimos pronunciados. El número de días de precipitaciones oscila de 60 a 100. Y el total de precipitaciones entre 300 y 500 mm.
Estas condiciones se explican por la dinámica atmosférica y el relieve: el mínimo de verano está determinado por la influencia del anticiclón de las Azores; el de invierno por la persistencia anticiclonal; el otoño y la primavera están libres para el paso del Frente Polar. Estas situaciones explican el escaso número de días de precipitación. La ausencia de pantallas condensadoras en las amplias llanuras explica los bajos índices.
b) El dominio de lluvias de otoño. Comprende la costa mediterránea, desde Gerona a Murcia, incluyendo Baleares. Presenta un régimen de dos máximos equinocciales, muy destacado el otoño, y los mínimos de verano e invierno, como el conjunto anterior. En el otoño se reciben abundantes precipitaciones (45% del total anual en Valencia, 42% en Murcia, 38% en Tarragona) y de gran intensidad horaria (en Valencia 630 mm en un día, en 1957; en Esparraguera, en Cataluña, 285 mm en un día), de tal manera que pueden llegar a recibir el 29% de las precipitaciones anuales en un sólo día de otoño o casi la mitad en un sólo mes. Se explican tan irregulares y abundantes precipitaciones por la influencia del Frente Polar, pero sobre todo por la del Frente Mediterráneo y activas gotas frías, en los mismos meses. Por lo demás, el número de días de precipitaciones es de 60 a 75 y las precipitaciones globales oscilan entre 400 y 500 mm.
c) El dominio de precipitaciones de otoño-invierno. Se extiende por Extremadura, sur de Portugal y Andalucía. Presenta un mínimo estival muy acusado de 4 ó 5 meses secos. El número de días de precipitación oscila entre 80 y 120, y el índice global, de 450 a 650 mm. La prolongada sequía estival se explica por la persistencia del anticiclón de las Azores; y las precipitaciones de invierno por el paso de las borrascas suratlánticas del Frente Polar, el Frente Sahariano y las gotas frías de penetración suroeste.

Aridez en el sureste español
Se refleja en la ausencia de manto vegetal.
3. La Iberia siempre seca
Corresponde al sureste de la Península, desde el golfo de Almería hasta el cabo de Palos, pudiendo también incluir, aunque no tan claramente, a Murcia y Alicante. Es un dominio original en Europa, caracterizado por su acentuada aridez. A lo largo del año tan sólo llueve unos 40 días; las precipitaciones, concentradas en pocas horas, son muy irregulares. Por ello 9 ó 10 meses son secos (Almería, Cartagena) y tan sólo se reciben lluvias en otoño y alguna en invierno. El volumen global de precipitaciones es escaso, inferior a los 350 mm e incluso a los 250 mm. Es un dominio subárido.
La dinámica atmosférica explica una parte de esta aridez: en primavera y otoño el Frente Polar circula algo más al norte; las gotas frías del otoño le afectan en el área de subsidencia. Pero la responsabilidad mayor se encuentra en el relieve: la Penibética actúa de pantalla de sombra frente a las borrascas suratlánticas de otoño y de invierno, dejando al sureste libre de precipitaciones. La explotación agrícola ha tenido que adaptarse.

En definitiva, dos dominios claramente definidos, la Iberia húmeda y la seca. En la segunda la irregularidad de índices entre unos años y otros, la irregularidad en la distribución anual, la fuerte intensidad horaria de los aguaceros y la acusada aridez estival, son aspectos que la convierten en península mediterránea. La diferencia con Europa Occidental no consiste tanto en los índices (Barcelona con 594 mm es tan lluviosa como París o Londres) sino en la distribución anual. En gran parte de la Península no coinciden elevadas temperaturas y precipitaciones. Aplicando distintos métodos para calcular la aridez, la Península se presenta como semiárida en un 60-75%.

jueves, 23 de mayo de 2013

Grecia: las letras y las ciencias

Los griegos cultivaron las artes y las ciencias, y su legado cultural sigue vigente en nuestros días. Ellos establecieron los conocimientos básicos de la civilización occidental.

1. La filosofía
Surgió en Grecia cuando varios pensadores intentaron explicar el origen y la naturaleza del ser humano y de todo lo que le rodea. Los filósofos más importantes fueron Sócrates, Platón y Aristóteles.

2. La literatura
Además de cultivar la poesía, los griegos inventaron el teatro (tragedia y comedia). Los primeros poemas épicos, género de poesía que narra hazañas guerreras o hechos admirables de héroes individuales o de pueblos enteros, que se conocen son la Ilíada y la Odisea; escritos por Homero, estaban pensados para ser recitados o cantados y sirvieron para unificar la lengua griega. En cuanto al teatro, sus máximos representantes fueron Esquilo, Sófocles y Eurípides. Los griegos también fueron los primeros que relataron el pasado. El primer historiador, considerado padre de la historia, fue Heródoto, aunque también destaca Tucídides por ser el primero que pretendió relatar los acontecimientos históricos de una forma objetiva.

Anaxágoras, pintado
 por José de Ribera (1636)
3. Las ciencias
Tuvieron un gran desarrollo. En matemáticas destacaron Pitágoras, con su famoso teorema, y Euclides; en física, Arquímedes; en medicina, Hipócrates y Galeno, y la astronomía recibió un gran impulso con Aristarco, Eratóstenes y Anaxágoras.

En la Grecia antigua, Aristarco de Samos defendió que la Tierra era redonda y que giraba alrededor del Sol.

Eratóstenes calculó el volumen y el diámetro de la Tierra, el Sol y la Luna, así como las distancias entre estos astros.

Anaxágoras (500-428 a.C.) afirmó que la Luna recibía la luz del Sol y explicó sus fases; interpretó correctamente los eclipses y mantuvo que en el universo había otros mundos habitados

sábado, 11 de mayo de 2013

Los núcleos cristianos del norte

Toda la zona montañosa del norte de la Península, desde Asturias hasta los Pirineos orientales, mantuvo su independencia ante Al-Andalus. Allí vivían unos pueblos que en general conservaban unas estructuras sociales arcaicas, y que apenas habían recibido influencias ni de romanos ni de visigodos. No obstante, en esa zona, particularmente en Asturias, buscaron refugio algunos nobles godos que huían del avance musulmán.

1. Del reino astur a la Marca Hispánica
En el norte de la Península se fueron constituyendo diversos núcleos políticos: el reino astur, más tarde llamado astur-leonés, que extendía su influencia desde Galicia hasta el alto Ebro; Pamplona; Aragón; la zona de influencia carolingia, conocida con el nombre de Marca Hispánica. La historia de estos núcleos, entre los siglos VIII y X, fue en principio de mera supervivencia, después de consolidación e incluso, cuando esto fue posible, de expansión hacia el sur.


Reparto del territorio peninsular entre la Cristiandad y el Islam hacia los comienzos del siglo X.
En las montañas de Asturias, donde la penetración musulmana tropezó con una resistencia encarnizada (Covadonga, 722), se formó un núcleo político que se decía sucesor de la desaparecida monarquía visigoda. Era el reino astur. Aunque los musulmanes realizaban razzias frecuentes (ataques sorpresa) contra sus fronteras, el hecho de que los islamitas no estuvieran asentados al norte del Sistema Central favorecía a los cristianos del reino astur.


Estatua de Alfonso II en Santiago de Compostela
Durante su reinado se descubrieron en Galicia
los presuntos restos del Apóstol Santiago.
Alfonso II el Casto (791-842), que mantuvo relaciones con Carlomagno, dio gran consistencia al núcleo astur. Alfonso III (866-911) llegó hasta la línea del Duero. Poco después la capital del reino se trasladaba a León. En el siglo X el enfrentamiento entre musulmanes y cristianos favoreció unas veces a los primeros (Valdejunquera), otras a los segundos (Simancas), pero se mantuvo el Duero como frontera meridional del reino astur-leonés. Paralelamente, la zona oriental del mismo, especialmente expuesta a las incursiones musulmanas, vivía de manera casi autónoma. El territorio, al que se dio el nombre de Castilla, adquirió prácticamente su independencia en el siglo X con el conde Fernán González.

En los Pirineos occidentales y centrales las posibilidades de expansión de los cristianos estaban muy limitadas, pues los musulmanes se habían instalado sólidamente en el valle del Ebro. El núcleo navarro estuvo sometido a una doble influencia, los carolingios por el norte, los Banu Qasi, poderosa familia de origen muladí, por el sur. En el siglo X la dinastía Jimena, apoyada por los reyes astures, se hizo fuerte en el reino de Pamplona. En los Pirineos centrales surgió a principios del siglo IX, con la figura de Aznar Galindo, el condado de Aragón. Un siglo más tarde Aragón quedó vinculado al dominio de los reyes de Pamplona.

En el noreste de la Península los carolingios intervinieron militarmente, ocupando el norte de la actual Cataluña y llegando hasta Barcelona (801). Al conjunto del territorio se le denomina la Marca Hispánica, por ser zona fronteriza del imperio de Carlomagno. En realidad lo que se estableció fue un mosaico de condados (Barcelona, Gerona, Ampurias, Urgel, Cerdaña...), que dependían de la autoridad de los reyes francos. No obstante, a lo largo del siglo IX se fueron debilitando los lazos de dependencia hacia los monarcas carolingios. Al mismo tiempo, los diversos condados se fueron aglutinando en torno al conde de Barcelona, proceso que era ya muy visible a fines del siglo IX con el conde Vifredo. En los últimos años del siglo X, coincidiendo con el ascenso de los Capetos en Francia, el conde de Barcelona Borrell se declaró independiente. Simultáneamente los condes catalanes avanzaron hacia el sur, llegando hasta una línea dibujada por los ríos Llogregat, Cardoner y Segre medio.

2. Los orígenes de la repoblación
Durante los siglos IX y X, los reyes astures incorporaron a sus dominios la extensa cuenca del Duero. Por su parte los condes de Barcelona se anexionaron la comarca de Vic. Ambos territorios se hallaban prácticamente desiertos, de ahí que la primera tarea a realizar fuera repoblarlos y ponerlos en explotación. Este proceso, que tuvo una importancia excepcional en la España medieval, se conoce con el nombre de repoblación.
Para poner en marcha esta ingente obra se necesitaba la existencia de pobladores, pero éstos escaseaban. La repoblación de los siglos IX y X se llevó a cabo con dos tipos de gentes, habitantes de las zonas montañosas que descendían a las llanuras y mozárabes que emigraban desde Al-Andalus. El sistema de repoblación puesto en práctica en estos siglos se denomina presura (aprisio entre los catalanes). Los repobladores que llegaban a un lugar tomaban posesión del mismo, organizaban los núcleos de población, delimitaban los términos y procedían a roturar los campos. La repoblación podía ser hecha por los propios monarcas, por nobles, eclesiásticos o grupos de campesinos. En general, este sistema de repoblación dio lugar a la aparición, particularmente en Castilla, de numerosos pequeños propietarios, agrupados en comunidades aldeanas. En otras regiones, Galicia especialmente, se constituyeron por el contrario grandes propiedades.

domingo, 5 de mayo de 2013

La cultura y el proceso de socialización

¿Cómo se integran los hombres a una cultura? ¿De qué manera se convierten en sujetos actuados y actuantes dentro de determinado marco cultural?
Durkheim afirmaba que el individuo no es la persona, y es precisamente este tránsito de individuo hasta persona, o con más precisión, hasta miembro de la sociedad, lo que se consigue mediante lo que los científicos sociales definen como proceso de socialización o de aprendizaje. Mediante este proceso se adquirirán paulatinamente aquellos aspectos que hemos considerado anteriormente como componentes de la cultura; o sea, la posesión de unas creencias y unos valores, la aceptación de determinadas instituciones, el uso de los respectivos materiales y la adopción de unas técnicas específicas.

El proceso de socialización tiene lugar a través de toda la vida de las personas; las experiencias acumuladas y el influjo de la sociedad se hacen sentir en todo momento. Sin embargo, no en todas las etapas de la vida los humanos sufren con la misma intensidad este proceso; es en la infancia y la adolescencia donde el aprendizaje ejerce un mayor peso, es en estos períodos de la vida donde la personalidad se conforma de acuerdo con las pautas dominantes en su medio social.
En la sociedad urbana e industrial, el proceso de socialización tiene una mayor continuidad en edades y en épocas no comprendidas en la infancia o en la adolescencia. La característica de continuo cambio y la consiguiente necesidad de adaptación a tales cambios por sus integrantes, se juntan a la gran división del trabajo, especialización de funciones y creciente tecnificación, ocasionando una mayor prolongación del proceso de aprendizaje y de la socialización hacia edades más bien alejadas de la infancia y de la adolescencia.

Sigmund Freud (1856-1939)
La influencia de uno de los mayores atlantes del pensamiento científico occidental, Sigmund Freud, se ha dejado sentir en el campo del estudio de la cultura y mucho más en el relativo al proceso de socialización, puesto que éste está íntimamente ligado a la formación de la personalidad, y al papel desempeñado por los progenitores, y por lo básico de las experiencias que soporta el niño durante sus primeros años de vida. Sin embargo, las proposiciones freudianas no tienen carácter universal y no pueden ser entendidas en los mismos términos de relación en sociedades diferentes. No actúa de la misma manera el complejo de Edipo, en el medio social burgués de Viena, donde trabajó Freud, que en los pueblos en los que el papel del padre biológico está desempeñado por el hermano mayor de la madre, como es el caso de una buena parte de las sociedades africanas, de la polinesia o entre muchas tribus de indios en Norteamérica.
La importancia en el proceso de socialización de los grupos primarios, o sea aquellos cuyas relaciones son estrechas, íntimas y en los que el principal vínculo de unión es de carácter afectivo (grupos de amistad, juego, familiares, pandilla, etc.), fue puesto de manifiesto por el sociólogo norteamericano Ch. H. Cooley. Por ser estos grupos aquellos con los que más frecuentemente se encuentra el niño durante un período en el que las presiones externas se insertan en la formación de la personalidad, tienen que ejercer una fuerza más poderosa en el proceso de socialización.
Los problemas de adaptación del individuo al grupo son también observados desde la perspectiva sociológica, aunque lo frecuente es que los sociólogos, en este proceso, pongan más el acento en la estructura social que en la cultura, con olvido de la estrecha interrelación que existe entre cultura y estructura social.
El estudio de la personalidad se suele encontrar dentro del repertorio de las materias atribuidas a los psicólogos. Sin embargo, las diversas disciplinas o ciencias parciales de las Ciencias Sociales no pueden ser consideradas como departamentos estancos, como tampoco el que exista entre ellas fronteras y campos nítidamente definidos.
Por personalidad entendemos la estructuración de los elementos psicológicos de la persona, su exteriorización y proyección frecuente a los demás. La formación de la personalidad es otra de las manifestaciones del proceso de socialización.
La personalidad, por lo tanto, viene a ser un resultado del impacto de la cultura sobre el individuo. Pero esta afirmación no quiere decir ni mucho menos que se asigne exclusividad a la cultura en la formación de la personalidad. Junto a la cultura hay otra serie de factores que inciden en la formación de la personalidad.
En primer lugar, tenemos el factor constituido por el medio ambiente; las condiciones físicas del terreno, el clima, etc.
Las características biológicas del propio individuo es otro factor a tener en cuenta. En cuanto a la personalidad, es evidente cómo influye en el carácter y el tipo de la estructura física del individuo, o los aspectos relacionados con su salud y con las condiciones en los que se desenvolvió su crecimiento y desarrollo físico.
Las influencias recibidas en la edad temprana son esenciales y de ellas depende mucha de la trayectoria del niño.
Y, por último, la acción social o las influencias del medio en el que se vive; la cultura de su sociedad y las variantes que esta lleva implícitas en el subsector social en el que se encuentre inmerso el individuo.
Entre todos estos factores hay una estrecha relación e influencia mutua. La acción social tiene trascendencia en el tipo de influencias que el niño sufre en sus primeros años de vida. El tipo de familia, el carácter de las relaciones, la mayor o menor posibilidad de que se creen grupos primarios en su contorno, son instrumentos a través de los cuales se ejercen las influencias sobre los primeros años de la vida del individuo. Por otro lado, las condiciones físicas son condicionantes del tipo de cultura que se da en ese mismo medio ambiente. Como también el medio ambiente es un factor de las características físico-biológicas pertenecientes a los individuos allí criados.
El tipo de cultura de una sociedad también influye sobre las condiciones físicas sobre las que se orienta. Se puede transformar el terreno, modificar el clima, etc. Sobre todo, esto sucede en lo que respecta a la sociedad industrial, en la que la lucha contra las fuerzas de la naturaleza ha ganado mucho terreno en su favor, haciendo posible la vida por medio de la tecnología en todos los ambientes.