lunes, 1 de agosto de 2016

La Edad Media: Germanos, bizantinos y musulmanes

1. La Edad Media
La Edad Media constituye un amplio período de tiempo que comenzó en el siglo V, con la invasión del Imperio romano de Occidente y el asentamiento de los pueblos bárbaros, y finalizó en el siglo XV, con la caída del Imperio bizantino (1453) y el descubrimiento de América (1492).
El aspecto más destacado de este período fue el desarrollo paralelo de dos culturas diferentes que durante ese tiempo se fueron enfrentando e imponiendo en distintas zonas geográficas:
  • La cristiana, que estaba asentada en los antiguos territorios del Imperio romano, cuya parte occidental fue ocupada por los pueblos bárbaros y en cuya parte oriental se desarrolló una floreciente civilización: la bizantina.
  • La musulmana, que nació en Arabia y se extendió por el norte de África y por España. Se caracterizó por la expansión de la religión islámica y el desarrollo de una forma de vida propia.
2. Los pueblos germanos
Los romanos llamaron bárbaros a los pueblos asentados más allá de las fronteras del Imperio. Muchos de ellos eran de origen germano, esto es, procedentes de la antigua Germania, nombre que los romanos daban a los territorios comprendidos entre los ríos Rhin, Vístula y Danubio y el mar Báltico, habitados por pueblos guerreros.
Durante el siglo V entraron en el Imperio y derrocaron al emperador romano. Muchos propietarios tuvieron que dejar sus tierras, que quedaron en manos de los nuevos ocupantes: los pueblos germanos, que se organizaron en monarquías y dividieron la parte occidental del Imperio en multitud de pequeños reinos.
Los germanos se instalaron en diversas regiones: los visigodos, en Hispania; los ostrogodos, en Italia; los anglos y los sajones, en Britania; los francos, en la Galia, etc. Tenían una economía basada en la agricultura y en la ganadería, y su asentamiento provocó la vuelta al modo de vida rural y la práctica desaparición del comercio.
De entre todos los reinos que se formaron en la zona del antiguo Imperio romano de Occidente, cabe destacar el de los visigodos, por haberse instalado en Hispania, y el de los carolingios, por su importancia.

2.1. Los visigodos
En el siglo V, cuando la Península Ibérica era aún una provincia romana, se produjo la invasión de los suevos, los vándalos y los alanos, pueblos bárbaros procedentes del norte de Europa.
Para expulsar a estos pueblos, Roma solicitó la ayuda de los visigodos, que se habían asentado en el sur de Francia. Tras la caída de Roma, y ante el empuje de los francos, los visigodos se instalaron en Hispania y establecieron la capital en Toledo. Convivieron con los hispanorromanos, que mantuvieron su lengua latina, su cultura romana y su religión cristiana. Los visigodos fueron derrotados por los musulmanes en el 711.
La sociedad y la economía de la España visigoda presentaban los siguientes rasgos: el comercio era escaso, la vida se organizaba en torno a pequeñas aldeas que surgieron con carácter defensivo, y los campesinos quedaron bajo la dependencia de los grandes propietarios. La sociedad estaba formada por los nobles, todos ellos de origen visigodo, que tenían el poder político, militar y económico, y el resto de la población hispanorromana.

2.2. El Imperio carolingio
Los francos, pueblo procedente del Rhin, se establecieron en el norte de la Galia. En el año 507 expulsaron a los visigodos y crearon un gran reino.

A principios del siglo IX, Carlomagno, rey de los francos, intentó restaurar el antiguo Imperio romano de Occidente y se enfrentó a germanos, bizantinos y musulmanes.
Se creó así el Imperio carolingio, que llegó a ocupar la Galia, Germania, Italia y parte de Cataluña, y que tenía su capital en Aquisgrán.
Carlomagno organizó su imperio en condados y marcas (generalmente en terreno fronterizo), y realizó una importantísima labor cultural a través de la escuela palatina de Aquisgrán.
Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno, heredó un imperio consolidado, pero la expansión territorial había terminado. Tras su fallecimiento, los territorios del Imperio carolingio se repartieron entre sus hijos Carlos el Calvo, Lotario y Luis el Germánico, mediante el Tratado de Verdún (843).

3. El Imperio bizantino
Las provincias orientales del Imperio romano rechazaron las invasiones de los pueblos bárbaros, mantuvieron su organización política y sus ciudades fueron prosperando con una actividad artesanal y comercial muy importante.
En torno a Bizancio, ciudad a la que Constantino había cambiado el normbre por el de Constantinopla, y que era la capital del Imperio romano de Oriente, se formó el Imperio bizantino, que alcanzó su máximo esplendor en el siglo VI, durante el mandato del emperador Justiniano el Grande.

El emperador Justiniano, en un detalle del mosaico que se encuentra en la Iglesia de San Vital, en Rávena (Italia)
El Imperio bizantino recibió una fuerte influencia de Oriente, pero conservó el derecho y la administración romanos, así como las costumbres y la religión cristianas. Se caracterizó por su estabilidad política, su esplendor cultural y artístico y unas prósperas relaciones comerciales con Oriente y Occidente.
Debido a que poseía un poderoso ejército, resistió las invasiones de los pueblos bárbaros y la expansión del islam. En el siglo XII comenzó su decadencia, que terminó en 1453, con la caída de Constantinopla en poder de los musulmanes (turcos).

3.1. El arte bizantino
La arquitectura bizantina se caracteriza por el uso del arco de medio punto, la planta de cruz griega (con brazos de igual longitud) o basilical (planta rectangular con una o más naves), por el empleo de la cúpula (cubierta de forma semiesférica), así como por el lujo en la decoración de los interiores, que se recubrieron con mosaicos que constituyen la máxima expresión del arte bizantino. En ellos, los artistas rompen con el realismo; así, en su deseo de resaltar la espiritualidad de los personajes, los representaban de forma idealizada sobre un fondo de color dorado. Las figuras son rígidas, aparecen dispuestas de frente y en ellas no se observa profundidad ni volumen. 
Las principales construcciones fueron los palacios y las iglesias, entre las que destacan la iglesia de Santa Sofía, en Constantinopla, y la de San Marcos en Venecia. 

Interior de la Iglesia de San Marcos en Venecia
4. El Islam
La civilización islámica se originó en la península arábiga, una región situada entre el mar Rojo y el golfo Pérsico, desértica en su mayor parte; la zona sur es la única que dispone de agua, por lo que su población se hizo pronto sedentaria.
Los únicos habitantes de la zona interior, árida y sin vegetación, eran los beduinos, que se agrupaban en tribus y vivían del pastoreo de cabras y camellos; eran nómadas, ya que la necesidad de buscar agua y pastos para el ganado les obligaba a ir de un oasis a otro.
En la zona occidental de la península se encontraban las ciudades más importantes (La Meca y Medina). Aunque ésta era también una región árida, constituía la zona de paso de las rutas comerciales. Las caravanas de mercaderes recorrían el desierto con regularidad y llevaban los productos a las principales ciudades de Arabia, comunicando así el Mediterráneo, el mar Rojo y el golfo Pérsico. 

4.1. Mahoma: el nacimiento del islam
Mahoma es el profeta del islam. Nació en la ciudad de La Meca en el año 571. Dedicado al comercio, era un hombre culto que solía retirarse a meditar. Según la tradición, el arcángel Gabriel se le apareció en cierta ocasión y le ordenó predicar la religión de Alá. Esta nueva doctrina constituye el islam, término que significa sumisión a Dios.
La palabra de Alá revelada a Mahoma se recoge en el Corán, el libro sagrado de los musulmanes, que contiene las obligaciones básicas del islam:
  • Creer en un solo dios, Alá, y en Mahoma, su profeta.
  • Orar al menos cinco veces al día, arrodillado en dirección a La Meca.
  • Dar limosna a los necesitados.
  • Ayunar desde el amanecer hasta la puesta del Sol, durante el Ramadán (noveno mes del año lunar árabe).
  • Peregrinar a La Meca, la ciudad sagrada, al menos una vez en la vida.
4.2. La expansión del islam
Los árabes adoran la Piedra Negra, que probablemente es un meteorito, y que se encuentra en el santuario de la Kaaba, en La Meca. Este culto ya atraía numerosas peregrinaciones antes del nacimiento de Mahoma. Posteriormente, la religión islámica consideró este punto como el lugar sagrado de la Tierra. Aquí comenzó Mahoma a predicar su doctrina. Con ella pedía el abandono de la religión politeísta y la conversión al islam.
Ante la oposición de los habitantes de La Meca, Mahoma se vio obligado a abandonar la ciudad y, acompañado de sus seguidores, se instaló en Yatrib, posteriormente denominada Medina (ciudad del profeta). Esta marcha, que se produjo en el año 622 y se conoce como la Hégira, marca el inicio del calendario musulmán (año 0). 
Mahoma murió en el año 632 y le sucedieron diversos califas. El califa, cuyo significado sería sucesor, era la máxima autoridad entre los musulmanes. Además del poder político y militar, tenía también el religioso.
Los cuatro primeros califas fueron personas cercanas a Mahoma que propagaron la Guerra Santa, que se libró contra los infieles para propagar la doctrina del islam.
Los sucesores de Mahoma consiguieron someter a toda Arabia bajo el poder del islam. Los siguientes califas conquistaron el Imperio persa (Mesopotamia e Irán) y parte del Imperio bizantino (Egipto, Siria y Palestina) y se extendieron hacia el norte de África.
Los califas de la familia Omeya, que gobernaron el islam entre los años 661 y 750, instauraron la capital en Damasco (Siria) y conviertieron el cargo de califa en hereditario. Continuaron su expansión hacia Oriente (llegando hasta la India) y hacia Occidente. En el año 711 cruzaron el estrecho de Gibraltar desde el norte de África y, posteriormente, sometieron a gran parte de la península ibérica. Este territorio conquistado recibió el nombre de Al-Andalus. 
Durante el gobierno de la familia Abasí (750-945), la capital se trasladó a Bagdad (Irak). Comenzó entonces un período de decadencia, y el Imperio se dividió en territorios independientes. 

4.3. La economía
Las principales actividades económicas de los musulmanes eran la agricultura, el pastoreo nómada, la artesanía y el comercio.
  • Agricultura: Los árabes aprovechaban para sus cultivos las zonas de los oasis. difundieron por Occidente técnicas de regadío para árboles frutales y otros productos de huerta. Su preocupación por el agua, un bien escaso en el desierto, les llevó a fabricar utensilios para obtenerla y transportarla más fácilmente, como el balancín, la noria y las acequias, entre otros. Aprendieron a cultivar y refinar el azúcar e incorporaron muchos cultivos asiáticos en la dieta occidental: arroz, trigo, naranja, limón, plátano, sandía, espárragos, alcachofas, espinacas, berenjenas... También introdujeron el café, que posteriormente los europeos llevaron a América.
  • Ganadería: Debido a la pobreza de las tierras áridas o desérticas, los árabes practicaban un tipo de pastoreo nómada de ovejas, cabras y camellos.
  • Artesanía: Desarrollaron diversas técnicas artesanales, como el curtido de pieles, la elaboración de tapices, alfombras y tejidos, y la fabricación de joyas, perfumes y armas, entre otras.
  • Comercio: El comercio constituía la mayor fuerte de riqueza de los árabes. Éstos dominaban las grandes rutas comerciales desde el Golfo Pérsico hasta Asia Central. Los núcleos mercantiles más importantes eran las ciudades de Damasco, Bagdad, El Cairo, Alejandría y Fez. Utilizaban vías de transporte terrestres, marítimas y fluviales. Comerciaban con productos de lujo procedentes de Oriente y de África, como especias, seda, marfil, etc., y con esclavos. La moneda principal era el dinar de oro.
4.4. La sociedad
La población musulmana era fundamentalmente urbana, es decir, vivía en ciudades que conocieron un gran desarrollo gracias a la artesanía y al comercio.
Las calles de las ciudades musulmanas tenían un trazado irregular, eran estrechas y algunas de ellas carecían de salida. Las viviendas eran de dos pisos. Las ciudades estaban amuralladas, y en su interior se hallaba la medina, donde se encontraban la mayor parte de las viviendas, la mezquita, el mercado o zoco, el alcázar (o residencia del gobernador o alcaide), los baños y otros edificios. Fuera de la muralla se situaban otros barrios o arrabales.
La sociedad musulmana estaba estructurada en los siguientes grupos:
  • La aristocracia, que estaba formada por las familias vinculadas a los emires o califas y tenía el poder político y económico.
  • El grupo social medio, que se hallaba constituido por comerciantes, artesanos y ganaderos, y que mantenía cierto nivel económico.
  • La gran masa popular, que solía estar integrada por campesinos, ganaderos o artesanos que no tenían ninguna propiedad o por pequeños comerciantes que exponían sus mercancías en la calle. Este grupo se encontraba agobiado por el pago de los impuestos y, por lo general, vivía en la pobreza.
A la población no musulmana o sometida durante la expansión se le permitía mantener sus propiedades y su religión, pero tenían que pagar un tributo del que estaba exento el resto de la población. Si se convertían al islam, no tenían que abonarlo.

La mujer en el mundo árabe                 
Las mujeres únicamente podían ser vistas por su marido o por sus familiares. Pasaban el día encerradas en viviendas, que solían ser pequeñas y que tenían sus ventanas orientadas hacia el interior, donde había un patio o un jardín. Las que daban a la calle estaban provistas de revestimientos de madera, llamados celosías, que les permitían observar el bullicio exterior sin ser vistas por nadie. Incluso en sus escasas salidas, las mujeres debían llevar velo.
Además, no elegían a su marido: generalmente, era la madre del novio quien seleccionaba a su futura nuera, y el consentimiento mutuo de los esposos no era necesario. Sin embargo, los hombres podían tener varias mujeres, siempre que pudieran mantenerlas.
Michael Weply y Anne Sefrioui, Las civilizaciones islámicas

4.5. La cultura
Los árabes acogieron la cultura de los pueblos conquistados. A su vez, propagaron su religión y con ella su lengua. Asimismo, los musulmanes recuperaron la cultura y la ciencia de la Antigüedad. Tradujeron a la lengua árabe y comentaron obras de Aristóteles, Euclides, Ptolomeo, Arquímedes, Galeno, etc. Pusieron en contacto los legados oriental y europeo y añadieron el suyo propio. Fueron grandes alquimistas, astrónomos y matemáticos, y desarrollaron la óptica y la botánica, así como la medicina, disciplina en la que destacó Avicena. 
Gracias al comercio, los árabes transmitieron a Europa avances técnicos e intelectuales como la fabricación de papel, la brújula, la pólvora, el molino de viento y el número cero, entre otros.
El literatura destacaron, sobre todo, por los cuentos. La obra más conocida en Occidente fue Las mil y una noches, donde se narran historias como la de "Alí Babá y los cuarenta ladrones", "Aladino y la lámpara maravillosa" y "Simbad el marino", entre otras.

Las mil y una noches
Las mil y una noches es una colección de cuentos persas, indios y egipcios, recogidos y adaptados al mundo árabe en el siglo IX.
La historia gira en torno al califa Harum al-Rashid, que, sintiéndose engañado por su esposa, decidió vengarse llevando cada noche a su lecho a una muchacha que era ejecutada al amanecer. Para acabar con estas muertes, la princesa Sherezade se ofreció voluntaria y cada noche iniciaba un maravilloso cuento que interrumpía al amanecer.
El califa, deseoso de conocer el final de la historia, retrasaba la ejecución de la princesa. Así transcurrieron mil y una noches hasta que, finalmente, el califa reconoció su error y se casó con Sherezade.

Asimismo, el arte islámico, que tomó elementos del romano, el bizantino, el persa, el visigodo, etc., para configurar un estilo de gran personalidad, ha dejado impresionantes muestras de su genio en los territorios que formaron parte del Imperio.     
  

martes, 19 de julio de 2016

La programación de las actividades escolares

1. Programación larga y programación corta
La programación larga se refiere a un contenido amplio, suficiente para ocupar períodos de tiempo superior a un trimestre. La programación corta se refiere a contenidos y actividades a desarrollar en plazos menores de tiempo. Así, la programación larga es más general, mientras que la programación corta debe descender al detalle. Fácilmente se infiere de lo dicho que la programación larga debe marcar los criterios generales que han de ser aplicados y desarrollados posteriormente en la programación corta.

2. Colaboración de programadores
En la programación larga deben colaborar todos los especialistas de la actividad a programar. En la programación corta deben colaborar profesores y alumnos. La programación larga tiene que realizarse antes del comienzo de las actividades, de tal suerte que cuando éstas se inicien se conozcan ya las líneas y elementos fundamentales del programa. La programación corta se irá realizando periódicamente a medida que se va desarrollando la actividad en la institución escolar.

3. Etapas de la programación


3.1. Determinación de los alumnos a quienes va dirigido el programa
Se ha de fijar no el tipo abstracto de alumno medio, sino los límites de capacidad e instrucción entre los cuales han de estar situados los alumnos que se considera puedan realizar eficazmente el programa. Conviene indicar exigencias necesarias en experiencias de conocimientos (por ejemplo, los alumnos deberán saber leer, utilizar libros de referencia, realizar un resumen, o cosas semejantes). Podrían utilizarse las siguientes preguntas:
- ¿Cuál es la edad mental en que se puede iniciar el trabajo sistemático que se va a programar?
- ¿Cuáles son los conocimientos previos necesarios para que los estudiantes puedan iniciar el trabajo que se va a programar?
También hay que tener en cuenta los intereses de los alumnos.

3.2. Fijación de objetivos y confección de las pruebas de control
Teniendo en cuenta de manera general la taxonomía de objetivos, en el programa se incluyen objetivos expresados de un modo más concreto.
La educación personalizada exige que se tengan en cuenta las distintas posibilidades de los escolares. Por esta razón se habrán de distinguir cuatro tipos de objetivos:
- Los objetivos obligatorios son aquellos que se consideran necesarios para establecer que un programa se ha desarrollado con la eficacia mínima exigible. Estos objetivos se reducirán tanto como sea posible de forma que se pueda esperar que la mayoría de los alumnos puedan alcanzarlos.
- Los objetivos optativos son formalmente obligatorios y materialmente libres. Esto quiere decir que todos los alumnos habrán de elegir uno o varios tipos de objetivos, pero son libres para señalar cuáles de ellos eligen.
- Para los alumnos que tengan una gran capacidad o estén muy interesados se han de mencionar los objetivos sugeridos, es decir, una serie de objetivos que pueden elegir o no elegir los estudiantes.
- Para dar cabida a las iniciativas personales de los estudiantes, han de ser éstos estimulados a trabajar por su cuenta sin indicarles un objetivo determinado. Por eso se habla de objetivos indefinidos respecto de los cuales los estudiantes son absolutamente libres de proponérselos o no.
Una vez establecidos los objetivos se debe confeccionar la prueba o las pruebas de control de rendimiento cuya finalidad inmediata es conocer con precisión en qué medida los objetivos se han alcanzado.

3.3. Ordenación de los medios
El gran medio de toda educación es la actividad de los escolares, es decir, las técnicas de aprendizaje que los alumnos deben utilizar, o dicho de otro modo, los distintos tipos de trabajo que los alumnos pueden realizar.

  Trabajo y técnicas de aprendizaje. Relación de actividades escolares  
En este punto se especifican las actividades que los alumnos pueden desarrollar en cada uno de los ámbitos de expresión. Igual que al determinar los objetivos, pueden señalarse actividades necesarias y otras optativas.


  Trabajo docente 
Debemos recordar que en la educación personalizada la función del educador es una función predominantemente de estímulo a la actividad de los estudiantes.
La enseñanza debe entenderse como presentación motivante, bien sea de la materia de conocimiento, bien sea del material y técnicas de trabajo utilizables.
La ayuda personal a los escolares, quehacer fundamental del maestro en una educación personalizada, ha de programarse previendo el tiempo y lugar adecuados para que el profesor pueda estar a disposición de los estudiantes, bien sea en clase, mientras todos trabajan, bien sea en otro lugar adecuado para entrevistas personales.

  El material 
Al programar el material se habrá de contestar a las siguientes cuestiones:
- ¿Qué material (de lectura, audiovisual y de ejecución) pueden aportar los alumnos?
- ¿Qué material puede confeccionarse en la escuela?
- ¿Qué material, existente de antemano, puede seleccionar el profesor?

  Realización del trabajo 
Esta etapa de la programación consiste en determinar el tiempo, lugar y situación de aprendizaje (individual, equipo o pequeño grupo, gran grupo) en que debe realizarse el trabajo de los alumnos.
Conviene tener presente que desde el punto de vista de la educación personalizada el trabajo en grupo pequeño (equipo) y el trabajo individual deben ser los que ocupen más tiempo, porque es en estas situaciones de aprendizaje donde el escolar tiene más posibilidades de llevar adelante sus iniciativas mediante su propio esfuerzo y en colaboración con los demás.
A título de orientación se puede utilizar la siguiente lista de posibles trabajos en las distintas situaciones de aprendizaje:


 Control de actividades 
Se trata de hacer referencia principalmente a las técnicas de control del tiempo de desarrollo de las actividades.

 Aplicación de pruebas de control 
Teniendo en cuenta que el conocimiento de los resultados del trabajo actúa como refuerzo del aprendizaje, las pruebas de control se incorporarán al trabajo casi diario de los escolares. El período que medie entre dos pruebas de control objetivo no debe exceder de una semana. Si se aplaza más, se pierde el valor de refuerzo y las medidas proactivas y retroactivas apenas tendrán eficacia.

 Proacción y retroacción 
La programación de la actividad retroactiva consistirá simplemente en señalar cuáles son las actividades que pueden ayudar a alcanzar los objetivos del programa a aquellos alumnos que no pudieron lograrlo.
La programación de la acción proactiva consiste en determinar las actividades que pueden sugerirse para que aquellos alumnos que alcanzaron los objetivos del programa puedan avanzar por su cuenta en el proceso de aprendizaje, ya sea extendiendo el campo de trabajo, ya sea profundizando en él.

miércoles, 22 de junio de 2016

Moral, política, derecho y religión

A diferencia de los animales, cuya existencia está determinada por su propia naturaleza, es decir, que tienen su vida hecha, las personas somos seres naturalmente desorientados: nuestra naturaleza condiciona nuestro vivir, pero no lo determina; por eso, necesitamos conducir nuestra vida y, al mismo tiempo, construirla.

1. A vivir se aprende
Moral, política, derecho y religión pueden ser considerados, en sentido amplio, saberes prácticos, en tanto que nos ayudan a orientar y construir nuestra vida. La moral nos edifica en la dimensión personal y de relación con los demás; la política y el derecho lo hacen en el ámbito social y público; la religión, en fin, contribuye a que nos sintamos "uno", con las demás personas y con el mundo, en relación con el absolutamente "otro".
Estamos utilizando la palabra "orientar", que significa dirigir o encaminar algo o alguien hacia un fin. Los saberes prácticos de los que acabamos de hablar son orientadores para nosotros en cuanto nos escaminan a un fin, y de ahí precisamente, del fin hacia el que nos conducen, reciben su especificidad.

2. La moral y su meta
La moral, que, como hemos dicho, nos ayuda a construirnos por dentro y en la relación con los demás, lo hace con vistas a que alcancemos nuestra autorrealización; para conseguirlo, nos propone ideales de vida buena, consejos y experiencias vividas. A partir de todos ellos, nosotros mismos vamos elaborando pautas para conducir nuestra vida; tales pautas van más allá de las leyes que rigen en nuestra nación y pueden o no coincidir con ellas.
¿Qué quiere decir esto? Pues, sencillamente:
  • Que las leyes afectan a los miembros de un estado determinado, mientras que las pautas morales orientan a todas las personas.
  • Que, de acuerdo con nuestras pautas, a veces consideramos un deber algo que no aparece mandado en ninguna ley.
  • Que, otras veces, consideramos contrario al deber lo que ordena una ley.
3. ¿Qué pretendemos con la política y el derecho?
Las normas jurídicas y las decisiones políticas se orientan a conseguir el bien común de una determinada comunidad política y, como ésta está formada por personas, tiene una vertiente individuao y una social, pues el bien común contiene el bien de los individuos, aunque lo trasciende; por eso, ha de subordinarse éste a aquél.
La elaboración de las leyes y el hacer de los políticos deben estar presididos, si quieren alcanzar su fin, por un concepto que es común a ellos y a la moral: la justicia.

Congreso de los Diputados, Madrid
4. ¿Cómo nos orienta la religión?
La moral, la política y el derecho nos ayudan, mediante pautas y leyes, a construir y conducir nuestra vida hacia la autorrealización y el bien común.
¿Satisfacen, pues, todas nuestras expectativas y anhelos?
La historia de la humanidad y nuestra propia existencia vital nos exigen responder negativamente. El deseo de inmortalidad y la búsqueda de un sentido último que supere todo dolor y toda limitación son dos constantes en la historia humana, tanto individual como colectiva. A ellos ha dado respuesta, también como una constante, la experiencia religiosa.
¿Cómo lo ha hecho? Desde luego no con normas, ni con leyes; la auténtica respuesta religiosa consiste en la invitación a la felicidad y al consuelo; nuestras torpezas y mezquindades, la enfermedad, el sufrimiento, las necesidades materiales, los desastres naturales y las consecuencias de la injusticia nos impiden ser felices y demandan la acogida amorosa, la ayuda y la compasión.
En las religiones hay algunos contenidos normativos, pero no son ellos los que las caracterizan, ni mucho menos los que las definen: las "normas" o "leyes" religiosas constituyen, en el mejor de los casos, el nivel inicial de la religiosidad; ellas no son, desde luego, las que nos procuran la buscada respuesta de sentido ni la plenificante experiencia de la compasión y del amor.
Cuando "la legalidad" de las religiones ha sido superada, el ser humano concibe y acepta a los demás y al mundo como una totalidad única, dotada de sentido y abierta a la liberación, a la superación de todas las confusiones y limitaciones; entonces es un ser esperanzado.